Sobre la desaparición de la Asociación de Autores
Carta abierta a Delia McDonald sobre mi nombramiento como jurado a los Premios Nacionales de Literatura y la desaparición de la Asociación de Autores*
Señora Delia McDonald:
En enero de este año Jorge Treval, actuando por la Asociación de Autores, propuso mi nombre ante el Ministerio de Cultura como jurado a los premios nacionales de literatura. En esa ocasión le comunique a Jorge Terval que, a pesar de mi interés en ver que esa labor se llevara a cabo de forma correcta y mi anuencia a ayudar, yo no podía aceptar esa designación porque él no tenía capacidad legal para actuar en representación de la Asociación, visto que la última junta directiva se venció en el 2004 según certificación del Registro de Asociaciones y no había ninguna otra inscrita después de eso. (adjunto la carta enviada a Treval abajo)
Lo mismo aplica para usted y los otros directivos que hayan emitido este nuevo oficio que publicó usted en su blog (ver aquí) y que envió al Ministerio de Cultura designándome como jurado de literatura: ustedes no tienen capacidad legal para nombrar jurados, y por lo tanto me resulta imposible aceptar esa designación porque es ilegal y contraria a la ética.
El Ministerio está al tanto de su falta de personería y está buscando como proceder a cumplir con el proceso de premiación sin la participación de la Asociación.
Más grave aún es esto: Al no haberse inscrito nunca la junta que usted dice constituir y al no haberse convocado en seis años a asambleas o elegido nuevas juntas directivas, la Asociación se encuentra actualmente en causal de extinción, según la Ley de Asociaciones. Bastaría que cualquier interesado solicite su disolución en vía judicial para que un tribunal la declare y la Asociación desaparezca. Me parece además que usted está también al tanto de que esto no tiene remedio, según el criterio del Registro de Asociaciones, o sea, que el daño causado a la Asociación es irreversible.
Esto se lo expongo públicamente porque veo que insisten usted y otros en actuar en representación de la Asociación como si no pasara nada, nombrando jurados de forma irregular, como lo han venido haciendo durante los seis años anteriores. Don Claudio Monge, ante mis cuestionamientos, insiste en que él nunca firmó ese oficio que usted envió al Ministerio de Cultura.
Me parece que ante la inexorable disolución de la Asociación que se avecina, y las consecuencias que eso tendrá en los premios nacionales y la Editorial Costa Rica, le deben usted y los otros involucrados explicaciones a los autores de este país.
Abajo adjunto las explicaciones que hizo circular Jorge Treval.
Saludos,
Juan Murillo
*Cuando se hable de Asociación de Autores se está haciendo referencia a la Asociación de autores de obras literarias, artísticas y científicas de Costa Rica, creada por ley y constituida en 1980.
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Primera carta declinando la designación como jurado (16-2-10):
Memorando de Jorge Treval explicando el estado en el que está la Asociación de Autores (6-4-10):
Declaraciones de la jurado Dlia Mcdonald sobre los desiertos en novela y cuento
Sobre la declaratoria de desiertos en novela y cuento
Estas son las increibles, contradictorias, confusas declaraciones de la jurado de los premios nacionales de literatura Dlia McDonald, obtenidas por Evelyn Ugalde de Club de Libros. Quedan como evidencia de la falta de claridad y criterio de los jurados de los premios nacionales. Mejor les hubieran servido una justificación bien pensada, puesta por escrito y hecha pública. Transcribo las declaraciones, dentro de lo que logro entender:
"Llegaron obras de mucha calidad, en primer lugar. Fue una decisión grupal, porque todos los jurados en eso estuvimos de acuerdo, pues no había obra pues que nos hiciera sentir llamativa; y mucha obra era obra como repetitiva, como que no aportaba nada nuevo, muy violenta, con mucha cosa que no se integraba dentro de lo que estaba pidiendo de los estándares de calidad que el mismo ministerio promueve. Y muchos autores, inclusive, hubo casos particulares en dónde se veía asi como que no estaba sabiendo que era lo que estaban planteando, que eran lo que querían decir."
"Muchos autores no sabían ni siquiera la diferencia entre una cosa y otra, en primer lugar; en segundo lugar pues no hay un criterio de "seinfinidad" (¿?), que no se estaba haciendo por beneficiar o favorecer a nadie, sino, basicamente, debido a muchos criterios que circulan en internet, en las redes, que dicen inclusive que se dan los premios a gente que no lo amerita. Evitando también un poco ese problema también se decidió hacer una cosa como muy "try" (¿?) para hacer un proceso que "sea bien hecho" (¿?)"
La posibilidad de un desierto
La posibilidad de un desierto
por Juan Murillo
Una bofetada. Un salivazo en la cara. Un insulto. Eso es la declaración de desierto en las categorías de cuento y novela en los premios nacionales, un insulto. Los jurados, este año, por lo visto, piensan que ninguna de las obras presentadas merece ser honradas con el premio. Ninguna de las 41 obras presentadas merece el premio. Eso sin contar el hecho de que el año pasado se desecharon otras 33 al declarar desierta la categoría de cuento del 2008. Ninguna de las obras de cuento publicadas en los últimos dos años merece el premio. Ninguna de las novelas de este año. ¿Qué esperan los jurados que se interprete de semejante gesto? ¿De una decisión que atenta directamente contra el espíritu con el que fueron creados los premios?
La Ley de Premios (Ley 7345) impone la obligación a los jurados de otorgar el premio a la mejor obra dada a conocer al público durante el año anterior. Claramente con "mejor" la ley se refiere a una comparación entre las obras participantes de ese año. De modo que la obligación de los jurados es comprar las obras de ese año y escoger la mejor.
La ley también faculta a los jurados a declarar los premios desiertos, sin aclarar cuando deberá aplicarse esa excepción a su propósito central. Pero la facultad de declarar un premio desierto siempre deberá tener, por la naturaleza misma de la ley (la creación de premios de cultura), un carácter excepcional. Sólo hay un motivo por el que se puede aplicar esta excepción: que criterios técnicos impidan el otorgamiento (no hay obras presentadas, o publicadas, en ese género, o todas las presentadas quedan descalificadas por cuestiones técnicas). En ese caso la declaratoria de desierto actúa como una salvaguarda de que las obligaciones de los jurados no se vuelvan imposibles de ejecutar.
Los jurados no pueden interpretar la ley a su antojo. El otorgamiento de una facultad no los autoriza a aplicarla fuera del marco general de esa misma ley. Los jurados no pueden, por ejemplo, decidir que la comparación de obras en un año dado no será entre las participantes mismas, sino contra algún canon abstracto de su personal escogencia. Tampoco pueden optar por criterios extraliterarios que no apliquen directamente a la obra para tomar su decisión. Si a concurso se presentan dos obras, el deber de los jurados se reduce a evaluarlas y decidir cual es "mejor". Dicho de otro modo, la facultad de declarar desierta una categoría no puede basarse en un criterio de que las participantes no tienen calidad suficiente, puesto que no se está escogiendo la "óptima" (superlativo) sino la "mejor" (comparativo). De modo que con sólo estar presentadas, alguna de todas las obras determina el máximo de calidad relativo a ese grupo (la "mejor").
Más allá de la mala interpretación de la ley está la incomprensión del propósito de los premios. En Costa Rica existen, en literatura, pocas instancias de reconocimiento a la labor literaria. Este premio es una de ellas. Se sabe que de la literatura no se puede vivir, y que la mayoría de las veces los costos exceden los beneficios que produce la labor literaria. Se sabe que, en general, la gente prefiere comprar el superventas de moda que leer literatura escrita por costarricenses. Se sabe que en la elaboración de una obra literaria se invierten incontables horas de esfuerzo y pasión. Se sabe que sin una literatura propia nuestro medio cultural sería infinitamente más pobre. Se sabe que la labor del Ministerio es otorgar el premio y que la de los premios es incentivar la labor literaria. Se sabe que la declaratoria de desierto causa tanto daño a las obras presentadas como al premio en sí mismo. Todo esto es de conocimiento común, y aún así, a contrapelo de sus obligaciones, haciendo gala de un descuido de deberes y una falta de sensibilidad descomunales, los jurados deciden, de un plumazo, desechar todas las obras concursantes en dos categorías y desperdiciar, sí, desperdiciar dos premio este año.
La ley declara las decisiones de los jurados inapelables, pero eso no los autoriza a la arbitrariedad, ni los exime de dar explicaciones. Ante semejante gesto de desprecio la comunidad literaria de Costa Rica no puede menos que exigirle a los jurados una explicación exhaustiva de su modo de actuar. El daño ya está hecho, ahora que se expliquen. Que digan si la intención era insultarnos a todos, si lo que buscan es la desertificación de la literatura costarricense; o si este acto inédito tiene alguna otra posible justificación.
Premio Nacional de Novela 2009: obras concursantes
Sobre los deberes de los jurados de los premios nacionales
Candidatas al premio nacional de poesía 2009
Candidatas al premio nacional de cuento 2009
Candidatas al premio nacional de novela 2009
Las candidatas al premio de novela este año son abundantes y variadas. Veintidós obras son incluso más que las candidatas al premio de cuento, lo cual ya es de por si inusual, sin mencionar la cantidad pesos pesados literarios que participan.
La novela de Alex Solís, Yo soy la autoridad política superior, es una novela de corte político que denuncia el deposición de Solís como Contralor de la República, ejemplificando lo que en la Administración Arias se ha venido a conocer como la doctrina del miedo. El propósito de esta novela es esencialmente político, más que literario, y la otorgación del premio se convertiría en un acto político más que cultural.
Froilán Escobar participa este año con La última adivinanza del mundo, en la que haciendo uso de su estilo personalísimo narra la historia de Maceo en Cuba. A Froilán Escobar se la había premiado, en parte por el uso desenfadado de un español libre de toda gramática, en el 2006, de modo que es improbable que se premie de nuevo por lo mismo.
Rodrigo Soto es otro contendiente de peso, con Figuras en el espejo, un cuarteto de historias amarradas por una escena central que retrata, como sólo Soto puede hacerlo, la intimidad de lo que Acuña llamó, en la presentación del libro, la pequeña burguesía costarricense. La novela es formalmente prefecta, pero ya se había publicado con varias secciones distintas en el 2001.
José Ricardo Cháves publica con Uruk, después de la reedición de su notable Los susurros de Perseo, una novela inédita: Faustófeles. Chavés anda a cuestas la etiqueta reduccionista de escritor gay, una simplificación (¿deliberada?) que no sufren autores de otras temáticas excepto la femenina. En esta novela, sin embargo, se aleja del asunto gay y escribe sobre una relación de un joven con un mujer madura a quién vende su alma en el marco de sectas esotéricas, algo que seguramente lo expondrá a un mercado más amplio del que ha tenido hasta ahora.
Fernando Contreras, que es conocido por su acidez crítica y cierto pesimismo publicó este año Cierto Azul, una novela en la que un niño es adoptado por una pandilla de gatos callejeros que le enseñan sobre la música jazz. Chistes de los aristogatos aparte, la novela es novedad en su producción por lo optimista y convencional del tema. En ella se repite el tema de la familia sustituta, un leit motif de su obra. Esta novela es extremadamente corta -70 páginas- y la traducción de su título, basado en Kind of Blue de Miles Davis, debió haber sido Medio Triste, a pesar de ser la más ligera de sus obras.
Este año se reeditó el clásico del siglo pasado Cachaza de Virgilio Mora, una de las novelas más importantes de la narrativa costarricense -y una de las más ignoradas-, por parte de la Editorial Costa Rica. Además la EUNED publicó su nueva novela, Una enfermedad mortal. Virgilio Mora es uno de nuestros autores más cáusticos, con una amplia y notable obra, que ronda ya los setenta y cinco años. Yo no he leído Una enfermedad mortal, pero me haría muy feliz que fuera una obra importante para que pudiera ganar el premio este año.
Myriam Bustos Arratia presenta Traspié entre dos estrellas, una continuación a su libro ganador del Aquileo de Cuento 2004, Los Ruidos y Julia. No estaría mal que ganara el premio, si no fuera porque este año le toca, además, ganar el premio nacional por Obra no ubicable con su recopilación del trabajo de 30 años reseñando, presentado y prologando obras de autores costarricenses. Cualquier otro libro es poca cosa comparado con los cuatro tomos de Nuestros escritores y nuestros libros.
Entre las otras obras presentadas se encuentran Como una candela en el viento, la memoria novelada de un universitario homosexual durante el fin de siglo pasado, por Sebastián Rojo, que se rumora es sacerdote católico.
Deus Ex Machina, dos relatos de ciencia ficción de Daniel Garro, quien ya cosechó un premio con una de las obras contenidas en el libro y que nos aseguró que esta obra sería evaluada como cuento y no como novela.
Rafael Cuevas Molina publicó Visita al Poeta; José Ramiro Rodríguez, El Hospital enfermo; y Luis Enrique Arce, autor de Pérez Zeledón, publicó La quema de la Alcaldía. Todas estas obras sufrieron el escarnio de una inusitada reseñista anónima que se dedicó a despedazar varias de las obras publicadas este año con ensayos accidentalmente jocosos basados en analogías con alimentos y una sintáxis nunca antes vista. Manuel Marín fue también victima "la coleccionista" con su novela sobre Cañas, Guanacaste, El día de la tercera revelación.
Además este año se publican tres obras de artistas que usualmente trabajan con la imagen: Otto Apuy, pintor; Faustino Desinach, fotógrafo; y Enrique Iglesias, director y guionista. De estas, la que más posibilidades tiene es El hijo del cometa, de Iglesias, que es una mezcla de novela rosa y realismo mágico ambientada en la primera mitad del siglo en Costa Rica, una combinación que probablemente venda mucho, pero en cuanto al premio...
Desertor, publicada por Uruk en su colección Ditso para nuevos autores, es obra de Juan Ramón Rojas, que versa sobre la guerra. Luis Arocena publicó Ollas de Ñanga y Claudio Bogantes Memoria del pueblo.
Finalmente están La hora de compadre de Gatgens y Vargas y El diluvio universal de Guillermo Barquero.
La hora del compadre es un estudio del caso del homicidio del periodista y humorista crítico Parmenio Medina en el que se vio envuelto y terminó condenado el infame Padre Mainor, en la vena que utilizara Julio Suñol de periodismo novelado.
El diluvio universal es la primera novela de Guillermo Barquero, una novela sorprendentemente densa, con una prosa pulida y un personaje plagado por sus obsesiones. Esta novela es, de todas las presentadas, la que más aspira a la universalidad y la que mayor ambición demuestra. Es una obra del tipo que Borges llamaría con "vocación de inmortal". Las posibilidades de El Diluvio Universal, sin embargo, residen en la decisión de los jueces: premiar una gran primera obra, o premiar una gran carrera literaria. Esperamos la decisión.
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E.UNED |
Yo Soy la Autoridad |
Alex Solís |
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LITOGRAFIA MORALES |
La Quema de la Alcaldía |
Luis Enrique Arce Navarro |
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EL AUTOR |
Los Ojos de Abril |
Rafael Angel Gómez |
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URUK |
Desertor |
Juan Ramón Rojas |
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EDICIONES LULU.COM |
El Día de la Tercera Revelación |
Manuel Marín Oconitrillo |
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E.UNED |
Visita al Poeta |
Rafael Cuevas Molina |
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E.UNED |
Deus ex machina |
Daniel Garro Sánchez |
|
E.UNED |
Como una Candela al Viento |
Sebastián Rojo |
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SITSA |
El Hospital Enfermo |
José Ramiro Rodríguez Vargas |
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E.UNED |
La última adivinanza del mundo |
Froilán Escobar |
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E.UNED |
Memoria del pueblo |
Claudio Bogantes Zamora |
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E. PERRO AZUL |
El diluvio universal |
Guillermo Barquero |
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EL AUTOR |
Faustófeles |
José Ricardo Chaves |
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EL AUTOR
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Figuras en el Espejo |
Rodrigo Soto |
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MOLINO ROJO |
Efectos Personales |
Faustino Desinach Cordero |
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E. LEGADO S.A. |
Cierto Azul |
Fernando Contreras Castro |
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E.UCR |
Ollas de Ñanga |
Luis Arocena Peldain |
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E. UNED
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El Jinete con la herida en el pecho |
Otto Apuy |
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E. UNED |
Enfermedad Mortal |
V.A. Mora Rodríguez |
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E. TECNOCIENCIA |
Traspié entre dos estrellas |
Myriam Bustos Arratia |
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EDICIONES FARBEN S.A. GRUPO NORMA |
El Hijo del Cometa |
Antonio Iglesias |
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EL AUTOR |
La hora del Compadre. El asesinato de Parmenio Madina
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José Alberto Gatgens Céspedes y Otto Vargas Masís |
Premio Nacional de Cuento 2009: lista de candidatas
Sobre los deberes de los jurados de los premios nacionales
Candidatas al premio nacional de poesía 2009
Candidatas al premio nacional de novela 2009
Candidatas al Premio Nacional de Cuento Aquileo J. Echeverría 2009
Postuladas para el Premio Nacional de Cuento el Ministerio de Cultura reporta 19 obras, de las que incluimos una lista al final.
De estos libros, seis son de literatura infantil, una categoría que representa el 30% de las obras presentadas y que es cada día más fuerte, quizá alentada por el endoso que representa la inclusión de una de estas obras en los programas de fomento de la lectura que utilizan la lista de lecturas obligatorias del Ministerio de Educación. Floria Jiménez, por ejemplo, tiene seis de sus libros incluidos en la lista de lecturas obligatorias y esta año se presenta con uno nuevo. No es imposible que a nivel editorial la categoría de literatura infantil sea la más rentable de las categorías literarias y quizá ese impulso se ve retribuido con la cantidad de obras infantiles que se publican en el género de cuento. Las colecciones de cuento infantil este año son las presentadas por Víctor Solano, Julieta Pinto, Estaban Mora, Enrique Obregón, Floria Jiménez y Marie de Kock.
Este año además hay un aporte importante de escritores jóvenes -menores de 30 años- que debutan con su primer libro, que, como es costumbre, suele ser una colección de cuentos. Entre los autores nuevos están Warren Ulloa con Finales Aparentes, Alonso Matablanco con Caníbales y Cirus Shahnavaz Piedra, ganador del Premio Jóven Creación de la ECR, con El Circo del Deseo. Este último libro fue premiado por la Editorial Costa Rica precisamente por el reisgo literario que corre el autor en un uso personalísimo de lenguaje, violentando gramática y significados en aras de la música de la voz narrativa, algo que debería poder esperarse de todos los escritores nóveles, pero que más bien en narrativa resulta inusual. También debuta con su primer libro Daniel Quirós.
En la lista -no podía ser de otro modo- también hay un libro de Camilo Rodríguez, de corte popular, sobre las aventuras del humorista Emeterio Víales. No puede evitar uno preguntarse si Camilo Rodríguez escogerá los temas por el rating aparente que tienen con el público masivo. Además hay una colección de Anabelle Aguilar, Laberintitis, en representación de las narradoras, que en nuestro país son realmente escasas, con semblanzas románticas de mujeres terribles -dementes, tontas, suicidas, malditas, parias-. Las otras escritoras que concursan lo hacen en grupo (Laura Casasa, Premio UNA Palabra 2009, Laura Quijano y la excelente Jessica Clark) junto con tres escritores (Antonio Chamu, Iván Molina y David Díaz) que publicaron Futuros Posibles, una antología de ciencia ficción, una categoría que ellos mismos se están encargando de poner en el mapa literario de nuestro país. De Jose Otilio Umaña, que había publicado el año pasado con la ECR, este año se presenta Cosas de Hombres, con historias que visitan, de nuevo, el tema de la homosexualidad. Marco Antonio Santamaría publica Cuentos susurrados por el tiempo con la EUNED. De las publicaciones de autor como las de Juan Tuk, Mario Rosales o Luis Torres no tenemos noticia, ni hemos visto los libros en librerías.
Si me preguntan qué obra debería ganar, yo creo que debería ser El Circo del deseo. Si me preguntan quién ganará, yo diría que Anabelle Aguilar.
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E. UCR |
Tío Conejo y Los Espantos |
Víctor Solano Flores |
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E.UNED |
Pizco |
Julieta Pinto |
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URUK |
Finales Aparentes |
Warren Ulloa Arguello |
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JUAN TUK-EDITORAMA |
Cuentos de la Ciudadela |
Juan Bosco Tuk Durán |
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SITSA |
Las Peripecias de Don Nabor |
Luis Torres Monge |
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IMPRESOS ROJAS. HNOS.
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Cuentos Cotidianos |
Mario Rosales |
|
IMPRESOS ROJAS HNOS. |
Relatos |
Mario Rosales |
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E.UNA |
A los Cuatro Vientos |
Daniel Quirós |
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E.UNA |
Cosas de Hombres |
José Otilio Umaña |
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E. MAYA |
Las Aventuras de Emeterio Viales |
Camilo Rodríguez chaverri |
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EUNED |
¿Dónde deben vivir? |
Marie de Kock |
|
EUNED
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Cuentos susurrados por el tiempo |
Marco Antonio Santamaría Vizcaíno |
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E. CR |
El circo del deseo |
Cirus Sh. Piedra |
|
URUK |
Caníbales |
Alonso Matablanco |
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E. UNA |
Felipe y El Arbol Viejo |
Esteban Mora Alvarado |
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E.UCR |
Laberintitis |
Anabelle Aguilar Brealey |
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E. UNED |
Posibles Futuros. Cuentos de ciencia ficción |
Casasa y otros |
|
E. UNED |
Escalerita al Jardín |
Enrique Obregón Valverde |
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EDICIONES FARBEN S.A. GRUPO NORMA |
Ratón con Dientes de Niño y Gusano Picoreto |
Floria Jiménez |
Premio Nacional de Poesía 2009: obras postuladas
Sobre los deberes de los jurados de los premios nacionales
Candidatas al premio nacional de cuento 2009
Candidatas al premio nacional de novela 2009
Candidatas al Premio Nacional de Poesía 2009
La lista de obras que se presentaron a concursar este año por el premio nacional tiene una peculiaridad que vale la pena mencionar de primera, a saber: de las 30 obras presentadas, 14 pertenecen a la colección editada por Casa de Poesía y la EUCR con ocasión del VII Festival Internacional de Poesía, realizado el año pasado, 2008, en Costa Rica. Entre esas 14 habrá, por supuesto, grandes obras. Postales de Frank Báez, por ejemplo, recibió el Premio Nacional de Poesía de República Dominicana 2008. Eso no evita, sin embargo, que las obras sean extemporáneas y por lo tanto no sean elegibles para el premio nacional. ¿Por qué se presentaron estas obras en el 2009 en vez del 2008? No lo sabemos, pero evidentemente no pueden concursar en los términos expuestos por la ley. De modo que de las 30 originales quedan 16.
De las 16 que quedan participando, varias pertenecen a un mismo autor. Carlos Francisco Monge, Arabella Salaverry y Gustavo Solórzano son autores de dos libros postulados este año, cada uno.
Con la postulación de dos obras de Carlos Francisco Monge vale la pena aquí hacer la acotación de que durante esta década se premiaron a todos los firmantes del manifiesto trascendentalista (Albán, Bonilla, Dobles y Monge) y otros escritores inscritos en la tradición trascendentalista. En el 2001 lo ganó Ronald Bonilla con El tiempo no tiene sombra. En el 2002 Carlos Francisco Monge lo ganó con Enigmas de la imperfección. En el 2003 lo ganó Julieta Dobles. Laureano Albán recibió el Premio Magón en el 2006. De modo que se puede decir que por lo menos en la mente de los jurados en los últimos diez años, la poesía que más ha merecido el premio nacional es la trascendentalista. Entre las obras presentadas este año, además de las de Monge, se pueden considerar inscritas en esa tradición, por lo menos una de las obras de Solórzano y la de Juan Carlos Olivas.
Otros diez participaciones estan respresentadas con un sólo libro: Lil Picado, Juan Carlos Olivas, Camilo Rodriguez, Adrian Arias, Erik Gil Salas, Gustavo González, Candelier y Cabera, Marjorie Ross, Eric Conde y varios autores en el mismo tomo.
De estos, el de Eric Conde y el de Gil Salas son poesía infantil. No es imposible que ganar el premio con poesía infantil, pues la ley no lo prohíbe, pero sí es sumamente improbable. Tampoco es usual que se premie un trabajo colectivo como Canica Azul o una antología de una autora, curada por dos antologadores. Camilo Rodríguez, que se autoedita a un ritmo aceleradísimo en todos los géneros existentes bajo el sol, ha perdido paulatinamente credibilidad por la facilidad y falta de filtros con los que entrega su obra a prensa. Gustavo González por su parte está participando con una obra religiosa que tradicionalmente es un nicho temático que no recibe premios.
Es notable la ausencia de obras editadas bajo el sello de Ediciones Perro Azul, que ha sido una de las editoriales que ha publicado a más poetas de la vertiente antipoética en nuestro país y que este año publicó obras de Silvia Piranesi y Esteban Chinchilla, entre otros, que se echan de menos en esta lista; así como las obras de poesía editadas por Editorial Arboleda.
El premio, por lo tanto, esta en disputa, en la práctica, entre Carlos Francisco Monge, Gustavo Solórzano, Juan Carlos Olivas, Arabella Salaverry, Lil Picado, Marjorie Ross y Adrian Arias
Dicho todo lo anterior, hay que recordar que la ley especificamente creó un premio para la obra reunida o carrera de los escritores o artistas: el Magón. El Aquileo es, según la letra de la ley, un premio a la mejor obra del año. Si alguien tiene comentarios o reseñas sobre estas obras, se agradecen los links. Adjunta la lista, hagan sus apuestas:
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EDITORIAL |
TITULO |
AUTOR ( ES ) |
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E. UCR |
Continuidad del Aire |
Arabella Salaverry |
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E.UCR |
Trópico de Mi |
Lil Picado González |
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IDEM |
Agua en los Dedos |
Ahmad Al-Shalawy |
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IDEM |
Antología |
Gabriel Rosenstock |
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IDEM
|
Arquitectura entre los Campos y otros Poemas |
Monserrat Doucet |
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IDEM
|
Cómo nació la Kora y otros poemas
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Alhaji Papa Susso |
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IDEM |
El Poeta en Llamas |
Javier Campos |
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IDEM |
En la Superficie Azul |
Myriam Moscona |
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IDEM |
Hoja de Ruta |
Pedro Xavier Solís Cuadra |
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IDEM |
Inventario del solo |
Miguel Barnet |
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IDEM |
La Cuestión Radiante |
Fernando Rendón |
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IDEM |
Postales |
Frank Báez |
|
IDEM |
Quizás de los jamases |
Dennis Avila |
|
IDEM |
Tambor de jadeo |
Jorge Boccanera |
|
IDEM |
The Death of Poetry |
Bob Holman |
|
IDEM
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Vida Usada
|
Salah Hassan |
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E.UNED |
Canica azul |
Varias Autoras |
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E.UNED |
La Sed que nos llama |
Juan Carlos Olivas |
|
E.UNED |
La Condena |
Gustavo Solórzano Alfaro |
|
URUK EDITORES, S.A |
Chicas Malas |
Arabella Salaverry Pardo |
|
E.C.R |
Fábula Umbría |
Carlos Francisco Monge |
|
EL AUTOR |
Reina de todo lo Creado |
Camilo Rodríguez Chaverri |
|
EUCR |
La Múltiple Forma del Delirio |
Gustavo Solórzano Alfaro |
|
E.CR |
La Espada en el Alba |
Adrián Arias |
|
EUNED |
El abc del mono Ñampí |
Erick Gil Salas |
|
E.PROMESA
|
Tu gozosa presencia y otros poemas |
Gustavo González Villanueva |
|
E. PROMESA
|
La intuición metapoética de Helena Ospina. Antología |
Bruno Rosario Candelier y Jorge Mario Cabrera Valverde |
|
EL AUTOR |
Conjuro al olvido |
Marjorie Ross |
|
E. UNED |
¿Cuántas Patas tiene un gato? |
Eric Conde |
|
E. UNED |
Poemas para una ciudad inerme |
Carlos Francisco Monge |
Sobre los Premios Nacionales de Literatura 2009
Candidatas al premio nacional de cuento 2009
Candidatas al premio nacional de poesía 2009
Candidatas al premio nacional de novela 2009
Sobre los deberes de los jurados de premios nacionales
El otorgamiento de un premio nacional es un asunto que requiere un cuidado, un tacto, una pericia y una dedicación muy extensos. El sello de Premio Nacional de Cuento o Premio Nacional de Poesía, entre los logros de un escritor, puede terminar siendo un chiste privado para los insiders, pero el resto del mundo pensará que la obra de ese autor ha accedido, por lo menos una vez, al más alto reconocimiento que se otorga en el país y que eso sin duda la acredita como una obra que merece leerse. Esto últimamente no ha sido cierto, lo cual devalúa una de las pocas instancias de reconocimiento que existen en nuestro país para la labor de los escritores. El premio, además de los problemas consustanciales a sus reglas, se ha estado otorgando a obras que no lo merecen, aplicando un estímulo donde debería haber un silencio embarazoso e ignorando a autores que están ampliando los límites o refinando las armas ya existentes de la literatura nacional.
¿Deben, bajo estas circunstancias, dejar de existir los premios? ¿Debería un autor que se valore, como propone Hernández, renunciar al premio si se lo otorgan? Me parece que no. Me parece que los premios, estos, y otros nuevos, deben de existir a modo de validación de lo esfuerzos valiosos, valientes, ejecutados en un vacio escalofriante, que hacen los escritores de nuestro país por mantener viva la literatura escrita en Costa Rica. Pero aparejados a los premios deben erigirse nuevas instancias críticas que los fiscalicen, nuevas encuestas participativas que los validen y nuevos medios que levanten la voz y hagan sentir el escarnio a los jurados de premios nacionales que piensen que estos premios son dádivas que les ha tocado repartir a sus amigos, a cambio quizá de futuros favores.
La labor de los jurados es premiar la mejor obra publicada ese año, según lo estipula la ley de premios. Premiarla, y justificar públicamente y a profundidad los motivos por los cuales la premiaron. Esa es la labor que esperamos de ellos y sobre la que comentaremos en los próximos meses.
Figuras en el espejo, Rodrigo Soto
El siguiente es el texto que escribí con ocasión de mi lectura de la edición definitiva de Figuras en el espejo de Rodrigo Soto y que tuve el honor de leer en su presentación en el Centro Cultural de México el 17 de noviembre de 2009.
Imaginen estar en la sala de la casa de una pareja que uno no conoce. Uno se encuentra ahí acompañando a su novia o novio, en un acto de solidaridad, o tal vez es la anfitriona de una invitación hecha por su marido. La conversación deambula por los temas usuales entre las personas que no se conocen o se conocen poco. ¿Qué hacés? ¿Qué estudiaste? ¿Porque vivís en el extranjero? Esas preguntas usuales parecen inofensivas, y podrían serlo, pero realmente lo que pretenden es fijar la figura de el otro en nuestra mente. Lo que respondemos a ellas, la forma en que respondemos nos retrata en la mente del otro. Pero esa imagen que se forma el otro de uno nunca corresponde rigurosamente con la que tenemos de nosotros mismos. Y esto sucede generalmente por tres motivos, primero, porque la figura que somos nunca es completamente visible desde el punto de vista al que nosotros tenemos acceso, siempre hay partes ocultas que, como el centro de la espalda, nos resulta imposible alanzar; segundo, porque las palabras, por más útiles que sean para la comunicación, resultan siempre insuficientes para dibujar los trazos complejísimos y verdaderos de las personalidades humanas; y tercero, porque en nuestra mente existe un catálogo preconcebido de tipos en los que tendemos a encajar a la gente rápidamente cuando la estamos conociendo, algo que se conoce como reconocimiento de patrones, y que es una de las habilidades más destacadas del cerebro para sacar conclusiones rápidas y obtener resultados en tiempos razonables.
De modo que en esa sala, donde se enfrentan dos parejas, un hombre y una mujer frente a otro hombre y otra mujer más jóvenes, lo que uno entiende de la conversación tiene muchas veces más que ver con lo que uno es que con lo que es el otro. La vida, las experiencias, los prejuicios, las convicciones, filtran todo lo que escuchamos de otros para que podamos deducir rápidamente quienes son en un proceso que tiene mucho mas de adivinanza que de científico. Lo que vemos en los otros, suele ser, en primera instancia, un reflejo de lo que nosotros somos, un reflejo que oscurece al otro y que lo viste y lo distorsiona.
Figuras en el espejo es una novela centrada alrededor de un núcleo como el que acabamos de describir. La sección que lleva ese nombre es una única escena, una invitación a cenar entre dos parejas, narrada desde cuatro puntos de vista que se traslapan y cuyas introspecciones evidencian la distancia insalvable que hay entre lo que uno quiere decir, lo que dice y lo que otros le entienden. Esta sección podría haber existido como un cuento corto de gran calidad, pero Rodrigo certeramente ha optado por evidenciar la profundidad y la distancia verdadera que nos separa de los otros mostrándonos los cuatro mundos gigantescos y complejos que se tocan en ese punto de reflección momentáneo en el que inciden años, o incluso vidas completas, en este caso las vidas de Airel, Gina, Marcela y Oswaldo.
Tras leer Figuras en el espejo no es difícil imaginar como detrás de cada palabra que decimos y cada gesto que la acompaña se apalanca el peso de todas nuestras vivencias, como también lo hace cuando interpretamos cada palabra que escuchamos decir a los demás. Para hablar y para escuchar se utiliza siempre un punto de vista inaccesible al otro y llegar a la compresión del otro implica una fusión de horizontes, una suma de puntos de vista que no sólo es difícil de lograr, sino que muchas veces es simplemente imposible con la mera conversación y para la cual entonces debemos recurrir a la literatura.
Tomemos el caso de Oswaldo, por ejemplo, que es parte de esta cena que es el centro de la madeja de la novela y que protagoniza la sección titulada El tigre frente al aro de fuego. Ya el título es sugerente de lo complejo del personaje, Oswaldo se lanza a relaciones de pareja con una alegría salvaje, a sabiendas de que terminará saboteándolas y saboteándose a sí mismo, en busca de un castigo y un perdón que no comprende bien por qué necesita. La oscilación de Oswaldo entre la indolencia y la desesperación producen en esta novela unas de las páginas más líricas, pero a la vez de las más oscuras. De entre los personajes de la novela, el que menos entiende que lo mueve es Oswaldo. Como podrá entonces entender a los demás, a las mujeres que cruzan su vida interminablemente, o a Ariel que le hace un par de comentarios hirientes en la cena sin poder comprender de dónde viene la ira de Oswaldo o a Gina esposa de Ariel, cuya vida de madre que ha renunciado a una carrera la resulta tan remota, o a su misma amiga, Marcela, cuyo narcisismo casi no le permite ver más allá de ella misma. A Oswaldo lo habitan verdaderos demonios que ni conoce ni comprende. En algún momento se pregunta si uno puede pasar su vida buscando algo sin saber que es, en otro se pregunta como puede uno recién reconocer demonios que sin embargo han estado con uno toda la vida. Este personaje es opaco, sus sentimientos son un enigma para los otros, pero especialmente para sí mismo. No son sorprendentes entonces los equívocos que generan lo que dice y como lo dice.
Su pareja, Marcela, que alguna vez fue una mera fantasía de Oswaldo y que de algún modo a accedido a ser su amiga con derechos, por decirlo de algún modo, es un reflejo opuesto a la opacidad del muchacho. Marcela es extremadamente conciente de sí misma, de su cuerpo, de lo que piensa, de lo que cree, se encuentra fascinante y se explora constantemente. Sabe que es apasionada o impulsiva. Piensa que su signo zodiacal es magnífico y la representa bien. Le molesta resultar indiferente, le gusta agradarle a los demás. Piensa que su causa, la única causa verdadera, es el amor. No tiene sexo, siempre hace el amor, y su erotismo es imperativo y directoral y es más una búsqueda, quizá de ella misma, que una unión con otro. Para Marcela el amor es bienestar, un estado interno, algo que se construye a lo interno de cada persona, y no un puente. A diferencia de Oswaldo, sin embargo, Marcela es consciente de su egocentrismo y busca, literal y simbólicamente, puentes hacia los demás, pero estos son siempre puentes que no la comprometan en modo alguno, por ejemplo, gritar con la barra en un partido, o fundirse con los demás en una pista de baile, para luego terminar huyendo de nuevo.
En la cena notamos como Marcela revela, con un dejo de orgullo que Oswaldo es escritor, algo que a él le resulta incómodo y le molesta, y a lo cual le resta importancia. Marcela está haciendo gala de él como quien luce un accesorio interesante, Oswaldo en cambio es consciente de que el título, algo ostentoso, de escritor, lo pone en una posición de observador, investigador y comentador de las emociones humanas, algo que está evidentemente más allá de sus capacidades.
Oswaldo y Marcela son en muchos sentidos opuestos, pero lo son a la manera de un reflejo, que invierte lo que reproduce. Ambos son personas cuya conexión con los demás esta mediada pesadamente por la relación que sostienen, primariamente, con ellos mismos. Y esa absorción, opaca o transparente, con uno mismo, es sin duda, una de las aristas más sobresalientes de las generaciones que llegaron a la madurez durante o después de la caída del socialismo soviético. Marcela piensa que los Estados Unidos son el enemigo a nivel político y, sin embargo, piensa vivir ahí el resto de sus días. Oswaldo se pasa los días oscilando entre la desidia y el temor. No tienen compromisos políticos serios, aunque conocen los discursos alternativos que son pan de cada día en los círculos universitarios. No tiene contactos con grupos de amigos, o siquiera grupos de personas en general, que les permita conocer algo más allá de la realidad inmediata en la que viven.
Gina y Ariel, en cambio, pertenecen a una generación anterior, una generación a la cual le tocó vivir los enfrentamientos de Alcoa, las guerras revolucionarias centroamericanas y fundar cátedras en las universidades. Algunos, como Ariel, han transitado las márgenes de grupos radicales, un poco como iniciación, como se esperaba de ellos. Otros, como Gina, han sentido la ira revolucionaria y han tenido enfrentamientos y compromisos verdaderos con causas políticas reales más allá de las aulas de la universidad.
El dilema de Gina y de Ariel claramente no es el mismo que él de Oswaldo y Marcela. Más allá de no haber conocido nunca la idea de un verdadero compromiso con los demás, la generación de Gina y Ariel asumió ese compromiso para luego abandonarlo o fingió asumirlo para luego vivir el recuerdo falso de una militancia que no se ejerció.
En ese sentido, Ariel y Gina son un reflejo contorsionado de Oswaldo y Marcela que no conocieron, ni renunciaron a compromisos que se consideraban ineludibles y que por tanto pueden vivir un ensimismamiento libre de culpas. Durante la cena en casa de Ariel y Gina, gracias a la narrativa interna, nos queda claro el menosprecio que siente los unos por los otros. Ariel, que proviene de Orotina pero estudió en Francia, descalifica a Marcela inmediatamente en cuanto oye que ella estudió en la Lincoln. Luego descuenta a Oswaldo porque usa zapatos finos, lo cual, según Ariel, lo hace indigno de tener una postura crítica hacia los círculos de poder. Gina, por otra parte, se siente avergonzada de haber renunciado a su carrera para ser madre, sin saber que Marcela, que es menor que ella ya anda considerando esa misma idea, que será su destino final, en contraposición del escape final de Gina que es en cierto modo el plan inmediato de Marcela. Ante algún comentario radical de Oswaldo, Gina declara que antes hubiera concordado, pero que con el tiempo uno cambia, a lo cual Oswaldo le responde sarcásticamente que sí, pero que lo importante es hacia dónde cambie uno.
Como si el espejo del otro fuera un límite intransitable (en este caso los limites de la edad, el sexo, el origen, el destino) las cuatro figuras se acercan y tocan esa superficie fascinante sin querer o sin poder romperla, y lo que ven del otro lado les repugna, les parece incomprensible, lejano, falso, ingenuo o débil. Sin embargo, ninguno de los personajes aplíca este tipo de juicio contra sí mismo. El error, el daño, la traición y lo falso están siempre en el otro, y los propios defectos resultan siempre invisibles o se transforman inexplicablemente en virtudes.
Al lector, que en cierto modo también corresponde el papel de juez de los personajes, guiado por la evidencia que aporta el autor, le resulta fácil juzgar y criticar a estas personas demasiado humanas que habitan las páginas de Figuras en el espejo. Está claro, sin embargo, que estas figuras que van surgiendo de la lectura son reflejos de nosotros mismos, que vamos cambiando de posición conforme avanzamos en nuestra vida, habitando diferentes roles y papeles que antes nos resultaban o lejanos, o indignos o imposibles.
La nota que les acabo de leer peca probablemente de analítica, pero el texto de Figuras en el espejo, ejecutado con una mano más firme y más sabia, se apega directamente al nivel humano de la experiencia cotidiana, de la detallada observación de las emociones y no divaga innecesariamente en las sutilezas de la estructura o la manipulación de conceptos. Pocos autores como Rodrigo Soto tienen una preocupación tan preponderante por retratar de forma realista la vida interna, la intimidad de los costarricenses contemporáneos. En este caso, la de los habitantes de ese submundo que es la universidad: profesores, alumnos, profesionales, y en explorar los lugares, fuerzas, momentos y experiencias de las que surgen nuestras peculiares contradicciones, en el punto donde la emoción se convierte en un accionar a veces incomprensible. Adentrarse en el mundo de Figuras en el espejo es entrar en el mundo de cuatro personas, sus vidas, sus amores y tristezas y las de aquellos que las rodean, es tender puentes al verdadero otro, a personas más completas de lo que normalmente llegamos a conocer en los demás. Abrir esas puertas y mostrarnos que no estamos solos y que somos muchos los que vibramos con las mismas emociones es el mayor logro de una buena novela, y esta novela de Rodrigo Soto, una novela humana, una novela de gente común y a la vez extraña, como lo somos todos nosotros, es, sin duda, una gran novela.
Laura Casasa, Premio UNA Palabra 2009
Laura Casasa Nuñez (Costa Rica, 1976) obtuvo el premio UNA Palabra 2009 con su colección de cuentos Parque de diversiones. El premio fue declarado desierto en la rama de poesía. El premio UNA Palabra, otorgado por la Universidad Nacional de Costa Rica tiene una dotación de $1500 e incluye la publicación de la obra por parte de la Editorial de la Universidad Nacional (EUNA). Las bases del UNA Palabra se encuentran aquí. Algunos poemas de Laura Casasa se encuentran publicados en Afinidades Electivas.
Otras disquisiciones de Víctor Hurtado Oviedo

Otras disquisiciones de Víctor Hurtado Oviedo es un libro extraordinario, literalmente. No existen otros libros como el de Hurtado en Costa Rica y nadie escribe ensayos como los que vienen en este libro. Una de las razones evidentes para esa soledad es que en Costa Rica prácticamente nadie escribe ensayo literario –entendiendo este como el ensayo crítico que se vale de las armas de la literatura para proponer una visión personal.
Darío había dicho a finales del XIX que lo mejor de la literatura costarricense eran los ensayistas y que en poesía no había nada de gran calidad –de paso declarando a Aquileo como el poeta tico por excelencia, lo que en el caso de Darío probablemente fuera una burla. En la actualidad en cambio los pocos ensayistas que hay son los que publican misceláneas de actualidad en las páginas de opinión de los diarios mientras que los poetas proliferan saludablemente. Entre el primer minúsculo grupo se encuentra Víctor Hurtado Oviedo, que no se sabe bien si por cautela, desprecio o pasión, se ha dedicado casi exclusivamente al ensayo literario que versa sobre literatura o la lengua madre, o en épocas de aventura, sobre cultura general. Además de restringirse temáticamente Hurtado ha decidido, a lo largo de los trece años de ensayos que comprende este volumen, limitarse a escribir sobre glorias literarias pasadas, excluyendo, casi por completo, la producción literaria actual a nivel mundial y en particular la costarricense. Para suerte del lector de estos ensayos, Hurtado es un hombre de amplias lecturas, de modo que lo que se pierde en amplitud o actualidad en esta recopilación se gana en la atención a lo clásico. El otro rasgo distintivo, el principal en realidad, es la “voluntad de estilo” –para usar el término de Hurtado- que da forma ineludiblemente todas las piezas. En el prólogo está clara la advertencia de la poética de Hurtado: “Ninguna línea sin figura, ninguna línea sin idea.” Y aunque es posible encontrar líneas sin ideas –particularmente cuando la línea se distrae con la preocupación de ejecutar alguna figura ingeniosa- las figuras propiamente sí abundan en una proporción casi tan alarmante como la prometida por el autor en esa advertencia prologal. El estilo barroco de Hurtado es, entonces, la característica más distintiva del texto, que lo hace único tanto a él como a su autor, en el medio literario en el que aparece.
Otras disquisiciones esta compuesto por seis secciones: La primera, "Todos los mundos", con los textos más recientes, se compone de piezas cortas que recuentan anécdotas sobre autores famosos (Proust, Bacon, Platón, D´Ors, Welles, Schopenhauer) o temas y libros “de interés” (Gimnosofía, La inteligencia social, El cerebro femenino, Filosofía en la cocina) mientras se pasean distraídamente por temas relacionados y algunas pocas ideas. Estos ensayos se publican normalmente en Áncora en un espacio limitado y esa limitación los afecta negativamente, específicamente por todo lo que intenta hacer cada pieza con el minúsculo espacio que se le ha asignado. Usualmente se llega al final del ensayo para encontrar la única idea que lo motiva y que si bien puede ser interesante, no encuentra sustento en el juego que la precede. Entre estos textos hay alguno excepcionalmente excelente, como el profundamente humano De Lord Jim a Lord Jack, pero también los hay deficientes, como el que parafrasea tristemente los ataques ad hominem de Bertrand Russel contra Nietzsche, uno de los filósofos en los que se basa gran parte de la filosofía y literatura del siglo XX.
La segunda sección, "Oficio de la Palabra", está compuesta por ensayos que se podrían clasificar como apreciaciones de escritores (Cervantes, Borges, Reyes, Ribeyro, ¿¡Miller!?, Umbral, Góngora, Sarmiento, León Pacheco, Fabián Dobles, Roberto Murillo). La diferencia con la deriva juguetona de la primera sección es que en esta se busca un balance verdadero del autor tratado y no simplemente mencionar algunas anécdotas “interesantes”. Los ensayos de esta sección, por lo tanto, son mejores, están más redondeados y las ideas tienen un mejor desarrollo y hacen más justicia a los escritores sobre los que versan. Aquí, otra vez, es inevitable comentar sobre las escogencias de Hurtado, que a su vez implican sus exclusiones. Es notable que incluya, como lo hará en otras secciones, una proporción marginal pero visible de autores coterráneos suyos, o sea peruanos. Además es notable que se incline exclusivamente por autores muertos, como si el dictum de Quevedo sobre la conversación con los difuntos lo conminara a pasar por alto a escritores tan vulgares que se atreven a estar vivos mientras sus libros se publican. Quizá la pieza más interesante de esta sección, y a la vez la más reveladora, es "Mis Hermanos", un texto dedicado ya no a clásicos antiguos o modernos, si no a todos lo autores que la posteridad pasa por alto y que desaparecen eventualmente de la atención del público para dormir su vejez en los anaqueles oscuros de las compraventas. "Mis hermanos" adolece de uno de los defectos del libro, una afición desmedida por lo que Hurtado llama el “deporte de la injuria”, en el cual Hurtado se ejercita con feroz insistencia a resguardo del paradójico anonimato de sus víctimas –excepción hecha de los boleristas contemporáneos a los cuales Hurtado odia con pasión y nombres propios. Es difícil pasar por alto esta costumbre de Hurtado de lanzarle afiladas puyas a enemigos genéricos, en este caso al cursi ultraliterario, al ensayista de pocas luces, a los fantasmas de los inéditos, al poeta spam -la lista llega a las decenas- que revela de algún modo una cierta amargura contra la profesión del escritor, de la cual afirma en el prólogo estar libre, a pesar de que en este ensayo se hermane con todos los fracasados literarios imaginables. Lo notable de este ensayo es una idea que anima el fondo y la forma de toda la colección: Perduran los grandes escritores, y los que no perduran quizá debieron haberse abstenido de fatigar las prensas con sus escritos. Para Hurtado, el juez de la buena literatura es la posteridad. Esa idea explica por qué se resiste a comentar autores vivos. También de ahí se deduce su afán por un preciosismo literario que le da al libro una densidad que en un ensayo de una página es aceptable, pero que en casi 300 páginas hace imposible una lectura continuada. En este ensayo también encontramos su definición de literatura: “La única condición que hace literario un texto: la presencia de figuras retóricas.” De modo que la aspiración de Hurtado, a pesar de la sospechosa modestia del prólogo, debida quizás a no saber como lo tratará la posteridad –un curarse en salud-, es hacer textos literarios, en fin, ser un escritor.
Aquí vale la pena hacer un paréntesis para mencionar otra de las concepciones de lo que es la literatura que circula actualmente en nuestro medio. Durante una reunión del Taller Artesanal de literatura que imparte Luis Chaves conocí a Rodolfo Arias, autor de Te llevaré en los ojos, Vamos para Panamá y El emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios. La primera de estas novelas ganó el premio nacional y es considerada una especie de épica de la generación de los 70. A mi me había parecido siempre que para escribir –y esperar que otros leyeran lo que uno tenía que decir- había que sufrir de algún grado de narcisismo –grave o leve- pero inevitable como parte de la vocación. En esa oportunidad le pregunté a Arias bajo esa tónica, por qué se consideraba él el indicado para ser la voz de su generación y publicar un libro de quinientas páginas interpretando la historia de esa época. Arias se me quedo mirando sorprendido y luego me dijo que él no era el indicado para nada, que él sólo publicaba porque quería participar en el diálogo que era la literatura, o sea, unir su voz a otras que ya andaban por ahí.
Una noción parecida se manejo en un conversatorio organizado hace poco por TeorÉtica en el que participaron Luis Chaves y María Montero, escritores ticos y Javier Payeras, escritor guatemalteco, en el cual los tres defendieron una concepción de la literatura centroamericana como una “literatura menor” (no necesariamente la de Deleuze y Guattari que ha trabajado Claudia Ferman, a pesar de que Payeras mencionara esta definición). Para Chaves y Montero no hacía falta que los autores jóvenes conocieran toda la literatura que los precedía para poder escribir y publicar, la literatura podía ser una literatura de borradores, transitoria. Payeras la definió como la literatura de temas underground lejos del escritor figurón que se sienta con pipa y bufanda a dar entrevistas con su enorme biblioteca a sus espaldas.
Tanto Arias, como Chaves, Montero y Payeras, tienen concepciones de la literatura antitéticas a la de Hurtado. Tendríamos, entonces, a los escritores que ven la literatura como el diálogo transitorio y callejero de una sociedad que incide en el momento que se publica y luego tendríamos a los escritores que creen que la literatura es aquella depurada por la posteridad, los grandes clásicos, los grandes escritores, las obras maestras, los sobrevivientes del olvido. Hurtado pertenece de lleno, y representa de muchas maneras, este segundo grupo.
Esta idea de Hurtado además forma parte de un sistema en el que “el estilo es el hombre”, “una sentencia admirable puede justificar un libro”, “leyendo por gusto a los clásicos sin tiempo, aprendemos la gran lección de no estar al día (hoy es la forma más callada y solitaria de la rebelión)”, y que “quizá sí haya patrones fijos: la simetría, la proporción, la cromática y la entonación. El buen gusto tal vez sea el arte de jugar entre sus límites”. Con el resultado de una postura literaria bien redondeada y coherente consigo misma que nos da un autor barroco que cree en los términos del clasicismo, que prefiere lo clásico a lo contemporáneo, los muertos a los vivos y que jura en el altar sagrado de la literatura que después de Quevedo el mejor escritor en castellano es Paco Umbral. Aquí a modo de contraste para ubicación, similar a lo que intentan los párrafos de arriba, aportamos parte de los consejos de Bolaño sobre el arte de escribir cuento: “4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.”
La tercera sección, "Estante Quieto", está compuesta por reseñas de libros de publicación próxima a las notas que los glosan. Entre los reseñados hay de todo: libros de cocina, compilaciones de sonetos, manuales ortográficos y del buen decir, diccionarios, manuales de informática, colecciones de columnas de La Nación, libros de Umbral, de Cortázar, de Fabián Dobles, de Onetti, de Vallejo, de Umbral. Acá también encontramos bien representado al Perú, además de un puñado diminuto de autores contemporáneos que publican en Costa Rica, de los cuales el único escritor literario sería Claudio Borghi, con sus Cuentos imprudentes, un argentino que escribe parecido a Borges. Las reseñas más cortas, de uno o dos párrafos, son del estilo periodístico que entiende la reseña literaria como una noticia de publicación. Las piezas más largas son mejores y más reveladoras. En la reseña del libro de Francisco Umbral Las palabras de la tribu, leemos a Hurtado citando el credo esteticista de Umbral: “En literatura importa cómo estén contadas las cosas más que las cosas mismas. El resto es caligrafía.” Aquí además vibra la amor de Hurtado por la sentencia cuando dice de Umbral que es “un zapatero prodigioso que calza a un escritor en una frase… eso es matar con tiros de gracia”. Este amor por la sentencia viene de una proclividad de Hurtado por la invectiva que es la munición de su deporte favorito. Hurtado, se nota, hubiese querido ser un escritor que se dedica a demoler a otros a golpe de frase. Como Quevedo, su patrón, su estilo está particularmente afilado para ese propósito y nunca se discierne si es falta de valor o exceso de decencia lo que hace que Hurtado se gaste en ejercicios de florín sin entrar nunca en duelo más que con abstractos políticos y escritores sin nombre.
La sección cuarta es "La Esquina del Poema". Arranca con dos poemas en prosa y contiene las introducciones de un párrafo que hacía Víctor Hurtado a esta sección del suplemento Áncora, cuando Áncora aún publicaba literatura en sus páginas. Fiel a sus principios, los poemas glosados en los breves párrafos no incluyen ejemplos de poetas vivos, ni costarricenses, con la notoria excepción de Alfonso Chase y Rodolfo Dada. La gran mayoría son poetas españoles de las vanguardias. Lo más contemporáneo a encontrarse aquí sería Nicanor Parra, que desentona en el grupo como lo hacía Miller en la segunda sección. Los párrafos tienen la virtud de cumplir un propósito específico, introducir la obra de un poeta, y con la severa restricción de espacio, cumplen airosamente y resultan refrescantes e informativos. La sección, sin embargo, es sobre poesía, de modo que es esperable encontrar entre los datos interesantes las opiniones de Víctor Hurtado sobre lo que es y no es poesía: “El poeta no está obligado a ser claro siempre que, a cambio de la claridad, ofrezca música”; “El argumento es poco; el estilo, todo.”; “Para ser versos, los versos algo han de repetir: no nos cansamos de repetirlo hasta el cansancio”. En otra parte ya nos ha advertido Hurtado que la poesía tiene que tener métrica, rima o prosodia y que el “verso libre” es un oxímoron. Se entiende que estás concepciones poéticas informan la selección de material que se publicaba en Áncora en esos días. Entre los textos también encontramos una historia sobre Santos Chocano, cuyo propósito es el retrato biográfico, pero en la que se deja entrever una competencia para la narrativa que desafortunadamente Hurtado nunca llega a desarrollar en este libro.
La sección quinta es la más extraña: "El Profesor Solecismo es respondón". Esta sección incluye textos que han sido publicados en la revista Soho –“la revista prohibida para las mujeres”- cuyas temáticas usuales son el sexo, el deporte y otros temas “pacho”. En este paquete eróticojuvenil encontramos la columna de Hurtado, "Palabras comunes", un intercambio de correspondencia de tipo pregunta-respuesta entre un lector y el Profesor Solecismo sobre asuntos del lenguaje. La decisión de incluir este tipo de columna en Soho es por lo menos sorprendente –surrealista sería más exacto- de modo que en el formato de los textos termina haciendo falta un ardid que autorice su inclusión. Aquí resultó útil la afición denostativa del Sr. Hurtado, quién, las circunstancias mediante, tiene por fin la oportunidad de enfrentarse a su archienemigo –aunque tenga que inventárselo. Los corresponsales son blancos fáciles que Hurtado construye para poder boxear con sombras y ejercer al mismo tiempo su inclinación por la beligerancia y el ingenio. Los textos, en efecto, son los más chistosos del libro, pero las inyecciones de veneno que se utilizan para denigrar a Wármix Méndez y compañía tiene la desafortunada consecuencia de proyectarse sobre los lectores reales de Soho, que usualmente tampoco saben lo que es un solecismo, una precuela o que acostumbran meter una idea dentro de otra cuando escriben en vez de hacerlo como recomiendan Azorín y el profe. Es inevitable que el lector de esta columna se pregunte si se estarán burlando de él en su propia cara, si será él finalmente el destinatario de los abundantes calificativos con que el profesor Solecismo apalea a la chusma ignorante: “gimnasta de la incultura(…) desecho tóxico de la pedagogía(…) lubidrio, escarnio y mofa de la didáctica(…) refutación de la evolución de las especies(…) usted nunca estará solo porque no se pueden inventar que no haya tontos(…) partirá de este mundo sin que una duda le haya distraído la ignorancia(…) usted no tiene cerebro, sino disco duro, duro de entendederas(…) en su lugar, yo también me sentiría tontísimo, bufón, zoquete, memo, caricato, estólido, majadero, obtuso, patético, tupido, sandio, ridículo y grotesco.” El lector de Soho baja la revista y verifica si hay alguien más leyéndola. Nadie, sólo él. En cuanto al material didáctico ya propiamente dicho, Hurtado demuestra su erudición y amor por el lenguaje, que no por haber equivocado el escenario e incurrir en excesos de violencia dejan de ser impresionantes.
La última sección se la dedica Víctor Hurtado a la música: "¡Música, maestro!". Ya en ensayos anteriores nos ha comunicado sus aficiones: sabemos que admira a Javier Solís y que Luis Miguel es un cerdo trinador y Alejandro Fernández un burro desafinado. Aquí además dice otras cosas lindas de Julio y Enrique Iglesias, mientras propone su panteón personal de los músicos latinoamericanos (Agustín Lara, José Feliciano, Javier Solís, Toña la Negra, Jorge Negrete). En música, como en literatura Hurtado aplica el díctum de Umbral: “Yo impongo mis gustos sin razonarlos”.
Antes de cerrar habría necesariamente que hacer mención de la preocupación de Hurtado por ser ingenioso, algo que de seguro hereda de Quevedo. El ingenio es un afición peligrosa: cuando no es ligero y filoso como el látigo de Wilde, puede resultar una simple afectación que dice más de los defectos propios que de los ajenos. Algunos ejemplos, de los muchísimos que tiene el libro: “el poeta joven siente horror ante la página en blanco, y viceversa”; “también fue poeta (pero no nos pongamos tristes)”; “lo malo de la pobreza es que siempre da lo que le falta”; “…es una unidad de contrarios, por eso, si no fuera escritor, sería partido político”; “Laura Esquivel dejó volar su imaginación: nunca volvió”; “Los políticos piensan: sustraerse del robo sería robarse para ser honrado”; “Y es una lástima, porque a muchos nos hubiera gustado leer las columnas de Hércules”; “Este es un verbo redondo, o sea, no tiene ni pies ni cabeza”; “del contexto, lugar este que debe ser enorme porque los periodistas sacamos de allí todas las frases”; “quien siempre jugo con el ingenio (quien siempre jugo a escondidas con el ingenio)”; “quién como poeta nunca subió a la diligencia que lleva la eternidad, puede arribar llegando a pie vestido de crítico”.
Algunos libros dan mucho de que hablar, este es uno de ellos. Denso como pocos, lleno de ideas y escritores y obras –se le hubiera agradecido a Ediciones Uruk un índice-, obsesionado con ser ingenioso, enamorado de su barroquismo. Este perfil debería ser suficiente para que el lector comprenda si Otras disquisiciones de Víctor Hurtado es un libro que podría gustarle o no. Habrá, con toda seguridad, dos tipos de lectores de este libro, uno que lo encuentre genial y otro que lo encuentre un ladrillo, y no es difícil imaginarse quien será cada cual. Independientemente del juicio que merezcan los manerismos literarios de Hurtado –de los cuales venimos ya advertidos desde la portada- , la verdad es que el libro es valioso por el amplio panorama cultural que abarca y aporta en un extenso y continuo trabajo de difusión cultural y el evidente amor por la literatura que siente Hurtado. En eso, como en lo otro, este libro esta sólo en las letras de nuestro país.
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