Lo de nacer en el país equivocado le puede pasar a cualquiera, escribir sobre ello ya es lujo de algunos. Uno de esos es Mauricio Orellana, hijo de El Salvador, nieto de Centroamérica y oveja negra de la familia.
El salvadoreño ha publicado ya tres novelas en nuestro país: Ciudad de Alado y Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto (Uruk ediciones) y Heterocity (Ediciones Lanzallamas). La fe que le ha puesto Costa Rica al autor su país aún se la debe: Heterocity vio la luz el año pasado en nuestro país, sin embargo al día de hoy no se distribuye en su país natal.
El narrador, ensayista y crítico literario de 46 años se convirtió en el ganador del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 2010 precisamente con esa novela. Este poderoso documento de más de 400 páginas resume la esencia del virtuoso escritor: un talento innato para la narrativa, un tratamiento riquísimo de los detalles y el sin miedo que proyecta al tratar temas polémicos, tabú, temas prohibidos en su país.
En Heterocity el matrimonio gay es el protagonista; el debate que genera este tema se acuerpa por una crítica explícita a las mentalidades centroamericanas a las que Orellana repudia: las feudales, las falsas y las dominantes. Ya había tocado otros temas polémicos en Ciudad de Alado: raves, drogas, prostitución masculina… pero parece que con Heterocity hirió más profundamente la sensibilidad conservadora de su país.
Se puede inferir de la obra de Orellana que está inconforme y le gusta decirlo, que en su país no es feliz y le gusta contarlo, pero oír salir de su boca las razones es una oportunidad que no se debe dejar pasar:
Siempre que lo leo me pinta imágenes vivísimas de El Salvador, ¿Qué sentimientos le provoca su país? ¿Es una relación amor-odio?
Es peor que eso: me provoca una gran indiferencia y aburrimiento, o mucha tristeza. Dejemos los volcanes y los lagos, el clima: todo eso es hermoso. La mentalidad media, que es con lo que hay que lidiar a diario, es una debacle, y todo lo demás, escenario.
¿Es una ciudad hecha para artistas?
Está bromeando, ¿no? Tal como está es una ciudad hecha para asfixiar artistas, matar talento y originalidad, imponer estándares. ¿Que el dolor inspira? Pues la verdad, preferiría que no lo hiciera.
Pero cuando está lejos, ¿qué extraña de su tierra?
A mis amigos y familiares, la cercanía del mar y el viento en las montañas que suelo visitar cuando está despejado.
¿Todos los escritores son melancólicos? ¿Deberían serlo?
No sé si todos sean melancólicos. Yo no lo soy mucho, o solo a veces. Y en cuanto a si deberían serlo, creo que deben ser lo que son, nada más.
Lo que sí parece ser norma es que los círculos literarios en países pequeños como los nuestros sean muy cerrados y articulados por “preferencias amistosas”, ¿ocurre así en El Salvador?
Exactamente así.
Orellana ha recibido el beso y la cachetada en su tierra natal. Ha ganado en dos ocasiones los Juegos Florales Salvadoreños: en 1999 con la novela La Marea y en el 2000 con Ciudad de Alado. De manera contradictoria su Heterocity aún no se distribuye en ese país centroamericano, las grandes editoriales han decidido dejarle la tarea de distribuir el poderoso mensaje del texto al mecanismo de boca en boca, bocas muy atrevidas, dirían por allá.
Mientras tanto en Costa Rica la novela se editó en el 2011, también disponible para el público está Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto, en los ventanales de Uruk Editores y con el nombre de Orellana en la portada. Unas 14 horas de viaje en autobús de El Salvador a Costa Rica y al escritor le cambia el paisaje, el sentimiento:
Y un país como Costa Rica, donde su literatura ha sido más que bienvenida, ¿qué sentimientos le provoca?
Sentimientos de esperanza, de tranquilidad, de agradecimiento y de amistad. Parece que Costa Rica se está volviendo mi hogar literario.
¿Ha asumido escribir sobre la realidad centroamericana como un deber ciudadano?
No. Cuando lo he hecho, ha sido porque me revuelve el hígado muchas de las cosas que veo a diario, y ya no soporto más y tengo que sacarlo.
¿Pero quiere generar cambios con su literatura? ¿Qué cambios?
Quizá más bien sensibilizar sobre algunos temas, a veces, tratar de entenderlos. Luego, solo jugar a ser yo y crear.
El espíritu creativo de Mauricio sigue venciendo a su espíritu realista, en Ciudad Orellana. Ya ha cultivado el cuento, la novela, el ensayo y sigue trabajando. Sus lamentos y sus virtudes han llegado hasta España, donde ya se habla de él y donde quizás su desfachatez llegue a ser venerada, la desfachatez es un goce en Europa.
¿Está escribiendo algo ahora?
Sí. Aunque de momento está en esa etapa delicada en que no se sabe si va a cuajar o no. Por eso me lo reservo. Es un gran despelote eso sí.
¿Qué está haciendo para no repetirse?
No es algo que procure. Me doy cuenta de que mis intereses sobre unos temas o la manera de abordarlos no son pocos y me gusta explorarlos, correr riesgos literarios, empujar los límites. Soy diverso y busco expresarlo así. Me aburriría escribir sobre lo mismo y de la misma manera siempre.
Orellana ya está bajo la mira de muchos pero no trabaja ni compromete su arte a la presión; curiosamente la novela que no se lee en su país lo convirtió en un punto de partida para analizar la cuestión homosexual en Centroamérica. A Orellana desde sus inicios se le reconocían sus méritos narrativos y literarios, con Heterocity también se le felicita por sus aciertos en documentación, investigación y difusión de un tema tan complejo como el matrimonio homosexual. Y por valiente, un aplauso.