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Rima de Vallbona mientras recibía el certificado que la acredita miembro numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.
Rima De Vallbona: “No me he podido arrancar a mi terruño del corazón”
Recientemente la autora fue acogida como miembro numerario de la Real Academia Norteamericana de la Lengua Española. RedCultura habló con ella sobre el significado de este reconocimiento y sobre su extensa trayectoria en las letras.
27/06/2012 2:16 PM
David Ulloa
dulloa@redcultura.com

Desde 1956 Rima es Rima De Vallbona. Ese fue el año en que se casó con el Dr. Carlos de Vallbona y se instaló definitivamente en Estados Unidos.

En ese país es donde esta escritora costarricense dio a luz a sus cuatro hijos y a su extensa obra literaria y académica. Es ahí también donde este mes celebró su nombramiento como miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Aún así a doña Rima no se le olvida de dónde viene y adónde quiere regresar.

Ya miembro numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. ¿Cómo recibió la noticia?

Por supuesto que fue una muy grata sorpresa, que a decir verdad, no me esperaba, y menos de la Academia Norteamericana de la Lengua Española; y digo esto, porque si Costa Rica me ha venido desconociendo en general, ¿qué podía esperar yo de una institución extranjera? De todos modos, lo de ahora yo lo considero como un ascenso en rango, pues en el 2003 ya me habían honrado con el título de miembro correspondiente, cuando presenté mi discurso sobre “La ‘Décima Musa’ de Nueva España, Sor Juana Inés de la Cruz, y la de Nueva Inglaterra, Anne Bradstreet: represión patriarcal, religiosa y socio-cultural durante la Colonia”. Lo que me ha encantado de este reconocimiento es que mis compatriotas, muchos desconocidos para mí, pero amigos en el Facebook, han visto en esto más que un reconocimiento a mí como escritora, educadora y divulgadora de la cultura hispánica, un honor para Costa Rica. ¿Qué más puedo pedir que aportar algo a mi país?

 

Desde el punto de vista de una escritora latinoamericana en Estados Unidos ¿hay espacios de difusión para la literatura en español en esa región?

Desde que llegué a  los EE.UU., en 1956, he vivido en Houston, Texas, la llamada Ciudad Espacial; aquí nacieron mis cuatro hijos; aquí impartí clases, durante treinta y un años, en la University of  St. Thomas; aquí escribí y seguiré escribiendo cada uno de mis libros hasta que Dios se acuerde de mí. Y respondiendo a su pregunta, le comunico que los espacios de difusión para la literatura en español en Texas como en el resto de los EE.UU., están muy limitados; por ejemplo, si las universidades tienen departamentos de español, ahí sí hay verdadero interés por adquirir nuestras obras y darlas a conocer; el problema es que en general esa difusión se realiza de manera limitada a los textos clásicos y a veces a autores muy reconocidos en la actualidad. Yo me atreví en más de una ocasión a meter a Eunice Odio y a Yolanda Oreamuno en cursos de literatura contemporánea hispanoamericana, pero en esos tiempos, ¿dónde conseguir los libros de ellas?, era y sigue siendo el problema mayor.

Además, aquí, en Houston, tenemos Arte Público Press, editorial que difunde sobre todo textos de autores mexicoamericanos, puertorriqueños y unos cuantos del resto del continente hispanohablante. A mí me han publicado dos libros, Mujeres y agonías (cuentos) y Mundo, demonio y mujer (novela).

Tenemos, asimismo, un Festival del Libro Hispano que se celebra desde hace cinco años y debido a que el público es reducido, tiene lugar solo un domingo en el mes de febrero. El problema mayor es la distribución de esos libros, sobre todo en estos tiempos por la crisis.

 

¿Se considera pionera en abrir ese tipo de espacios?

El espacio que yo abrí tiene que ver mucho con mi trabajo de la University of St. Thomas, donde felizmente me dieron todo tipo de apoyo, hasta monetario, para invitar a escritores hispanoamericanos; entre ellos, de Costa Rica, recuerdo que invité a Samuel Rovinski, a Julieta Dobles y a su ex-esposo, Laureano Albán, y de otros países invité a Ana María Matute, Juan Goytisolo, Carmen Laforet, Jorge Luis Borges, Jaime Valdivieso, Hugo Lindo y otros más. También recuerde que introduje en mis cursos de literatura hispano americana contemporánea a escritores centroamericanos como Yolanda Oreamuno y Eunice Odio.

Asimismo, creo que hay que reconocer que Victoria Urbano, otra de nuestras escritoras ticas, fue también pionera  aquí, en Texas, de manera más extensa e impactante,  cuando fundó la Asociación de Literatura Femenina Hispánica con la revista Letras Femeninas y simposios anuales que hoy en día, muerta ella, se siguen celebrando en otro estado; con ella colaboré ampliamente, y en especial en la preparación de un libro en inglés, el cual se desconoce en Costa Rica, titulado Five Women Writers of Costa Rica, el cual se publicó y se distribuyó aquí, en este país; el libro abarcaba a Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Victoria Urbano, Carmen Naranjo y yo; cada autora era presentada en una introducción hecha por alguien especializado en ella y a continuación aparecían uno o dos textos en prosa de cada una de las escritoras. Fue entonces cuando yo me apasioné por  la obra de Eunice. Y en esto último, en Costa Rica, sí fui pionera.

 
¿Qué recuerda de sus primeros cuentos publicados en Estados Unidos? ¿Fue difícil?

Claro que todo comienzo, y más en un país extranjero, es muy difícil. Además, yo, recién llegada aquí para casarme con el Dr. Carlos Vallbona, y que en los primeros años, solo me había dedicado al cuidado de mis hijos y de la familia, cuando comencé a escribir, tiempo después, era una simple principiante; así, hasta 1971, no intenté acercarme a una editorial norteamericana que publicara en español. Ocurrió entonces que yo había sometido a la consideración de la EDUCA mi libro de cuentos que en esos años titulé Baraja de soledades, el cual fue inmediatamente aprobado para ser publicado. A partir de entonces, por unos seis años, EDUCA sacaba el anuncio que decía: “de próxima aparición, el año próximo, Baraja de soledades, de Rima de Vallbona”; pero como nunca salía a la luz pública el libro, aunque estaba aprobado y ya no podían echarse atrás, lo consideré una zafia estrategia para no publicarlo en Costa Rica; entonces me armé de valor y lo retiré de la EDUCA; como hacía poco habían abierto Arte Público Press, sometí el libro ahí y sin ninguna dificultad, apareció publicado con el título de Mujeres y agonías; ¡mi primer libro publicado en los EE.UU!       

Los cuentos de este cuentario han aparecido en múltiples antologías aquí, en Costa Rica y en otros países, hasta en Italia, en una antología de Penélopes, titulada  L’Altra Penelope – Antologia di scrittrici di Lingua spagnola, que recopiló  Brigidina Gentile. Otras antologías, en inglés, son: Clamor of  Inocence – Stories from Central America, When the Flowers Bloomed – Short Stories from Women Writers from Costa Rica and Panamá, Short Stories by Latin American Women Writers – The Magic and the Real, Beyond the Border – A new Age in Latin American Women Fiction y otras más.

Un día me llevé la sorpresa de que mi cuento “Penélope en sus bodas de plata” se había publicado en inglés en una antología titulada Women Write on Sex after Fortyla cual se publicó en The Crossing Press de California. Todo esto que le estoy contando, Sr. Ulloa, es la primera vez que lo toco en una entrevista y usted fue el agraciado, porque hizo la pregunta que ameritaba esa inédita respuesta.

 

¿Está familiarizada con la literatura costarricense actual? ¿Qué cosas le llaman la atención?

En general, sí, pues además de que la estudié en la Universidad de Costa Rica, la he repasado  para entender el proceso evolutivo de algunos escritores de nuestro país y escribí un capitulo sobre la literatura costarricense para un libro titulado en ingles Handbook of Latin American Literature que publicó en inglés el Dr. David William Foster. También tome en cuenta que durante mis viajes a Costa Rica, he traído a este país muchos libros que he comprado y otros que gentilmente me han obsequiado mis amigos y conocidos. Tanto, que tengo una considerable biblioteca de autores costarricenses, la cual, cuando yo muera, pasará a la University of Houston Library. Cuando algún profesor necesita algún libro o dato de nuestros autores, recurren a mi, como cuando la Dra. Cida Chase de Oklahoma University (compatriota nuestra) necesitaba la obra de Victoria Urbano para un estudio, yo se la presté. Recientemente, debido a problemas de salud, no he ido a Costa Rica, pero por el internet me he ido informando y sobre todo sigo en contacto con mis amigos escritores y en especial, con la Asociación Costarricense de Escritoras (ACE). Usted debe saber que yo salí de Costa Rica muy joven, pero no me he podido arrancar a mi terruño del corazón y esto me lo han criticado en este país.

Lo que me llama mucho la atención es comprobar cómo ha proliferado en nuestra patria la producción literaria de autores y autoras, sobre todo de estas últimas, con temas muy variados y siguiendo las nuevas corrientes literarias actuales.

 

Aceptó el título de la Academia con un discurso titulado Prerrogativas culturales de las mujeres durante el poderío azteca en Mesoamérica ¿cuál es la importancia de difundir estas temáticas e investigaciones hispánicas?

Por mi parte, la importancia consiste en dar a conocer mejor el mundo indígena tan denigrado por algunos. Además, deseo dejar ver cómo, pese a los sacrificios humanos y a que comían ritualmente carne humana, la cultura azteca era muy avanzada; lo reconoció el historiador norteamericano William Prescott, al comprobar que gozaban de un sistema jurídico independiente de la corona, tan avanzado, que impartía justicia en defensa de los individuos y de la propiedad. Asimismo, el hecho de que ellos creían que en la cúspide del poder celestial estaban la diosa Tonacacíhuatl y el dios Tonacatecutli, a los cuales los nativos invocaban conjuntamente, como dos dioses en uno y a partir de eso, para ellos el sistema celestial giraba alrededor de parejas de dioses que representaban las diversas actividades en la tierra, desde el rey hasta el estrato social más bajo, hacía que  la mujer estuviera en esas comunidades a un nivel de igualdad con los varones. Si consideramos que las dos escuelas de esa civilización, el Calmecac y el Techpolcalli, la primera para los nobles y la otra para los macehuales o plebeyos, impartían clases para ambos géneros, hombres y mujeres; éstas se destacaban entre ellos como poetas y como deportistas. También tenían derechos que nuestras mujeres no alcanzaron hasta 1948 cuando se les dieron los mismos derechos que al hombre: ellas podían heredar, servir de testigos, ser cacicas, participar en juicios, mantener en el matrimonio sus propiedades y pertenencias hereditarias sin que el marido se las apropiara. Esto dio pie a que los especialistas en la materia comenzaran a observar el fenómeno interesante del llamado hoy “paralelismo genérico interdependiente”. Como ve, creo que es conveniente poner los puntos sobre las íes y sacar de las sombras a nuestros ancestros, reconociéndoles sus aciertos, progresos y dignidad.

 

También su más reciente publicación con la Editorial Costa Rica: “De presagios y señales. Relatos del pasado azteca” desarrolla este tema. ¿Qué nos puede decir de este compendio de narraciones?

Los relatos contenidos en De presagios y señales se relacionan con historias que recogí de los códices indígenas y crónicas coloniales, desde los tiempos de los famosos toltecas, hasta la cristianización. Cada relato tiene un epíteto tomado de esos textos y que reproduce en pocas palabras la veracidad de los hechos narrados en mi libro. Los personajes son el general tlaxcalteca Xicoténcatl, Nezahualcóyotl, Moctezuma II, sus hermanas, Papantzin y Chalchiuhnenetzin, Nezahualpilli, Motolinia y Malintzin o doña Marina, mal apodada  “La Malinche”, y digo esto, porque los nativos llamaban “malinche” a Cortés, porque él era “el dueño de la Marina”. Hallé en las crónicas y códices historias que parecen emparejarse con las de Las mil y una noches, como la de la hermafrodita concubina de Xicoténcatl, que dejó embarazadas a veinte concubinas; la de Chalchiuhnenetzin, que asesinó a cada uno de los que satisficieron su concupiscencia por una noche y ocultó sus cadáveres convirtiéndolos en estatuas; la del niño, hijo de un poderosísimo cacique, que llegó a ser el primer mártir tlaxcalteca, torturado, quemado y muerto por su propio padre, por haber atacado la idolatría imperante en su comunidad, y muchos otros. Los temas del libro son variados, desde la inventiva y heroísmo de mujeres como Xóchitl y Malintzin, hasta el tema del adulterio y su severo castigo en esa cultura.

 

Entre sus muchos reconocimientos está el Aquileo J. Echeverría de novela y el Jorge Luis Borges de cuento, ¿Qué le falta escribir a Rima de Vallbona?

Desgraciadamente, ya me estoy acercando al final definitivo, y en mis archivos están quedando sin tocar muchísimos proyectos, entre los que está mi novela La espina perenne, que estoy tratando de rehacer, porque no me gustó nunca. Pero ahora estoy corrigiendo las pruebas de galera de Las mujeres aztecas según los códices indígenas y las crónicas de la Conquista y la Colonia, libro de cerca de quinientas páginas. Con Sonia Martín preparamos mi drama El último denario; preparo también mi poemario que poco se conoce en Costa Rica, y en fin, lástima que se me esté acabando el tiempo, porque todavía tengo otros que quedarán pendientes.

 

¿Y qué le falta leer?

Yo diría que me falta leer tanto, tanto, que no tendré suficiente vida para saciar mi avidez por todo lo que se ha publicado durante los años de mi larga investigación sobre las mujeres aztecas.

El camino de Rima

Rima de Vallbona se graduó de Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Costa Rica. Además recibió un diploma de “Profesora de Francés en el Extranjero” de La Sorbona, Francia, y un “Diploma en Filología Hispánica” de la Universidad de Salamanca, España. A partir de 1956 estableció su residencia en los EE.UU., donde recibió el Doctorado en Lenguas Modernas en Middlebury College (Vermont). Ejerció su carrera de docente en la Universidad de Santo Tomás (Houston) y se jubiló en 1995 con el título de catedrática emérita por la Universidad de Santo Tomás.

Ha publicado libros relacionados con el rescate de escritoras hispanas, entre los que destaca “La narrativa de Yolanda Oreamuno”. Como narradora ha publicado tres novelas y ocho colecciones de cuentos; entre estos están “Mujeres y agonías”, “Tejedoras de sueños vs. Realidad” y “A la deriva del tiempo y de la historia”. 

Entre sus premios está el nacional de novela Aquileo J. Echeverría, el Jorge Luis Borges de cuento (Argentina) y el Agripina Montes del Valle de novela (Colombia). Además fue condecorada por el Rey Juan Carlos de España con la medalla del servicio civil por su continua labor cultural.