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Rogelio López: como una ola
El ganador del Premio Magón 2011, Rogelio López, se sinceró con RedCultura sobre lo que lo apasiona, lo que lo entristece y de lo que está orgulloso.
30/01/2012 11:37 AM
David Ulloa
dulloa@redcultura.com

Una ola es fuerte, recia, pero también acaricia, da paz. Una ola no se detiene y así se convierte en el ejemplo perfecto de lo eterno. Una ola es Rogelio López.

El bailarín y coreógrafo puntarenense se unirá a la lista de los costarricenses más destacados por su trabajo creativo y de investigación cuando el próximo 15 de Mayo reciba el premio Magón.

La celebración no ha parado desde el anuncio el 16 de enero, y no es para menos, es la primera vez desde su fundación en 1962 que un profesional de la danza se alza con este galardón.

Toda una vida en movimiento lo ha traído hasta acá, el chiquillo que bailaba frente al mar se fue por el mundo a seguir bailando: Director y fundador de DanzaCor (1975-1997) y Cofundador y director de Danza Universitaria (1978-2006), docente en el Conservatorio Castella y en la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica desde 1975, también en la Universidad de San Marcos (Perú) y en la Universidad Veracruzana de Xalapa (México). Sus obras han danzado en los escenarios de Estados Unidos, España, Alemania, Venezuela, Ecuador, Colombia, Chile, Nicaragua y Brasil.

Reconocimientos tiene hasta para tirar al cielo, pero este lo ha hecho sonreír más: “con un premio a mejor bailarín o a mejor coreografía estás en lo tuyo, te lo dan tus pares, pero con un Magón te están dando un premio por la socialización de lo que vos hacés, y eso es lo que me parece maravilloso”.

Nos sentamos a conversar con Rogelio en una de sus obras, el estudio de Danza Universitaria, en San Pedro. Él, entre risas, antes de empezar nos dijo: “Si me ven muy peinado vienen y me alborotan el pelo”. La ola que es Rogelio es eterna, pero sigue joven y rebelde.

28 años de su vida y más de 70 espectáculos a su cargo en DanzaU, ¿qué sentimientos le evoca este lugar?

Es donde uno vive, que es una cosa, donde uno sueña es otra. Entonces tener un espacio para vivir y para soñar es como sentir que el cosmos se puso de acuerdo para favorecerte. Este es un espacio que cuando llegamos era un abandono total, el edificio Saprissa era un edificio abandonado y ahí entramos nosotros;  éramos los primeros inquilinos que íbamos a crear el espacio que les iba permitir a un grupo de personas construir la voz de la danza que la Universidad de Costa Rica no tenía, entonces el ir viendo este lugar crecer junto con nosotros, artistas y público, es eso, es tu casa y a la vez ese espacio donde soñar es posible, en donde se construye un proyecto de vida. La otra cosa es que aquí al frente yo he estado trabajando más de 30 años, en la Escuela de Estudios Generales, donde tuve la grandísima oportunidad de compartir con personas que se van a dedicar a todas las otras humanidades que ofrece la Universidad pero que escogen un día para acercarse a la danza.

Y Rogelio, ¿es esta institución que construyó de la nada lo que le provoca más orgullo?

No no no, yo estoy orgulloso de todo lo que he hecho.  A veces me pongo triste de lo que no hice. Para mí mi trayectoria no es solamente DanzaU, osea es también mi exploración por ejemplo con la Compañía Folclórica, mi exploración con el baile popular, o que me dio por estudiar por aquí estudiar por allá: yo me siento muy orgulloso de todo en lo que he estado involucrado porque era lo que yo sentía que tenía que hacer, y como te dije lo único que me da tristeza es que a veces digo porqué no hice tal cosa o tal otra, pero de lo que hice, orgulloso.

Pero sí está de acuerdo con lo que dicen muchos, que de DanzaU  han salido los mejores del país

Sí, sin ninguna duda (se ríe) Sabes lo hermoso de esta profesión de nosotros es que uno no puede inventar, por que yo puedo decir ay los mejores bailarines son este y aquel, pero usted busque y vea. En danza no se puede engañar, y el honor y el orgullo para mí es que la gran cantidad de personas que vinieron a este espacio desde los tiempos de los tiempos hasta la actualidad son líderes, tienen voz propia, opinan, crean y diseñan sus propios proyectos de vida a partir de experiencias que compartimos para volverlas propias y hacerlas en todos los niveles. El escenario de la danza costarricense está lleno de personas que han compartido la vivencia Danza Universitaria, no hay duda y yo puedo decirle todos los nombres pero usted ya los sabe, en cualquier lugar usted los encuentra, porque en danza la tecnología de punta está hecha aquí.

Muchos de ellos le consideran su maestro, ¿Qué hace a Rogelio López tan buen maestro?

Primero que yo llego como persona, no como maestro. Llego como persona a compartir un espacio con otro grupo de personas, te lo voy a contestar de esta manera: vos venís, te matriculás a una experiencia conjunta conmigo, venís a aprender algo, a compartir algo. Parto de un principio de compartir, pero me parece maravilloso que usted venga con la mentalidad de que yo le voy a enseñar algo que no sabe. Mi propuesta es esta humanidad entre ambos, un compromiso y al mismo tiempo mucho afecto. Cualquier proyecto educativo es reeducativo, es un proceso para transformar. Y si vos me ves disfrutando lo que yo estoy haciendo, si vos ves que yo estoy comprometido en compartir una experiencia entonces tomás una posición al respecto.

Y ahora puede presumir, es el primer tico del gremio de la danza que recibe el Magón, ¿cómo se siente eso?

Ay amigo mío es una gran satisfacción, para mí persona, Rogelio, de que una trayectoria y una investigación como esta sean tomadas en cuenta para decirme usted es uno de esa lista de hombres y mujeres maravillosos que han aportado a la sociedad. Por otro lado, es un Magón para la danza sin lugar a duda, es la  primera vez que nosotros entramos, que maravillosamente estemos por igual la ciencia y el arte habla de una sociedad que evoluciona. Por otro lado, somos arte escénico, es la primera vez que ese reconocimiento se le da al arte escénico. Esto es fiesta, es fiesta de todos nosotros, porque lo nuestro es de equipo, lo nuestro es de conjunto, la visión que yo asumí desde el principio es de colectividad, entonces todavía mejor porque nos están premiando a todos.

¿Y es el empujón que la danza tica necesitaba?

Por supuesto que sí, era fundamental. Tiene mucho rato la danza nacional de estar construyendo una cultura de diálogo entre su sociedad y los artistas. Sí somos de las artes que llegamos tarde, somos el arte más joven de todos, pero en 30 años construimos, hicimos, fuimos para allá y para acá más de esas tres décadas, entonces esa rebeldía y esa juventud ha hecho que nosotros tengamos que apurarnos para hacer un arte que se insertara en la sociedad. Es maravilloso, necesitábamos ese apoyo por el hecho de visibilizar, porque no es solo un reconocimiento para los que estamos en ello, es para el país.

Hoy por hoy, ¿qué hace falta para fortalecer a la danza como institución?

Siempre más recursos. El país entero le otorga el menor presupuesto al arte y a la cultura, todos necesitamos un poco más para proyectar nuestra labor en los diferentes ámbitos. Si me siento muy feliz de vivir en un país que se ha ocupado por el arte, no quiero ser malagradecido, pero eso no implica que definitivamente que por los ires y venires de nuestras políticas el arte sigue estando de último. ¿Qué implicaría tener más recursos? Mire, por ejemplo nosotros cada vez tenemos más y más artistas de la danza, porque este país baila por todas partes, es una cantidad enorme de talento que no tiene espacios para explorar ni investigar propuestas coreográficas. Hace falta el Estado, porque hablar de que la empresa privada lo va a hacer está todavía más lejos. ¿Entonces que hacemos con todas esas personas?, me parece maravilloso exportarlos, pero que pena que en el país no tengan las oportunidades.

¿Sufre mucho un bailarín en este país?

Sí se sufre, decirle que no no es cierto. Se sufre por la frustración que da no poder llevar a cabo mucho de lo que te da razón de ser, lo que te da sentido. Mirá es una decisión que es muy compleja pero creo que cualquiera de las decisiones que tengan que ver con el arte son difíciles; pero en la danza hay muchas otras implicaciones, primero el éxito está diseñado a partir de que usted tenga trabajo y le paguen, así está diseñada la sociedad, entonces uno de los conflictos de acercarse a la danza es que ese panorama siempre va a ser fríamente complejo, no es sencillo encontrar un trabajo que remunere el hecho de ser bailarín. Luego tenemos a la familia, para la familia es dificilísimo pensar que uno de sus miembros, hombre o mujer, se van a dedicar a la danza. Y todavía para este país dedicarse a la danza es decir públicamente soy gay, y digo yo que interesante, cuántos abogados hay que son gais y así sucesivamente, la gente cree que es solo un asunto de la danza. Me confunde muchísimo todavía una actitud tan poco compresible, esta es una sociedad en donde la diversidad no es todavía uno de los grandes objetivos ni de los grandes proyectos. Si vas a tomar la decisión de acercarte a esto preparáte como persona para asumir lo que la decisión implica; maravillosamente me encuentro con cantidades de gente joven que ya eso lo resuelven de manera fluida y demás, me parece magnífico, mi comentario va más para las personas que todavía tienen ese tipo de conflicto. No es una carrera fácil pero empieza por ella misma, vos tenés que reeducarte, tenés que transformar, tenés que tener una responsabilidad enorme con vos mismo; por eso si no tenés pasión dedicáte a otra cosa, porque solamente la pasión te va a poder sostener aquí.

Es para valientes definitivamente…

De fijo que sí, esta es gente muy valiente.

Y usted que ha podido bailar y enseñar  en muchas otras latitudes, ¿qué rescata del bailarín costarricense? ¿qué es lo especial?

Yo tengo una fantasía amigo mío, una idealización del bailarín costarricense. Para mí lo maravilloso que tiene el costarricense es que tiene la oportunidad de integrar en sí mismo grandes culturas, la prehispánica, la europea. Y aparecen los negros, los negros aportan la “S”, no la de Saprissa, sino la del sabor. A nosotros no nos educaron a valorar el principio mestizo, más bien mestizo era una palabra peyorativa en mis tiempos, todavía hay mucho de eso por que es un país muy conservador el tuyo y el mío, pero fijáte que lo mestizo es lo valioso. Siempre que veo a un costarricense cuando está bailando su salsa y mueve su cadera de aquí para allá, yo siempre digo mirá, hay un negro detrás. Y todo eso se complementa cuando aparece Oriente, que nos aporta un compromiso más hacia lo interno, entonces estamos ya construyendo lo que yo llamo las cuatro edades del costarricense. Esos seres son muy especiales y reconocidos, los he visto en otras latitudes y uno dice pero qué es esta gente tan guapa, porque tienen muchos recursos. Eso es lo que hace a este bailarín o bailarina tan especial.

¿Recuerda en que momento se enamoró de la danza?

Sí, frente al mar. Mi primer maestro es el mar, yo nazco en Puntarenas y los primeros 7 años de mi vida son allí. El mar era el patio de mi casa, osea mi lugar de juegos. Me acostumbré a andar chancletas y en ‘chorcito’ de acá para allá, viviendo el mar. El mar me enseño respeto, me enseño además que nunca para, siempre se está moviendo. Se imprimió en mí una sensación de continuidad, de fluidez que precisamente más adelante me ayudó a encontrar un discurso de fluidez, sin fragmentación. Pero cuando ya me enloquecí fue cuando mi familia me llevó al salón de baile. De lunes a viernes yo veía trabajar a mis padres en esto y en aquello y no sé que, pero llegaba el viernes y era una maravilla, se vestían para ir al salón. Llegaban a “Los Baños” en Puntarenas, se tomaban sus tragos, era aquel calor de puerto, sus comidas y tu merengue, tu swing, tus boleros y a bailar. Yo decía esto es el paraíso, esto es el cielo. Ahí yo veía como se transformaba la gente y dije esto es lo mío, pero no lo mío como profesión, a mí nunca se me ocurrió bailar para ir a estudiar a una universidad, a mí me provocó porque yo decía qué es belleza, yo quiero hacerlo y quiero que me enseñen.

Y bueno, ya sabemos que ganó, pero oficialmente el Magón es suyo en Mayo, ¿ya sabe cómo celebrar?

Primero me encantaría poder celebrarlo con el gremio, y el gremio no es solo el de la danza, yo digo que la mejor fiesta de cumpleaños es aquella que reúne las gentes que vos considerás imprescindibles. El 15 de mayo yo quisiera que sea eso, una celebración de ese gremio de personas que comenzamos la labor, después la cantidad de personas que colaboraron en el diálogo desde la butaca, ¿qué quiero decir? Esto es posible porque hubo un interlocutor, una persona que soñó junto conmigo, un diálogo entre una persona sentada en la butaca y otra moviéndose acá. El espectador de Danza Universitaria, de la danza abierta también tiene motivos para celebrar, porque nosotros lo que hemos hecho son estímulos para su imaginación, para que imagine, para que si a usted le gusta la danza cuando usted se siente allí al bailar nosotros usted baile también. Esto tiene mucho sentido precisamente porque somos muchos los que tenemos que levantar nuestras copas para brindar.

"Yo quiero que me entierren en una tierra que me recuerde"

A Rogelio López ya se le ha cumplido ese deseo, el Magón 2011 ya lo convierte en uno de los ciudadanos destacados de Costa Rica y tiene toda una carrera para respaldar el honor.

López obtuvo el título de Profesor de Estado con especialidad en Danza (1974) y el certificado de Bachillerato en Danza (1981), Universidad Nacional.

Sus primeros pasos como bailarín los dió con las maestras Mireya Barboza y Beverly Kitson. Fue alumno de Yuriko Kikuchi, Anick Macouvert, Rajhika Puri, Louis Solino, Fred Traguth, Raoul Gelabert y Kenneth Pearl.

Como bailarín profesional participó en obras de Mireya Barboza, Elsa Vallerino, Elena Gutiérrez, Cristina Gigirey, Richard Krosky, Luis Piedra y Susane Linke.

Entre sus reconocimientos cuenta el Premio Nacional de Teatro como Mejor Director y como Mejor Escenografía por Rinocerontes (1993) y el Premio Nacional de Danza como Mejor Coreógrafo por Marimbalando con la Compañía Folclórica de la Universidad de Costa Rica (1998).