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Cantoamérica interpreta Callaloo, legndario calipso de Walter Ferguson.
Josefino con sabor caribeño
Manuel Monestel es un reconocido músico, escritor e investigador cultural que lleva el Caribe costarricense en su alma.
31/05/2011 12:00 AM
Verónica Jiménez Arguedas
vjimenez@redcultura.com

If i didn´t have two eyes to see, I woudn´t worry about a thing. Así dice Give my people a chance, una de las canciones de uno de los músicos e investigadores costarriceses que han luchado por visibilizar toda una cultura relegada a segundo plano: la afrocaribeña.

Se llama Manuel pero su apellido no es Obregón sino Monestel, aunque tiene la voz exactamente igual al actual Ministro de Cultura. Este otro Manuel también tiene el pelo largo, canoso y usa guayabera. Además es guitarrista, cantante, compositor, arreglista y cuánta especialización musical exista. Tiene 61 años y ha dedicado los últimos 40 años de su vida a interpretar y estudiar aquellos ritmos latinoamericanos que se han visto escondidos ante el ahogo de los productos extranjeros. 

“Necio y cabeza dura”. Así se describe Manuel Monestel. Y por suerte, porque si no fuera por él la música de nuestro Caribe limonense no hubiera salido de esa región

Pocos saben que Monestel estudió Sociología en la Universidad de Costa Rica e Investigación de la Cultura Popular en la Universidad de Bahía en Brasil. Por eso se considera un artista integral, comprometido con la función social de la música en la cultura de los pueblos.

Es reconocido por ser el líder de Cantoamérica, una agrupación con 30 años de interpretal ritmos latinoamericanos, desde el calipso hasta el bolero más suave. Ha trabajado con Manuel Obregón, Edín Solís, Guadalupe Urbina, Fidel Gamboa y muchos otros importantes artistas costarricenses en numerosos proyectos musicales.

Este año, el talento y la trayectoria de Monestel fueron reconocidos con dos premios: el Premio Viva, que entrega el periódico La Nación,  y el Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional, que otorga el Ministerio de Cultura y Juventud.

Parece ser un señor muy tranquilo y serio pero bastan unos minutos para que entre en confianza, cuente un par de chistes y le dé rienda suelta a las anécdotas.

Música en la sangre

El gusto musical de los Monestel no es gratuito. Su papá cantaba y el tío y el abuelo tocaban guitarra, ninguno profesionalmente pero todos de manera constante. Así creció Manuel, en medio de boleros y tangos, los ritmos preferidos de su progenitor.

A los ocho años su tío le regaló su primera guitarra, pero en una desafortunada pelea con uno se sus hermanos, éste se la reventó en la cabeza y fue el fin del instrumento. “Como de escena de película de comedia”. dice Monestel sonriente al recordar el suceso. A sus 17 años cambió 14 discos y 30 colones por una guitarra usada y por sí solo fue aprendiendo y explorando con nuevos ritmos.

“A mí me pasó lo que le pasa a cualquier joven que quiere hacer música. A lo que tiene acceso es al rock por el rollo ese de que se suponía que mi generación era rockera”, comenta Manuel.

Y aunque parecía que tenía que dedicarse al rock, mientras cursaba la universidad se interesó en la Nueva Canción Latinoamericana, para poder estudiar los ritmos, música y riqueza de la región.

Fue en ese momento que aprendió varios instrumentos e inició un grupo con su hermano Bernal, conocido por su proyecto Mundoloco. Años después paso a Tayacán, agrupación liderada por el cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy. Cuando Tayacán se disolvió, por el regreso de Mejía a Nicaragua, Monestel formó Cantoamérica.

En su propia familia las artes no son ajenas. Su hijo, Ismael Monestel, de 10 años, también tiene inclinaciones musicales, sin embargo Manuel asegura que no lo presiona y que quiere que el chico se desarrolle en lo que quiera. Su esposa, Ileana Álvarez, es bailarina y actriz; la conoció en la universidad cuando fue a comer a un restaurante vegetariano que estaba tan lleno que lo sentaron a la par de ella. Él le regaló su ensalada y de ahí brotaron las chispas del amor que persiste hasta el día de hoy.

Calipso, Cahuita y Ferguson

Aunque es un josefino nacido en San Pedro, la mayor influencia musical y su área de trabajo se encuentra en Limón. Su mamá había visitado la provincia en los años 30 y le contaba a Manuel sobre los rituales de pocomía (parecido a La Santería cubana), donde la música era primordial. “A mí eso me pareció mágico”, afirma con asombro.

Cuando estaba en la escuela tenía un compañero afrocaribeño de quien era muy amigo. Un día los compañeros agredieron al niño en un acto de racismo y eso lo marcó. “Fue muy feo eso, ese fue mi primer enfrentamiento con el racismo. Ahí entendí lo injusto y lo torpe que es el ser humano”, dice tristemente.

Ya en la universidad se cuestionó por qué las raíces africanas de la música no son conocidas en Costa Rica, aún cuando hay una gran población afrocaribeña en el país. Por eso agarraba su descharchado jeep amarillo los fines de semana y se iba a Cahuita para investigar y conocer gente.

En uno de esos tantos viajes conoció al legendario calipsonian limonense Walter Ferguson,quizás la principal figura del calypso limonense. “Supe que me encontraba frente a un gran compositor, que su música tenía una particular vinculación con una identidad afrolimonense y que mostraba una impresionante pertinencia en la vida social y cultural de la costa de Talamanca”, escribió Monestel en Ritmo, canción e identidad: El calipso limonense, libro publicado por la EUNED en el 2005.

“Un dia me animé a montar un par de canciones de Ferguson con Cantoamérica y se las llevé en un cassette. Me dijo que siempre había querido escuchar sus canciones con arreglos”. Fue así como Ferguson se convirtió en el mentor de Monestel, con quien todavía mantiene una relación.

Hablar con Manuel sobre Limón es como hablar con un padre sobre sus hijos: salen chispas de sus ojos. Reconoce que la posibilidad de conocer la música de Cahuita y vivirla de manera tan cercana ha sido de las mejores experiencias de su vida.  “Creo que me he dado gusto, ha sido un trabajo muy duro pero ha sido un gran placer”, explica.

¿Y por qué no vive en Limón? “Prefiero no ser parte de la invasión cultural del Valle Central a Limón. Prefiero no interferir en ese sentido”. Sin embargo Manuel no se desarraiga, y por eso visita la provincia cada vez que puede, al menos una vez mes.

La sabiduría de los años

El semblante tranquilo le cambia cuando habla del apoyo hacia la música nacional.  En el 2009 Monestel dio un discurso en la entrega de los premios de la Asociación de Compositores Musicales (ACAM) por el que fue alabado por muchos pero también atacado por otros. En este texto criticó fuertemente a las radios nacionales por desamparar al artista costarricense y manejar un doble discurso empresarial.

“Hoy ante un altercado y choque de intereses empresariales la música nacional y los músicos que la ejecutan y la interpretan, continúan en desventaja total en tanto siguen sin tener un digno lugar en la radiodifusión y sin poder acceder a la recolección de sus derechos de interpretación que la ley certifica, en virtud de una pelea confusa y poco sincera de grandes intereses económicos”,  reclamó Monestel en el 2009.

Otra de sus luchas ha sido contra la visión conservadora de la cultura y el racismo. Y asegura: “cuesta mucho tener interlocutores que entiendan lo que yo hago porque todos están pensando en la gloria y la fama”.

Con los años este compositor ha logrado tener claro lo que quiere lograr. Ya no es el muchachito universitario que trata de formarse una identidad sino que sabe lo qué quiere hacer y para dónde va. “Más allá de mis arrugas y mis canas no me cambio por el muchacho de 20 años que era yo. Era más bonito pero más tonto”.

Abi Huertas, flautista de Cantoamérica, lo describe mejor: “es un hombre que sabe cuándo vacilar, y sabe cuándo tomar las cosas con seriedad (...) no se deja dominar por nadie, y que no se queda callado cuando algo no le parece. Tiene un sentido del humor pésimo pero se esfuerza por hacer reír a la gente”, explicó con humor.

Eso es Monestel: un alma inquieta con el corazón en el caribe. "Aún me queda mucho por hacer, mucho por que luchar, pero yo ya no imagino mi vida sin la música" . Como dice su canción: aún hay tiempo: "There´s still time. Stop the crime, its the time to give my people a chance".

Calypso: denuncia y tradición

El calipso es un ritmo perteneciente a la canción popular cuyo origen puede ser rastreado a la isla de Trinidad durante el contexto colonial. Es un estilo musical que se caracteriza por denunciar pero también transmitir la vida cotidiana de los pueblos afrocaribeños.

La figura del calipsonian (aquél que compone e interpreta los calipsos) se convierte en eje central en este tiempo. Él es quien transmite las noticias, cuenta los chismes y da la información sin dejar de lado la resistencia a ser colonizado. Los calipsonians no son solo músicos sino que escritores y por tanto transmisores orales de cultura.

A Costa Rica el Calipso llegó con los esclavos que fueron traídos al Caribe para trabajar en el ferrocarril a finales del siglo XIX. Así era usual en la provincia de Limón disfrutar de esta música en la playa, en la calle, los bares o festejos populares como los carnavales.

Algunos calipsonians renombrados de nuestro pais son: Walter Gavitt Ferguson, Helberth Glinton, Edgar Hutchinson, Joseph Darkins, Cyril Sylvan, Rajín, Danny Williams, entre muchos otros.

El ritmo fue durante muchos años desconocido para los habitantes de San José, que en ese entonces ni siquiera entraban a la provincia de Limón. Fue hasta los años 80 con la interpretación de grupos como Cantoamérica que se conoció este ritmo en el Valle Central. 

“La reacción del público en San José, era variada, algunos entraron en la onda del calipso y lo disfrutaron desde el primer momento, otros criticaban esos cantos en un inglés raro, posiblemente estaban muy acostumbrados al inglés de la barata música pop americana que la radio les transmitía constantemente” explicó Monestel en su confrontativo discurso de los Premios ACAM 2009.

Fuente. Ritmo, canción e identidad: El calipso limonense. Texto escrito por Manuel Monestel en el 2005.