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Debravo, a tres voces
Al celebrarse el 31 de enero el Día Nacional de la Poesía, en homenaje al día del nacimiento del vate Jorge Debravo , un repaso por su vida de la mano de tres personas que lo conocieron de cerca.

29/01/2010 12:00 AM

Eunice Báez Sánchez
ebaez@redcultura.com


El colegio del que me gradué se llama Jorge Debravo. Al llevar el nombre del poeta nacional, en uno de cada tres actos cívicos se leían sus poemas.

En una de estas oportunidades, a algún creativo se le ocurrió poner una grabación de su voz. Toda la plazoleta se quedó en silencio.

Habló una voz nasal y molesta: “Soy hombre... he nacido…”

Igual que el resto de compañeros y compañeras, yo creía que las hermosas letras del poeta tenían que acompañarse de una voz virtuosa, profunda y enérgica.

Fue una horrible decepción.

Sin embargo, escuchar una voz tan poco "estética" me hizo pensar en que probablemente lo había idealizado. Su obra era genial y admirable, pero había caminado por estas mismas calles. No tenía por qué ser más que lo que fue.

Jorge Debravo siempre ha sido mi poeta favorito, y ¿cómo no? Turrialba, que es mi pueblo por adopción, se encuentra impregnada del autor.

No está sólo en la hermosa escultura en la terminal de buses; tampoco en el colegio, la biblioteca y el barrio que llevan su nombre. Turrialba todavía tiene vivo al poeta.

Aquella experiencia de la grabación se la conté a Johnny, el vate que vive más cerca de mi casa. Él,  a su vez, empezó entonces a hablarme acerca de la visión de hombre del poeta, del enfoque de su poesía.

Quizás pequé de mal educada, pero no lo dejé continuar. Le expliqué que no me interesaba hablar más acerca de su poesía. Yo quería retratar a
Jorge, no al poeta, porque me parecía que Turrialba seguía impregnada de él, porque quería plasmar en un reportaje lo que todavía se veía y se sentía del poeta en mi pueblo.

“Tenés que hablar con Marco, entonces” me dijo.


Televisión y poesía

Marco Aguilar arregla televisores. Su taller se encuentra lleno de pedacitos y piecitas como los versos contenidos en los libros de poesía que ha publicado. También hay piezas grandes y agrietadas como su corazón, que a pesar de sus siete u ocho infartos, sigue dándole ánimos para escribir y escribir.

A él también le conté mi experiencia con la grabación, y rematé diciéndole que suponía que muchos, como yo, quizás habíamos idealizado a un hombre, a un turrialbeño normal y corriente.

Ante eso, con una sonrisa enorme, Marco mató mi premisa: “Jorge jamás fue un turrialbeño común y corriente. Era como venido de otro mundo. Estaba como saliendo de una burbuja”.

Jorge Delio Bravo nació en un pueblito alejado del centro de Turri, un 31 de enero de 1938; hijo de dos campesinos pobres y único hombre de cinco en total. Nació y creció en una población mínima. “No creció mucho”, aclara Marco, “era chiquitillo… sólo la cabeza le crecía, parecía un extraterrestre”.

A los 15 años lo mandaron a la escuela de Santa Cruz, a cuatro horas de su casa. Ahí entró al primer grado, pero rápidamente lo adelantaron porque su capacidad era excepcional.

Más tarde se fue a vivir a Turrialba a casa de una abuela, para así poder ir al colegio. Fue por esa época cuando conoció a Marco. “Hubo una huelga y yo escribí algo por eso, entonces él me buscó para que escribiera en el boletín del Colegio Clodomiro Picado. Éramos Jorge, Laureano (Albán) y yo”.
A pesar de los 14 años de Marco y los 20 de Jorge, rápidamente se hicieron grandes amigos. Crecieron juntos en la poesía, aprendieron y desarrollaron su estilo mediante el trabajo de taller crítico de poetas turrialbeños. “Eramos desalmados, pero en poco tiempo, avanzamos muchísimo”.

Marco insiste en que nunca ha conocido a alguien como Jorge, una persona difícil de definir. Cuenta que tenía capacidades extraordinarias “En algún momento aprendió a usar la máquina de escribir con un método. Nunca he visto a nadie escribir así, rapidísimo”. Don Marco cuenta como el vate era capaz de copiar un texto sin errores, a la vez que le hablaba a él fluidamente de algo completamente distinto.

Además “tenía una memoria prodigiosa, se había aprendido páginas completas de definiciones de un diccionario viejo y feo”.

Debravo se la pasaba leyendo en cualquier lugar. Su felicidad era leer y por eso lo devoraba todo. “Le urgía aprender”, dice su amigo.

En cierta ocasión aprendió a leer y escribir en braile, para obsequiarle poemas “agujeriados” en cartones a una muchacha ciega de la que se enamoró.

Aguilar explica que esta curiosa capacidad le permitió después leer libros en las noches y con las luces apagadas.

Al llegar a Turrialba, se topó además con muchas muchachas bonitas “Él se enamoraba de todas”, dice Marco sonriente, "y es que como venía de allá, él era como muy inocente".


Un cerrito de cartas

Así, muy inocente, lo describe Doña M.

Doña M tiene dos perros y una lora que me arremeda. Es una abuelita afable, de pelito corto, a quien le da pena que escriba su nombre en mi reportaje. Ella se mira el vestido rosado, apenada y me dice que “ya ni se acuerda” cuando le empiezo a preguntar por Jorge Debravo.

El contacto con Doña M fue un amigo del colegio que me había contado que su abuela fue novia de Jorge Debravo. No podía dejar de conocerla. "No duramos mucho de novios, él era muy exigente, muy celoso y muy necio", dice.

Doña M se ríe contándome que era un muchacho muy bueno, quizás demasiado bueno para su gusto. "Sólo me daba besos en las manos, y se quedaba contemplándome sin hablar" señala entre risas.

Conoció a Jorge porque trabajaba en una pulpería donde paraba el bus de Santa Cruz, en la que él se bajaba. Iba de visita a dejarle cartas con poemas. Después empezó a visitarla en la casa. "Llegaba los jueves y los sábados temprano, pero a veces no me encontraba porque yo me había dio a bailar".

¿Y era guapo?, le preguntó. La carcajada me sorprendió: "¡Era espantoso! Bueno, no…  era medio gordillo y pequeñillo, pero se veía muy bonito todo vestido".  La ex novia del poeta destaca lo humilde y lo romántico que era, sin embargo, esto no fue suficiente. “Usted ni debería tener novia porque lo que más le importaba eran los libros”, fue la sentencia con la que se acabó ese noviazgo.

Las cartas, los poemas y las fotos que Jorge le envió conformaban un jugoso cerrito que Doña M quemó cuando se casó con otra persona.

Jorge Debravo también se casó, pero con Margarita Salazar, en 1959. Él tenía 21 y ella 15. Para ese tiempo ya había publicado su primer libro y trabajaba en la Caja del Seguro Social. Su jefe se llamaba Hernán García.

El patrón

Don Hernán tiene la voz entrecortada y a veces no escucha lo que le digo. Cuando le cuento la historia de la grabación me dice que Debravo era un apasionado para leer sus poemas.

Lo conoció cuando era él el director del periódico “El Turrialbeño”. Orgulloso cuenta que todavía conserva el ejemplar donde se encuentra publicado el primer poema. Jorge llegó donde Don Hernán recomendado por Omar Salazar, quien lo envió al periódico con una nota:  “Aquí te mando un muchacho de características excepcionales”. García explica que esto se debía a que Debravo había escrito para Salazar cerca de 60 poemas en una semana. Ya después Don Hernán lo apoyó para que entrara a trabajar en la Caja del Seguro Social, como su empleado.

Según don Hernán, Jorge era un muchacho callado y trabajador, y sin duda “una persona extraordinaria”.
Explica que los primeros poemas de Jorge no se evidenciaba ese interés por la gente. Eso sucedió hasta que llega a Turrialba, donde abundaba el hambre y la miseria. Apenas Debravo empieza a trabajar como inspector de la Caja, su acercamiento a las personas le empieza a dar una una motivación para luchar con sus letras contra la injusticia. "Él era un ser hipersensible (...) hubo golpes que motivaron su poesía".  

Don Hernán narra una vez que fueron al hospital y se murió una chiquita. La familia era tan pobre que decidieron dejar el cuerpo ahí puesto que no podían pagar para llevársela o enterrarla. Explica como este tipo de hechos marcaron mucho a Debravo y le dieron un enfoque particular a sus letras.

Por eso, tal como lo dice don Hernán, los temas de la poesía de Jorge se caracterizan porque se acercan a la cotidianeidad, a la injusticia, y en general al ser humano. “Es importante entender la ‘intertextualidad’ que a él le tocó vivir. Vivió en Turrialba, en Costa Rica, en un tiempo y un espacio extraordinario” señala Marco. Explica que era una época de cambios y de fuertes influencias, la guerra de Vietnam y la injusticia social a la que se vio expuesto, lo hicieron particularmente sensible.

La piedra negra

A pesar de todo, Marco recalca que en la actualidad extraña muchísimo más al
amigo que al poeta.

Jorge Debravo murió un 4 de agosto de 1967 en un accidente en motocicleta. A pesar de las advertencias de Marco y de Laureano, Jorge se compró una moto. “El tenía graves problemas de la vista, usaba unos anteojos gruesísimos” explica Marco.

Cuando murió, Jorge Debravo tenía sólo 29 años, y menos de 14 años de escribir. Sin embargo, logró publicar siete libros mientras vivía y dejó tres editados, que fueron publicados luego de su muerte. También dejó 12 libros inéditos y otros muchos poemas.

Para llegar al cementerio de Turrialba hay que subir una cuesta prodigiosa, con una hermosa vista. De aquel lado la ciudad que se expande, de aquel otro el volcán con sus fumarolas. Turrialba es enorme, igual que el poeta. Pero es una ciudad sencilla, llena de paisajes de pobreza y desempleo, como su poesía.
Este viaje no podía terminar en otro lugar sino donde yacen los restos de quien fue un ser humano extraordinario.

La tumba de Jorge es una piedra negra. La inscripción dice “¡Y le he dicho a la muerte que no puede matarme! ¡Y le he dicho a la vida que no puede vencerme!"

La respuesta a mí pregunta inicial fue por fin encontrada: él no era un "un turrialbeño común y corriente". Sí, Turrialba sigue impregnada del poeta que cada 31 de enero es recordado en Costa Rica, como el más célebre vate costarricense.

Hacé tus comentarios
Hay 2 comentarios
emilio gallo/GALLO – costa rica
Febrero 02, 2010 - 12:02
Asunto: informcion

de todo lo que desen enviarme, por favor y gracias

Marta Yglesias – Costa Rica
Enero 30, 2010 - 12:32
Asunto: Jorge Debravo

Me parece importantísimo que recordemos a Jorge Debravo, uno de los más grandes poetas que ha tenido nuestro país. Y, lo que más admiro de su obra es que logra cautivar a las jóvenes generaciones. Es importante que se programen con frecuencia espacios publicos en los que se reconozca su aporte y se escuchen sus poesías.

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