RedCultura.comEl Arte de la Mentira - Juan Murillo

Otras disquisiciones de Víctor Hurtado Oviedo

Permalink 24.09.09 05:00 , Categorías: Reseña, Autores, Víctor Hurtado Oviedo

Otras disquisiciones

Otras disquisiciones de Víctor Hurtado Oviedo es un libro extraordinario, literalmente. No existen otros libros como el de Hurtado en Costa Rica y nadie escribe ensayos como los que vienen en este libro. Una de las razones evidentes para esa soledad es que en Costa Rica prácticamente nadie escribe ensayo literario –entendiendo este como el ensayo crítico que se vale de las armas de la literatura para proponer una visión personal.

Darío había dicho a finales del XIX que lo mejor de la literatura costarricense eran los ensayistas y que en poesía no había nada de gran calidad –de paso declarando a Aquileo como el poeta tico por excelencia, lo que en el caso de Darío probablemente fuera una burla. En la actualidad en cambio los pocos ensayistas que hay son los que publican misceláneas de actualidad en las páginas de opinión de los diarios mientras que los poetas proliferan saludablemente. Entre el primer minúsculo grupo se encuentra Víctor Hurtado Oviedo, que no se sabe bien si por cautela, desprecio o pasión, se ha dedicado casi exclusivamente al ensayo literario que versa sobre literatura o la lengua madre, o en épocas de aventura, sobre cultura general. Además de restringirse temáticamente Hurtado ha decidido, a lo largo de los trece años de ensayos que comprende este volumen, limitarse a escribir sobre glorias literarias pasadas, excluyendo, casi por completo, la producción literaria actual a nivel mundial y en particular la costarricense. Para suerte del lector de estos ensayos, Hurtado es un hombre de amplias lecturas, de modo que lo que se pierde en amplitud o actualidad en esta recopilación se gana en la atención a lo clásico. El otro rasgo distintivo, el principal en realidad, es la “voluntad de estilo” –para usar el término de Hurtado- que da forma ineludiblemente todas las piezas. En el prólogo está clara la advertencia de la poética de Hurtado: “Ninguna línea sin figura, ninguna línea sin idea.” Y aunque es posible encontrar líneas sin ideas –particularmente cuando la línea se distrae con la preocupación de ejecutar alguna figura ingeniosa- las figuras propiamente sí abundan en una proporción casi tan alarmante como la prometida por el autor en esa advertencia prologal. El estilo barroco de Hurtado es, entonces, la característica más distintiva del texto, que lo hace único tanto a él como a su autor, en el medio literario en el que aparece.

Otras disquisiciones esta compuesto por seis secciones: La primera, "Todos los mundos", con los textos más recientes, se compone de piezas cortas que recuentan anécdotas sobre autores famosos (Proust, Bacon, Platón, D´Ors, Welles, Schopenhauer) o temas y libros “de interés” (Gimnosofía, La inteligencia social, El cerebro femenino, Filosofía en la cocina) mientras se pasean distraídamente por temas relacionados y algunas pocas ideas. Estos ensayos se publican normalmente en Áncora en un espacio limitado y esa limitación los afecta negativamente, específicamente por todo lo que intenta hacer cada pieza con el minúsculo espacio que se le ha asignado. Usualmente se llega al final del ensayo para encontrar la única idea que lo motiva y que si bien puede ser interesante, no encuentra sustento en el juego que la precede. Entre estos textos hay alguno excepcionalmente excelente, como el profundamente humano De Lord Jim a Lord Jack, pero también los hay deficientes, como el que parafrasea tristemente los ataques ad hominem de Bertrand Russel contra Nietzsche, uno de los filósofos en los que se basa gran parte de la filosofía y literatura del siglo XX.

La segunda sección, "Oficio de la Palabra", está compuesta por ensayos que se podrían clasificar como apreciaciones de escritores (Cervantes, Borges, Reyes, Ribeyro, ¿¡Miller!?, Umbral, Góngora, Sarmiento, León Pacheco, Fabián Dobles, Roberto Murillo). La diferencia con la deriva juguetona de la primera sección es que en esta se busca un balance verdadero del autor tratado y no simplemente mencionar algunas anécdotas “interesantes”. Los ensayos de esta sección, por lo tanto, son mejores, están más redondeados y las ideas tienen un mejor desarrollo y hacen más justicia a los escritores sobre los que versan. Aquí, otra vez, es inevitable comentar sobre las escogencias de Hurtado, que a su vez implican sus exclusiones. Es notable que incluya, como lo hará en otras secciones, una proporción marginal pero visible de autores coterráneos suyos, o sea peruanos. Además es notable que se incline exclusivamente por autores muertos, como si el dictum de Quevedo sobre la conversación con los difuntos lo conminara a pasar por alto a escritores tan vulgares que se atreven a estar vivos mientras sus libros se publican. Quizá la pieza más interesante de esta sección, y a la vez la más reveladora, es "Mis Hermanos", un texto dedicado ya no a clásicos antiguos o modernos, si no a todos lo autores que la posteridad pasa por alto y que desaparecen eventualmente de la atención del público para dormir su vejez en los anaqueles oscuros de las compraventas. "Mis hermanos" adolece de uno de los defectos del libro, una afición desmedida por lo que Hurtado llama el “deporte de la injuria”, en el cual Hurtado se ejercita con feroz insistencia a resguardo del paradójico anonimato de sus víctimas –excepción hecha de los boleristas contemporáneos a los cuales Hurtado odia con pasión y nombres propios. Es difícil pasar por alto esta costumbre de Hurtado de lanzarle afiladas puyas a enemigos genéricos, en este caso al cursi ultraliterario, al ensayista de pocas luces, a los fantasmas de los inéditos, al poeta spam -la lista llega a las decenas- que revela de algún modo una cierta amargura contra la profesión del escritor, de la cual afirma en el prólogo estar libre, a pesar de que en este ensayo se hermane con todos los fracasados literarios imaginables. Lo notable de este ensayo es una idea que anima el fondo y la forma de toda la colección: Perduran los grandes escritores, y los que no perduran quizá debieron haberse abstenido de fatigar las prensas con sus escritos. Para Hurtado, el juez de la buena literatura es la posteridad. Esa idea explica por qué se resiste a comentar autores vivos. También de ahí se deduce su afán por un preciosismo literario que le da al libro una densidad que en un ensayo de una página es aceptable, pero que en casi 300 páginas hace imposible una lectura continuada. En este ensayo también encontramos su definición de literatura: “La única condición que hace literario un texto: la presencia de figuras retóricas.” De modo que la aspiración de Hurtado, a pesar de la sospechosa modestia del prólogo, debida quizás a no saber como lo tratará la posteridad –un curarse en salud-, es hacer textos literarios, en fin, ser un escritor.

Aquí vale la pena hacer un paréntesis para mencionar otra de las concepciones de lo que es la literatura que circula actualmente en nuestro medio. Durante una reunión del Taller Artesanal de literatura que imparte Luis Chaves conocí a Rodolfo Arias, autor de Te llevaré en los ojos, Vamos para Panamá y El emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios. La primera de estas novelas ganó el premio nacional y es considerada una especie de épica de la generación de los 70. A mi me había parecido siempre que para escribir –y esperar que otros leyeran lo que uno tenía que decir- había que sufrir de algún grado de narcisismo –grave o leve- pero inevitable como parte de la vocación. En esa oportunidad le pregunté a Arias bajo esa tónica, por qué se consideraba él el indicado para ser la voz de su generación y publicar un libro de quinientas páginas interpretando la historia de esa época. Arias se me quedo mirando sorprendido y luego me dijo que él no era el indicado para nada, que él sólo publicaba porque quería participar en el diálogo que era la literatura, o sea, unir su voz a otras que ya andaban por ahí.

Una noción parecida se manejo en un conversatorio organizado hace poco por TeorÉtica en el que participaron Luis Chaves y María Montero, escritores ticos y Javier Payeras, escritor guatemalteco, en el cual los tres defendieron una concepción de la literatura centroamericana como una “literatura menor” (no necesariamente la de Deleuze y Guattari que ha trabajado Claudia Ferman, a pesar de que Payeras mencionara esta definición). Para Chaves y Montero no hacía falta que los autores jóvenes conocieran toda la literatura que los precedía para poder escribir y publicar, la literatura podía ser una literatura de borradores, transitoria. Payeras la definió como la literatura de temas underground lejos del escritor figurón que se sienta con pipa y bufanda a dar entrevistas con su enorme biblioteca a sus espaldas.

Tanto Arias, como Chaves, Montero y Payeras, tienen concepciones de la literatura antitéticas a la de Hurtado. Tendríamos, entonces, a los escritores que ven la literatura como el diálogo transitorio y callejero de una sociedad que incide en el momento que se publica y luego tendríamos a los escritores que creen que la literatura es aquella depurada por la posteridad, los grandes clásicos, los grandes escritores, las obras maestras, los sobrevivientes del olvido. Hurtado pertenece de lleno, y representa de muchas maneras, este segundo grupo.

Esta idea de Hurtado además forma parte de un sistema en el que “el estilo es el hombre”, “una sentencia admirable puede justificar un libro”, “leyendo por gusto a los clásicos sin tiempo, aprendemos la gran lección de no estar al día (hoy es la forma más callada y solitaria de la rebelión)”, y que “quizá sí haya patrones fijos: la simetría, la proporción, la cromática y la entonación. El buen gusto tal vez sea el arte de jugar entre sus límites”. Con el resultado de una postura literaria bien redondeada y coherente consigo misma que nos da un autor barroco que cree en los términos del clasicismo, que prefiere lo clásico a lo contemporáneo, los muertos a los vivos y que jura en el altar sagrado de la literatura que después de Quevedo el mejor escritor en castellano es Paco Umbral. Aquí a modo de contraste para ubicación, similar a lo que intentan los párrafos de arriba, aportamos parte de los consejos de Bolaño sobre el arte de escribir cuento: “4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.”

La tercera sección, "Estante Quieto", está compuesta por reseñas de libros de publicación próxima a las notas que los glosan. Entre los reseñados hay de todo: libros de cocina, compilaciones de sonetos, manuales ortográficos y del buen decir, diccionarios, manuales de informática, colecciones de columnas de La Nación, libros de Umbral, de Cortázar, de Fabián Dobles, de Onetti, de Vallejo, de Umbral. Acá también encontramos bien representado al Perú, además de un puñado diminuto de autores contemporáneos que publican en Costa Rica, de los cuales el único escritor literario sería Claudio Borghi, con sus Cuentos imprudentes, un argentino que escribe parecido a Borges. Las reseñas más cortas, de uno o dos párrafos, son del estilo periodístico que entiende la reseña literaria como una noticia de publicación. Las piezas más largas son mejores y más reveladoras. En la reseña del libro de Francisco Umbral Las palabras de la tribu, leemos a Hurtado citando el credo esteticista de Umbral: “En literatura importa cómo estén contadas las cosas más que las cosas mismas. El resto es caligrafía.” Aquí además vibra la amor de Hurtado por la sentencia cuando dice de Umbral que es “un zapatero prodigioso que calza a un escritor en una frase… eso es matar con tiros de gracia”. Este amor por la sentencia viene de una proclividad de Hurtado por la invectiva que es la munición de su deporte favorito. Hurtado, se nota, hubiese querido ser un escritor que se dedica a demoler a otros a golpe de frase. Como Quevedo, su patrón, su estilo está particularmente afilado para ese propósito y nunca se discierne si es falta de valor o exceso de decencia lo que hace que Hurtado se gaste en ejercicios de florín sin entrar nunca en duelo más que con abstractos políticos y escritores sin nombre.

La sección cuarta es "La Esquina del Poema". Arranca con dos poemas en prosa y contiene las introducciones de un párrafo que hacía Víctor Hurtado a esta sección del suplemento Áncora, cuando Áncora aún publicaba literatura en sus páginas. Fiel a sus principios, los poemas glosados en los breves párrafos no incluyen ejemplos de poetas vivos, ni costarricenses, con la notoria excepción de Alfonso Chase y Rodolfo Dada. La gran mayoría son poetas españoles de las vanguardias. Lo más contemporáneo a encontrarse aquí sería Nicanor Parra, que desentona en el grupo como lo hacía Miller en la segunda sección. Los párrafos tienen la virtud de cumplir un propósito específico, introducir la obra de un poeta, y con la severa restricción de espacio, cumplen airosamente y resultan refrescantes e informativos. La sección, sin embargo, es sobre poesía, de modo que es esperable encontrar entre los datos interesantes las opiniones de Víctor Hurtado sobre lo que es y no es poesía: “El poeta no está obligado a ser claro siempre que, a cambio de la claridad, ofrezca música”; “El argumento es poco; el estilo, todo.”; “Para ser versos, los versos algo han de repetir: no nos cansamos de repetirlo hasta el cansancio”. En otra parte ya nos ha advertido Hurtado que la poesía tiene que tener métrica, rima o prosodia y que el “verso libre” es un oxímoron. Se entiende que estás concepciones poéticas informan la selección de material que se publicaba en Áncora en esos días. Entre los textos también encontramos una historia sobre Santos Chocano, cuyo propósito es el retrato biográfico, pero en la que se deja entrever una competencia para la narrativa que desafortunadamente Hurtado nunca llega a desarrollar en este libro.

La sección quinta es la más extraña: "El Profesor Solecismo es respondón". Esta sección incluye textos que han sido publicados en la revista Soho –“la revista prohibida para las mujeres”- cuyas temáticas usuales son el sexo, el deporte y otros temas “pacho”. En este paquete eróticojuvenil encontramos la columna de Hurtado, "Palabras comunes", un intercambio de correspondencia de tipo pregunta-respuesta entre un lector y el Profesor Solecismo sobre asuntos del lenguaje. La decisión de incluir este tipo de columna en Soho es por lo menos sorprendente –surrealista sería más exacto- de modo que en el formato de los textos termina haciendo falta un ardid que autorice su inclusión. Aquí resultó útil la afición denostativa del Sr. Hurtado, quién, las circunstancias mediante, tiene por fin la oportunidad de enfrentarse a su archienemigo –aunque tenga que inventárselo. Los corresponsales son blancos fáciles que Hurtado construye para poder boxear con sombras y ejercer al mismo tiempo su inclinación por la beligerancia y el ingenio. Los textos, en efecto, son los más chistosos del libro, pero las inyecciones de veneno que se utilizan para denigrar a Wármix Méndez y compañía tiene la desafortunada consecuencia de proyectarse sobre los lectores reales de Soho, que usualmente tampoco saben lo que es un solecismo, una precuela o que acostumbran meter una idea dentro de otra cuando escriben en vez de hacerlo como recomiendan Azorín y el profe. Es inevitable que el lector de esta columna se pregunte si se estarán burlando de él en su propia cara, si será él finalmente el destinatario de los abundantes calificativos con que el profesor Solecismo apalea a la chusma ignorante: “gimnasta de la incultura(…) desecho tóxico de la pedagogía(…) lubidrio, escarnio y mofa de la didáctica(…) refutación de la evolución de las especies(…) usted nunca estará solo porque no se pueden inventar que no haya tontos(…) partirá de este mundo sin que una duda le haya distraído la ignorancia(…) usted no tiene cerebro, sino disco duro, duro de entendederas(…) en su lugar, yo también me sentiría tontísimo, bufón, zoquete, memo, caricato, estólido, majadero, obtuso, patético, tupido, sandio, ridículo y grotesco.” El lector de Soho baja la revista y verifica si hay alguien más leyéndola. Nadie, sólo él. En cuanto al material didáctico ya propiamente dicho, Hurtado demuestra su erudición y amor por el lenguaje, que no por haber equivocado el escenario e incurrir en excesos de violencia dejan de ser impresionantes.

La última sección se la dedica Víctor Hurtado a la música: "¡Música, maestro!". Ya en ensayos anteriores nos ha comunicado sus aficiones: sabemos que admira a Javier Solís y que Luis Miguel es un cerdo trinador y Alejandro Fernández un burro desafinado. Aquí además dice otras cosas lindas de Julio y Enrique Iglesias, mientras propone su panteón personal de los músicos latinoamericanos (Agustín Lara, José Feliciano, Javier Solís, Toña la Negra, Jorge Negrete). En música, como en literatura Hurtado aplica el díctum de Umbral: “Yo impongo mis gustos sin razonarlos”.

Antes de cerrar habría necesariamente que hacer mención de la preocupación de Hurtado por ser ingenioso, algo que de seguro hereda de Quevedo. El ingenio es un afición peligrosa: cuando no es ligero y filoso como el látigo de Wilde, puede resultar una simple afectación que dice más de los defectos propios que de los ajenos. Algunos ejemplos, de los muchísimos que tiene el libro: “el poeta joven siente horror ante la página en blanco, y viceversa”; “también fue poeta (pero no nos pongamos tristes)”; “lo malo de la pobreza es que siempre da lo que le falta”; “…es una unidad de contrarios, por eso, si no fuera escritor, sería partido político”; “Laura Esquivel dejó volar su imaginación: nunca volvió”; “Los políticos piensan: sustraerse del robo sería robarse para ser honrado”; “Y es una lástima, porque a muchos nos hubiera gustado leer las columnas de Hércules”; “Este es un verbo redondo, o sea, no tiene ni pies ni cabeza”; “del contexto, lugar este que debe ser enorme porque los periodistas sacamos de allí todas las frases”; “quien siempre jugo con el ingenio (quien siempre jugo a escondidas con el ingenio)”; “quién como poeta nunca subió a la diligencia que lleva la eternidad, puede arribar llegando a pie vestido de crítico”.

Algunos libros dan mucho de que hablar, este es uno de ellos. Denso como pocos, lleno de ideas y escritores y obras –se le hubiera agradecido a Ediciones Uruk un índice-, obsesionado con ser ingenioso, enamorado de su barroquismo. Este perfil debería ser suficiente para que el lector comprenda si Otras disquisiciones de Víctor Hurtado es un libro que podría gustarle o no. Habrá, con toda seguridad, dos tipos de lectores de este libro, uno que lo encuentre genial y otro que lo encuentre un ladrillo, y no es difícil imaginarse quien será cada cual. Independientemente del juicio que merezcan los manerismos literarios de Hurtado –de los cuales venimos ya advertidos desde la portada- , la verdad es que el libro es valioso por el amplio panorama cultural que abarca y aporta en un extenso y continuo trabajo de difusión cultural y el evidente amor por la literatura que siente Hurtado. En eso, como en lo otro, este libro esta sólo en las letras de nuestro país.

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A medida que nos vamos conociendo de Alí Víquez Jiménez

Permalink 18.08.09 13:35 , Categorías: Reseña, Alí Víquez

A medida que nos vamos conociendo
Alí Víquez Jiménez
San José: Editorial Costa Rica, 1998, 90 páginas

En 1994, para la publicación Algunos se hacían dioses, le pedí a David Maradiaga el favor de que prologara mi libro, que yo mismo encontraba un poco difícil, para que los futuros lectores tuvieran una voz cuerda que los guiara de algún modo en la lectura de semejante espécimen. David leyó los cuentos y me hizo algunas sugerencias de viva voz, todas válidas pero tardías, y algunas reconvenciones en el texto del prólogo, la principal de las cuales era lo tibio que lo dejaba la primera pieza del libro, que se llamaba El Laberinto y que consideraba una "introducción borgiana". No se lo dije, porque nada hubiese cambiado, pero yo no había aún leído nada de Borges, una grotesca deficiencia en mi educación literaria que solvente luego a causa de su comentario. Mi vergonzosa excusa no resolvía nada, de todos modos, porque parecía que los laberintos, desde mediados del siglo veinte, le pertenecían todos a Borges. Lo mismo sucedía con las historias policíaco metafísicas, las reseñas literarias falsas, las bibliotecas, los espejos, los tigres, las máscaras, las peleas a cuchillo, el nombre de dios y los adverbios quizá y acaso. Las colecciones de cuento El Aleph y Ficciones yacen en el medio del siglo XX como un inmenso hoyo negro que atrapa ideas y símbolos que ya nunca logran escapar. Si la idea del laberinto remitía originalmente a Knossos, luego de Borges el laberinto remite primero que nada a Borges, y desafortunadamente, por la estatura e influencia de Borges, no saber eso es hoy es desafortunadamente una ingenuidad literaria.

Borges es, según parte de la crítica, uno de los autores fundantes de la tradición posmodernista y es, sin duda, un autor que ha influenciado a casi todos los grandes escritores latinoamericanos posteriores a él. Tan grande se había hecho Borges que cuando Gombrowicz se iba de Argentina, gritó desde la borda del barco "Maten a Borges", como advirtiendo que sin ese parricidio inicial, la literatura latinoamericana ya no lograría avanzar.

Alí Víquez, no es diferente en esto a otros autores latinoamericanos, Borges lo había impactado, pero menos ingenuo de lo que uno podría esperar en un autor novato, en su primer libro de cuento, A medida que nos vamos conociendo, Víquez reconoce la deuda desde el epígrafe y se cura en salud con un irónico divertimiento borgesiano que trata, precisamente, sobre Borges.

El narrador del cuento decide que debe ir a Buenos Aires a conocer a Borges. Viaja, tiene un encuentro cercano con la muerte en el vuelo de ida y ya en Buenos Aires, conoce a Borges, pero no del modo que esperaba, sino de uno mejor, más apropiado para el autor de Las Ruinas Circulares y de Borges y Yo, y lo que nos sorprende de este cuento pequeño que es un homenaje no es la competente revista de la temática borgesiana1, sino el acercamiento al lado humano de Borges, que finalmente es lo que Borges nunca enseño en sus cuentos herméticos, perfectos.

La deuda es notable también en Algunas revelaciones en torno a la resolución del caso de Alberto Cortés, en la que un improvisado detective libresco deduce la verdad sobre el homicidio de su amigo y catedrático Alberto Cortés (sin relación con el actual que en ese entonces era apenas un estudiante asiduo a las marchas) por medio de la revisión de los manuscritos del muerto. En este cuento también se visitan temas cercanos al bibliotecario ciego como la investigación de la naturaleza del tiempo y como las ideas son la rubrica más inimitable del hombre, además de incluir una somera reseña de un tres libros inexistentes, pero Víquez, pupilo avanzado, utiliza el formato para investigar sus propias ideas sobre el absurdo de la vida humana. Estas ideas ya son totalmente lejanas a Borges y se circunscriben más bien en el existencialismo francés que nada tiene que ver con aquel, pero que en Víquez resultan sumamente importantes. Lo mismo sucede con el cuento Desencuentro en el que se trata el tema del doble (inmediatamente surge la referencia a Borges y Yo) y los universos paralelos pero aquí también las preocupaciones de Víquez terminan siendo de tipo existencial, a pesar de sus discusiones, nuevamente, sobre la naturaleza del tiempo.

Uno se imaginaría que A medida que nos vamos conociendo es, permeado de ideas existencialistas, un libro amargo. No lo es. De los cuentos aquí reunidos el único que es protagonizado por un misántropo es el delicioso cuento homónimo que da inicio a la colección, y cuyo bien logrado personaje quizá hubiera resultado apropiado para un texto más extenso. Ni el cuento final sobre suicidas (Conferencia del Lic. Morales), ni el cuento sobre la imposibilidad del amor (Destinatarios), ni el cuento de ciencia ficción sobre la separación y distancia que inevitablemente nace de la tecnología que nos enmascara (Anonimátic) y que reelabora el tema de la máscara, logran disminuir un humor de bajo impacto que permea toda la obra. Alí Víquez escribe como si nada fuera terrible, como si en efecto viviéramos uno de muchos universos posibles, todos los cuales eventualmente sucederán, y como si eso vaciara de sentido e importancia la vida humana. Uno poco como El Inmortal, los eventos humanos ya no lo sorprenden y todo lo narra con una desafección simpática e irónica.

Sorprende este libro, que prefigura sus otros excelentes libros de cuentos, de una sofisticación inusual en nuestras letras, ejemplo de que la influencia de los maestros no tiene porque ser un defecto. En 1990 ganó el premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica, bien otorgado, como no siempre sucede, y con este libro se inauguró la generación de fin de siglo, la cual Alí Víquez encabeza e indiscutiblemente lidera.

1. Según el liguista peruano Rodríguez-Mondoñedo el adjetivo correcto es borgiano y no borgesiano pero como aquí mando yo y como estamos hablando de Jorge Luis y no de César, en este artículo el lector encontrará el reblede, indómito "borgesiano" a diestra y siniestra. Como dijo Borges cuando escuchó el vocablo "vikingo" la primera vez, ahora sólo falta que empiecen a hablar de Kiplingo.

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Cuentos circunstanciales de David Eduarte

Permalink 14.07.09 23:40 , Categorías: Reseña, Autores, David Eduarte

Cuentos circunstanciales

Cuentos circunstanciales
David Eduarte
San José: EUCR, 2008, 80p.

Hay una ira particular de los veinte años, que ahora recuerdo con nostalgia, y que en los noventa dictaba mi comportamiento con una tiranía imperial que sólo puede nacer de las tormentas bioquímicas de la juventud. Ya en esa época reconocía que había un cierta exageración en el tono desaforado de mis reacciones, en mis frases lapidarias, burlonas o furiosas. Tanto presentía la desproporción, que me hice prometer a mí mismo que en el futuro, cuando fuera más viejo, respetaría al muchacho que era entonces, que estaba seguro de tener motivos para su forma de ser. Hoy aún siento respeto por el que fui, pero ahora lo exacerbado de mi comportamiento de aquellos días me resulta imposible de ignorar, aunque no por eso me parezca menos inevitable. Espinoza había dicho en el siglo XVII, a contrapelo de todos los pensadores de su época, que la mente era la idea del cuerpo. William James, a fines del XIX, propuso que la emoción nacía de los cambios en el cuerpo que producía un estímulo: no se tiembla porque se tiene miedo, sino que se tiene miedo porque se tiembla. Antonio Damasio, neurocientífico, confirmaba hace quince años esta hipótesis en su ahora famoso El error de Descartes: sabemos (o creemos saber) que lo que sentimos lo dicta nuestro cuerpo cuando reacciona al estímulo. Vivimos bajo el influjo de la emociones que nos pide nuestro cuerpo, la razón, parece, no es más que una apostilla tardía y prescindible o un propósito ingenuo que rara vez se cumple. Nuestra mente y nuestra alma son nuestro cuerpo.

La literatura de David Eduarte es una literatura teñida por el color de sus humores. Por las venas de Eduarte corre la oscura sangre de la ira y del humor negro, y su literatura, no importa el tema, termina transfundiéndonos este humor. El Dios de Eduarte medita en el closet un próximo Apocalipsis, Jesús conspira con Judas para su propia muerte, la vida dura lo que un viaje a una cita concertada con la muerte o el tiempo que toma fumarse un cigarro, los personajes son adictos al crack o escuchas prostituidos de las teorías desechables de la “bohemia pseudo-intelectual-medio-burguesa” o se encierran en sus cuartos porque son demasiado buenos para los demás o controlan la población con métodos que hubieran divertido a Swift. La inclinación iracunda y parcialmente misántropa de los cuentos probablemente sería un defecto si no viniera matizada con un talento natural para el humor negro. Casi todos los cuentos de Eduarte usan, de un modo u otro, el humor negro como difusor de la tensión existencial y la sordidez, y el giro se agradece porque de otro modo la dosis tóxica de los cuentos podría resultar letal, aún a pesar de lo menudo del libro.

Eduarte además de imaginativo, parece lucidamente conectado con la literatura que lo precede, por las líneas comunes que sigue con otros narradores del país: Judas, amigo, por ejemplo, es un tema tratado de modo similar por Alí Víquez en la Carta de Jesús en el Huerto; Citas es cercano en tono y trama al Necrografo de Durán Ayanegui. Con ambos autores comparte la inclinación por el humor negro, pero parece especialmente cercano al primer Alí Víquez de A medida que nos vamos conociendo. Comparte además con la literatura universal, por ejemplo, en El Encierro, dónde encontramos ecos de Una Apuesta de Chéjov. Pero mientras que Chéjov utiliza su cuento como una parábola de la iluminación y la felicidad a través de la renuncia, Eduarte usa el suyo como una alegoría de la progresiva desconexión que trae la edad y que lleva a la pérdida de todo lo amado y a la muerte.

De Eduarte conocía sólo este libro que me había impresionado porque el autor tenía, según la nota, sólo 23 años cuando lo publicó. Un día, no hace mucho, mientras rebuscaba en los estantes de Librería Germinal, escuche a Juan Hernández, librero, reprender a un despistado prospecto de cliente que pretendía, contra toda lógica, comprarle unos libros de Marcuse. Está loco, le dijo Juan al ingenuo, arrebatándole los libros sorprendido, después de lo que me costó conseguirlos. Estos libros son para consulta del Centro solamente, dijo, señalando a una pizarrita diminuta en la que se leía el nombre del centro anarquista que hospedaba la librería y en la cual se anunciaba una próxima charla de David Eduarte. No pude evitar la sonrisa y preguntarme a dónde se había ido ese ímpetu bioquímico que me empujaba a mí posiciones similares hace veinte años y a preguntarme, finalmente, si el muchacho que alguna vez fui respetaría al hombre en el que me había convertido.

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Marzo todopoderoso de Catalina Murillo

Permalink 17.06.09 12:34 , Categorías: Reseña, Catalina Murillo

Marzo todopoderoso

Marzo todopoderoso
Catalina Murillo
San José: Ediciones Perro Azul, 2003.
272 páginas.

Catalina Murillo y yo no estamos emparentados. Los Murillo a los que le debo mi apellido fueron alguna vez agricultores de Belén que en la actual generación han devenido en pequeños comerciantes, microindustriales, políticos fracasados, cortejadores de herencias, litigantes compulsivos y aficionados al ocio, a las faldas de casa ajena, y al pozol -que es una especie de sopa de palomitas de maíz. Mi primo más notorio y sobresaliente –y tengo bastantes primos- es miembro de la troupe de comediantes La Media Docena. Para él la comedia es un oficio, para el resto de nosotros una consecuencia accidental de nuestras aficiones.

Es ya casi un lugar común decir que la familia de la que uno proviene lo marca profundamente. Phillip Larkin, poeta nacional inglés –sino el mejor, por lo menos el más conspicuo- lo dijo con claridad medianera en rima y metro de nursery rhyme en This be the verse y con él ha coincidido Homero Simpson, prueba irrefutable de que la observación es una verdad universalmente reconocida.

Catalina sufre, en este caso, de la pesada carga que es tener un padre famoso. Aunque en Costa Rica decir que un filósofo es famoso es siempre una afirmación hiperbólica, ofrezcamos como evidencia el hecho de que el auditorio de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica lleva su nombre – Dr. Roberto Murillo. Los padres de cierta estatura intelectual inevitablemente proyectan grandes sombras y es en esa penumbra donde deben crecer sus hijos, predeterminados por las huellas visibles de sus progenitores. Esa predeterminación suele tener dos vertientes, o el vástago crece derrotado de previo, encogido por la vasta presencia que le roba el oxigeno que necesita para crecer, o crece con las cimas a la vista y plena conciencia de lo que debe superar como simple iniciación en la republica de las letras.

El segundo libro de Catalina Murillo y su primera, muy ambiciosa novela, Marzo todopoderoso, la sitúa, ya definitivamente, en el panorama literario costarricense como una autora importante por derecho propio.

Marzo todopoderoso trata sobre una muchacha que recién inicia sus estudios de Comunicación Colectiva en la UCR y tras enfrentarse a los exámenes de fin de curso se da un respiro en un bar de la Calle Cáustica. Ahí conoce a un grupo de cuarentones que son la fauna habitual de los bares que bordean esa calle y a quienes les dice, después de deliberarlo un poco, que su nombre es Azul. Ya en ese gesto se atisba la renuencia a entregarse a los demás que será el centro de la novela. De los estereotipos que representan estos hombres se podría decir mucho, en particular del poeta envejecido y mujeriego que representa Arabesco; hombres que frecuentan esos bares como los náufragos de islas desiertas la playa, a cualquier hora, cualquier día, mientras los “esclavos” trabajan. La novela se centra, sin embargo, en uno de ellos, Lota, huérfano de familia de dinero caída en la ruina que ahora se dedica la artesanía y al esporádico trafico de drogas en pequeña escala. Lota es, o mejor dicho, fue un “jovencito broncíneo y bestial”, “un huracán de dientes, ojos, melena, nariz; un guerrero vikingo”, hombre de pelo en pecho, gran bigote y estruendosa risa en estacato que cumple la función de representar la masculinidad física en la novela y a quien Azul escoge como su pareja en esa primera borrachera que se pegan juntos. Decir que lo escoge como pareja, sin embargo, no implica que la relación se llegue a consumar sexualmente. La trama gira, precisamente, alrededor de los intentos, primero seductores, luego molestos, finalmente desesperados de Lota por lograr que Azul haga el amor con él.

No es casual que Lota sea pobre, aunque en la mente de Lota el adjetivo que mejor lo describe quizá sería libre; libre de las ataduras que trae el dinero y la posición social, del trabajo y la responsabilidad; Lota es en realidad una versión inmadura del hombre que podría ser y en ese sentido, para Azul, no llega nunca a ser un verdadero hombre, a pesar del tupido bigote cuarentón.

Ya en las primeras páginas escuchamos a Azul disertar sobre como le habría gustado ser la esposa del dueño de un bar de éxito como el que frecuentan en la novela, regentado por el Gordis Malon. Otro de los personajes, Ino, dueño de un Range amarillo, varias casas y locales comerciales, es objeto del coqueteo deslumbrado de Azul a lo largo de la novela y en algún momento fantasea con escaparse con él, cosa que no sucede principalmente por la falta de interés que demuestra Ino. A Azul, por ejemplo, le excita ver a los hombres sacarse el dinero de los bolsillos.

Esta muchacha no es, aunque pudiera parecerlo, simplemente una interesada cazafortunas para quien “billetera mata galán”, evidencia de lo cual es que Azul y Lota pasan juntos casi toda la novela. Sin embargo, algo no cuadra en esa relación desigual. Azul siente, siempre lo ha sentido, que merece más, que está por encima de los demás, destinada a grandes cosas, que producirá una gran obra filosófica, que su vida podría ser una obra de arte. Tristemente esta sensación de mérito que siente Azul se ve confrontada constantemente con la cruda realidad de que es una muchacha como todas las demás; pero esto no impide la frivolidad y los caprichos que son la manifestación de esta alta estima que ella se tiene hagan estragos con la paciencia del simple de Lota, cuya vida ronda los placeres más sencillos. Al final de la novela ya la negociación de la relación sexual se ha convertido en una batalla de voluntades en la que el sexo se ha transformado en la mente de Azul esa virtud intangible que cree que tiene y que Lota definitivamente no merece.

El sexo es entonces la moneda de trueque del valor intrínseco que tiene Azul, y permitirle a Lota poseerla sería rebajarse a su nivel. La transformación del sexo en moneda y herramienta de poder sobre el otro además viene aderezada con revelaciones de que Azul al observar el pene de Lota se siente “subyugada y envidiosa” a la vez o de que Azul, confrontada con su imposibilidad de sacar adelante su gran obra, usa la masturbación como una manera de confrontar a los grandes filósofos cuyos cuadros cuelgan en la biblioteca de su padre. La masturbación es en esta novela, no poca parte de una exhibición de valor intrínseco y de poder sobre sí misma de Azul; una reafirmación de quien ella es.

Marzo todopoderoso, que podría de entrada parecernos una novela sobre una relación amorosa infructuosa entre un hombre de mediana edad y una muchachita, se convierte a lo largo de sus 272 páginas en el escenario de un conflicto en el que a la confrontación por el sexo se suma a la confrontación entre clases sociales y el ejercicio del poder. Pero la lucha constante por defenderse de la consumación de la relación sexual es una lucha que Azul no puede sostener eternamente. Como mujer, la definición de su valor basada en hecho de poder darse o rehusarse al sexo con su pareja la coloca en una especie de estado de sitio en la que ese valor es asediado constantemente y, en caso de sucumbir, terminaría derrotada, inferior y carente de valor en su propia estimación. El sexo para Azul se a convertido en juego de suma cero, en el que sólo puede haber un ganador.

Azul resuelve este problema en el final impactante de la novela durante la fiesta en casa de Arabesco a través de la abyección, del castigo y del ejercicio del poder en contra de los hombres. En la escena culminante de la novela, tras un terrible encuentro sexual que no por totalmente sorprendente deja de ser lógico y consecuente con lo que ha venido sucediendo, Azul nos dice:

Y luego se emocionó de que no le importara. ¡No le importaba nada de nada! Todo le daba igual. Qué poderosa se sintió de pronto, qué revelación estaba teniendo: cuando uno no tiene dignidad ¡es invulnerable! El mundo es de los indignos.[p. 243]

El castigo de Lota que sigue a esta revelación es la consecuencia natural de la reafirmación de ese poder recién encontrado. El castigo de la poca hombría de Lota, de su incapacidad para ser el hombre según la definición de Azul, la demostración de la abyección y por lo tanto del poder de Azul, del poder de la mujer sobre el hombre, librada de la valoración que hace el hombre de ella. Tras la destrucción del amor y el ejercicio de la violencia, con Lota hecho un manojo en el suelo, Azul se de vuelta para mirarlo y piensa:

…Azul se siente como un señor desconcertado por una prostituta que sin proponérselo lo hubiera conmovido. Y hasta imagina que se pone un sombrero de copa y que coge su bastón, y que antes de salir deja caer sobre él un par de billetes. [p. 272]

La transformación está completa. Azul ha sustituido su valor como objeto sexual, por el poder del sujeto sexual y liberada se va por las calles buscando un hombre de verdad, omnipresente, inasible, como el orden social que la rodea, que pueda ser un digno contendiente para ella.

La violencia y el sexo y la confrontación con los arquetipos en los que se basa el orden social imperante no son, a primera vista lo que uno podría esperar por el tono inicial, frívolo y divertido, de la narración, pero en esta novela nada esta librado al azar, la meta estaba clara desde la partida y Catalina ha logrado, con Marzo todopoderoso, una de las mejores novelas costarricenses de principio de siglo.

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Las voces, los oficios y otras cosas, Eric Gil Salas

Permalink 06.03.09 10:14 , Categorías: Artículo

G.A. Chaves reseña en su blog, Café Verlaine, el libro de Eric Gil Salas, ganador del segundo premio nacional de poesía consecutivo, Las voces, los oficios y otras cosas:

http://cafeverlaine.blogspot.com/2009/03/el-bostezo-sin-sueno-erick-gil-salas.html

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La Rebelión de las Avispas, Carlos Morales

Permalink 18.02.09 21:24 , Categorías: Reseña, Carlos Morales
La Rebelión de las Avispas, Premio Nacional de Novela 2008

La Rebelión de las Avispas, de Carlos Morales, es un roman á clef de corte cómico satírico que retrata una universidad en la que el conflicto de género es llevado al extremo de una guerra entre sexos. La novela además menciona de pasada y brevemente los asuntos de la globalización, la búsqueda superflua de títulos académicos y la banalización de los currículos universitarios, entre otros. Pero verdaderamente el único tema que tiene algún cabal desarrollo es el de los conflictos de género, específicamente entre las feministas y los académicos varones. La novela no pretende hacer una evaluación equilibrada de este conflicto, como tampoco se recogen comentarios inteligentes sobre el tema. Lo que si abunda es el comentario sarcástico, el ataque ad hominem, la parodia, la caricatura y la descalificación por medio de la burla.

No es difícil adivinar que aquí no se pretende un abordaje serio del tema y que hay la proverbial "sangre en el ojo". La anécdota con la que abre el libro, el enjuiciamiento por acoso sexual de un académico, tiene evidente paralelo con la persecución que sufrió el autor durante su salida de la Universidad de Costa Rica, en la cual fungió como catedrático y dirigió el diario Semanario Universidad y la estación Radio Universidad. En una reciente entrevista para Club de Libros Morales no tuvo inconveniente en aceptar que la novela era una "sacada de clavo". No resulta difícil entender entonces por qué Morales ha optado por el humor más chabacano y simplista, en el cual la descalificación principal en contra de las feministas tiende a ser, según él, su mal gusto al vestir, su falta de atractivo físico y su supuesta homosexualidad. El único punto en el que Morales logra alguna profundidad -aunque no demasiada- es cuando discute las perversiones que ha producido la idea del lenguaje inclusivo. Pasa por alto, sin embargo, la oportunidad para cuestionar la legitimación de unos cuantos individuos para hablar por minorías que no los han elegido; o el reencausamiento de la radicalidad, ante el declive del socialismo, hacia las luchas reivindicatorias de las minorías sexuales o étnicas; o los mecanismos por los cuales se tergiversan los sistemas normativos convencionales para convertirlos en armas en contra de chivos expiatorios; o las razones para la crisis de la masculinidad del macho "espalda plateada"; o la posibilidad de una masculinidad más justa, amplia y acorde a los tiempos. Nada de esto logra dilucidar Carlos Morales, ocupado como está en endilgarle a las feministas motes como "las tortis", "las zapatonas" o hacer bromas en las que debutan las tortillas y se discuten los pormenores de los bares de ambiente. No necesita el lector adentrarse mucho en el texto para darse cuenta que el propósito central de la obra no es el aporte a la discusión sobre el género, la representatividad y la justicia, sino el simple afán de venganza y desquite. En ese sentido, Morales sabe lo que hace y escoge bien sus armas, optando exclusivamente por el humor. La Rebelión de las Avispas no es una novela inteligente, ni es una novela importante, es, simplemente, una novela que resulta a ratos ingeniosa y a ratos divertida (y hasta eso es discutible).

En cuanto a lo literario no hay mucho que decir. Morales maneja un rango limitado de técnicas humorísticas basadas en el contraste entre el registro culto o formal y la situación ridícula, escatológica o vulgar que se narra. En algunos casos hay insertos de chistes reciclados que se pueden escuchar en bares o que circulan impresos en los corrillos burocráticos. Morales además pretende que la novela se vea, según su entrevista, como una obra "muy moderna y ambiciosa", "la primera novela interactiva en la región" "polifónica y multi-temática", con "personajes-narradores" y con "un cierto riesgo participativo y democrático, que puede ser alma de la trama". Todo eso se quedo, me temo, en los planes, o en la cabeza, de Carlos Morales. La novela no es más moderna que, digamos, las sátiras de Swift o Quevedo. Tampoco logramos encontrar por ninguna parte la interactividad, el polifonismo y el riesgo participativo que Morales reclama para su novela. La Rebelión de las Avispas está narrada en un solo registro, aplicando indefinidamente los mismos mecanismos de humor, recurriendo a las mismas bromas y resulta imposible para el lector no pensar que el narrador de cada capítulo es el mismo en toda la novela. Mencionar la interactividad de unas pantallas que hay en el campus universitario y llamar pantallas a los capítulos de la novela no convierte a la novela en una obra interactiva. El sitio web www.totolate.com que Morales ofrece como parte de la interactividad de la novela, es una sola página, con unos textos inanes, que funciona como una pura excusa para alegar algún tipo de hipertextualidad de la novela que en realidad no existe. Esta no es gran literatura, ni siquiera es buena literatura. Es divertida, si, promueve algunas sonrisas y, porque no, una que otra carcajada. Pero esta novela no es la novela del año; no es la cúspide de la narrativa costarricense para ese año. No es mejor, por ejemplo, que Archipiélago de Heriberto Rodríguez, que también es bastante cómica y que desarrolla también el choque entre la entelequia masculina tradicional y el mundo de las mujeres. Tampoco es mejor que las novelas de Lobo, Valbona, Obando, Muñoz o Aguilar. Morales, por supuesto, estaba en su derecho de escribir esta novela, en atención a su necesidad de desagravio, y su novela tiene derecho a compartir anaqueles con todas las citadas. No solo está en su derecho de existir sino que es bueno que exista porque expone públicamente el sentir de algunos miembros de la academia -como lo demuestra el premio-. Pero no es, en fin, la novela que se debía premiar este año, y el jurado, hay que decirlo, cometió un grave error de juicio al otorgarle el Premio Nacional de Novela para el 2008 a La Rebelión de las Avispas.

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Lista de libros no merecedores del Premio Nacional de Cuento

Permalink 06.02.09 16:02 , Categorías: Noticia

Actualización de 18 de Febrero 2008: En el reportaje publicado por RedCultura aquí, el jurado de la categoría de cuento Gabriel Baltodano expone los dos criterios que descalificaron a todas las obras de cuento, a saber: No son suficientemente contemporáneas y no siempre versan sobre Costa Rica. El primer criterio es aceptable, pero el segundo no tiene sentido. Costa Rica es una nación y no solo un territorio, y todo lo que escriben los autores costarricenses tiene que ver con Costa Rica.

Comentario original:

Entre las grandes sorpresas de los Premios Nacionales de Cultura recién fallados estuvo la declaratoria de las categorías de cuento, ensayo e historia como desiertas.

En la categoría de cuento hubo 33 obras presentadas y la opinión más común en el gremio literario es que pareciera haberse cometido una injusticia al no otorgar el premio a ninguna de ellas. Parte de la reacción se ha debido sin duda al fallo mismo que declara desierta la categoría para el premio 2008:

Premio en el género de Cuento

Se declara "Desierto" por considerar que: No se presentó ninguna obra en este género, que sea merecedora del Premio Nacional

(Fallo del jurado en la categoría de cuento enviado por el MCJD por correo)

Lo escueto y redundante del fallo deja en el aire la evaluación efectuada por los jurados, que sin duda tiene que haber sido razonada. Esas razones, quizá distintas para cada jurado, o tal vez guiadas por principios comunes a los tres, aún no han sido explicadas como se debe. Declarar desierta una categoría es un gesto a contracorriente que debe estar fundamentado y que debe explicarse. Los jurados deben tener autonomía y valor suficiente para declarar una categoría desierta cuando así sea necesario, pero también le deben a los autores y al medio la explicación de porque ninguna obra merece el premio.

La labor de jurado no es simple, sin embargo, puesto que no existen principios explícitos para juzgar las obras presentadas y cada grupo de jurados debe de algún modo llegar a un acuerdo de cuales son los criterios que hacen merecedora a una obra de un Premio Nacional. La lista de las colecciones de cuento presentadas que adjuntamos al final da una idea clara de la complejidad del asunto. En la rama de cuento confluyen colecciones de cuento de ficción, compilaciones de cuento histórico, leyenda, anécdota o testimonio, colecciones de cuento infantil, así como obras que probablemente no califican para el premio.

¿Cómo se puede juzgar con justicia por ejemplo una colección de cuento cuando se compara con un libro de cuento infantil? Ya esa evidente desproporción resulta un obstáculo que sólo puede salvarse esgrimiendo criterios que suenan a justificación post facto, como por ejemplo: No puede ganar una obra de literatura infantil, porque los recursos artísticos usados son siempre más simples debido a los requerimientos del género; o, No puede ganar una compilación de leyendas porque se premia el mérito artístico literario y no la labor de edición. En cualquier fallo éste tipo de criterios nunca se explicitan, pero están ahí. En el caso de esta declaratoria se hace imposible justificar la escogencia de un ganador, y sólo resta, inevitablemente y con valor, explicar porque se descartaron todas las obras, citando los criterios usados, por obtusos que puedan sonar.

En cuanto a las obras mismas, es evidente con solo ver la lista que había obras dignas del premio entre las candidatas. Uriel Quesada, por ejemplo, es un cuentista de larga trayectoria en nuestras letras y Viajero que huye es un ejemplo de un escritor en la cúspide de su desarrollo narrativo, que además abarca una temática socialmente importante. Uriel Quesada, sin embargo, ya fue premiado por su obra El Gato de sí mismo, quizá usando estos mismos criterios y eso puede haber afectado la decisión de jurado. Además de Quesada, había una obra de Virgilio Mora, también conocido como Polo Moro, titulado Los problemas del gato. Mora es, sin duda, uno de los narradores más originales e importantes del país y su obra merecía atención especial, aunque es posible que este libro sea una reedición. Louis Ducoudray, es el sorprendente autor de El Agua Secreta y Los ojos del arrecife, dos cuentarios seminales en la narrativa moderna costarricense y su Un domingo de Palomas también merecía la atención debida. Finalmente valía la pena detenerse en la obra de David Eduarte, con una colección debut sorprendente, ácida, pesimista pero imaginativa y bien ejecutada que pudo haber sido aprovechada por el jurado para reconocer el aporte de los autores más jóvenes. Eso sólo para mencionar algunas sin demérito de las restantes.

Ninguna de estas obras fue merecedora del premio. Ahora solo resta averiguar, de boca de los jurados, por qué.

Obras presentadas a la categoría de cuento de los Premios Nacionales 2008:

Colecciones de cuento ficcional:

  • Viajero que huye - Uriel Quesada
  • Los problemas del gato y otros cuentos - V.A. Mora Rodríguez
  • Un domingo de Palomas - Louis Ducoudray
  • Cuentos Circunstanciales - David Eduarte Rodríguez
  • Breves Relatos de Ausencias - Eduardo Vargas
  • El Regreso es parte del Viaje - Santiago Porras
  • Prisioneros de la penumbra - Pilar Cerdas
  • La Cofradía de la Buena sombra y otros relatos - Rodolfo Cerdas
  • Bailando en Solitario - José Otilio Umaña
  • De Amores y Dolores - Esteban Gil Girón
  • Luna de Miel con Libro y otros Relatos - Inés Trejos de Montero
  • Los Ojos de Edith - Jarquín Pfaeffle
  • Boleros nos Volvemos Tango - María Pérez Iglesias
  • Las Fronteras de la Luna y el Sol - María Pérez Iglesias
  • El invierno de los desposeídos - Luis Arguedas Rodríguez

Relatos históricos, recopilaciones de leyendas, testimonios y anécdotas

  • Me lo Dijo el Río - Hernán Gutierrez Oviedo
  • Leyendas de Puntarenas: Nuestra identidad cultural en la leyenda porteña - Dennis Manuel Marroquín Rugama.
  • Tiquicia: El Despertar de las Leyenda - Harold Vindas Zamora
  • Cuentos y relatos del pacífico Sur - Manuel Aguilar
  • Cuentos Afrocaribeños de la Araña Anancy y sus amigos - Karol Britton
  • Mujeres metamorfosis del efecto mariposa - María Suárez Toro

Cuento infantil (no he leído estos libros así que puedo estar equivocado en ésta clasificación):

  • Mariola - Ana Isabel Azofeifa
  • Para que Florezcan las Estrellas - Clara Amalia Acuñas
  • Había una vez - Irene Castro Meléndez
  • El Arbol Cantor - Cary Sagot
  • The Coyote and the Firefly/El Coyote y la Luciérnaga - Yazmin Ross
  • La Tía Poli y su Gato fantasma - Floria Jiménez

Posiblemente incumplen requisitos por nacionalidad o previa publicación:

  • Justicia Poética - Enrique Jaramillo Levi
  • El Lupanar y Otros Relatos de Terror Educativa - Luis Enrique Arce Navarro
  • ¿Qué es la democracia? - Manuel Moas Madrigal
  • Historias del Encuentro de Culturas y de la Conquista de México. La Tía Adela cuenta. - Manuel Moas
  • El Bosque que desapareció - Carin Heurlin Spinelli
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Fallos de los Premios Nacionales de Cultura 2008

Permalink 27.01.09 02:47 , Categorías: Noticia

La siguiente es la transcripción del resumen que nos hizo llegar amablemente el Ministerio de Cultura.

Quizá lo más notable sea la declaratoria desierta de las categorías de cuento y ensayo de las cuales trataremos de obtener la lista de obras presentadas, y la premiación por segundo año consecutivo del Señor Eric Gil Salas en la categoría de poesía, dando lo que parece ser un status único entre los premiados con este galardón.

RESUMEN DE LAS ACTAS DE LOS FALLOS PARA OTORGAR LOS PREMIOS NACIONALES DE CULTURA 2008

A continuación se presentan extractos significativos de las actas entregadas por los jurados de los Premios de Cultura 2008, en donde se exponen los principales considerandos que sustentan sus dictámenes.

1.PREMIO AQUILEO J. ECHEVERRÍA EN LA CATEGORÍA DE NOVELA, CUENTO, POESÍA Y LIBRO NO UBICABLE.

El jurado integrado por:

Gabriel Baltodano Román, en representación del Ministerio de Cultura y Juventud
Marielos Castro Villalobos, representante de la Universidad Nacional
Claudio Monge Pereira, representante de la Asociación de Autores de obras Literarias, Artísticas y Científicas de Costa Rica.

Acuerdan otorgar el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en los géneros de novela, poesía, libro no ubicable y cuento a las siguientes obras y a sus autores:

Premio del género de Novela al señor Carlos Morales Castro, por su obra “La “Rebelión de las Avispas”:

Bajo los siguientes criterios:

a)Que la obra demuestra el trabajo literario de un escritor consolidado que domina el arte de narrar.
b)Trata una temática de actualidad y muy controversial de manera humorística, sin descuidar la seriedad que amerita su abordaje.
c)De impacto que desata polémica a causa de su carácter denunciante, fragmentario y atrevido.
d)Hace gala de múltiples recursos como la crítica, la ironía, la caricatura social, la parodia y la comicidad

Premio en el género de Cuento

Se declara “Desierto” por considerar que: No se presentó ninguna obra en este género, que sea merecedora del Premio Nacional

Premio en la categoría de Poesía

Al señor Erick Gil Salas por “Las Voces, Los Oficios y Otras Cosas”, considerando que: :

a)La obra refleja el vasto conocimiento y la utilización de los recursos poéticos y el cuidadoso trabajo de un poeta con oficio y conocimiento del género, manejado con amplia libertad, pero sin acudir a esa retórica altisonante y excesivamente calculada.

Premio en la categoría de “Libro no Ubicable”

Al señor Jorge Villalobos Salazar, por la Obra “El Envenenamiento Ofídico en Animales en El Continente Americano”, (serpientes, venenos, patología y tratamiento). Según los siguientes criterios:

a)Esta obra logra transmitir profundos conocimientos científicos para todos los lectores que la utilicen.
b)Resume conocimientos adquiridos mediante arduos años de investigación, ejercicio profesional y labor docente.
c)Demuestra un trabajo de redacción y edición cuidadoso
d)Será de mucha utilidad en el ámbito nacional.

Será de mucha utilidad en el ámbito nacional. El JURADO, acuerda otorgarle al escritor Camilo Rodríguez Chaverri, MENCIÓN HONORÍFICA por su obra Templos de Costa Rica, la cual demuestra en su excelente presentación un trajao arduo, tesonero, pionero.

2.PREMIO AQUILEO J. ECHEVERRIA EN LA CATEGORÍA DE ENSAYO

El Jurado integrado por:

Margarita Rojas González, en representación del Ministerio de Cultura y Juventud
Maynor A. Mora , representante de la Universidad Nacional
Luis Fernando Díaz Jiménez, representante del Consejo Nacional de Rectores

Acuerdan:

Declarar Desierto el Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo 2008

Bajo el siguiente criterio:

Pocas publicaciones satisfacen algunos criterios de calificación, son agradables a la lectura, ofrecen un aporte al conocimiento o son educativas pero ninguna reunió todos los requisitos.

3.PREMIO AQUILEO J. ECHEVERRIA EN LA CATEGORÍA DE HISTORIA

El jurado integrado por:

Ana Cecilia Román Trigo, representante del Ministerio de Cultura y Juventud
Patricia Alvarenga Venótulo, representante de la Universidad Nacional
Juan Rafael Quesada Camacho representante de la Academia de Geografía e Historia

Acuerdan declarar el Premio Nacional en Historia “DESIERTO” por el siguiente criterio:
a)Ninguna de las obras presentadas cumple en su totalidad con los requisitos establecidos por este jurado para otorgar el Premio Nacional de Historia Aquileo J. Echeverría correspondiente al año 2008.

4.PREMIO AQUILEO J. ECHEVERRIA EN LA CATEGORÍA DE TEATRO (dramaturgia)

(Este jurado es el mismo que el del Premio Nacional de Teatro).

Acuerda otorgar el Premio Aquileo J. Echeverría a la Obra Dramática en Teatro a: La Romería de Jorge Arroyo.

Según los siguientes criterios:

a)El tono irónico inteligente y el humor negro que caracteriza toda la obra, destaca la habilidad del dramaturgo para hacer comentarios sociales, filosóficos y aún oníricos, lo cual indica el buen uso de efectos para impactar al espectador, logrando transmitir lo denso, crudo y amargo del tema. Más allá de la actualidad y la sagacidad con la que se expone la dialéctica entre la vida y la muerte a través de la metáfora de la romería, es la tensión dramática y la construcción de la relación entre los dos personajes lo que sorprende. Los personajes están bien definidos a través del diálogo, son realistas y logran transmitir sus deseos y sentimientos, así como sus angustias, sin caer en banalizaciones.

PREMIO AQUILEO J. ECHEVERRIA EN LA CATEGORÍA DE ARTES PLÁSTICAS (en la especialidades de pintura)
El jurado integrado por:

Fiorella Resenterra Quirós, representación del Ministerio de Cultura y Juventud
Eugenia Zavaleta Ochoa, representante de la Universidad de Costa Rica
María del Carmen Hernández Rodríguez, representante de la Asociación de Autores.

Acuerda otorgan el Premio Nacional de la Cultura Aquileo J. Echeverría en Artes Plásticas, en la categoría de Pintura al señor Héctor Burke.

Según los siguientes criterios:

a)Una extensa trayectoria artística.
b) Ha desarrollado un estilo de gran solidez plástica, lo cual se evidencia en la exposición Confrontaciones (Galería Alternativa, junio-agosto 2008).
c)Ha mostrado originalidad y se ha mantenido en un camino de gran rigurosidad, honestidad y sensibilidad.
d)Su obra expresa un sentido lírico y efectos exquisitos, pero a su vez los contrasta con manifestaciones plásticas fuertes, incluso, que pueden llegar a ser grotescas y tenebrosas.
e)Maneja en forma extraordinaria su técnica, en donde integra armoniosamente diferentes materiales, ya sea en pequeño o gran formato.
f)Logra traducir su estilo en forma coherente, ya sea en pintura, grabado o dibujo.

PREMIO AQUILEO J. ECHEVERRIA EN LA CATEGORÍA DE MÚSICA

El jurado del Premio Nacional en la categoría Música, integrado por:

José Andrés Masís Bermúdez, en representación del Ministerio de Cultura y Juventud
Luis Carlos Amador Brenes, representante de la Orquesta Sinfónica Nacional
Sergio Carrera Umaña, representante de la Universidad Nacional

Acuerdan otorgar el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en Música al compositor Carlos Guzmán, por la obra: “Sinfonía de los Volcanes,” la cual se constituye en una composición musical de elevados méritos, considerando:

a)Que ha inspirado la utilización de motivos melódicos que perduran en el oyente.

b)Un muy atinado uso de la paleta orquestal.

c)El manejo creativo de ritmos tradicionales.

d)Una armonía que incorpora elementos no tradicionales.

e)Una dinámica variada de la obra que da a ésta un gran sentido de emoción.

5.PREMIO NACIONAL JOAQUÍN GARCÍA MONGE (comunicaciones)

El jurado integrado por:

Eduardo Ulibarri Bilbao, representante del Ministerio de Cultura y Juventud
Ana Isabel Piza Escalante, representante del Colegio de Periodistas
René Muiños Guel, representante de la Universidad Estatal a Distancia

Acuerdan por unanimidad, otorgar el PREMIO JOAQUÍN GARCÍA MONGE al músico y escritor Jacques Sagot Martino, por su constante labor de divulgación y promoción de la música.

Según los siguientes criterios:

a)El señor Sagot ha desplegado su tarea de divulgación musical de manera sistemática, utilizando un conjunto de medios: Radio Universidad, el periódico La Nación y su suplento ANCORA, notas a programas musicales del Teatro Nacional, conferencias, charlas y presentaciones didácticas para públicos diversos.

b)Se ha caracterizado por explicar los términos, estructuras y estilos de la música en un lenguaje sencillo y atractivo pero a la vez preciso.

c)Ha influido de forma determinante en el desarrollo de una cultura musical más amplia y sólida en nuestro país.

6.PREMIO NACIONAL PÍO VÍQUEZ (periodismo)

El jurado integrado por:

Rocío Fernández Salazar, representante del Ministerio de Cultura y Juventud
Armando Araya Vargas, representante del Colegio de Periodistas
Mario EnriqueLleón Rojas, representante de la Asociación de Autores

Otorga de forma unánime el PREMIO NACIONAL PÍO VÍQUEZ 2008 a la señora Marjorie Ross González.

a)Por su prolífica carrera periodística de 45 años, continua y productiva como articulista, editora, columnista y reportera. Estas actividades las combina con el dominio de la poesía y el ensayo, géneros que practica con un estilo maduro, elegante, fluido y envolvente en numerosos libros.

b)Su rigor en el uso de las fuentes y vigencia en el enfoque de sus temas, hacen del estilo de Marjorie Ross González un referente para las nuevas generaciones de periodistas.

7.PREMIO NACIONAL DE TEATRO (mejor actriz protagónica, mejor actor protagónico, mejor actriz de reparto, mejor actor de reparto, mejor director y mejor escenografía)

El jurado integrado por las siguientes personas:

Adriana Collado Chaves, representante del Ministerio de Cultura, Juventu
María de los Ángeles Carrillo Delgado, representante del Colegio de Periodistas de Costa Rica.
José David Vargas García, representante de la Asociación de Autores

Acuerdan otorgar los siguientes premios:

Premio Nacional a la Mejor Actriz Protagónica, premio compartido a: María Chaves y Alejandra Portillo en La Rosa de dos Aromas de Emilio Carballido, dirigida por Mariano González. Producción del Teatro Nacional en la Sala Vargas Calvo.
María Chaves como Marlene, la estilista, y Alejandro Portillo como Gabriela, la esposa intelectual del hombre que comparten, en la obra La Rosa de Dos Aromas, demuestran una gran madurez en la construcción de sus personajes y la sinergia entre ambas. Excelente ejemplo brindaron ambas actrices de la condición humana.

Premio Nacional al Mejor Actor: Stoyan Vladic en el papel protagónico de Harpagón en la obra de Moliere, El Avaro, dirigida por Leonardo Perucci, y producida por el Departamento de Servicios Culturales de la Municipalidad de San José en el Teatro Variedades.

Stoyan, como Harpagón, mostró un despliegue actoral lleno de energía, dicción y expresión corporal indispensable en este tipo de papeles protagónicos. Mostró con maestría y humor ágil el lado oscuro de este tipo de personas, en que la avaricia corre y destruye. En su caracterización creó un ser apasionado por el dinero y la acumulación de riquezas materiales, tal y como lo exige el personaje concebido por el autor..

Premio a la Mejor Actriz de Reparto a: Marcela Jarquín en el papel de Sofía en la obra de Hugo Daniel Marcos, Mi mujer es el Fontanero dirigida por Manuel Ruiz con la producción del Teatro Urbano en el teatro La Comedia.

Marcela construyó un personaje dulce, con carisma y suspicacia mezclada con inocencia, virtudes que fueron hilando con destreza situaciones humorísticas alrededor de los personajes principales. Su desplazamiento por el escenario fue eficaz, acaparando la atención del espectador durante toda la obra.

Premio al Nacional al Mejor Actor de Reparto a: Pablo Sibaja en el papel de Manuelillo en la obra de Daniel Gallegos, La Colina dirigida por Pedro García Blanco montada por el “Teatro Vías “ en la Casa de la Cultura de Puntarenas”.

Manuelillo creó un personaje lleno de compasión y mostró buen dominio escénico. Su caracterización creíble y sensible de una persona con discapacidad múltiple, fue convincente durante toda la obra, generando empatía y acaparnado la atención del espectador. Su interacción con los demás personajes dio coherencia a la acción dramática.

Premio Nacional a la Mejor Dirección Teatral a: Manuel Ruiz por La Mandrágora de Nicolás Maquiavelo, montaje de la Compañía Nacional de Teatro en el Teatro La Aduana.

El director, Manuel Ruiz, con una comprensión aguda del texto de Maquiavelo y valiéndose de sus premisas, a través de un ágil movimiento escénico juega con los personajes de la obra. Resulta notable que los artistas estando dentro de sus personajes proyecten una interpretación en donde cada uno disfruta ampliamente su diablura y artimañas, contagiando al público. Esta astuta puesta en escena estuvo cuidadosamente dirigida y realizada tanto por los actores como por los diseñadores y el personal técnico.

Premio Nacional a la Mejor Escenografía a: Jorge Rodríguez conocido como “iogui” por la escenografía de la obra de Daniel Gallegos La Colina dirigida por Pedro García Blanco, montada por Teatro Vías en la Casa de la Cultura de Puntarenas.

La estratégica locación de los módulos escénicos facilitaron el movimiento de una manera tal que le permitió al director dar a los personajes un desplazamiento fluido y acertado, lo cual facilitó a los actores su desempeño artístico

Premio Nacional al Mejor Grupo Teatral a: Teatro Girasol bajo la dirección de Juan Carlos Calderón, con el auspicio de la Vicerrectoría de Acción Social y la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica.

Los quince años de ardua labor del Teatro Girasol, son un ejemplo de la expresión dramática y teatral interdisciplinaria, racional, creativa y solidaria, dirigida y construida por jóvenes estudiantes de diferentes carreras de la Universidad de Costa Rica. A través de ejercicio y expresiones experimentales han logrado conseguir altos niveles artísticos y de enseñanza –aprendizaje.

Mención de Honor: Este jurado considera meritorio reconocer además la obra Hamlet García de Miguel Morillo, dirigida por Andrés Montero y montada por el Grupo “Arketipo” en el Teatro Oscar Fessler del Taller Nacional de Teatro, por considerarla una de las mejores puestas en escena del año 2008.

PREMIO NACIONAL DE MÚSICA (mejor intérprete instrumental)

El jurado del Premio Nacional en la categoría Música, integrado por:

Ramiro Arturo Ramírez Sánchez, en representación del Ministerio de Cultura y Juventud
Jorge Alberto Rodríguez Herrera, representante del Centro Nacional de la Música
Tania Marcela Vicente León, representante de la Universidad de Costa Rica

Acuerdan otorgar el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en Música (Mejor intérprete instrumental) al pianista Jacques Sagot, considerando:

El dominio de técnica del instrumento, la madurez y fuerza interpretativa, la trayectoria del solista

8.PREMIO NACIONAL DE CULTURA POPULAR TRADICIONAL

El jurado integrado por:

Carlos Cortés Zúñiga, representante del Ministerio de Cultura y Juventud
Marvin Santos Varela, representante de Asociación de Grupos e Intérpretes de la Cultura Popular.
Luis Fernando Rodríguez Zumbado, representante del Ministerio de Educación Pública
Nancy Sánchez Acuña, representante de la Asociación Cultural Universitaria Costarricense.

Acuerdan:

Que el PREMIO NACIONAL DE CULTURA POPULAR TRADICIONAL sea otorgado al Sr. Guillermo Martínez Solano.

Considerando:

Que ha desarrollado una importante labor de rescate y promoción de la Mascarada Tradicional Costarricense. Aprendió a confeccionar máscaras con moldes de arcilla, papel, barro y otros materiales, que le han acompañado desde entonces en una larga trayectoria de ejecución de talleres en escuelas, colegios e instituciones públicas y privadas, centros penales y parques de la comunidad, lo que ha sido fundamental para mantener esta tradición como componente primordial de la identidad costarricense.

PREMIO NACIONAL DE DANZA 2008 (Categorías de mejor grupo, mejor coreografía y mejor intérprete).

El jurado integrado por:

Rocío Fernández Salazar, en representación del Ministerio de Cultura y Juventud
Luis Carlos Vásquez, representante de la Compañía Nacional de Teatro
Marta Avila Aguilar, representante de la Universidad Nacional
Isabel Gallardo Alvarez, representante de la Universidad de Costa Rica
Aixa González Arias, representante de la Orquesta Sinfónica Nacional

Acuerdan otorgarle el Premio Nacional de Danza al Mejor Grupo, a la Compañía de Cámara de Danza UNA.

Considerando:

a) Que presentó cuatro temporadas en el año en las que se observó un crecimiento tanto en la calidad coreográfica como en la interpretación.

b) El elenco logró interpretar distintos lenguajes de coreógrafos diferentes y no solo mantuvo la calidad sino que ascendió en cuanto a interpretación, ello se evidenció en la coreografía “La última Luna Llena”.

Otorgarle el Premio Nacional en la categoría de Mejor Obra Coreográfica a la obra “Punto Ciego” de Francisco Centeno. Al considerar:

a) Que logra mostrar una temática de actualidad mediante el manejo coreográfico coherente y bien estructurado, donde destaca el trabajo técnico de sus bailarines.

b) Demuestra capacidad de síntesis en su planteamiento dramático y muestra buen manejo espacial y dinámicas en el manejo del tiempo.

Otorgar el Premio Nacional de Mejor Intérprete a Carlos Caballero, a considerar:

a) Su participación en el ballet “La Bayadera,” en los papeles del Faquir y el Idolo Dorado, en el ballet “El Cumpleaños de la Infanta,” por interpretar al Enano Jorobado.

b) Se destaca por su dominio técnico, proyección, su versatilidad para enfrentar propuestas clásicas y contemporáneas.

c) Tiene un espectro histriónico que le permite asumir distintos papeles sin repetirse.

PREMIO AL MERITO CIVIL ANTONIO OBANDO CHANG 2008

El jurado integrado por:

Doriam Díaz Matamoros, periodista y representante del Ministerio de Cultura y Juventud
Luis Fernando Salas Sánchez, representante Cuerpo de Bomberos de Costa Rica
Miguel Carmona Jiménez, representante de la Cruz Roja

Acuerdan otorgar el Premio al Merito Civil Antonio Obando Chang, en forma unánime a dos acciones heroicas de diferente índole, ambas acciones constituyen un ejemplo de solidaridad, entrega, desinterés, valor, compromiso social y poner en juego su propia vida para ayudar a los demás.

Cristián Sanabria Jiménez de 32 años y vecino de Cartago. Este ingeniero de sistemas y técnico en emergencias médicas es un abnegado socorrista de la cruz roja de la sede de Cartago desde el 2003. Este socorrista casi pierde su vida al atender una emergencia en Tejar del Guarco en el 2005, tras atender junto a sus compañeros a un hombre con un paro cardiaco, la ambulancia en que trabajaba Sanabria Jiménez se dirigió a atender un herido de arma de fuego. En el camino la ambulancia sufrió un accidente y este socorrista resultó gravemente herido. Estuvo un mes en coma en el Hospital Calderón Guardia. Aún después de recuperado sufre de pérdida de memoria y no goza de todas sus habilidades motoras. Sin importarle el suceso a mediados del 2007 retoma al servicio activo como socorrista en el Benemérita Cruz Roja.

José Arias Madrigal de 6 años y vecino de Puriscal. Este niño salvó a tres miembros de su familia: su papá, Giovanni Arias, su mamá María Isabel Madrigal, y su hermano, Josué de 10 años. El año pasado toda su familia se dirigía a una fiesta familiar en un automóvil y su padre iba condiciendo. Don Giovanni sufrió un ataque de epilepsia, por lo cual perdió el control del vehículo. El carro se salió de la carretera y cayó en un guindo sin dejar rastros visibles. Toda la familia quedó muy herida. Aún con una gran herida, José Arias Madrigal logró subir una pendiente y pedir ayuda a una persona que pasaba por la carretera. Después de esto, fue operando y estuvo en cuidados intensivos, Hoy, el menor se encuentra bien.

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Novelas postuladas para el Premio Nacional de Novela 2008

Permalink 31.12.08 16:08 , Categorías: Noticia
Los Premios Nacionales de Costa Rica llevan indistintamente el apelativo de escritor del siglo XIX Aquileo J. Echeverría.

Cada año, durante el mes de enero, el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes otorga los premios nacionales de cultura. Entre ellos está el Premio Magón, máximo galardón, que reconoce la labor de todo una vida en el ámbito cultural. También se otorgan premios en las distintas categorías del quehacer cultural del país. Los premios a la labor literaria se llaman indistintamente Aquileo J. Echeverría y se otorgan en los campos de Cuento, Novela, Ensayo, Teatro y Libro no ubicable.

Los jurados de los premios literarios son tres, uno electo por el Ministerio de Cultura directamente, uno por la Asociación de Autores y otro por las facultades de Letras de la Universidad Nacional y Universidad de Costa Rica alternativamente cada año. Este año los jurados seleccionados para los premios de literatura fueron Claudio Monge por la Asociación de Autores, Marielos Castro por la Universidad Nacional y Gabriel Baltodano por el Ministerio de Cultura. Gabriel Baltodano también labora como catedrático en la Universidad Nacional junto a Marielos Castro y Claudio Monge funge como Presidente del Consejo Directivo de la Editorial Costa Rica.

Los resultados de las deliberaciones de los jurados usualmente son entregadas durante el transcurso de diciembre y primera mitad de enero y son hechos públicos aproximadamente el 15 de enero de cada año. Los galardones son entregados a finales del mismo mes.

El proceso de selección de las obras que pueden optar por el premio es la convocatoria. No existe un sistema de reporte de todas las obras literarias publicadas durante el año y queda a discreción e inclinación del autor o editor, presentar la obra publicada al Ministerio para ser considerada para el premio.

La lista de obras presentadas, según fuentes del Ministerio de Cultura, este año, al quince de diciembre, eran:

Faltan en esta lista las obras De ellas la piel de Mario León Rodríguez, editada por Perro Azul; Los días que fueron de Daniel Gallegos, editada por Alfaguara, aparecida recientemente en librerías; La brigada antiesperanza de Victor Flury; y finalmente, también publicada este año en segunda edición, Los susurros de Perseo de José Ricardo Chaves, que fue finalista al Premio Herralde a principios de los años noventa.

A primera vista, algunas de las novelas incluidas parecieran tener un estatus incierto cuando se contrastan con los criterios para ser consideradas para el premio. La ruta de las esferas de Barahona, por ejemplo, fue publicada en el 2007. Diario de Bonka de Carlos Catania (autor costarricense de gran trayectoria, de origen y actual residencia en Argentina, y ganador del Aquileo de novela en 1977) es un libro de temática argentina cuya ficha catalográfica lo clasifica como literatura argentina y novela argentina. Algo similar pasa con Una familia honorable de Cuevas Molina, la cual fue editada en Guatemala por FyG y cuya acción trascurre en Guatemala. El Doctor Kuhlman de Jonoi es una reedición de la misma obra, que fue originalmente publicada en 1926. Tiquicia de Harold Vindas, se clasifica más cómodamente como cuento o libro no ubicable. Mundo, demonio y mujer de de Valbona, se encuentra en las bodegas de la Editorial Costa Rica en formato terminado, pero no ha circulado por lo que no se puede evaluar públicamente. Finalmente, Bar Roma de Marco Retana es una obra póstuma publicada a instancias de sus herederos. Pero lo cierto es que que de todas estas obras la única que incumple lo establecido por la Ley de Premios Nacionales es La ruta de las esferas, por haberse publicado fuera del periodo evaluado. La Ley de Premios es sorprendentemente escueta en cuanto a los requisitos y únicamente establece que "será otorgado anualmente para honrar las mejores obras dadas a conocer al público, en el curso del año inmediato anterior a la fecha de su otorgamiento" (Ley sobre Premios Nacionales de la Cultura Número 7345, de 1993). Nada de esto, por supuesto, va en detrimento del merito literario de estas obras y terminan siendo meros asuntos técnicos de la mecánica de los premios.

De las autores citados, Tatiana Lobo, ganadora de dos premios nacionales anteriores con Asalto al Paraíso y El Año del Laberinto, pareciera ser ciertamente una de las favoritas, aunque quizá esos mismos galardones se conviertan en handicaps en su contra. Su novela Candelaria del Azar, editada por Norma, esta dedicada a Natividad Canda, indigente de origen nicaragüense muerto a dentelladas por perros de vigilancia mientras la policía observaba sin hacer nada. La novela trata de la problemática urbana y la delincuencia, y en ese sentido emplaza críticamente el momento actual y adquiere relevancia suficiente para ser considerada una posible ganadora.

Hasta encontrarnos de nuevo de Sergio Muñoz, es una novela histórica centrada en la guerra del 48. Sergio Muñoz había adquirido relevancia con su elogiada novela de denuncia social sobre la marginación urbana, Los Dorados. Las novelas históricas que aportan una relectura de momentos neurálgicos que determinan la identidad nacional tienden a ser consideradas siempre novelas importantes y como tal, la novela de Muñoz también tiene posibilidades.

De entre las obras premiadas en la lista están Archipiélago de Heriberto Rodríguez, ganadora del premio de novela de la Editorial Costa Rica para el 2007. Archipiélago es una exploración de la interioridad de un hombre y su relación con las diferentes mujeres con las que tiene relaciones y en ese sentido se inserta de lleno en la vena exploratoria de la sexualidad y los roles de género de la sociedad costarricense. La otra obra premiada es El amor es eterno mientras dura de Alfredo Aguilar, novela corta que obtuvo el premio UNA Palabra, otorgado por la Universdiad Nacional, en el 2007.

Canciones a la muerte de los niños de Alexánder Obando, por su parte, es quizá la más controversial de las novelas presentadas. Aborda una historia donde lo fantástico, lo mítico y lo local urbano se mezclan en una historia que mezcla en iguales dosis la parodia crítica, el humor ácido, el sexo y la violencia para narrar una historia en la cual los personajes con estilos de vida alternativos se ven marginados por la sociedad al punto de convertirlos en verdaderos parias. El valor propositivo de la obra radica en la postulación de valores neopaganos como suplemento o sustituto de los tradicionales de la sociedad costarricense. Haría bien el jurado en considerar para un premio que siempre se ha considerado conservador una obra de ruptura, de gran importancia para el ingreso en el imaginario literario nacional de personajes y temas que hasta ahora no habían sido tratados con tanta valentía y claridad.

Finalmente es importante destacar que la Ley de Premios es igualmente escueta en cuanto a los criterios que deben usarse para elegir el ganador, pero es clara en cuanto a que la decisión de los jurados es inapelable. De ese modo otorga poder absoluto de decisión a los jurados, un poder que conlleva una responsabilidad igualmente grande. La obra ganadora debería ser premiada basada únicamente en criterios literarios o de la importancia de la obra como aporte a la cultura nacional. El resultado de esta difícil labor de decisión lo tendremos el 15 de enero, fecha en la que esperamos poder obtener la transcripción del fallo del jurado para incorporarlo a este texto.

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De ellas la piel, Mario León Rodríguez

Permalink 08.12.08 21:02 , Categorías: Reseña, Mario León Rodríguez
De ellas la piel, Mario León Rodríguez

De ellas la piel
Mario León Rodríguez
110 páginas
Costa Rica: Ediciones Perro Azul, 2008

Recuerdo a Meritxell Serrano, flaca, flaquísima, de enaguas largas y voladas, bajo los ruedos asoman dos pies delgados, liados en sandalias de cuero, suéter flojo de mangas largas y unos ojos inmensos como su carcajada estrepitosa, protegida por sus largos dedos. Recuerdo que leía poemas de un autoerotismo feroz que me desconcertaban porque no parecían venir de la sonriente muchacha que conocíamos apenas hacía poco de la organización de recitales de Octubre Alfil 4, sino de una oscura piedra filosa cuya vocación era el sexo despiadado. En los recitales sus poemas se sentían como una exploración anatómica bajo la piel, contando las cosas que los demás mantenían siempre en secreto. Andaba con Esteban Ureña, un poeta que ya desde esa época escribía personalísimos poemas de un imaginario sorprendente y delicado y terrible y su relación era extraña como la atracción que ejercen entre sí Io y Europa, lunas de Júpiter, signadas no por lo que pasa entre ellas sino por la inmensa gravitación de un oscuro tercer cuerpo, la perversidad que nace en la palabra, la erección de una tenebrosa identidad nueva a través del poema. Meritxell, cuando sonreía, hermosa, daba miedo.

Recuerdo a Meritxell. La recuerdo porque la menciona Mario León en su primera novela, De ellas la piel. La menciona en la dedicatoria cuando le agradece que le prestara sus palabras. Está presente en la armazón general de Marina, flaca de ascendencia catalana, viviendo en Barcelona, poeta, ex-OA4. Presente también en la co-presentación de esta novela, en la cual Meritxell presentó también su último poemario, Memorias del Paladar.

¿Quién era Meritxell? Seguramente no era esa criatura temible que yo imaginaba, tan disímil de como ella se imaginaba a sí misma. Poco sabemos de lo que son los demás, y, a veces, de lo que somos nosotros mismos, y para saber, inventamos. En la novela de León yo leo una versión de Meritxell, más mansa y melancólica que la que habita mi imaginación; pero ahí mismo junto a ella hay otra mujer, Ruth, desenfrenada, salvaje, buscando la redención a través del exceso, la justificación a través del sexo, la identidad en su femenino inventado desde afuera de lo femenino.

Quienes son esas dos mujeres que se cruzan cartas en la novela de Mario León sin nunca responderse; que llevan un diálogo de sordas donde cada una imagina a la otra sin corresponderse realmente. De ellas tenemos tan solo la piel. Solo sus cartas, que son, en el fondo, dos diarios apostróficos donde la otra no es más que la excusa para proyectar el yo y comprenderse mejor.

Es una platitud usualmente ignorada que los personajes de un autor son todos, en el fondo, el autor mismo. No puede ser de otro modo y nos sorprende cuando lo escuchamos, no por imposible, sino por evidente ("la literatura es una piel, cada cual la estrena como quiera" p. 13). En esta novela hay dos modelos de lo que es ser una mujer, escritos ambos por un hombre, en el formato de cartas que son más bien diarios.

Una, Ruth, vive una vida sórdida, gris, amarrada a un trabajo imposiblemente árido, compartiendo casa con una hermana neurótica, anotando en sus cartas listas de autores y libros y cantantes y películas que le usa como derroteros de su identidad, sin entrar nunca en un análisis detallado de los meritos de las obras, sino evocándolas como talismanes, por su nombre. En las cartas de Ruth el sexo se convierte de algún modo en el la manera de habitar su piel de mujer. El sexo casual es usado como un ritual para invocar la nueva identidad sexual de Ruth y ocupa gran parte del cuerpo de la novela. La literatura y el género definen a Ruth como persona de un modo más determinante que cualquier otro factor y en sus definiciones de lo que ella es ambos se conjugan para ser una sola cosa: "Escribo por el éxtasis que me produce. Para seducir tu silencio e invadir tu privacidad; en resumen, un intento de violar en inconciente ajeno."[p.96] "Dice la loca de Ruth que escribir es como masturbarse... por eso le gusta tanto el asunto, ella va como en automático, se siente y se desarma en sus regadas literarias"[p. 70] La metáfora de la literatura como efusión se enlaza con la construcción de una identidad, nueva en este caso, pero no por eso diferente a toda otra construcción de identidad propia que realizamos cada uno como ser humano. La literatura además le permite reconstruirse como Ruth: "Mientras escribo, voy remendando y olvidando. Me coso en la sangre las ganas de vivir" [p. 83] y "Escribir mi vida es inventarme al margen de mi constitución fisiológica, obviar el accidente entre mis piernas (...) mi salomónica auto determinación de cortar en dos mi vida para inventarme la mitad faltante"[p. 113].

Marina, a diferencia de Ruth, no necesita cimentar su identidad femenina en el sexo, ni en la literatura. Marina es mujer, digamos, más fácilmente. Su búsqueda es otra, quizás porque mujer ya es y no necesita reafirmar ese punto. En cambio lo que vemos en Marina es un faltante innombrado, tiene lo que quiere, hace lo que desea, pero algo falta:

"Supongo que estoy haciendo todo lo que no hice en Kent, pero de cierto modo también estoy tratando de acallar las dudas, las interrogantes, la impaciencia. Y ahora qué, y ahora qué dicen las voces. Y ¿ahora qué? Ya estoy en BCN, ya tengo mi habitación, ya tengo mi computadora, ya tengo mi música, ya tengo un par de libros por leer, ya tengo trabajo, ya tengo un nuevo destino que elegir. Y ¿que? ¿Ahora qué? (...) A veces quisiera descubrir una parte oculta de mí que me libere de alguna cadena, pero no se me ocurre cuál sería esa escusa de liberación... no se me ocurre el guión de un cambio radical en mi vida. Esta es la vida que quiero tener, cada pedacito de mi presente es la combinación justa de la vida que siempre soñé, pero me ha costado sentirme bien con la vida que ya tengo." [ps. 63-64]

Verdaderamente el spleen de Marina era innecesario si lo que quería León era retratar el esfuerzo de un hombre por ser una mujer. Pero en el personaje de Marina vislumbramos que tener lo que se desea no necesariamente aleja el dolor, la desesperanza, no nos salva, en fin, de estar vivos.

La batalla está perdida, entonces, y la construcción de una identidad nueva, aún cuando exitosa no nos permite salir de lo que somos a final, no nos libera de "la infancia traumática y desalmada que te descolocó en medio de ninguna parte y crecer sin ton ni son en medio de la nada"[p. 36] ni nos salva de "el cadáver de mi mami y mi papi que constantemente me pudren la mirada y las manos"[p. 105]. La única salida es entonces, a pesar de los poderes liberadores de la literatura, "Asumir mi vida como mi única responsabilidad, enfrentar una cotidianidad cargada de insolentes signos de derrota, ser el esperpento de la maravilla que soñé"[p. 111].

En un balance personalísimo al final de la novela Ruth se pregunta "¿Soy mujer? He querido serlo con obcecación, con empecinamiento del bueno. (...) Detrás no hay nadie. Detrás de la pantalla y el teclado, detrás de mi travestida respiración. Nadie."

Se acaba la novela, los personajes que fuimos vuelven, con el paso de la última página, a la nada, esperando que nuestra memoria los convoque de nuevo, porque ahora son parte de nosotros. Nuestra identidad se contruye a través de la narrativa que componen nuestras memorias y nuestras fantasías. Somos lo que imaginamos y lo que recordamos, y sin esas dos vastas repúblicas no somos nada. En ese sentido la vida y la literatura son una sola cosa.

Planeo terminar este texto con mis reconvenciones a las deficiencias literarias de la novela, pero cuando levanto la vista y trato pensar la frase lo que me muestra mi mente es a Meritxell Serrano caminando bajo los árboles de la Rambla de la vieja Barcelona, su pie envuelto en una sandalia, congelada en el aire a medio paso, rodeada de gente que finge ser estatuas. En la mano lleva una carta que le ha escrito Mario León, en la cara una sonrisa temible.

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Juan Murillo

Juan Murillo

Escritor nacido en San José, Costa Rica en 1971. Autor de las colecciones de cuentos Algunos se hacian dioses (EUCR 1996), En contra de los aviones (ECR 2011) y La isla de los muertos (Germinal 2012), así como de artículos de crítica literaria y reseñas de obras nacionales y centroamericanas. Compiló junto con Guillermo Barquero, la antología de narradores costarricenses nacidos después de 1965 Historias de nunca acabar(ECR 2009).

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