Jurgen Ureña: “Muñecas Rusas se manifiesta a partir de los créditos finales”
27/03/2015

En una cafetería josefina, tras varios meses del estreno de la película "Muñecas Rusas", el director de cine Jurgen Ureña nos concedió una entrevista para hablar sobre su primer largometraje.

Leonardo Santamaría
lsantamaria@redcultura.com

El 12 de noviembre del 2014 se estrenó el largometraje costarricense Muñecas Rusas (2014). Escrita y dirigida por el reconocido cineasta costarricense Jurgen Ureña, la película generó muchas expectativas dentro de diversos sectores de la cinefilia nacional. Con las entradas agotadas días antes de la proyección, el primer largometraje de Ureña se presentó ante un público impaciente.

 

Si bien el jurado del Costa Rica Festival Internacional de Cine “Paz con la tierra” (2014) no le concedió al filme ningún premio, la situación fue bastante distinta en el XVII Festival Ícaro Internacional de Cine en Centroamérica (2014). Ahí, la película fue galardonada en tres categorías: Mejor Director (Jurgen Ureña), Mejor Elenco (variación del premio a Mejor Actor) y Mejor Fotografía (Nicolás Wong).

 

En una cafetería josefina, tras varios meses del estreno de Muñecas Rusas, Ureña nos concedió una entrevista para hablar sobre su primer largometraje. Aquí compartimos un extracto de esa conversación.

 

 

 

¿Por qué Muñecas Rusas? ¿Cuándo fue bautizada la película?

 

Las muñecas rusas son un objeto que presenta características comunes con la película. La idea de tener una historia dentro de otra, dentro de otra… está evidentemente basada en el diseño de las matrioskas (o muñecas rusas). Por otro lado, son un objeto que a mí me parece no sólo muy hermoso, sino muy enigmático. Hay algo que surge en esas imágenes repetidas que a mí me produce una cierta inestabilidad y me atrae mucho; el elemento de misterio es muy importante dentro de mi concepción cinematográfica. Creo que el misterio es algo que cualquier narrador, o al menos cualquier cineasta, debe aprender a cultivar, desarrollar y producir. Muñecas Rusas es una película que no lo explica todo y que no lo cuenta todo, incluso lo que cuenta es muy poco. Creo que esa sensación no sólo está presente como motivo visual, sino como experiencia sensorial en la película.

 

¿Cómo surgió el proyecto?

 

La película comenzó básicamente como un juego entre amigos. Durante un asado entre amigos, después de un par de botellas de vino, yo les propuse hacer una película que había pensado desde hacía tiempo. Tenía como propósito trabajar con muchos actores de diversas escuelas dramáticas y diferentes generaciones.

 

La producción sería realizada por un equipo pequeño y versátil, que nos permitiera trabajar con una cierta agilidad, grabar en poco tiempo y jugar con estos actores. Durante el mismo asado, estos amigos (Alejo Crisóstomo, Kattia González, Nicolás Wong, Alexandra Latishev…) me dijeron: “Claro, hagámosla ¿por qué no comenzamos?”. Y  la verdad pocas semanas después ya estábamos rodando.

 

¿Cómo se desarrolló la relación entre guion, dirección, actuación e improvisación?

 

Yo en general intento que cada uno de los departamentos trabaje con una cierta comodidad y que aporte y proponga desde su área de trabajo. Procuro que cada una de las personas involucradas pueda intervenir (en el sentido más positivo del término) el curso de la película. Esto obviamente sólo fue posible con un equipo en el que hubo mucha comunicación y que era pequeño (7 u 8 personas), de lo contrario habría sido imposible.

 

Creo que la improvisación es algo que a veces se idealiza excesivamente, a veces se entiende que de ella siempre sale una genialidad y definitivamente no es cierto. Creo que más que improvisación lo que hicimos fue estar siempre muy atentos a lo que estaba ocurriendo; tratar de darle una forma que funcionara, nos interesara y se articulara bien en el proyecto. 

 

¿Cómo fue el traslape de lenguajes (e incluso de géneros artísticos) entre las artes escénicas y el audiovisual?

 

Me interesaba mucho justamente eso: el traslape, el trasbase, la trasposición de lenguajes. La película en algún momento se comporta de una manera más cercana a un videoarte, a veces parece un registro de danza y a veces parece una película clásica. Creo que la posibilidad de hacer que esos lenguajes diferentes confluyeran fue uno de los intereses más importantes hacia el principio del proyecto.

 

Creo que ese carácter heterogéneo se percibe en la película. Por un lado, esto hace que la película sea más difícil de encasillar o etiquetar; pero por otro lado, permite entender al cine como un fenómeno más amplio (conectado con otros), el cual bebe de muchas disciplinas, a las que puede absorber y devolver convertidas en algo distinto.

 

Aunque la categoría de ópera prima ha sido sobredimensionada por diversos sectores del medio cinematográfico, lo cierto es que nos encontramos ante su primer largometraje. ¿Qué podemos encontrar en Muñecas Rusas de lo trabajado por usted en sus cortometrajes previos?

 

Es interesante que usted mencione lo de la ópera prima, porque para mí implícitamente era importante bajarle un poco los decibeles al concepto. Creo que es una idea que usualmente, al menos en nuestros países, está sobredimensionada.  Hay una expectativa sobre cuál va a ser el primer largometraje de X director… y creo que eso produce más problemas que beneficios.

 

Muñecas Rusas originalmente no iba a ser mi ópera prima, pues había otro proyecto el cual estaba destinado a ser mi primer largometraje. Durante ese proceso empecé a percibir una carga excesiva alrededor de la ópera prima y creo que lo que hice fue romper un poco con eso. Rasgué la idea de ópera prima, es decir: “si existe la expectativa de una ópera prima y necesitan una, pues ahí está”. Hice casi una anti ópera prima, una anti película. Hubo un gesto de rebeldía implícito, en relación con el concepto de ópera prima.

 

Sin duda la numerosa publicación de textos analíticos respecto de Muñecas Rusas se constituye como una excepción dentro del escenario artístico nacional. ¿Fue esto un objetivo de la película? ¿Esperaba algo así?

 

Probablemente se convirtió en un objetivo hacia el final del proceso. Inicialmente había una necesidad creativa muy fuerte (una necesidad incluso catártica) en relación con el otro proceso de largometraje. Así que la manera en que el espectador recibiera la película y lo que pudiera decir o no, no era algo que estuviera muy presente al inicio del proceso. Sin embargo, al llegar a una versión final del montaje surgió la idea de que el montaje más funcional para la película correspondía al cual posibilitara la conversión en varias películas.

 

Así que en algún momento se convirtió en una idea muy atractiva y el hecho de que tanta gente escribiera sobre la obra fue una suerte de confirmación de dicho planteamiento. Primero, porque a partir de una primera proyección se produjeron doce o catorce textos reflexivos, cosa que me parece atípica e importante. Además, esos textos corresponden a miradas muy distintas, desde disciplinas diversas y con enfoques plurales. Esto me parece una especie de logro y me siento satisfecho por ello.

 

¿Por qué películas como Muñecas Rusas generan confusión o indignación en algunos sectores del público?

 

Bueno, probablemente porque la película no le da a ese público lo que él espera y eso no tiene nada de raro ni nada de malo. Al fin y al cabo la definición de espectador es la de alguien que espera algo, y ese algo se puede ver cumplido (como se supone que ocurre con el cine de industria o el cine de géneros tradicionales) o ese algo que se espera puede no aparecer ni ocurrir y puede producir ese nivel de frustración. Creo que ese nivel de frustración es importante porque forma parte del fenómeno espectatorial. No veo ningún problema en el espectador que se siente frustrado, pero lo ideal sería que a partir de ese sentimiento se pueda hacer preguntas sobre lo que vio, sobre porqué experimentó esa sensación de angustia.

 

Hay un cine que surge a partir de la década de 1960 que comienza a comportarse un poco más como cine de experiencia que como cine de relato. Se comienza a introducir en el espectador la posibilidad de participar de una emoción o de un sentimiento (que no necesariamente sea positivo) y el espectador que comienza a entender eso recibe de buena manera este cine. Tenemos espectadores que pueden participar con mayor placer de esas experiencias (aun no siendo placenteras) y tenemos espectadores que no. La película se encarga por sí sola de identificar cuál es el público al que está dirigida.

 

Sabemos la relevancia de la primera proyección pública de una película y las diversas reacciones de los espectadores. ¿Qué recuerda de la noche del estreno de Muñecas Rusas?

 

En primer lugar, la asistencia a la proyección durante el festival fue asombrosa incluso para los propios organizadores del evento. La sala (Cine Magaly) no sólo se llenó (tiene capacidad para 550 personas), sino que ingresaron alrededor de 100 personas más y se quedaron unas 150 o 200 personas fuera. Ese interés en ver este tipo de película (que ya desde el propio trailer se mostraba como una película no convencional), la verdad, fue sorpresivo.

 

Luego, lo que me parece más importante de esa proyección fue que una vez finalizada se produjo un diálogo con el público, lo que me parece muy enriquecedor. Creo que es una película que se manifiesta a partir de los créditos finales, a partir de ese momento puede comenzar a elaborar cosas y a relacionar ideas. Lo que se produce inmediatamente después es lo más valioso de la película y en ese momento (noche del estreno) ocurrió así.

 

¿Quiénes participan?

 

Director: Jurgen Ureña

 

Productores: Alejo Crisóstomo y Jurgen Ureña

 

Guión: Jurgen Ureña

 

Director de Fotografía: Nicolás Wong

 

Edición: Alexandra Latishev

 

Directora de Arte: Kattia González Zúñiga

 

Música: Otto Castro

 

Postproducción de Imagen: José “Chisco” Arce

 

Postproducción de Sonido: Felipe Loaica y Daniel Alarcón

 

Elenco: Antonio Yglesias, Lili Biamonte, Óscar González, Eloy Mora, Karina Conejo, Fernando Bolaños, Rocío Carranza, Allan Cascante, Melissa Hernández, Olger González, Susana Díez, César Maurel, Ana Istarú, Leonardo Perucci, Arabella Salavarri, Winston Washington, Maitén Silva, Yara Mourelo, Kattia González Zúñiga, entre otros.