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Osvaldo Sauma: “Soy el representante de una generación que soñó mucho pero se vio derrotada”
El ser humano detrás de uno de los poetas costarricenses más connotados de nuestros días se revela en entrevista.
23/12/2014 3:08 PM
Yessenia Otárola
yotarolam@gmail.com

Un caballero alto y fornido, de voz profunda y plateados cabellos, que lucha contra la realidad empuñando una pluma de tinta negra como la noche, bajo una armadura formada de camisetas deportivas, pantalones de mezclilla y zapatos de montaña.

Osvaldo Sauma golpea con cada verso que escribe la cara de una realidad cada día más deshumanizada y amenaza con palabras a una humanidad descarnada y cruel.

Tiene ojos tristes, cejas pobladas y arrugas profundas como marcas de batalla, que de tanto en tanto se ven sorprendidas por una carcajada que hace vibrar cualquier habitación.

Sauma nos recibió en su trinchera; un cuarto pequeño atestado de libros que, como soldados esperando por órdenes de su superior, se llenan de polvo en los estantes y cajas que rodean la habitación.  

Afiches de sus batallas y retratos con otros caballeros poetas serán testigos de la narración que describe la búsqueda de su sangre, sus tácticas para el dominio de la pluma y sus razones para mantener erguido el estandarte del desencanto.

 

¿De dónde viene usted? ¿De dónde viene su sangre?

La familia paterna es de origen libanés, y la materna es una mezcla de un guatemalteco, Jacinto Guzmán; que se casa con la hija del general Tomás Quirós.

Mi abuela paterna se casó con Alfonso Ahued, un libanés y se quedaron a vivir en Cuba. De ahí va a nacer mi padre y sus hermanos que se vendrán a Costa Rica, se separan de mi abuelo y mi padre decide ponerse el apellido de la madre, entonces se pone el Sauma.

La mayoría de los hermanos y hermanas de mi padre se van al exterior y bueno, se pierde un poco el contacto con el padre, con Alfonso Ahued. Yo después supe, por un poeta cubano, que estaba enterrado en Puerto Padre, un sitio muy hermoso de Cuba, como a mil kilómetros de La Habana. No pude ir a visitarlo pero sé que está ahí.

Su sangre es producto de mezclas de tierras y culturas, ¿cómo se encuentra usted con todas ellas?

Yo en esa búsqueda o en ese encuentro -porque uno más que buscar se encuentra con una circunstancia-,  viví un tiempo en Granada, España, y ahí tuve un encuentro muy cercano con mi raíz árabe. Estuve viajando a Marruecos, y en Marruecos fue allá con la chilaba puesta y todo que me doy cuenta de la energía.

Ya me había dado cuenta en Granada porque siendo muy mora y también lo había sentido a través de Gibran; que según algunos de mis familiares somos parientes o bueno al menos somos de Beirut que es la localidad libanesa de donde vienen nuestras familias.

Y entonces, esas dos cosas empiezan a entremezclarse y empiezo a buscar un poco la raíz árabe; en mi poesía empieza a salir después de ese viaje.

¿Cómo empezó a caminar de la mano con la poesía?

Las circunstancias yo creo; un poeta decía que “no es que el artista se aparte de los otros sino, que alguien llega y a determinada edad le mete un codazo a un costado y te dice: vos sos diferente” y eso en mi caso se hizo muy claro.

Yo tuve mucho conflicto en el colegio; precisamente en La Salle, en cuarto grado me hacen pasar delante de todo el colegio sin que yo sepa y me expulsan una semana.

Yo interpreto ahora con los años; que ese no gustarle o eso que le molestaba tanto a los hermanos “lasallistas” era como que yo viniera marcado con la cruz de ceniza de la poesía, sin que yo me diera cuenta. Pero siempre era rebelde, no ponía mucha atención, no me dejaba manipular, no era rebaño; entonces por todo eso me dejaban arrestado siempre o casi todos las tardes, o bueno no todas las tardes pero por lo menos una vez a la semana. Era terrible porque tenía que hacer multiplicaciones de 8420 a la novena putencia.

Yo pienso que ese pudo haber sido el germen de la poesía que ya venía en mí y que es tan molesto para mucha gente.


¿Cómo concibe el ser poeta?

Antes el poeta era el elegido; Darío y otros hablaban de los pararrayos celestes y etcétera; y de alguna manera sí, pero en estos tiempos donde el arte está cada día más ausente de los seres humanos, esto es una manera de ser, una manera de vivir.

Eso es la poesía, una manera de encarar el mundo desde tu interioridad.


¿Qué aspectos de su vida han influido en que la tristeza y el desencanto sean el sello distintivo de su poesía?

Mi primer libro se llama “Las huellas del desencanto” y viene precisamente de ese viaje a Europa; ese libro surge de ese desencanto, de ver que el mundo no es lo que uno piensa o se imaginó, sino que es otra realidad y a veces más descarnada y más cruel.

No puedo decir que soy feliz cuando en Gaza matan a los niños de esa manera tan despiadada; es decir, cuando vemos a la humanidad tan deshumanizada, tan brutal, demoniaca, no sé cuál el término más exacto. Habría que ser muy superficial para hacer caso omiso y escribir cosas alegres.

Entonces, ¿su poesía es un escudo contra la realidad?

Raúl Zurita escribe un texto sobre mi libro “Bitácora del Iluso”, donde habla sobre ese desencanto y dice que yo soy el representante de una generación que soñó mucho pero que se vio derrotada.

Nada de lo que soñamos se dio, más bien todo lo contrario: la superficialidad, la guerra, continuó más despiadadamente cada día, se volvió un negocio imparable y entonces ¿cómo no puede arrastrarse un desencanto?

Cada día vemos que importa un comino la humanidad.

¿Qué ventajas ha traído para usted empezar a escribir como un poeta maduro?

Alguna vez leí a un psicólogo que decía que habían tres etapas en la creación: el artista joven, el artista maduro y el artista senil.

El poeta joven literariamente moría a los 37 y pone un montón de casos de los grandes poetas que empiezan muy jóvenes: Rimbaud, Baudelaire, Isidor Ducasse y unos más. Decía que eran absolutistas y que eran así porque no tenían conciencia de la muerte.

Por el contrario, el artista maduro empezaba más o menos a los 30 y pico y tenía conciencia de la muerte, ya había pasado dos muertes: la niñez y la adolescencia. Y empezaba entonces, con ese conciencia de la muerte, un reto contra ella; por ese reto iba a ser más pausado, iba a pensar más las cosas, iba a ser más recatado en lo que decía, más preciso diría yo.

¿Cuál es su mayor virtud como poeta?

La mayor virtud es la intuición. Yo creo que la poesía es muy intuitiva, desarrolla la intuición más que la razón.


¿Quiénes lo inspiran?

Bueno siempre he dicho que yo no estaba como destinado para esto de la literatura. También cuento esa anécdota de que a través de un compañero que me presta el libro “Una burbuja en el limbo”, de Fabián Dobles, yo me identifico con el personaje y me doy cuenta de que esa rebeldía y esa insatisfacción que tiene el Loco Ríos es la misma que yo tenía.

Cuando entiendo a ese personaje empiezo a leer más y más y más; y la lectura, algunas veces conduce a la escritura.

Y más allá de los personajes literarios o sus autores ¿quiénes han sido causa de inspiración?

Yo creo que mi poesía es bastante vivencial y personal. La mujer ha estado ahí mucho, está mucho en mi obra dando vueltas siempre; es una parte también de mis obsesiones, por decirlo así.


¿Cómo lo llevó el desencanto a ejercer la docencia en el Conservatorio de Castella?

Yo a veces bromeando conmigo mismo digo: “como me echaron de tantos colegios y di tanta batalla, me castigaron, tenía que pagarle al karma.” Pero, contrario al karma, fue realmente lo más gratificante que me pasó en la vida y reveló mi destino.

Yo había ejercido ya varios oficios, había estado ya como periodista, había trabajado en el Canal 13, en el Ministerio de Cultura, había sido recepcionista de hotel, había trabajado como camionero; o sea, había hecho una serie de oficios y una de esas que estaba sin trabajo un amigo poeta hondureño –José Luis Quesada- me ofreció, porque él iba a irse para su país, que yo continuara con el taller.

Era más una relación de amistad y de compartir un mismo objetivo; a mí me sirvió y me permitió estar siempre en contacto con la literatura, compartiendo lo que me asombraba con los alumnos o lo que me parecía destinado a ellos, manteníamos una perpetua lectura y relectura de escritores además, de los ejercicios de depuración de los poemas.

¿Atesora alguna anécdota de sus años en el Castella?

Siempre admiré esa banca donde se sentaba don Arnoldo (Herrera) a ver la entrada del colegio a los alumnos y a la salida; ahí en esa banca tuve muchas conversaciones interesantes y de intercambio más profundo en términos del arte, ya fuera de la docencia, porque él estuvo en México y estuvo con los grandes artistas y con la generación del 40.

¿Cómo cambia su ritmo de vida una vez que decide pensionarse en el 2010?

Yo siempre digo que no sé si es la casualidad o la causalidad o ambas la que lo llevan a uno a tomar decisiones.

Yo no estaba por pensionarme pero, había una atmósfera un poco tensa en el Castella. Estando así aparece alguien que cambia un poco toda mi forma de ver el mundo y me dice que vaya a vivir a Italia; diay me acelera el proceso para pensionarme y para poner mis cosas en orden aquí.

Ya después me acomodé a no tener horario, y a estar viviendo solamente para mí, entonces empiezo más a concentrarme en mi obra y empiezan a salir los premios; sale incluso un homenaje bellísimo que hizo la profesora que me iba a sustituir en el Castella, Laura Vargas.

Hasta el 2013 se premia su obra gracias a un libro que compila poemas anteriores, ¿por qué cree que el reconocimiento llega hasta ese año?

Bromeando decíamos que aquí hay un serrucho, yo creo que a mí me tenían una Black and Decker; ya es como una sierra eléctrica.

Pero bueno algo de eso hay un poco, porque no lo digo yo, lo dice la gente. La gente a la que le gustó que yo ganara el premio decía: “Al fin te lo dieron”, “Hace horas te lo debían” y todas esas manifestaciones de la gente a mí me gustaron mucho.

Yo no estaba caminando por un premio, había tenido uno que yo conociendo aquí les metí un gol, porque mandé a Shirley Campbell a entregar el libro; ni a putas fui yo ahí a EDUCA –perdonen la expresión-. Como eso va con seudónimo y con una carta adentro, claro llegó esa morena guapísima y entregó el libro y seguro dijeron; “Di tiene que ganar esta muchacha" (bromea).

¿Cómo se alimenta su escritura con el pasar de los años?

Bueno con todo esto. Joaquín Gutiérrez –cuando alguien le preguntó que le recomendaba a los jóvenes escritores- dijo: “Una vida muy rica, como el Manco de Lepanto”.

Tuve la suerte de en el 92 ir a un encuentro internacional de poesía en Bogotá; creo que uno de los primeros que se fundó junto con el de Medellín.

De Colombia salieron otras invitaciones, y entonces empecé a ver que lo que hacía tenía de alguna manera aceptación fuera de mis fronteras más que aquí en Costa Rica. Eso me fue ayudando a sostenerme y a retroalimentarme mucho.

Ese encuentro con poetas en diferentes latitudes del mundo, enriquece muchísimo más que una cátedra de filología.

La poesía no es popular en Costa Rica; más allá del “serrucho” que usted mencionaba, ¿qué otras cosas se traen abajo este género literario?

Bueno lo que hablábamos del serrucho de piso y la chota, que no son nuevas; eso nos costó que nuestros artistas se fueran a México, que Zúñiga se hiciera mexicano y que Chavela Vargas dijera que ella era mexicana hasta las cachas.

Yo creo que hay un resentimiento hacia esa chota, por esa burla, esa falta de toma de seriedad de la gente creativa, porque nadie quiere que saque la cabeza el otro.

Es poeta y fue docente, ¿cómo se convirtió también en gestor de espacios para la poesía?

Fue en estos festivales, cuando fui y vi lo que es en Medellín leer frente a un público de 5.000 personas y ver a la gente atenta con la poesía. No era una cosa académica, podía ser abierta y cualquiera podía interpretar el poema.

Cuando el hijo de don Arnoldo, Arnoldillo, tenía a cargo el Festival Internacional de las Artes yo me le acerqué y le dije: “Mirá, ¿cómo un Festival Internacional de las Artes sin poesía?” y cómo que le brilló la idea y me dijo: “Bueno está bien, hagámoslo.”

Entonces vinieron José Emilio Pacheco, Juan Gelman, Claribel Alegría, Pablo Armando Fernández de Cuba, José Romano Santana de Brasil, Adoum de Ecuador, Juan Manuel Roca de Colombia; o sea, un elenco de nueve poetas internacionales de alto vuelo. Fue un espectáculo realmente muy impresionante; se llenaba, la gente no cabía y dimos recitales por todo lado.

 ¿Qué proyectos personales tiene planteados para su futuro?

Bueno tengo ahora un libro que está en proceso y que ya está editado aparentemente. Es un libro traducido al italiano, una antología bilingüe de poemas míos , que se va a publicar en Italia y tengo que ir allá a presentar el libro y eso. Con eso cerraría este año y a ver que viene en el 2015.

Estoy con intentos de publicar algunos artículos que he escrito en la prensa, hacer una recopilación de los mejores, porque hay artículos que me gustaría rescatar.

Para terminar sus relatos de guerra este caballero decide entonar parte de un himno compuesto por años, parte de La canción del oficio. Con su cara estampada al frente y cejillas rosas que denotan la relectura de la obra de arte que lo hizo merecedor de triunfos en su tierra, Sauma destapa en honor a su escudo la  Luz del tercer ojo:

El poeta a diario lucha contra el influjo de la avaricia
Y una luz del tercer ojo entristece por las tardes su ternura
A menudo esta sólo

Osvaldo Sauma

(Costa Rica, 1949) es un poeta y antologador costarricense.

Nació en Costa Rica en 1949. Empieza a publicar su obra poética a inicios de los años ochenta. A la vez, se dedica a la docencia en el Conservatorio de Castella y a antologar textos con diversas tendencias o temáticas, por lo que su labor ha influenciado a escritores jóvenes de la siguiente generación.

Reconocimientos

En 1985 recibe el Premio Latinoamericano EDUCA por su libro Retrato en familia. Ha participado de varios festivales internacionales de poesía, entre ellos el de Medellín, Colombia.

En 2013 es el Galardonado con el Premio Nacional Aquileo Echeverría de Poesía.

Obra:

Poesía

  • Las huellas del desencanto, 1983.
  • Retrato en familia, 1985.
  • ASABIS, 1993.
  • Madre nuestra, fértil tierra, 1997.
  • Bitácora del iluso, 2000.
  • El libro del adiós, 2006.
  • La Canción del oficio, 2013.

Antologías poéticas

  • Poesía infantil del Conservatorio Castella, 1986.
  • Los signos vigilantes. Antología de poesía ecológica, 1992.
  • Antología del Conservatorio Castella, 1990.
  • Tierra de nadie. Antología de nueve poetas latinoamericanos, 1994.
  • La sangre iluminada. Antología de seis poetas latinoamericanos, 1998.
  • Martes de poesía en el Cuartel de la Boca del Monte, 1998.