Las tres curadoras
08/03/2016

Por primera vez, los tres museos de arte más importantes del país tienen a mujeres como encargadas de poner a dialogar a las obras con sus públicos. María José Chavarría, María José Monge y Adriana Collado comparten sus visiones sobre lo que significa ser mujer curadora, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Natalia Rodríguez Mata
nrodriguez@redcultura.com
@natyrodriguez

Fotografías: Carlos Zegarra Restani
 

Tengo problemas con el Día Internacional de la Mujer. Me inquieta que, como muchas otras fechas, haya cogido un insoportable tufo comercial, banal y estúpido que para nada refleja su verdadero sentido. Me molesta que sea el día en que más salen a flote los estereotipos de género desde las campañas publicitarias de empresas públicas y privadas. Como si no bastase con la publicidad, cuando se intenta traer la discusión a la actualidad, desde los medios periodísticos muchas veces se hace una cobertura muy superficial e igualmente estereotipada.
 

No sé si el tema y enfoque que propongo para hoy logre en alguna medida dignificar esta prostituida fecha en la que se supone recordemos a todas las mujeres trabajadoras que han luchado por sus derechos laborales y han alzado la voz contra la desigualdad y la discriminación. Pero al menos me pareció un enfoque distinto y una oportunidad de acercarnos a tres mujeres “carguísimas” que actualmente marcan una diferencia en tres instituciones museísticas del país.
 

Ellas son María José Chavarría, curadora del Museo de Arte Costarricense desde enero de este año; María José Monge, curadora de los Museos del Banco Central desde el 2014; y Adriana Collado, co-curadora del Museo de Arte Diseño Contemporáneo, recientemente nombrada.
 

¿Qué tienen en común? Objetivamente, además de ser mujeres, comparten el hecho de haber estudiado Historia del Arte en la Universidad de Costa Rica y alguna segunda carrera (diseño gráfico, antropología y gestión cultural, respectivamente) que complementa su formación inicial. También pertenecen a una misma generación (entre la mayor y la menor hay apenas 4 años de diferencia). Además, las tres pasaron por el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. Pero subjetivamente hablando se trata además de tres mujeres brillantes, sensibles y con una singular consciencia de sí mismas y su entorno.
 

Que tres mujeres con estas características sean a partir de ahora las encargadas de proponer lecturas respecto al arte que albergan nuestros museos es, sin duda, una bocanada de aire fresco. Conversar con ellas, un deleite. Aquí un extracto de esa conversación:
 

Adriana Collado, co-curadora del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC)



¿Creen que el hecho de ser mujer permea e influye su trabajo de alguna manera y el de las mujeres artistas en general?

AC: Como curadoras, hacemos aproximaciones desde la experiencia personal y esa experiencia personal está llena de mujeres con una historia, mujeres que han pasado por esos cambios de generaciones. Si a mí me ponen a leer el trabajo de una mujer mi lectura será distinta a la que haría otra mujer pero también de la que tendría un hombre, sin duda. Hay preguntas que no pasan por la mente de un hombre y viceversa, son experiencias de vida que a veces si tenemos mejor diálogo entre géneros podríamos tratar de imaginar qué es estar en esos otros zapatos, es un ejercicio de tolerancia. Esto es una reflexión profesional en general, no solo de la curaduría.
 

Desde mi experiencia sí es diferente ser mujer, yo no tengo hijos pero sí soy hija, somos hijas de nuestro tiempo, donde los hijos se aplazan por la profesión. Eso no lo pasa a un hombre. Hasta esas cosas de la vida profesional y vida familiar hay que hacer empatar. Las mujeres tienen que estar en muchos flancos una vez que tienen familia, eso hace muy probable que algunas salgan del foco de la vida social, cultural y de la historia, que es hacer obra pero desde otro lado.
 

MJCh: No sé si será por mi condición de mujer o si es algo personal porque no puedo separar ambas cosas, pero algunos artistas me han dicho que hay cierto tipo de metodología más amigable que otras posiciones curatoriales que han encontrado.
 

No me gusta la visión de arte femenino, he tratado de tener cuidado de no exaltar demasiado esa característica. Sí me interesan ciertas posiciones en el arte desde una visión femenina, como ciertas artistas radicales a las que les doy énfasis en mis cursos, como la generación de los 70 o Cindy Sherman, de Costa Rica a Priscilla Monge, Karla Solano, así como lo que intentó hacer Vicky Pérez (Virginia Pérez-Rattón) desde Teorética, pero nunca he hecho una expo solo de mujeres ni creo que la vaya a hacer. Me interesan más los discursos que tocan temas más amplios, además creo que una curaduría institucional tiene otros objetivos, no trabajo solo temas que me gustan, tengo objetivos que cumplir. Y creo que ambas visiones, como hombre o como mujer, son igualmente ricas.
 

MJM: En ocasiones topamos con una idea de que hay serias diferencias de calidad en el trabajo de muchas mujeres, el gran ejemplo es Emilia Prieto, esa fue la justificación para sacarla de la historia del arte costarricense hasta que Sila (Chanto, q.e.p.d) y Carolina (Córdoba) la reivindicaron. Eso mismo pasa con el trabajo de muchas mujeres, porque sus condiciones objetivas para producir eran muy distintas que las de los hombres. Lo que pasa es que para analizar su trabajo hay que variar las herramientas porque si no llegas a la conclusión rápido de que hay algo deficitario en términos técnicos. En estos zapatos de mujer esas cosas se advierten con mayor facilidad, no es que un hombre no lo pueda hacer sino que no necesariamente tiene la urgencia. Todavía pasa que escribimos en inclusivo y nos dicen que no, o que tenemos que lidiar con formas de mirar el cuerpo o la desnudez, creo que la mediación que se formula desde zapatos de mujer es distinta que la de una persona que no tenga integrada una perspectiva de género.

 

Vivimos en un país en el que las mujeres ocupan muchos puestos importantes en el sector cultural. ¿Creen que esto significa algo?
 

AC: Hace unos meses en una conversación en el ámbito latinoamericano en la que participé, se habló de la economía de la cultura y la participación de la mujer en instituciones culturales. Cada uno iba compartiendo sus experiencias sobre si hay protagonismo en sus países; en España, por ejemplo, la participación de mujeres en puestos de dirección es mínima. En Costa Rica eso sí sucede. En otras partes del mundo son hombres porque hay una historia más larga de ocupación de hombres en estos puestos, pero aquí, por ejemplo, quien llego a darle forma al Ministerio de Cultura fue Carmen Naranjo, ella fue en realidad la primera ministra, salió rápidamente pero después vino don Guido (Sáenz) que era su viceministro. En el ámbito de la cultura hemos tenido grandes reinas en Costa Rica, como ella, como Graciela Moreno, entre otras.


MJM: Yo creo que hay que tener cuidado con el tema de la feminización de la cultura: no necesariamente es una buena señal tener a muchas mujeres en instituciones culturales, más bien podría ser lo contrario. Podría significar que se colocan muchas mujeres porque es un sector al que tradicionalmente no se le da mucha importancia.


MJCh: Ayer estuve en una reunión en la que se planteó el tema de que la participación de mujeres en convocatorias de artes visuales es mucho mejor que la de los hombres. Me llamó la atención porque no solo este momento hay tres curadoras jóvenes sino con directoras mujeres en los respectivos museos, creo que solo eso te puede generar una idea de un cambio importante.
 

Yo creo que esa no participación tiene que ver más con cierta mentalidad en algunas mujeres. Desde que sos estudiante en la Escuela de Artes Plásticas podías notar que hay muchas mujeres, de hecho así era cuando abrió la Escuela Nacional de Bellas Artes. Muchas de tus compañeras tal vez no decidieron hacerse artistas pero se abocaron más a la docencia, un rol tradicionalmente femenino, y al final sí lo notás a nivel de tu generación, casi eran los compañeros los que decidían echarse al agua y hacerse artistas, no necesariamente por habilidad sino por decisión. Creo que falta que las mujeres se posicionen en que tienen los mismos derechos , yo nunca sentí ningún tipo de discriminación en la Escuela pero cuando ves números sí queda más claro, tiene que ver más con cómo la persona que estudia artista se posiciona ante eso. Muchas de mis compañeras se arriesgaron más a trabajar como diseñadoras freelance, algo que les diera cierta estabilidad, con más libertad hasta cierto punto, y otros compañeros de una vez dijeron: no me importa nada, me mando a ser artista porque eso es lo que me gusta.


También sucede que un artista que se llega a consolidar a lo largo de los años es porque es una persona disciplinada, con cierto ritmo, y a lo largo de la vida de una artista mujer ves que pueden haber ciertos cortes, como el decidir tener uno dos o tres hijos, y eso sin duda va a afectar.

 

María José Chavarría, curadora del Museo de Arte Costarricense.

 

¿Qué piensan que debe ser la curaduría actualmente?
 

MJM: La curaduría es una aproximación de lectura. Debe evidenciar los grandes desafíos que como ciudadanos tenemos, a través de distintos enfoques y estilos. Es un diálogo con lo que estamos viviendo, por ejemplo hacer una exposición sobre la muerte, que es la que se me viene a la mente porque la tengo muy fresca, tiene que ver con los asesinatos que están ocurriendo en el país todos los días, con el sicariato, con el cómo se nos está transformado esta sociedad en la cara de todos. 

 

Es un ejercicio que implica salirse de las zonas seguras, esas de las que la gente quiere estar cuando se enfrenta una obra y pregunta cosas como “qué significa eso”, “para qué”, “no entiendo”; esa necesidad de formular preguntas que necesariamente tienen que tener respuestas cerradas, sin entender que la interrogación nos puede abrir a la multiplicidad de respuestas.
 

MJCh: Me ha pasado que artistas no se imaginan el tras bambalinas nada glamoroso de la curaduría, muchos artistas tienen la idea de esta figura de autoridad que decide quién es artista y quién no. Creo que en algún momento se hizo así, más autoritariamente, tal vez en un momento en que la figura del curador tenía que posicionarse.
 

Para mí la curaduría es un proceso de diálogo y confianza. Antes en el MADC trabajaba mucho con los artistas porque para entender mejor su obra necesito conocerlos, tener cierta conexión con ellos, y eso requiere mucho tiempo. No siempre mis jefes son felices con eso pero yo lo necesito, hay artistas muy particulares, con algunos te tomás un café una tarde y ya conectás, con otros necesitás más tiempo, y si no hago eso me pierdo la parte más rica del proceso.  Para mí es una construcción entre dos personas. ¡Ahora en el MAC me toca trabajar con un montón de artistas queya no están vivos y no sé cómo lo voy a hacer! (risas).
 

 

¿Qué piensan de las divisiones que han imperado en ocasiones entre los museos del país?
 

MJM: Hay que romper los feudalismos institucionales y promover dinámicas de alianza y fortaleza. No nos interesa para nada rivalizar, fomentar divisiones institucionales absurdas, sino trabajar con una sed y una necesidad de ayudarnos, con deseos de hacer cosas juntas, con ganas de ir más allá. También está el tema de las empatías profesionales y personales como ocurre en este caso, que facilitan esos procesos.
 

MJCh: La relación entre nosotras siempre ha sido muy fluida y de confianza, para mí somos compañeras de trabajo, aunque estemos en instituciones distintas.


AC: En lugar de competencias de públicos entre museos debemos pensar que es el público es de todos, como sucede con la Ruta de Museos. Hay que buscar la complementariedad, el compartir recursos que ya de por sí son escasos.

 

María José Monge, curadora artística de los Museos del Banco Central.


¿Cuáles creen que son los principales retos de los museos del país actualmente?

MJM: la dimensión financiera siempre se va a imponer. Yo creo que en la institucionalidad cultural no puede evitar el componente burocrático y eso obliga permanente ejercicio de reinvención, que además es sano y correcto.
 

AC: A mí me gusta esa dimensión de la gestión, encontrar el balance suele ser difícil, a veces la energía de lo administrativo consume mucho o se le presta poca atención. Hay que hacer un balance entre contenidos, reflexiones sobre el quehacer de la institución, en cómo generamos una oferta que no sea ostracista, que no sea solo lo que a nosotros nos interesa, sino realmente conocer cuáles temas le interesan a la gente. No hemos hecho un trabajo a consciencia para conocer a los públicos.
 

Es necesario generar una mejor oferta que genere idealmente mayores ingresos por visitación, pero que también permita generar una mejor oferta de servicios conexos, como de tienda.

MJCh: La burocracia insititucional es todo un reto, se tiene que lidiar con tiempos que te marcan pautas en muchos proyectos. Los museos se tienen que renovar, no es el mismo público que viene ahora que el que 30 años. Hay que buscar cómo hacer para que esas mismas obras sigan teniendo vigencia en ese público y si mezclás eso con las trabas administrativas ya ahí tenés pa` rato.

Particularmente para mí el reto está en revitalizar un montón de cosas, hacer que la gente se acerque más, hacer crecer la colección de manera responsable, con un estudio a profundidad de qué hay y qué no hay.


¿Qué posibilidades habría de una exposición conjunta en algún momento?
 

Las tres concuerdan: ¡Claro! Más bien ojalá. No lo hemos conversado pero sí es una posibilidad.
 

Viejas conocidas
 

María José Monge y Adriana Collado se conocieron desde pequeñas en el Conservatorio Castella y luego ambas estudiaron en la Facultad de Bellas Artes, donde un par de años más tarde conocieron a María José Monge.
 

Monge y Collado han trabajado juntas en varias ocasiones, como en el 2003 cuando realizaron la co-curaduría de lo que fuera el guion permanente del Museo de Arte Costarricense, Las Posibilidades de la Mirada, junto con Gabriela Sáenz y Ernesto Calvo.  Luego entraron a trabajar juntas en el MADC y cuentan que pasaban tanto tiempo juntas que hasta las confundían por teléfono.
 

A Chavarría y Monge también las confunden, por razones obvias. La primera llegó a trabajar como curadora al MADC gracias a una recomendación de la segunda. 
 

Las tres cuentan que su paso por ese museo las marcó, pues en su formación tuvieron vacíos en cuanto a ese arte que pudieron llenar tras su paso por el MADC. Eso hace que, independientemente del Museo en el que trabajen ahora, su mirada esté contaminada de otras disciplinas artísticas y que de alguna manera se permitan formas de historiar más versátiles y contemporáneas.

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