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Virginia Pérez-Ratton: “Mi vida ha sido un acto creativo”
La ganadora del Premio Nacional de la Cultura Magón 2009, Virginia Pérez-Ratton comentó los detalles de su experiencia artística y sus impresiones en torno a este importante galardón.
13/01/2010 12:00 AM
Daniela Muñoz
Colaboradora de RedCultura
dmunoz@redcultura.com

La artista y promotora cultural Virginia Pérez-Ratton resultó merecedora del Premio Nacional de la Cultura Magón 2009, anunciado el pasado martes 12 de enero. Este es el más alto galardón que otorga el Ministerio de Cultura y Juventud. Cada año, este reconocimiento se destina a un escritor, científico o artista por su labor creativa o de investigación..

La labor de Pérez-Ratton como artista plástica, curadora y promotora de arte, así como su aporte a la creación del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (hace 15 años) y la Fundación ARS TEOR/éTica, la hicieron merecedora del Premio Magón.

Otros méritos destacados en el acta del jurado son su esfuerzo por rescatar y promover la música centroamericana a través de la productora musical Papaya Music, su quehacer documental y de investigación artística, su ejercicio docente en la Universidad de Costa Rica y su labor en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Costa Rica, durante las guerras centroamericanas.

Con ocasión del anuncio de este premio, Virginia Pérez-Ratton conversó con RedCultura.com para compartir sus impresiones y detallar su trayectoria en el campo cultural.

¿Cómo comenzó su experiencia con las artes?

Yo tengo una formación muy poco ortodoxa, porque me gradué en literatura francesa en la Universidad de Costa Rica. Ahí fui profesora en Lenguas Modernas y renuncié para dedicarme a la maternidad. Entonces empecé a dedicarme al arte, que es una de las cosas que desde pequeña me ha gustado hacer.

Dejé la universidad y empecé a llevar talleres. Y cuando empecé con el arte decidí que no quería volver a la U, ni dar clases. Desde entonces me dedico al arte, primero desde la práctica y luego desde la gestión. El arte me ha permitido ser fiel a dos amores, la parte de ser escritora y la parte de ser artista visual.

Usted fue la primera directora de una institución importante no sólo a nivel nacional sino incluso regional como lo es el MADC. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue una experiencia polifacética y muy dura, pues se estaba gestando una especie de absurdo total desde la administración que quería hacer una reestructuración que iba en contra de cualquier lógica artística y creativa. Pero cuando yo veo atrás y pienso en el museo, para mi fue como vivir una revolución, los primeros años de una revolución, cuando todo el mundo está súper entusiasmado, matriculado con un proyecto nuevo y dispuesto a dar tiempo, energía, a hacer cosas. La época del museo fue extraordinaria, fue formar un equipo para hacer cosas que no se habían hecho antes.

¿Usted considera que ayudó a guiar los primeros pasos del MADC?

Cuando a mi me nombraron en el museo, no tenía vocación, ni descripción. Existía por un decreto que decía “Créase el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo con sede en el Centro Nacional de la Cultura”, y punto. No decía qué políticas de exposición, qué políticas de colección, ni nada.
Me entregaron una bandeja vacía, que puede ser muy intimidante, pero a la vez muy lindo. Yo me siento satisfecha con mi labor, pues me tocó conformar un equipo y forjar todo el proyecto.

Su faceta de curadora es más conocida, pero usted también ha sido artista. ¿Cómo ha sido esa combinación de dos papeles?

Yo he trabajado como artista toda mi vida. Yo gané el primer premio de la Bienal de Escultura del 1994 en la sala abierta y luego seguí haciendo cosas. Pero, uno tiene que saber donde está parado y no puede servir a dos señores. Yo no puedo ser curadora y artista al mismo tiempo, porque sería como aprovecharme de mi propia circunstancia. Es una cosa ética.


¿Por qué prefirió la curaduría sobre la creación de arte?

Cuando Arnoldo Mora me propuso dirigir el museo yo me hice la misma pregunta, porque me estaba yendo bien. Por otro lado pensé que uno siempre está reclamando que el gobierno no hace esto, que los ministros no hacen esto, que los directores de museos no hacen esto y me estaban dando la oportunidad de dirigir un museo a mi manera, entonces lo tomé. Así,  me di cuenta que el proceso creativo no es sólo ser artista en el taller sino que uno puede ser artista desde otros ámbitos.

Una de las cosas que mas me da satisfacción es que a pesar de que tengo una parte administrativa en el museo, en TEOR/éTica , etc. mi vida nunca ha sido un acto administrativo. TEOR/éTica  es un proyecto flexible, un proyecto que cambia con las necesidades del medio, no una cosa estática. Siento que he tenido la suerte de poder llevar mi vida como un acto creativo.

¿Qué la llevo a abrir TEOR/éTica ?

Cuando llegó Astrid Fischel al ministerio empezaron los problemas graves porque ella nunca entendió el proyecto del museo. Yo me sentí muy hostigada como directora, y yo no sirvo para lo que querían que sirviera, entonces renuncié. Decidí que iba a  abrir una fundación para seguir haciendo lo que no podía hacer en el museo, la parte más teórica, de reflexión.


¿Qué cree usted que hace falta para estimular el desarrollo de las artes visuales e Centroamérica?


Yo siento que hay dos necesidades. Primero, el apoyo local de cada país. En Costa Rica, desde la parte gubernamental hay un apoyo importante a partir de esta administración con Proartes, pero otros países no hay absolutamente ningún apoyo.

Por otro lado está la empresa privada, los mecenas, las galerías, en donde falta mucho. Las galerías y organizaciones hacemos nuestro trabajo, pero desde la parte comercial y por parte de la prensa hace falta mucho apoyo. Hay que plantearse cuáles son las prioridades. Si hubiera más difusión, habría sin duda más apoyo.

Por eso yo creo que este premio es importante, no sólo para mi sino para el sector. Darle un premio a alguien que trabaja en un área de la cultura que se considera medio oscura, como las artes contemporáneas, es un gran paso.

¿Cómo se proyectan las artes contemporáneas de cara a esta nueva década?

Yo creo que es un momento difícil. La región comienza la década con una situación adversa, con un golpe de estado en Honduras, una situación política convulsa en Guatemala y una basculación hacia tendencias represivas.

Esto podría generar expresiones fuertes en el arte, pero hace falta más cuestionamiento por parte de los artistas. En la actualidad veo muchas cosas que se repiten, que las cosas que en los noventa eran novedad ahora son el canon. Hay una banalización del arte.

¿Cómo superar esa banalización?

Con formación. Se deben actualizar los programas formación artística para que estén más cercanos a la realidad, a la vida.

Usted acumula experiencias interesantes en la gestión de empresas culturales desde el ámbito privado. ¿Cuál es y debe ser el rol de la empresa privada en la gestión de proyectos culturales?

El sector privado tiene la ventaja de tener independencia política y ser más ágil, menos burocrático, está más actualizado y tiene más medios para promocionarse y trabajar. Pero, los grupos privados que apoyan el arte deben hacer eso, apoyar, sin tratar de administrar los proyectos, de modificarlos. Es el riesgo que se corre.

¿En qué momento profesional llega este premio? ¿En qué proyectos está trabajando?

El viernes entrego el material para un libro que me va a publicar de la Vicerrectoría de Cultura de la Universidad de Valencia, España. Es una antología de textos seleccionados entre 1996 y el 2009. Estoy trabajando también en un volumen sobre la fotografía centroamericana desde los años 90.

Además, estoy colaborando con la Bienal de Pontevedra en Galicia, que se inaugura en Julio y con una exposición muy grande que se va a inaugurar a finales de este año, en el Museo del Barrio en Nueva York, en el Studio Museum en Harlem y en el Queens Museum of Arts. Se llama Caribbean: Crossroad of the World.