A la fiesta de las letras todos estuvieron invitados: la música, la danza, el arte urbano y por supuesto el público tico. La inauguración del nuevo proyecto literario del Ministerio de Cultura y Juventud tuvo de todo, y tomó como escenario la sede de esta iniciativa : la Estación de Trenes al Atlántico.
La cita dio inicio a la 1 de la tarde del pasado 5 de febrero y se extendió hasta el final de la noche del domingo. Para la ocasión se cerró la calle frente a la estación, se partió el escenario en tres y de ahí se le rindió tributo a la literatura y a una de las grandes: finalmente se anunció que el espacio literario llevaría el nombre de la difunta escritora Carmen Naranjo.
Los grafitis, el hip hop y el parkour representaron el arte urbano desde las tarimas y en las calles; a la poesía la homenajearon autores como Esteban Chinchilla, María Montero, Luis Chávez y Ana Istarú; incluso los intermedios se adornaron de literatura con lecturas de pasajes de grandes como José Saramago y Mario Benedetti.
El agazajo se le dió al público por todo lado, pero definitivamente la música fue la que más acerco al público joven a las tarimas. El clímax llegó en las horas de la noche, cuando ya la pena quedó de lado y se armaron los círculos de baile en la calle y en la explanada frente a la estación.
¿Qué faltó? Más plumas nacionales. Si bien se fomentó la poesía con varias lecturas durante el evento, la gran mayoría pertenecía a autores internacionales, pocos fueron los poetas ticos invitados a leer su propio material, mientras que el cartel musical daba hasta para tirar para arriba.
Lo que sonó y destacó
El plato fuerte de la actividad fue la música. El cartel variadísimo regaló casi siete horas de canciones y baile para complacer a todos los gustos.
De entre las propuestas jóvenes la banda Rialengo fue de las primeras en mover pies al inicio de la tarde. La agrupación es liderada por el cantautor Francisco Murillo, quién esta vez experimenta con los ritmos de la cumbia y se acompaña por un conjunto fuerte de percusión y de coros.
A la cumbia le siguió el rock, apenas se anunció a la banda Akasha ya se oían los gritos y se cambió el baile por los saltos y el meneo de cabeza. La banda ya consolidada ofreció canciones de su último material Cerca del Sol y dejó satisfecha a su fanaticada.
Uno de los más disfrutados en pleno atardecer fue Humberto Vargas. El cantautor eligió para la ocasión su repertorio salsero, de aquella fusión maestra que había hecho con Son de Tikizia en el 2010.
Ya en las primeras horas de la noche otro que convirtió la calle en salón de baile fue Bernardo Quesada con su propuesta junto a la agrupación Rumba Jam. Desde el debut de esta dupla en el 2010 su disco Donde te espera mi nombre ha sido una delicia para escuchar en vivo.
El fiestón no paró y pasadas las 9 de la noche la calle seguía siendo propiedad del público y el escenario perfecto para Editus 360. El sonido tan característico de la banda que combina lo acústico con géneros como el house sigue volviendo locos y locas a aquellos que lo escuchan en directo.
Otras de las propuestas que se hicieron escuchar en la celebración fueron La Cuneta Son Machín (desde Nicaragua), Son de Tikizia y su salsa dura, Ale Fdz presentando nuevo material y los infaltables en todo buen fiestón: Sonámbulo.
Pensar y después celebrar
El Ministerio de Cultura y Juventud hizo clara ayer la invitación de aprovechar el nuevo espacio de fomento de la literatura, desde ya el proyecto pretende ser una plataforma para autores que buscan difundir su obra y para un público ávido de buenas lecturas.
Sin embargo, las críticas no se hicieron esperar ni antes ni después del evento de inauguración. Específicamente en redes sociales y en grupos dedicados a la promoción literaria se discutía si el evento realmente apoyaba la literatura o era una excusa más para convocar público alrededor de otro “chivo”.
No hay discusión de que el evento califica como un éxito en organización, convocatoria y publicidad para el espacio cultural, lo que preocupa al gremio es que hubo más guitarras que libros en un recinto donde precisamente se busca rescatar la literatura costarricense del estado de abandono donde está.
El reto está planteado, reto para los autores y para el público: hacerle honor a Carmen Naranjo y hacer de la Antigua Estación al Atlántico un espacio útil y de fomento verdadero a las letras. Ya está la herramienta, que lleguen los breteadores.