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Olger Villegas: “Yo soy un hombre feliz”
Olger Villegas, ganador del Premio Nacional de Cultura Magón 2010, abrió las puertas de su casa y de su corazón y conversó con RedCultura sobre su vida, su obra y el movimiento cultural costarricense.
13/02/2011 1:00 PM
Verónica Jiménez Arguedas
vjimenez@redcultura.com

Don Olger es un señor buena gente, de esos que reflejan la paz de su espíritu. Nació en la tierra de los poetas, San Ramón, pero vive en Heredia desde hace muchos años. En esa casa donde también tiene su taller,  nos recibió una hermosa mañana de febrero con amabilidad y calor humano.

Su vida cambió desde el pasado martes 21 de enero, cuando se anunció que era el ganador del Premio Magón, el más alto alto galardón que otorga el Ministerio de Cultura y Juventud como reconocimiento a un científico o artista por su labor creativa o de investigación. Desde ese día, entrevistas han ido y venido, y su casa pasa llena de amigos que llegan a felicitarlo.

Sin embargo, a sus 77 años, Villegas no es ajeno a los premios. Ya había obtenido tres veces el Premio Aquileo Echeverría de Escultura (1975, 1979, 1989). Sin embargo, Don Ólger es un hombre muy sencillo. A veces es fácil olvidar que se está hablando con uno de los escultores con más trayectoria de nuestro país. 

Basta ver como le brillan los ojos cuando menciona a su esposa, María de los Ángeles Cordero Víquez. La unión familiar de la que tanto habla es perceptible en cada rincón de su casa en Heredia, donde abundan las obras de arte en cada pared.

No tiene miedo al hablar. Aún cuando menciona momentos difíciles como la desaparición de su padre en la guerra del 48. “Mi pobre viejo siempre quiso que yo me fuera a estudiar a Italia”, mencionó cuando recordaba el apoyo de sus padres.

Quizás su característica más llamativa es lo agradecido que es. Con cada historia que cuenta se toma el tiempo de describir y agradecer a todas las personas que lo ayudaron en algún momento de su vida.

Es un gran conversador: prueba de ello es que esta entrevista duró tres horas,  en las cuales nos contó de todo: sus inicios, su vida, su carrera y su familia. Aquí lo hacemos partícipe de algunas partes de esa larga y amena charla.

¿En que momento inició en el arte?

Pues mirá, yo me inicié en el arte a muy temprana edad.  Hay vocaciones que se despiertan desde muy temprano en las personas, entonces yo desde que era un niño sentí el deseo de manifestarme en muchas disciplinas. A mí me llamaba mucho la atención la poesía; el gusto por la poesía me nació cuando vi que los alumnos de las escuelas  un día al año llevaban flores a la tumba de Lisímaco Chavarría (…) El desfile se hacía porque el poema de Lisímaco que está escrito en su tumba es muy hermoso y decía: “y que manos calurosas me lleven a la tumba muchas rosas cortadas con amor”. También porque mi papá era amigo de Felix Ángel Salas, otro poeta famoso en San Ramón (…) yo jugaba mucho con su hijo Hipólito y entonces yo me quedé con la imagen de Felix Ángel escribiendo poesía muy hermosa. La cuestión es que esas dos situaciones a mí me calaron mucho en la mente y ahí nació mi gusto por la poesía.  También yo estuve en un kinder y tuve una profesora que fue providencial. Ella me regalaba los lápices de color, me daba la plasticina más grande, me buscaba las mejores hojas blancas para que yo dibujara. Ahí nació entonces mi pasión por la escultura, por el dibujo y la pintura. A mi también me gustaba mucho cantar y recuerdo que disfrutaba mucho las lecciones de música en la escuela.  De tal manera es que yo creo que ahí es donde se inicia la gran pasión por todas esas manifestaciones, por todas esas disciplinas artísticas.

¿Y cuando se decidió por la escultura?

Ya cuando fui creciendo, fui muy proclive a la escultura. A mi me interesó más la escultura que lo otro. Yo dibujaba mucho y tallaba madera y modelaba. Yo me iba a buscar trozos de madera a un aserradero que estaba frente de mi casa (…) y ahí botaban pedacitos de madera y yo los aprovechaba para hacer esculturas. Me gustaba mucho ir con mi madre a las escuelas rurales porque yo recorría los paredones de los caminos donde había arcilla y me llevaba una bolsa y me traía arcilla para jugar. Claro que como todos los niños tuve mis ratos de jugar futbol y de jugar de bandidos y de vaqueros y también iba a las pozas y a los cafetales. Pero yo recuerdo que siempre terminaba en un lugar que me tenía mi abuela. Mi abuela era una persona muy pobre pero que tenía un corazón divino. Y resulta que esa abuela me tenía un cuartito de su humilde casa, exclusivamente para que yo me fuera a meter ahí. Ahí pintaba, ahí dibujada y hacía figuras de arcillo y tallaba pedacitos de madera.

Cuénteme sobre su formación artística…

Yo fui buen estudiante hasta sexto grado. Ya después no porque vino el problema de la ruptura de mi hogar porque desapareció mi papá para el 48. De hecho nunca se supo dónde fue a dar mi pobre viejo. Mi madre se quedó sin el puesto de maestra y fue un desbarajuste del carajo. Eso nos hizo rodar por todo San José (…) Mi madre fue una madre excepcional, ella luchó contra todas las adversidades con el fin de que nosotros nos formáramos. Con escasos 14 años llegué a la escuela de Bellas Artes pero también estaba en el taller de Manuel Zuñiga donde me encontré a una gran persona que yo quiero muchísimo, Néstor Zeledón (…)Néstor enseñaba solo con su actitud, era un gran maestro, había que verlo sentado en su taller trabajando. El haber tenido el contacto con esas dos personas fue para mi muy gratificante porque aprendí la técnica de la talla en madera y viéndolos trabajar uno aprendía muchísimo. Después de que salí de Bellas Artes me sentí un poco desmotivado y no había trabajo. Entonces me fui a México.

¿Cómo fue la experiencia en México?

Yo estuve en México dos veces. Muy desorientado porque no llevaba los suficientes recursos para estudiar allá. Pero también encontré gente maravillosa, de esos ángeles de la guarda que uno sabe que existen. Los ángeles de la guarda para mí están aquí en la tierra, son seres humanos llenos de bondad que están siempre prestos a ayudar a la gente. Yo estudiaba con Alberto de La Vega, un excelente maestro de América. Pagué un mes y ya no pude pagar más, me quedé con $3 en el bolsillo.  Años después volví a México, con la ingrata noticia de que ya había muerto mi maestro Alberto de La Vega, entonces hice otro curso con el maestro Luis Hernández y fue un personaje muy agradable porque ya era un ancianito él. Después de eso fui muchas veces a México, pero ya a trabajar, en fundición más que todo. De tal manera que así se hizo mi carrera, sumamente larga. Ya tengo 2 años de no ir a México, pero estoy deseoso de volver porque yo tengo muy buenos amigos allá. 

¿Dónde están la mayoría de sus obras?

Toda mi obra se hizo en México. Los mármoles y maderas que hice allá quedaron en México, porque yo me traía mucha obra. Está repartida en Costa Rica, hay mucha obra en Venezuela, en Colombia, en Panamá. Tengo obra en Japón en el Museo Takei y algunos coleccionistas japoneses que me compraron obra y en Estados Unidos mucha gente tiene obra mía. Aquí en Costa Rica, en el Museo de La Sabana hay obra mía, en el Museo Calderón Guardia está la cabeza de Calderón (…). Tengo obra pública muy poca, sin embargo he hecho mucho retrato. Sin que sea presumido puedo decir que me gustaba mucho y tenía facilidad para el retrato. Hay retratos muy buenos como el de Otilio Ulate que está en el Banco Central, el Oduber que está en el parque Morazán, el Calderón que está en la rotonda. Hay un retrato muy bonito de Ricardo Jiménez que está en el INS. Tengo una pieza muy bonita en el ICE. Hay unas piezas muy bonitas en el museo, no sé adonde las tendrán. Hay un retrato del escultor Chacón que hice en bronce y me gusta mucho.  

Además de ser artista, usted ejerció mucho tiempo como profesor en la Universidad Nacional, en el Conservatorio Castella y en otras instituciones educativas ¿Cómo fue esa etapa de enseñanza?

Mire, la etapa de enseñanza para mí fue muy difícil porque yo tenía otros intereses que chocaba con los programas que se dan en educación. Y hasta ahora sigo creyendo que están equivocados. Hay cosas que no funcionan. Y lo que más me molesta es que se vuelvan pura teoría, así no se logra motivar a la gente que tiene aspiraciones artísticas. Me molesta que por esa razón se pierda una cantidad de material humano para el arte increíble.

Muchas de sus esculturas tratan sobre el tema de la maternidad y la mujer. ¿Por qué su interés en esos temas específicos?

Todos los pintores y todos los escultores tienen temas preferidos. En escultura se estila que se toma un tema y se hace un desarrollo profundo de ese tema. Yo sigo haciendo una serie de figuras maternales porque yo creo en el núcleo familiar(…) A la mayoría de la sociedad le agrada ese tema porque la figura de la madre es una figura universal. Yo creo en el amor y yo creo que ese amor puede ser filial, maternal,etc. El amor es un sentimiento humano, quizá el más sublime y el más grande que existe; la maternidad es universal. Todos tenemos madre como dicen los mexicanos. Yo tuve la dicha de tener una madre excepcional que me llenó de ternura, de cariños, de mimos. Y tengo una esposa excepcional. Entonces yo he vivido muy de cerca con la familia y la maternidad. Además tuvimos 5 hijos y ella ha sido una excelente madre, una excelente esposa, una excelente amante. Todo. Todo lo que tú quieras es mi esposa. Entonces yo cogí el tema de la maternidad e hice una cantidad de variaciones sobre el tema de la madre; una serie de estudios. Yo no tuve que esforzarme mucho para encontrar mi tema, lo encontré ahí. Y el amor también lo encontré.

¿Qué aspectos son esenciales para la escultura?

Hay dos cosas que un escultor nunca debe despreciar ni menospreciar. El dibujo, el dibujo es línea en el contorno de la forma. Y el modelado. El modelado te da la gran educación en la concepción de la forma. Te graba en la mente cómo es la forma. Una vez que concluyes una forma bien modelada ya no tienes que preocuparte por nada, porque hay un proceso que te permite llevar a cabo en el tamaño y el material que quieras esa obra que hiciste en pequeño.

¿Existe apoyo hacia el escultor nacional en este país?

Yo te voy a decir una cosa. Nosotros estamos muy mal en este país; porque no tenemos dos cosas fundamentales: ni cultura suficiente ni dinero. Somos un país pobre, no le podemos echar la culpa a nadie. Aunque aquí hay una gran miopía por parte de los gobiernos (…) no hay cultura. Costa Rica no tiene nada, nada más que el talento humano. Punto. Aquí nadie te compra una escultura que valga más de $5000. Aquí nadie paga por una obra pública lo que te tiene que pagar, pagan lo que les da la gana; y generalmente es retrato de un político.  Aquí yo deseara ver un parque como el de Estocolmo, lleno de esculturas. Aquí no se puede porque nadie te apoya. Si la cultura no crece en este país, nosotros no podemos crecer. No hay dinero, no hay cultura, no hay interés.

Ahora que obtuvo el Premio Magón ¿cree usted que aparecerán más oportunidades?

Mire uno no deja de soñar que el mañana tiene que ser mejor. Yo siempre creo que un día de tantos alguien me va a pedir que haga algo especial. Eso es una cosa que a uno no le deja de martillar en la mente. Yo sólo quiero trabajar, lo que a mi me ha gustado hacer toda la vida. Yo quisiera tener un tiempito más, porque quiero estudiar por lo menos dos idiomas. Quiero aprender inglés y algún otro idioma. De ahora en adelante no sé que va a pasar, pueda que si, tengo la ilusión de que esto me va a facilitar la posibilidad de hacer obra nueva. ¿Qué más puede pedirle uno a la vida?


¿Existe algo de lo que se arrepienta en sus más de 60 años de carrera?

Yo vivo feliz. Yo soy un hombre feliz. Vivo con una felicidad única y estoy encantado de vivir de esta manera. Yo no me quejo. Si hay algo, puede ser que pienso es que si en México yo hubiera tenido el recurso de una beca, de alguien que me hubiera dado una mano; eso me hubiera brindado una facilidad mayor para poder proyectarme mucho mejor. Hubiera hecho obras de tamaño mayor, hubiera tenido la posibilidad de conectarme con una serie de gentes para tener más dinero para mis obras. Pero no fue así. Pero yo no me quejo de eso. Todo lo que he vivido, todo lo que he pasado me ha ayudado a templar mi carácter. Hoy día soy más humano. Trato de ser lo mejor que puedo. Yo soy una persona que ha logrado todo lo que quería; y si se me quedó algo por hacer aún tengo ganas, aún tengo fuerza para trabajar.