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Miguel Gómez: “Yo soy un adolescente en mi cine”
Luego de una buena faena con "El Cielo Rojo", Miguel Gómez está de vuelta en las salas de cine con una película sobre fantasmas, apariciones y situaciones cómicas: "El Sanatorio". En entrevista, nos cuenta lo que hay detrás de esta nueva experiencia.
11/11/2010 3:41 AM
Natalia Rodríguez Mata
nrodriguez@redcultura.com

Hace dos años, Miguel Gómez, un “mae” tico de 25 años recién llegado de California, USA, apareció por sorpresa con un trabajo bajo el brazo en el que se hablaba de “mae”, “vara” y “al chile”: "El Cielo Rojo", una película sobre jóvenes y para jóvenes, que a pesar de evidentes problemas técnicos, tuvo gran éxito en taquilla.

Hoy Miguel sigue fiel a su eterna adolescencia. A sus 27 años sigue experimentando, ahora con un género nunca antes explorado en el país: la comedia de terror. Aquí nos presenta las vivencias de grupo de “compas” que deciden hacer una película sobre el Sanatorio Durán, otrora hospital para enfermos de lepra, con la inversión de un productor bastante “caregorra”.

La película ha tenido un buen desempeño en taquilla y ha cosechado buenas opiniones principalmente en las redes sociales. Además, ya empezó con el pie derecho su paso por festivales internacionales: ganó el Premio del Público en el Festival de Cine Mórbido, en México, que reúne a exponentes y aficionados del cine de terror y fantasía.

Esa adolescencia es parte de su cine, pero también de su forma de ser. Miguel habla sin pelos en la lengua y la rebeldía de la edad se manifiesta en todas sus respuestas. No le importa demasiado quedarle bien a nadie. Hace y dice lo que le da la gana y nunca nos dice “eso no lo escribás” o “esto es off the records”. Si no ponemos algo, es porque no hay que darle más importancia a lo que no se lo merece, pero si por él fuera armaríamos barullito aunque sea por unos días en esta isla que somos.

Más o menos así fue hace un par de años a propósito de "El Cielo Rojo", cuando nos dijo que “la forma más honesta es buscar lo que a uno lo motiva. Honestamente no me interesa si El Cielo Rojo no llega a ningún festival. Yo le mandé el guión a varias personas, entre ellos un mexicano y un par de ticos, y los tres me dijeron que tenía que hacer un guión con un español más universal, quitar frases como “ al chile” o “vara”, porque sino en Festivales en México y Argentina no la iban a entender. ¿Pero acaso uno no tiene que ver aquí películas mexicanas, tragarse "Amores Perros" con todo lo que dicen? y uno pues asume lo que el slang significa. Yo creo en ser auténtico, ser diferente es una ventaja competitiva”.

Aquí está Miguel, con toda su adolescencia, esta vez hablándonos de "El Sanatorio".


Miguel, pasás de una película de amigos, jóvenes, contemporáneos, a una de comedia terror. ¿De dónde viene esta historia y por qué el interés de experimentar con este género?

Quizás primero debería decir que yo tenía mucho miedo de que a nadie le gustara El Sanatorio, porque mis películas favoritas son las que menos gente va a ver, o las que menos le gustan a la gente, como "Shaun of the Death", una comedia de terror pero sin tanto terror, es más comedia.

Luego, siempre me han llamado la atención las leyendas ticas. Para este año, en octubre, yo quería unir a tres directores, Hernán Jiménez, Paz Fábrega y yo, y que cada uno dirigiera una leyenda y hacer un largo con las tres. Pero Hernán y Paz estaban muy comprometidos con lo suyo, y entonces no lo hice. Y pues nada, me aventuré con esto y salió El Sanatorio.

Al coguionista de la película, Antonio Chamu algunos lo conocíamos por su libro de cuentos de terror y fantasía "Mirando al Este". ¿Cómo diste con él y cómo fue el proceso de escribir el guión a dos manos? ¿Cuántas versiones tuvieron?

A Chamu me lo presentó Arturo Pardo (periodista) y empezamos a ver ideas que nos gustaban a ambos, a complementarlas e ir armando la película. El guión se hizo en dos semanas, hubo nueve versiones en total. Lo más difícil fue que tuve que bajarle el tono de la comedia que yo quería y tuve muchas discusiones amistosas con Chamu por eso, porque a él muchas partes le parecían muy comédicas.

El guión es muy distinto de la primera a la novena versión.  Y como siempre sucede, ya en el rodaje mucho de lo que estaba escrito ya todo el mundo lo dejaba a un lado, muchas partes son improvisadas.

¿Cómo fue la selección de los actores?

Yo siempre quise hacer una película en la que a Kurt Dyer (músico) le jalaran las patas, porque es un gran incrédulo de todo.  Luis Carlos Bogantes (director del popular cortometraje “Rápido y engañado") me parece que es un director muy vacilón; yo quería que el verdadero Arturo Pardo (periodista de Vuelta en U, ahora en La Nación) fuera el periodista de la película, pero como él no podía la primera persona en que pensé fue Pablo Masís (de La Erre) porque tiene ese look necesario y es un mae inteligentísimo, pero él no quería ser él mismo. Con Lulú (María Luisa Garita, actriz profesional) fue vacilón porque es una actriz que conozco desde hace tiempo y tiene un look y una mística que podría ser ese papel. Ella sí actuó y me parece que lo hizo súper bien.

El personaje del productor está inspirado en un productor que yo tuve en una producción gringa que el papá le pagaba todas las varas y era un anormal para tratar a la gente; al final todo el mundo le renunció y yo quería alguien que hiciera ese papel. A Olger González lo conocí en un video de Gandhi que yo hice, al tiempo le comenté del personaje y él estuvo de acuerdo con hacerlo.

¿Quiénes fueron los responsables de los efectos especiales?

Roy Rodríguez y Rodrigo Piedra, y le doy un 100 a ambos. Rodrigo hizo los brazos del productor y la cara de la monja que al final le quité un poco de protagonismo para no enseñar de más. Roy Rodriguez fue el encargado de guindar a los personajes en las escenas que lo requerían.

Yo hice todo lo que fue el levantamiento de piel, por computadora.

¿Estás satisfecho con el resultado?

Yo puedo sentarme y ver la película y me gusta, y veo que a mucha gente le ha gustado. Yo creo que lo peor es pensar que uno tiene un chiquito bonito y que todo el mundo piense que es feo, que uno lo vea lindísimo y los demás lo vean horrible. Ahora bien, quienes me critican pues es porque no les gusta mi cine y punto. Ni yo voy a cambiar la forma de hacer películas ni ellos de verlas, así que todo el mundo en paz en ese sentido.


¿Ahora que mencionás eso de tu forma de hacer películas, tratás de imprimir un sello distintivo a tus trabajos? ¿Es un esfuerzo consciente, hay algo por lo que te gustaría que la gente te reconociera?

Yo siento que soy un adolescente en mi cine, voy probando y haciendo cosas, y sólo así me voy a dar cuenta de qué es lo que quiero y lo que me gusta. El Cielo Rojo me enseñó muchas debilidades que tengo y ahora El Sanatorio también o nuevas debilidades que tengo en otros lugares. Uno tiene que ser autocrítico y aprender de las cosas y en eso estoy, construyendo, probando.


¿Cómo hiciste para financiar esta película?

Hay un grupo de gente que está poniendo plata para que salgan tres películas de Miguel Gómez, como un modelo que se usa en otras partes del mundo. Ellos ponen dinero esperando duplicar la inversión. Si la plata se pierde ni modo, si se gana pues se gana.

La producción costó $35 mil dólares, ponerla en cines unos $15 mil más, $10 mil publicidad y termina costando entre $60 y $70 mil dólares. A mucha gente le ha parecido muy barato, casi un milagro, y yo creo que es eso, que en Costa Rica hacer cine es un milagro.


¿Ha sido difícil el tema de la distribución en cines, con tanta competencia extranjera por estos días?

Yo de una vez entré con distribuidor, en un principio me dijeron que querían cuatro copias nada más pero ya luego la vieron y me pidieron más copias y nos dieron más salas. A la gran mayoría de la gente le ha gustado y pues en realidad no fue tan difícil.


¿Y creés que será posible recuperar la inversión?

Parte del capital que hemos invertido en dos películas va por los 100 mil dólares, entre "El Fin", mi próxima película, y "El Sanatorio".
Ahora, yo sí creo que va peludo (es difícil). "El Cielo Rojo" me dejó bastante dinero honestamente, y  lo combiné con algunos trabajos en USA y videos musicales y así he podido vivir.  Pero ahora toca ver si mis inversionistas recuperan y yo recupero porque estoy ganando una parte de lo que debería estar ganando.

Es difícil esto de hacer películas aquí, porque el mercado es pequeño, pero tampoco uno no se puede dar el lujo de hacer una película cada cuatro años porque pierde la práctica. Eso es lo que me gusta de Hernán (Jiménez, director de A ojos cerrados) es que ya se montó en el ride de la película por año, no tiene miedo.

Yo al final de cuentas tengo un par de ofertas fuera y la verdad están bien, entonces es probable que las agarre y venga cada cierto tiempo haciendo cine pequeño en Costa Rica.

Ahora, la esperanza es que "El Fin" está muy bonita y bien hecha. Pero igual siempre falta por aprender tanto.


¿Qué rescatás de la experiencia en el Festival de Cine Mórbido en México?

La película fue la más ovacionada y aplaudida del Festival. Se prendieron las luces y la gente seguía aplaudiendo. La gente me dijo que el final era muy bueno, hubo muy buenos comentarios de parte de directores muy conocidos. A la gente le gustó mucho la peli.

Tengo varios festivales en la mira, pero no puedo decirlos hasta que salga la lista oficial. Nos están invitando un montón. Vamos a ver cómo nos va.