Con más de 50 años de carrera, intermitente entre la fotografía documental y trabajos conceptuales y experimentales, Roberto Salas Merino no pierde su hambre creativa.
Inició a los escasos 15 años en la fotografía. Fue autodidacta, influenciado por su padre, quien dirigía un exitoso estudio fotográfico en Nueva York por los años 50.
Ahora con 72 años y más de 80 exposiciones individuales y colectivas por todo el mundo, acumula una serie de trabajos que es considerada por algunos críticos cubanos como una de las colecciones más grandes y ricas que existan en el historia fotográfica del país.
Realizó trabajo documental en las épocas de la Revolución Cubana. Además, fue corresponsal de guerra en el conflicto de Vietnam durante los periodos de 1966-67, 1972, y 1973.
Pero su carrera no se ha limitado al trabajo fotoperiodístico, ha incursionado en la fotografía experimental con trabajos como “Tabaco: Visiones de una leyenda”, que retrata cuerpos desnudos superpuestos con imágenes de hojas de tabaco. Al igual no ha dejado de lado su curiosidad por la fotografía antropológica con su serie “Así son los cubanos”, una de sus más recientes obras, que consiste en retratos de ciudadanos de su nación tomados en la calle.
Su inquietud con la fotografía no termina. El señor Salas llegó a Costa Rica en el marco de Expo Foto 2012, donde presenta una ínfima muestra de su obra realizada entre el periodo 2007-2012, y dará dos conferencias. No desperdiciamos la oportunidad para charlar con él y reflexionar acerca de su carrera y su visión de la fotografía.
Para empezar, ¿podría contarnos un poco acerca de la muestra que trae para Expo Foto 2012?
La muestra que estoy presentando no es una exposición concebida con algún sentido, sino son 15 piezas salteadas de distintas cosas que estoy haciendo, de mi trabajo contemporáneo. Hay obras en el campo digital, fotografía experimental, una serie que he hecho de desnudos, un estudio etnográfico que estoy haciendo sobre la composición de mi país que se llama “Así son los cubanos”.
No es una serie concebida. Me hubiera gustado hacerlo de otra manera, pero cumple la función. Mi función era venir a hablar sobre la fotografía y la fotografía en Cuba.
¿Qué despierta su creatividad?
Es difícil decir. Por ejemplo hace siete u ocho meses, estoy en un impasse. No sé para dónde voy a ir, es decir no encuentro nada que me motive.
Yo tengo la necesidad biológica de estar siempre haciendo algo. Creo que es una de las necesidades fundamentales de cualquier creador, estar haciendo algo.
Ahora, ¿qué es lo que me motiva? Uno nunca sabe, puede ser caminando por la calle, puede ser un anuncio comercial, puede ser una imagen que viste en algun lugar. Hay tantas cosas que te pueden motivar en la vida, es muy difícil explicarlo, no creo que tenga una explicación lógica.
Es más emocional...
Es un problema emotivo. El creador no puede justificar su deseo de crear. No tengo estilo, yo no soy una persona que tenga estilo de trabajo. Recuerdo que leí que una persona le preguntó a Picasso “¿Maestro, cuál cree que sea su estilo?” y Picasso le dijo “Yo no tengo ningún estilo”. El estilo lo tiene un panadero que todos los días entra a las cuatro de la mañana y tiene que hacer los panes exactamente iguales.
Usted ha pasado de fotografía documental a fotografía experimental ¿Es cuestión del momento lo que le llama la atención o está relacionado a tener que hacer algo diferente?
Es tener que hacer algo diferente. El documentalista, aún dentro de su propia carrera documental, trata de buscar perfiles distintos. Trata de hacer fotografías más artísticas.
Si uno ve las últimas cosas de fotógrafos que están haciendo trabajos de conflictos de guerra, ya tu estás viendo una imagen que no solo es documental y que refleja lo que está pasando, sino que se encuentra un motivo psicológico detrás de la imagen.
Hablando de la época actual, ¿cómo siente el panorama de la fotografía contemporánea?
No creo que he visto lo suficiente para llegar a un criterio definitivo. Mirá, de la fotografía costarricense conozco muy poco, he visto algunas cosas, pero no es necesariamente lo más conocido ni lo mejor.
Una de las cosas que es muy importante, es que la gente nueva está tratando de hacer cosas propias. En la época mía, cuando tenía 20 o 30 años, todos los fotógrafos querían ser como Cartier-Bresson, querían tomar fotografías como Eugene Smith o quién sabe qué.
Hoy en día es al revés. Tú ves que cada uno en su mundito trata de buscar algo sea distinto a lo de los demás. Claro, se está haciendo tanto en el mundo que por mucho que tu inventes, hay alguien que ya lo hizo, pero a lo mejor no lo has visto.
Pero a la vez todo es muy complejo. La facilidad de expresión de la cuestión digital es muy provocadora. El Consejo que siempre le doy a la gente es que no se dejen dominar por la tecnología, porque llega el momento en que hay tantos programas, tanto sistemas, tantos plug- in de imagen, que tu dices: ¿qué es de parte del creador y qué es de parte de la máquina?.
Es como aquella famosa película en que al mundo lo dominan las computadoras y las máquinas, eso le puede pasar al fotógrafo si no tiene cuidado.
¿Piensa que estamos como en una avalancha tecnológica con cámaras nuevas todos los años, nuevas marcas y nuevos programas?
Es un fenómeno comercial, de competencia entre todas las marcas. Cada 10 minutos están inventado algo, pero en esencia no cambia nada.