Red Cultura
  • Fotografías
Mauricio Orellana también fue finalista del Premio Planeta de novela en el 2002 con su obra Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto. (foto por Eny Roland Hernández)
Ciudad Orellana: salvadoreño asienta su literatura en Costa Rica
La rebeldía e inconformidad del escritor Mauricio Orellana han tenido buena acogida en nuestro país, al que ha convertido en su “hogar literario”. En entrevista, nos revela sus motivaciones.
09/01/2012 12:23 PM
David Ulloa
dulloa@redcultura.com

Lo de nacer en el país equivocado le puede pasar a cualquiera, escribir sobre ello ya es lujo de algunos. Uno de esos es Mauricio Orellana, hijo de El Salvador, nieto de Centroamérica y oveja negra de la familia.

El salvadoreño ha publicado ya tres novelas en nuestro país: Ciudad de Alado y Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto (Uruk ediciones) y Heterocity (Ediciones Lanzallamas). La fe que le ha puesto Costa Rica al autor su país aún se la debe: Heterocity vio la luz el año pasado en nuestro país, sin embargo al día de hoy no se distribuye en su país natal.  

El narrador, ensayista y crítico literario de 46 años se convirtió en el ganador del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 2010 precisamente con  esa novela. Este poderoso documento de más de 400 páginas resume la esencia del virtuoso escritor: un talento innato para la narrativa, un tratamiento riquísimo de los detalles y el sin miedo que proyecta al tratar temas polémicos, tabú, temas prohibidos en su país.

En Heterocity el matrimonio gay es el protagonista; el debate que genera este tema se acuerpa por una crítica explícita a las mentalidades centroamericanas a las que Orellana repudia: las feudales, las falsas y las dominantes. Ya había tocado otros temas polémicos en Ciudad de Alado: raves, drogas, prostitución masculina… pero parece que con Heterocity hirió más profundamente la sensibilidad conservadora de su país.

Se puede inferir de la obra de Orellana que está inconforme y le gusta decirlo, que en su país no es feliz y le gusta contarlo, pero oír salir de su boca las razones es una oportunidad que no se debe dejar pasar: 

 

Siempre que lo leo me pinta imágenes vivísimas de El Salvador, ¿Qué sentimientos le provoca su país? ¿Es una relación amor-odio?

Es peor que eso: me provoca una gran indiferencia y aburrimiento, o mucha tristeza. Dejemos los volcanes y los lagos, el clima: todo eso es hermoso. La mentalidad media, que es con lo que hay que lidiar a diario, es una debacle, y todo lo demás, escenario.

 

¿Es una ciudad hecha para artistas?

Está bromeando, ¿no? Tal como está es una ciudad hecha para asfixiar artistas, matar talento y originalidad, imponer estándares. ¿Que el dolor inspira? Pues la verdad, preferiría que no lo hiciera.

 

Pero cuando está lejos, ¿qué extraña de su tierra?

 A mis amigos y familiares, la cercanía del mar y el viento en las montañas que suelo visitar cuando está despejado.

 

¿Todos los escritores son melancólicos?  ¿Deberían serlo?

 No sé si todos sean melancólicos. Yo no lo soy mucho, o solo a veces. Y en cuanto a si deberían serlo, creo que deben ser lo que son, nada más.

 

Lo que sí parece ser norma es que los círculos literarios en países pequeños como los nuestros sean muy cerrados y articulados por “preferencias amistosas”, ¿ocurre así en El Salvador?

 Exactamente así.

 

Orellana ha recibido el beso y la cachetada en su tierra natal. Ha ganado en dos ocasiones los Juegos Florales Salvadoreños: en 1999 con la novela La Marea y en el 2000 con Ciudad de Alado. De manera contradictoria su Heterocity aún no se distribuye en ese país centroamericano, las grandes editoriales han decidido dejarle la tarea de distribuir el poderoso mensaje del texto al mecanismo de boca en boca, bocas muy atrevidas, dirían por allá.

Mientras tanto en Costa Rica la novela se editó en el 2011, también disponible para el público está Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto, en los ventanales de Uruk Editores y con el nombre de Orellana en la portada. Unas 14 horas de viaje en autobús de El Salvador a Costa Rica y al escritor le cambia el paisaje, el sentimiento: 

 

Y  un país como Costa Rica, donde su literatura ha sido más que bienvenida, ¿qué sentimientos le provoca?

Sentimientos de esperanza, de tranquilidad, de agradecimiento y de amistad. Parece que Costa Rica se está volviendo mi hogar literario.

 

¿Ha asumido escribir sobre la realidad centroamericana como un deber ciudadano?

No. Cuando lo he hecho, ha sido porque me revuelve el hígado muchas de las cosas que veo a diario, y ya no soporto más y tengo que sacarlo.

 

¿Pero quiere generar cambios con su literatura? ¿Qué cambios?

 Quizá más bien sensibilizar sobre algunos temas, a veces, tratar de entenderlos. Luego, solo jugar a ser yo y crear.

 

El espíritu creativo de Mauricio sigue venciendo a su espíritu realista, en Ciudad Orellana. Ya ha cultivado el cuento, la novela, el ensayo y sigue trabajando. Sus lamentos y sus virtudes han llegado hasta España, donde ya se habla de él y donde quizás su desfachatez llegue a ser venerada, la desfachatez es un goce en Europa.

 

¿Está escribiendo algo ahora?

Sí. Aunque de momento está en esa etapa delicada en que no se sabe si va a cuajar o no. Por eso me lo reservo. Es un gran despelote eso sí.

 

¿Qué está haciendo para no repetirse?

No es algo que procure. Me doy cuenta de que mis intereses sobre unos temas o la manera de abordarlos no son pocos y me gusta explorarlos, correr riesgos literarios, empujar los límites. Soy diverso y busco expresarlo así. Me aburriría escribir sobre lo mismo y de la misma manera siempre.

 

Orellana ya está bajo la mira de muchos pero no trabaja ni compromete su arte a la presión; curiosamente la novela que no se lee en su país lo convirtió en un punto de partida para analizar la cuestión homosexual en Centroamérica. A Orellana desde sus inicios se le reconocían sus méritos narrativos y literarios, con Heterocity  también se le felicita por sus aciertos en documentación, investigación y difusión de un tema tan complejo como el matrimonio homosexual. Y por valiente, un aplauso.

 

Literatura que abre armarios

En este país donde ser gay todavía es considerado pecado por algunos (y lo dicen sentados en su curul) hablar y escribir del tema sería cosa de locos, o de valientes.

En el 2009 vio la luz un compendio que reunía a varios de estos locos (o valientes) que en algún período de la homofóbica historia costarricense se atrevieron a incluir en sus relatos a personajes homosexuales o bisexuales. “La gruta y el arcoíris: Antología de narrativa gay-lésbica costarricense” es la recopilación de estos textos que corrió a cargo del destacado escritor Alexánder Obando.

Desde su salida Obando aclaró que los textos escogidos no hacen referencia a la orientación sexual de ninguno de los autores, eso sí, forman parte de la antología por su calidad formal y peso en la literatura tica.

Incluso no todos los textos celebran las prácticas homosexuales, varias de las piezas también hacen referencia al tema con un carácter claramente homofóbico. El punto de encuentro de los textos es la visibilización, en unos más sutil que en otros, de prácticas y personajes no heterosexuales.

Desde Jenaro Cardona hasta Fernando Contreras, pasando por Anacristina Rossi y el mismo Obando, la antología  se convierte en una ganancia para el lector, no solo por la oportunidad de comparar cómo tan diversos autores abarcan tan diversas temáticas en sus obras, sino también para comprobar una vez más que de un tema como este se habla prácticamente desde el inicio de las letras en nuestro país, que ha estado en boca de autores clásicos y de jóvenes promesas.

Del nombre de la antología su autor explicó: “La gruta es un antro y significa ‘cueva’, (…) El arcoíris es símbolo de la convivencia pacífica de la diferencia”. Todo muy apropiado, ¡qué viva la diferencia en esta cueva en que vivimos!

 Textos incluidos en la antología:

  • “La esfinge del sendero” de Jenaro Cardona (fragmento)
  • “Trece partes de un amaneramiento” y “Más allá del parismina” (fragmento) de Carmen Naranjo
  • “La isla de los hombres solos” de José León Sánchez (fragmento)
  • “El hilo del viento”, “Carpe Diem” y “Snuff” de Alfonso Chase
  • “María la noche” de Anacristina Rossi (dos fragmentos)
  • “Mariposas negras para un asesino” de Jorge Méndez Limbrick (fragmento)
  • “El autobús que desaparece a mediodía”, “La mujer oculta” y “Paisaje con tumbas pintadas en rosa” (fragmento) de José Ricardo Chávez
  • “Mar de las lluvias” y “Sinus Rosis” de Alexánder Obando
  • “Salgo mañana, llego ayer” y “Bienvenido a tu nueva vida” de Uriel Quesada
  • “Cruz de olvido” de Carlos Cortés (fragmento)
  • “De suicidios y fraternidades” de Guillermo Fernández
  • “Mastíquese bien antes de tragar” y “Presa fácil” de Fernando Contreras