Hablar de Gerald Brown es hablar de uno de los personajes fundamentales de la historia musical de Costa Rica.
Llegó al país hace 40 años y un almuerzo casual con el entonces Viceministro de Cultura, Guido Sáenz, lo hizo quedarse y regresar muchas veces más, aún cuando toma un avión para volar a alguno de los destinos a los que la música lo lleva.
Gerald Brown, primer director del programa juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional –hoy Instituto Nacional de la Música (INM)- y uno de los responsables de la llamada “revolución musical” de 1971, sigue presente. Prueba de ello es que continúa hablando de “nuestros alumnos” al referirse a quienes se forman en el INM.
Con ocasión del 40 aniversario del INM que se celebra esta semana, el maestro Brown se encuentra una vez más en Costa Rica. Ha asistido a los recitales que se han realizado durante toda la semana y el sábado dirigirá el concierto de la Orquesta 40 aniversario en el Teatro Nacional, conformada por la actual Orquesta Sinfónica Juvenil y algunos de sus integrantes, un total de 170 músicos.
¿Don Gerald, cuál ha sido su impresión durante esta semana en la que ha participado en las actividades de celebración del Instituto?
Son tantas sensaciones… Primero, de respeto para Costa Rica por lo que se ha hecho. Hay tantos proyectos que se hacen en la vida y muchos de ellos no llegan a una feliz conclusión, es parte de la vida de los seres humanos. Pero aquí el pueblo ha reconocido que la inversión ha traído frutos a nivel nacional e internacional. Costa Rica en estos momentos es reconocido como un país con características muy particulares en todos los sentidos. Yo entiendo que aún hay un montón de problemas por resolver, como todas las sociedades, pero me da una gran alegría saber que el proyecto de música ha sido apoyado, ha respondido y ha dado sus frutos.
“La semilla siguen brotando, el jardín cada vez es más grande y la calidad está a la altura de la cantidad”.
Usted ha estado en otros países que han querido desarrollar un proyecto como el que usted comenzó en el país. ¿Cómo ha sido esa experiencia, en que se han parecido y diferenciado esos procesos al de Costa Rica?
Así es, yo he sido invitado a otros países a desarrollar este proyecto musical. No quiero mencionar países porque podría dar la impresión de que estoy disgustado con alguno, y más bien son esos pueblos los que deberían estar disgustados de que las prioridades dentro de la cultura no permitan el desarrollo de la nueva generación de artistas. Uno puede tener los profesores pero si no hay cómo comprar los instrumentos no se puede trabajar. Muchos han pensado que la llegada mía por sí sola iba a generar los instrumentos. Pero si uno no tiene un Pepe Figueres que diga desde un principio: “hágalo, aquí hay un millón de dólares para la compra de instrumentos” no se puede. Y ahí están esos instrumentos, siguen en uso 40 años después. ¡Cuántas veces deben haber devuelto la inversión al pueblo! Así que me quito el sombrero ante Costa Rica.
Se dice incluso que el famoso modelo venezolano de orquestas se hizo inspirado en el modelo tico.
Sí. El proceso de Venezuela empezó porque Jose Antonio Abreu, el "Guido Sáenz de Venezuela", leyó que Costa Rica estaba haciendo esto, y lo pudieron hacer con los recursos del petróleo. Dentro de América Latina han tenido fama otros países por proceso parecidos pero comparados con el tamaño del Costa Rica y los recursos con que cuenta lo que se ha hecho aquí es realmente ejemplar.
Luego de estar en el Festival Puertas Abiertas el sábado pasado, ¿qué le pareció el nivel de los estudiantes?
Veo un magnífico nivel. Costa Rica es un país privilegiado. Ese día ví tantos conciertos de tan buen nivel y con tantos instrumentos. Vi por ejemplo ocho arpas tocando al mismo tiempo. En otros países uno puede luchar por tener un arpa y la consigue, ya tener dos es un logro. Y aquí me dicen que hay 10. Es fenomenal.
Esto es muestra de la capacidad del país de que si uno acepta el reto y pone las condiciones Costa Rica puede lograr lo que quiera. Me siento orgulloso: ya tenemos 800 alumnos y no entra uno más, y eso que no es fácil, no es que cualquier persona la que logra entrar.
Me llama la atención que sigue sintiéndose parte de esto y diciendo “tenemos 800 alumnos”, por ejemplo.
Donde yo esté en el mundo siento que esto soy yo, esto somos todos nosotros, y es que esto es una colmena donde muchos hemos aportado. Cada uno sabe sus responsabilidades y las ha desarrollado. Don Jorge (Jorge Duarte, actual director académico del INM) es uno de los primeros niños que vinieron a estudiar; don Guillermo (Guillermo Madriz, actual director del Centro Nacional de la Música) también fue estudiante nuestro; Iván (Iván Rodríguez, Viceministro de Cultura) también lo fue; Marvin Araya, que ahora dirige la Sinfónica Juvenil. Hay tantas historias de profesionales reconocidos que se formaron aquí. Y esto sigue dando sus frutos.