Simón Vega: la otra cara de la carrera espacial
21/12/2016

El pasado mes de noviembre el Museo de Arte y Diseño Contemporaneo inauguró la exposición “Exploraciones espaciales del Tercer Mundo” del artista salvadoreño Simón Vega, sobre los efectos de la Guerra Fría en Centroamérica.  Conversamos con el artista acerca de su obra.

María  Fernanda Loría

floria@redcultura.com

Fotografías: MADC

 

El pasado mes de noviembre el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) inauguró la exposición: "Exploraciones Espaciales del Tercer Mundo", del artista salvadoreño Simón Vega, conformada por esculturas sociales que exponen los efectos causados por la Guerra Fría en Centroamérica. 

 

Esta exposición pertenece a la serie "Tropical Space Proyectos". Incluye submarinos y cápsulas espaciales inspirados en la carrera espacial llevada a cabo por el bloque capitalista encabezado por los Estados Unidos y el bloque comunista liderado por la Unión Soviética, construidos con materiales reutilizados propios de la arquitectura marginal centroamericana. 

 

Es así como el artista mezcla las formas creativas de supervivencia y la pobreza ecónomica de la región para hacer un acercamiento a los contrastes entre el "Primer" y "Tercer Mundo". 

 

Se trata de esculturas sociales, diseñadas para que el público interactúe, que funcionan como parodias que hacen reír y a la vez reflexionar sobre los estragos del fuego cruzado que supuso la Guerra Fría para Centroamérica y que son el resultado de un proceso de investigación por parte del artista. 

 

"Exploraciones espaciales del Tercer Mundo" abarca la historia de la región y su relación con el resto del mundo, la exploración espacial, el aislamiento humano frente a la falsa ilusión de acercamiento que ofrece la tecnología, el discurso y las relaciones políticas de las potencias y las disparidades del Tercer Mundo. 

 

Cápsulas espaciales, submarinos y carros lunaraes que retratan los sueños e ideales de progreso tecnológico y modernidad de una Centroamérica atrapada por sus límites culturales, sociales y económicos pero llena de humor y creatividad.

 

Cápsulas espaciales que suenan a cumbia; submarinos forrados con manteles de colores y con flores de plástico, donde se veneran santos y nigüentas y carritos espaciales en los que se pueden escuchar a los Beach Boys mientras se disfruta de una Coca Cola. 

 

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¿Cómo surgió la idea de contrastar la arquitectura moderna con la estética marginal?

 

Yo empecé a trabajar esta serie "Ciudades Perdidas" alrededor del año 2000 y es una temática que tiene que ver con la urbe y dentro de la urbe, un poquito más las urbes centroamericanas; qué son, qué particularidades tienen, por qué son así y dentro de eso la gran presencia que tiene la arquitectura marginal.

 

En mi trabajo respondo a esos estímulos que tengo alrededor mío y que veo mucho en El Salvador y en el resto de Centroamérica. Yo creo que hay elementos como muy estéticos en ese collage de materiales, ese uso de recursos improvisados, me parecen a veces bien ingeniosos.

 

De pronto vos vas a una casa en una zona marginal y puede que en el techo le falte una lámina porque no había, porque precisó y se tuvo que dejar así pero entoces hay una entrada de luz que no hubieras visto en otro lugar (...) cosas así, muy orgánicas que me parecen fascinantes. (...) En la serie "Ciudades Perdidas" yo la mezclo con la arquitectura modernista de inicios de siglo y los planteamientos de los grandes arquitectos (...) me gusta como esa metalidad simplista, geométrica que se planteó en los inicios del modernismo.

 

Nosotros las recibimos porque nuestras casas son cuadradas, porque las ventanas son mínimas, porque no alcanzó para hacer paredes pero como es traducida a estos materiales entonces agarra otra estética que no se esperaba.

 

Yo oscilo entre primer y tercer mundo, entre algo muy diseñado, estudiado y algo muy improvisado y orgánico. 

 

Esa serie me fue forjando mucho lo que después desarrollé y llegó a un punto en donde la parte transmutable de la arquitectura me empezó a interesar, cómo las cosas se podían mover, la arquitectura menos fija, menos sólida pero también más flexible, más preparada para el cambio.

 

¿Esta idea de transmutar, es mucho desde su experiencia como artista pero sobre todo como centroamericano?

 

También es como que no te lo podés quitar pero por darte un ejemplo: yo tengo la oportunidad con mi trabajo de viajar, de ir a otros países y visitar otras galerías y museos. Y vos podrás decir "ay que lástima ya quisieramos acá tener estas galerías" pero en realidad tenemos otros y los nuestros suceden a otros niveles y allá no lo tienen.

 

Entonces para mí ir a un mercado popular o ir a una soda tiene tantos elementos estéticos como allá podría tener una galería. Entonces te nutrís como persona culturalmente pero también artística y estéticamente te estás nutriendo de estos lugares.

 

Lo que lo hace cuajar en mi trabajo es tener la mezcla de los dos.

 

 

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Trabajos de montaje  de "Exploraciones Espaciales del Tercer Mundo".

 

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Dentro de todas las aristas de la Guerra Fría, ¿por qué te inclinás por la carrera espacial?

 

En parte fue porque yo me iba fijando que en Centroamérica estabamos produciendo un arte con gran contenido y con mucha historia y el tema de las luchas sociales, haciendo obra muy literal y por ende, con la representación de la violencia en sí misma y de la migración en sí misma y yo quería evitar eso, se me hacía como una obra muy tétrica y que no era muy fácil entrar a ella. 

 

Yo estaba buscando algo que fuera más accesible y sí, ¿por qué no decirlo?, algo más divertido. 

 

A mí me invitaron a una exposición "Solutions" en la que invitaban a los artistas a pensar en las problemáticas de estos tiempos y cómo se podían solventar. Entonces yo me puse a investigar la energía solar, las energías renovables, el acceso al agua, la creación de espacios de interacción social y todas esas soluciones ya existían... lo que no había era como llegarle a un público más amplio. 

 

Yo creé esta serie de carritos inspirados en la NASA que combinaban los elementos de una exploración espacial carísima porque cada uno de esos carritos vale como 45 millones de dólares hacerlos.

 

Entonces yo creé estos carritos ambulantes que venden café y frutas, que hay muchos en El Salvador y [en combinación con] los carritos que andan explorando en la NASA, surgió esta obra, estos carritos espaciales del Tercer Mundo, mi primera obra con tema espacial y no tenía nada que ver con la Guerra Fría pero fue como una introducción. 

 

De ahí, hablando de las dinámicas del por qué la migración, por qué las pandillas, por qué la guerra civil, eso me fue llevando a la Guerra Fría y fue un poquito más fácil conectar las dos cosas. A partir de unos viajes y unas residencias que hice, entendí la relación del armamento, del por qué la guerras se lucharon en pequeña escala.

 

"Sputnik", que fue la primera obra que hice, simplemente se me hizo muy llamativo el nombre, me fue llevando a muchas cosas, me fue llevando a la cuestión de crear una nave espacial o un dispositivo espacial y a partir de "Sputnik" (...) yo aterricé en la Carrera Espacio, los materiales, la mezcla del Primer Mundo, la alta tecnología y el Tercer Mundo.

 

Las ondas ya venía desde "Ciudades Perdidas". 

 

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Esta obra tiene dos elementos muy significativos: la parodia y la interacción del público como parte de la misma.  ¿Cómo delimitar la parodia para que no se pierda la intención de la obra? ¿Sin la interacción tendría el mismo significado o tendría otros resultados?

 

Pienso que el tema es bien denso. Estoy tratando con temáticas que tienen que ver con la violencias, la migración y que tienen que ver con un montón de realidades muy oscuras pero si bien ese es como un factor recurrente en nuestros países, igualmente recurrente es el humor y una de las maneras en que la gente contrarresta las realidades muy difíciles es con un gran sentido del humor. 


Al mismo tiempo algo que no la varía tanto -la obra- es esa necesidad malinchista de ser lo que no somos, también por toda la onda del marketing y la educación y todo pero nosotros constantemente estamos impulsados a tratar de ser algo que no somos. En El Salvador es mucho más patente en cuanto a Estados Unidos, quisiéramos ser como Estados Unidos pero la realidad es que lo que tenemos está anclado en una serie de límites.

 

Mi trabajo de las cápsulas son una parodia, de esa sensación de wannabe que sigue estando ahí. Quisiéramos ser así tecnológicamente resueltos, pero no, tenemos este límite y dentro del intento de esto sale algo muy divertido y a veces muy rico en cuestión de significantes (...) las cosas mal hechas, improvisadas, los parches, todo eso se va aprovechar en el trabajo.

 

Los elementos de arquitectura marginal y mercados populares de "Ciudades perdidas" se vienen a mezclar con "Tropical Space Proyecto" y entonces ahorita vienen a juntarse, todo se ha venido como dando.

 

Estas son cápsulas donde no se puede entrar, penetrar o interactuar y siento que ha funcionado muy bien por lo que son y porque cuentan una historia y es interesante, pero ahora es otro paso que no le desmerita al anterior porque digamos que en este es más complejo y se abre esa posibilidad de poder interactuar con la pieza (...).

 

Hasta la fecha sigue siendo experimental, me interesa que se mantenga así. Son estructuras flexibles, son esqueletos. ¿Qué va a pasar ahí?, ¿qué se va a desarrollar ahí?, ¿hay algo que se está cómo indagando o se está como motivando?  Yo mantengo bien abierto eso y de ahí va a venir otra evolución a partir de eso.

 

La idea es que el trabajo se nutra de cada vez más gente. 

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 La construcción de las diferentes piezas se realiza in situ. 

 

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Para la construcción de las piezas se reutilizaron materiales encontrados en cada país del que se expone y que son propios de la arquitectura marginal.

 

Esta exposición ha estado en países, que si bien sufrieron las repercusiones de la Guerra Fría, tienen realidades muy distintas a la centroaméricana. ¿Cuáles han sidos los retos de exhibirlas, no solo para encontrar los insumos, sino también para transmitir el mensaje a ese público ajeno?

 

Yo creo que lo que a mí me ha permitido que mi trabajo se vea más en Europa y en otros contextos es justamente el hecho de que tiene un doble punto de vista.

 

Entonces así como para nuestros países es más familar la onda del mercado y todo esto (arquitectura marginal), es un poquito menos familiar los orígenes de la Guerra Fría; cuando yo trabajo en Europa es al revés para ellos es menos familiar pero se les hace un poco exótico y eso es un atractivo para ellos pero lo que lo conecta es que ellos saben sobre la Guerra Fría, que la vivieron a ese nivel, que tienen muy claro los lados y la historia y la política. Eso me permite que el trabajo tenga lecturas en un lado y en otro.

 

A mí me encanta pensar que mi trabajo son plataformas de interacción social, son plataformas donde se reunen puntos de vista que de otra manera serían intolerantes entre sí. Es tan extraño entrar a un mercado y tener esta experiencia así más caótica y kitsch para alguien que viene del Primer Mundo como para alguien del Tercer Mundo que llega a un espacio súper moderno de Europa. Pero en la obra, como la idea es que construyan los dos, ambos tienen algo que entender.

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¿Qué conclusiones te deja esta carrera espacial? 

 

Para mí el arte es un vehículo para explorar y entender el mundo. Ahora los vehículos son más claramente vehículos, ya sean espaciales o subacuáticos pero sigue siendo algo para entender.

 

A la hora de buscar los materiales conoces mejor cosas de ciertos países, de su idiosincrasia y eso es muy rico. A mí esta serie me ha permitido indagar en cosas muy diversas de otros mundos y de este mundo, cosas de política y cosas de cotidianidad, de quiénes somos y quiénes no somos. De alguna manera yo quiero transmitir lo que pudiéramos ser (...) y que aquí en estas obras pueden confluir lo mejor del capitalismo y el comunismo que en nuestras sociedades no se dio (...) pero en el arte y la cultura, con esta libertad vos podes crear plataformas se encuentren las mejores cosas. 

¡Lléguese al MADC!

 


¿Submarinos y cápsulas espaciales construidas en Centroamérica? El artista salvadoreño Simón Vega mezcla la creatividad con la supervivencia y la pobreza económica de la región para hacer un acercamiento a las diferencias entre el Primer y el Tercer mundo en la muestra “Exploraciones Espaciales del Tercer mundo” de la serie “Tropical Space Proyectos”.

 

Encuentre todos los detalles de esta exposición en nuestra sección de agenda

 

 

Ser centroamericano

 

Significa vivir en un submarino. Un submarino con una parte que emerge como un paraíso tropical y debajo de la cual suceden todo tipo de situaciones oscuras, escondidas, ilícitas y violentas. Significa ser una sola nave pero desconectada, con compartimientos inaccesibles y otros secretos. En el 2016 las comunicaciones son mejores, sabemos lo que pasa en otras partes del submarino, pero no siempre las podemos accesar. Significa oír sonidos de sirena mezclados con otros de cumbia, significa ver la luz, ser feliz y estar temeroso al mismo tiempo. Estar en el presente y también en el pasado pero hacia el futuro, no poder ver más allá de la propia mano.

-Simón Vega