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El interior de Libros Duluoz. El lugar ha albergado diversas exposiciones. Aquí la muestra de Arte con tacto. Foto Libros Duluoz
Gustavo Chaves: “En este país la gente siente la necesidad de más librerías”
Luego de poco más de un año de haber abierto, los propietarios de Libros Duluoz, Andrea Mickus y Gustavo Chaves, nos hablan sobre la experiencia de su proyecto, las condiciones que han debido enfrentar y sus planes para este año.
03/04/2013 3:00 PM
Oscar Collado
ocollado@redcultura.com

En el 2011 Andrea Mickus, traductora, y el escritor Gustavo Chaves llegaban a las cercanías de Barrio Amón, en pleno centro capitalino. “Siempre me ha gustado que sea una casa”, dice Mickus. Hace referencia a la librería. O al lugar que ocupa ella, en ese misterioso inmueble victoriano que se alza en la avenida 7 y que fue antes un consultorio médico. 

Su nombre sobresale: Duluoz. Proviene del jovencito Duluoz, personaje semificcional creado por el mítico Jack Kerouac, en la novela "La vanidad de los Duluoz". "Siempre he tenido una obsesión visceral por Jack. Después de barajar varios nombres nos decidimos por ese", agrega Mickus.

Cuando comenzaron les costó acomodarse. Antes de llegar ahí recorrieron otros sitios. Cerca, contiguo a Mora Books, existía la posibilidad de instalarse, sin embargo, el grueso del dinero se les hubiera ido en restauraciones: “todo estaba hecho de tierra, hubiera sido mucho gasto”, dice Chaves.

Una pila de libros en cajas –poco más de 700- los esperaba. El primer día cuando abrieron, a los cinco minutos, llegó un argentino, un pibe preguntando por un libro de la esposa de Auster, Siri Hustvedt. “Le dijimos que no lo teníamos. El caos era fatal. Luego revisando los libros ese mismo día nos dimos cuenta que ahí estaba”, cuenta Mickus. Un inicio muy literario, si se quiere.

Al principio pensaron en algún rótulo en el exterior. Algo que permitiera señalar que allí existía una librería. Sin embargo poco a poco se dieron cuenta que el encanto -o el misterio- estaba precísamente en que no se dijera nada.  La gente se quedaba en la acera mirando el interior de la casa y luego embelasada atravesaba el pasillo.

No son Quijotes. Ambos evaden los elogios gratuitos. “Simplemente queríamos tener una librería”, aseguran. Y aún más agregan: “el país necesita más, nosotros no alcanzamos”. Estamos en la salita contigua, un grupo de fotos en blanco y negro llenan las paredes, es la exposición "Espacios densamente poblados" de Guillermo Barquero. El lugar también funciona como sitio de talleres y lecturas. Ahí comienza la entrevista.

¿De dónde les vino la idea de la librería?


G: Bueno, a principios del 2011 yo hablé con Juan Hernández –editor de Germinal- la idea era empezar él y yo. Juan había hecho varios contactos con editoriales de Centroamérica y el proyecto pintaba interesante. Al final Juan no pudo estar y apareció Andrea. Ella estaba muy interesada entonces decidimos embarcarnos en el proyecto los dos.

A: Sí. En realidad ya yo había trabajado con ellos antes. Yo siempre había querido tener una librería, pero nunca pensé que lo fuera hacer. Así que fue como un sueño que dos personas estuvieran planeando un proyecto como este.


¿Cómo fueron los primeros pasos?



G: Cuando comenzamos tuvimos la suerte de contar el apoyo de muchos amigos. También sucedió que conforme nos metíamos en el trabajo nos dábamos cuenta de la gran necesidad que tiene la gente de leer. En este país la gente siente la necesidad de más librerías. La oferta era muy limitada en ese entonces, ahora creo que ha variado un poco.

A: Sí, algo ha cambiado, aunque de alguna manera sigue siendo limitada. Lo digo en el sentido de qué hay mucha gente pidiendo libros. Más material del que incluso a veces podemos traer. Es gracioso como a veces nos llaman a pedirnos libros de autores que ni nosotros conocemos. Y luego cuando llegan los leemos y muchos de esos escritores resultan ser grandiosos.

G: Sí, claro. En realidad nosotros nunca tuvimos la idea de romper el monopolio de nadie. Nosotros estaríamos felices de que más gente tuviera proyectos como este. Eso beneficia a los lectores

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¿Cuál fue el concepto que tenían para librería?



G: En realidad lo que siempre hemos querido es dar a conocer a estos autores que acá no se leen y que son de gran calidad. En ese sentido nosotros hacemos una muestra curada. Escogemos las cosas que vamos a traer. Usualmente buscamos que sean distintas. Esa es nuestra idea de trabajo.

A: Sí. También nos ha costado que la gente se acostumbre a que puede venir acá y leer sin que nada pase. Parte de la idea de la librería es fomentar la experiencia de la lectura. Acá tenemos un sitio para que la gente llegue y lea tranquila los libros. No es necesario que tengan que comprarlos.


¿Han tenido alguna dificultad para vender libros de editoriales independientes?



G: En realidad sí. La gente tiene la tendencia a buscar cosas que pasen por el sello de calidad de editoriales ya reconocidas. Por eso tuvimos que empezar haciendo una labor de divulgación de los autores latinoamericanos. Parte de la idea de la librería era dar a conocer estos autores de gran calidad de editoriales independientes.

A: Acá nosotros tuvimos a Luis Negrón. Su literatura es excelente. En ese momento casi nadie lo conocía. Y ahora hasta sacan reseñas suyas en el New York Times. Uno no entiende como a veces la gente ocupa una recomendación para este tipo de escritores que ya tienen el reconocimiento de todo un continente.

G: En realidad es paradójico. Cuando yo estuve en Estados Unidos estudiando me di cuenta que era más fácil leer o encontrar autores latinoamericanos allá que aquí. Nosotros queríamos de algún modo hacer un esfuerzo porque esto fuera distinto.

A: También uno se daba cuenta que mucha gente no tenía acceso a cierta literatura. Tenía que ir a buscar a Amazon. Pero el trabajo es enorme. No pretendemos que la librería sea una salvación. Tampoco pensamos en competencia con nadie. Se necesitan más cosas, nuevo o diez librerías más. Siempre bromeamos de que si hubieramos puesto una barbería no hubieramos pegado. El interés de la gente demuestra que sí hay personas que leen.


¿Qué papel ha jugado en este sentido el crecimiento de la industria editorial en el país?



G: Es muy importante. Las editoriales de nuestro país están haciendo un trabajo muy bueno. Se publican autores de acá de calidad. Y además ahora se están incluyendo autores de otros países, lo cual permite que el público acceda a un mercado distinto. Además creo que nosotros pertenecemos a una ola de rejuvenecimiento que se está dando. Hay mucha gente con interés por las locaciones, por visitar espacios culturales. Esto también nos ha ayudado. Aunque no ha sido del todo fácil. Es decir, no se vive de la librería. Nosotros hacemos otras cosas además de esto.

A: Sí, claro. En realidad es un proyecto que hacemos porque nos encanta. Es mucho trabajo el que se hace acá todos los días. Creo que lo más duro fue al inicio cuando tuvimos que hacer una fuerte inversión. Yo siempre he pensado que tenemos los mejores clientes. Gente que sabe cual es su perfil literario, con gustos definidos y excelentes personas además.


¿Qué planes tienen para este año?

A: Bueno este año esperamos volver con los talleres. También hacer más lecturas y abrir el espacio para otras actividades como exposiciones. Es algo que habíamos dejado un poco de lado pero que queremos retomar.

Libros Duluoz se ubica 300 metros al oeste del Instituto Nacional de Seguros (INS), en San José. Ofrecen un católogo variado en títulos de editoriales independientes, así como obras de más tradición. Parte de la idea del lugar es que la gente viva una experiencia distinta, por lo que el sitio cuenta con una sala en donde los lectores pueden ir y leer los libros que tiene la librería. Duluoz también ofrece la posibilidad de traer títulos específicos.
Puede visitar la página de Libros Duluoz acá.