La noche de la doncella
09/03/2016

El tercer concierto en Costa Rica de la banda de heavy metal Iron Maiden, fue una explosión de euforia y una demostración de porqué son una leyenda de la música.

María Fernanda Loría

floria@redcultura.com

 

La espera de ocho años al fin había terminado, era la noche de la doncella, de una de las bandas más grandes del heavy metal. Como las cosas buenas se repiten hasta tres veces, Iron Maiden volvería a Costa Rica para hacer gritar a todos sus fanáticos.

 

Desde semanas antes, los alrededores del Estadio Ricardo Saprissa se fueron ocupando de seguidores, todos a la espera de revivir esos momentos de euforia y emoción que sólo una banda del tamaño de Maiden sabe dar.

 

La fanaticada era muy diversa: grupos de compas, seguidores de otros países, “señores y señoras”, familias que comparten un mismo amor por la música, chiquillos de colegio a los que nos les importaba trasnochar con tal de vivir el momento. Definitivamente, si hay algo que mueve y une a las personas es la música, no importa el tiempo ni el lugar.

 

Era una noche cargada de vientos pero el ambiente no pudo ser más cálido a pesar de que aún ni siquiera comenzaba el concierto.

 

Iron Maiden por siempre

 

Con la última canción de Anthrax, que también estuvo espectacular, sólo era cuestión de minutos para que Bruce Dickinson, Steve Harris, Dave Murray, Adrian Smith, Nicko McBrain y Janick Gers, hicieran, casi literalmente, temblar todo Tibás.

 

Video del usuario MrVictorFG

 

A eso de las 8:00 p.m. todo estaba listo, era el momento de la doncella y de sus fanáticos que fueron también los grandes protagonistas.

 

If eternity should fail, canción que pertenece a su nuevo disco "The Book of Souls", fue el telón de una noche que prometía ser única. Desde una de las tarimas del escenario, apareció Dickison, con las mismas energías de siempre y después de una batalla contra el cáncer de lengua.

 

Junto con el juego de luces, fue apareciendo el resto de la formación de la banda y la ovación del público fue contundente: Iron Maiden estaba de vuelta.

 

Continuaron con la pieza Speed of Light, también del nuevo disco, y al finalizar Bruce Dickinson fue recibido con un coro emocionado que gritaba “¡Oe oe oe, Maiden, Maiden!, tal y como lo habían hecho la primera vez que la agrupación se presentó en el país.

 

Hubo un estallido de gritos de emoción cuando comenzó a sonar The Tropper y al ver como Dickinson aparecía vestido como soldado británico y ondeando la bandera de Reino Unido.

 

La emoción continuó con Powerslave con la que el vocalista pedía al público: ¡Scream for me Costa Rica! y que recibió una gran ovación como respuesta.

 

Uno de los momento más esperados fue la salida al escenario de un Eddie tamaño gigante durante la canción The Book of Souls y que fue parte de un ritual en el que Bruce Dickinson le arrancó el corazón.

 

Video del usuario mcmcr09

 

En el segundo tiempo, tocaron los clásicos Hallowed be thy name y Fear of the Dark que fue recibida entre coros y gritos, luego vendría otra gran pieza del grupo, Iron Maiden.

 

Las luces se apagaron por unos instantes y la expectativa crecía, cuando una voz comenzó a recitar un pasaje de la biblia como introducción para The Number of the Beast.

 

El final se acercaba, sólo quedaban dos canciones más, Blood Brothers y la siempre clásica Wasted Years.

 

Con el acorde final, Iron Maiden se despedía, una vez, más de su público que no hacía más que pedir “otra, otra, otra”.

 

Tal vez no pasen otros ocho años antes de su próxima venida.

 

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