RedCultura.comA mí también me molesta - Saúl Buzeta

Sin pene no hay gobierno

Permalink 15.08.10 21:46 , Categorías: De las que no molestan tanto

Esta semana se cumplieron los famosos primeros 100 días de gobierno de la presidenta Laura Chinchilla. Entonces, un nutrido grupo de opinadores se dedicó a "analizar" lo actuado hasta ahora. Los comentarios pasaron de lo sublime a lo ridículo con una facilidad pasmosa tratando de cumplir con la tarea "light" de evaluar lo que ha hecho un gobierno y tratar de adivinar como van a hacer los otros 3 años y nueve meses.

Como de costumbre los columnistas "informados" hacían interpretaciones barrocas como si "la gente" estuviera pendiente de lo que hace la presidenta. Quizás, hay más personas pendientes de la salud del esposo de la señora Chinchilla que muchas decisiones de gobierno y no lo digo en broma.

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La vida después de la muerte

Permalink 24.07.10 23:19 , Categorías: De las que no molestan tanto

La sociedad capitalista a través de sus herramientas de propaganda nos ha hecho creer que nuestro éxito individual está en renunciar a nuestra condición humana.

Despojados de toda emoción, capacidad de sentir e involucrarnos con cualquier cosa que no sea el trabajo, somos la máquina perfecta que genera riqueza para otros y, de rebote, para nosotros mismos. Una riqueza pírrica que se transforma en un culto al objeto, a la autodefinición a partir de lo que se tiene, no de lo que se es, porque como dijimos renunciamos a ser, para ser un objeto más que se bota cuando ya no sirve. Nos convertimos en una mercancía más que se vende con lo que tiene, no que se integra con lo que es.

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No es un asunto de puntos

Permalink 04.03.10 20:13 , Categorías: De las que no molestan tanto

En medio de la torpe discusión legislativa sobre la Ley de Tránsito sería prudente que las diputadas y diputados entendieran que legislan tan mal como los demás manejamos.

No tienen luces; avanzan y retroceden por el mismo carril sin ver quién va a delante o quién viene atrás; no ponen atención a lo que pasa en la calle porque van hablando por celular y giran para cualquier lado sin previo aviso.

Quizás esto les ayude a entender.

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Construido por el Pueblo

Permalink 10.12.09 18:26 , Categorías: De las que no molestan tanto

El poder históricamente se ha nutrido de personalidades fuertes y de egos débiles. Un líder empuja a sus seguidores a ir más allá por la fuerza de sus convicciones. Sin embargo, están esos líderes formales que viven de ser reconocidos por lo poco o nada que hacen.


En Costa Rica es una tradición que las obras públicas tuvieran una placa diciendo en qué administración fue construida y en letras grandes el nombre del presidente que gobernaba en ese momento. Quizás el caso más ostentoso fue el del presidente Arias en cuya primera administración las placas salían hasta con su logotipo de campaña.


Pero fue en la administración de Rodrigo Carazo Odio entre 1978 y 1982 cuando apareció una placa con el mapa de Costa Rica y la leyenda “Construido por el Pueblo. 1978 – 1982”. Y no estaba en cualquier obra: Los puentes sobre las rotondas de San Pedro y la Uruca (ahora puente Juan Pablo II) que en ese momento eran un adelanto a la época; los muelles Alemán, Moín y Caldera; la represa de Arenal; y en un sinnúmero de obras de infraestructura que no ha logrado empatar gobierno alguno desde la fundación de la Segunda República.


La placa es clara: El Pueblo (sin distingo de clases) a través de su aporte solidario pagando impuestos ha redistribuido la riqueza en beneficio de la colectividad. El Pueblo es sujeto, el Pueblo es la razón de ser del Estado, el Pueblo como totalidad es quien entrega y recibe en un contrato de confianza con sus gobernantes.


Aunque el mensaje podría calificarse de oportunista, tenía un claro antecedente en el lema de campaña de Carazo: “Progreso con dignidad”. En ese sentido, el Estado está en función de los intereses de la totalidad de la sociedad y su trabajo es facilitar el desarrollo a través de la educación, la salud, la obra pública, la política económica, la prestación de servicios y la protección de los intereses de las personas con menos poder relativo.


Así, el ICE, el INS, Recope, la Caja, el Consejo Nacional de la Producción, los ferrocarriles y todas las instituciones y organismos del Estado son herramientas para que la población del país mejore día a día su calidad de vida. Todos y todas somos dignos de vivir de la mejor manera dentro de las posibilidades materiales.


La dignidad como concepto es realmente abstracto, pero quizás su manifestación práctica más contundente fue cuando el ex presidente Carazo mandó para su casa al representante del Fondo Monetario Internacional. Con el petróleo por las nubes, los precios de exportación por los suelos y el colón especulativamente a 60 colones por unidad; el Fondo pretendía que el Estado se deshiciera del lastre que significaba la pobreza destruyendo la capacidad redistributiva de la riqueza que había en las instituciones públicas.


Los editorialistas de La Nación se dieron cuatro gustos (como lo hacen hoy) pregonando el fracaso del Estado y la necesidad de que todo se venda en aras de que los ricos nos hagan vivir mejor.


Sin embargo, lo que no se decía es que un país de 2 millones de habitantes fue bloqueado económicamente desde el exterior y saboteado desde el interior por quienes solo piensan con el bolsillo. En aquel entonces muchos nos tragamos el cuento del error del gobierno de no obedecer mansamente a quienes han distribuido miseria por el mundo entero como quien reparte volantes en un semáforo.


Hoy, 27 años después de la salida de Rodrigo Carazo del gobierno la historia parece reivindicarle. No solo se trata de los gobiernos latinoamericanos que se han ido destetando del FMI (excepto el nuestro que después de muchos años de no tener compromisos con el Fondo decidió volver a las relaciones carnales); sino porque el modelo fallido del neoliberalismo ya no puede sostener moral ni económicamente sus contradicciones más básicas.


Don Rodrigo vio morir amigos en la Guerra Civil del 48; como diputado se le plantó a Alcoa y a don Pepe Figueres; no aceptó prebendas; defendió la patria frente a Somoza; pagó con la impopularidad más cruel su abnegación por la democracia económica; apoyó las causas justas sin importar quién las promoviera; y defendió esta patria con su verbo, carisma y fuerza de espíritu contra ese poder económico centroamericano que hoy nos ha convertido en otra republiqueta bananera asociada a un TLC.


Cuando en medio de otra campaña política pobre de ideas parece que no hay santo en el cual persignarse, la vida de don Rodrigo nos recuerda que la política extraordinaria es de personas ordinarias que viven fiel a principios de vida regidos por la justicia y la equidad. Nos recuerda que somos Pueblo y que somos capaces de construir puentes, puertos y represas, pero fundamentalmente nuestro propio destino. Ese es el legado más maravilloso que un gobernante, un líder, nos pudo dejar.


Que su memoria sea tratada con justicia.

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A la radio con amor

Permalink 12.01.09 20:02 , Categorías: De las que no molestan tanto

Siendo niño en la casa de mi abuelo había una radio a tubos que ocupaba un lugar prominente en la sala junto al televisor a blanco y negro. Si mal no recuerdo, era color madera, con una pantalla de mimbre haciendo el marco para el dial y las perillas. Atrás, como correspondía al modelo, había una tabla de madera agujereada para que fuera más fácil que se disipara el calor de los tubos y fácil de desmontar para hacer más simple la tarea de cambiarlos cuando alguno se quemara.

Sin embargo, la parte de adentro de la radio era para mí un verdadero misterio. Empecemos por decir que los radioteatros, las radionovelas, las audiciones musicales y las noticias competían codo a codo con “El túnel del tiempo”, “Combate”, “Meteoro” y “Astroboy”. La televisión, de alguna forma, explicaba por medio de la imagen quién era el que hablaba y uno podía asignarle un rostro a la voz. Sin embargo, la radio era un tema aparte, algo desconocido que estimulaba la imaginación a puro verbo, música, efectos de sonido y silencios.

Sentarme a escuchar las noticias con mi Abuelo era casi obligatorio en vacaciones y jugar con la radio haciendo compañía era moneda corriente.
La radio tenía una presencia importante en mi vida y saber qué la hacía posible era algo digno de ser averiguado.

Por eso, un día decidí que tenía que encontrar de dónde venían las voces de la radio. Es decir, era obvio que de adentro, pero tenía que ver quiénes eran los enanitos que hacían posible que las aventuras que yo escuchaba se hicieran realidad en mi mente.

Mientras mi abuelo escuchaba las noticias, yo me fui acercando lentamente y en silencio (supongo) al aparato. Era claro que dentro de él estaban unos tipos que leían con voz aguda las últimas novedades, otros actuaban y unas cuantas orquestas tocaban música para acompañar a Gardel o a cualquiera que tuviera la oportunidad de cantar en radio.

Ya lo había intentado antes, pero esta vez seguro que los agarraba porque iba a llegarles cuál soldado comando. El mármol del piso me enfriaba las piernas y la panza mientras los brazos me daban fuerza para arrastrarme sigilosamente y así colocarme en una posición que me permitiera sorprenderlos en medio trabajo. Luego, asomándome despacio desde abajo empecé a ver por los agujeros de la tabla que hacía de fondo y no vi a ningún bicho, muñeco o enano, mucho menos algo que explicara porqué se escuchaban voces desde el aparato.

“No se ve un carajo, está muy oscuro” sentencié a viva voz, “Es que se esconden” respondió mi Abuelo que sabía lo que estaba pasando. “¿Cómo hago para verlos?, Soltale la tapa, Abuelo”, pedí casi dando una orden. “Esperá, que ya voy” me habría dicho. Entonces, el abuelo Juan se levantó despacio del sillón gris de dos cuerpos y se acercó movido más por el temor a que me electrocutara tocando un tubo accidentalmente que por ayudarme a satisfacer mi curiosidad.

Los pequeños hombres de grandes voces (porque era evidente que personas de tamaño real ahí no cabían) estaban a punto de ser descubiertos y tendrían que mostrarse tal y como eran. ¡Qué iba a hacer Humboldt a la par mía! ¡Darwin era un bebé de teta comparado a lo que yo estaba por descubrir!

Entonces las manos grandes y macizas curtidas por el tiempo se acercaron a la tapa de la radio, hicieron girar no sé cuántos tornillos y de repente… el calor de los tubos, después la advertencia del Abuelo “No toqués nada y no te acerqués mucho” y por último el asombro: ¡No había nadie! “Abuelo: no hay nadie”, le dije. “Seguro se escondieron”, me dijo tratando de mantener viva la ilusión. “¿Adónde?”, “¿Qué se yo? Buscalos”, me tocó por respuesta. Entonces hice el intento de acercar la cabeza al interior de la radio y fui parado en seco por las mismas manos que me habían abierto las entrañas del mundo secreto de la radio. “Te dije que no te acerqués, te podés electrocutar” - “Pero, dejame. ¿Sino cómo los voy a encontrar?” –“Asomate desde ahí”.

Me acomodé de mil maneras tratando de encontrar un ángulo desde el cual lograr ver a esos muñequitos que le daban vida a mi imaginación. Después de unos minutos que se movían entre la excitación y la frustración volví a ver a mi Abuelo, que desde el suelo se me hacía muchísimo más grande, y le pregunté “¿Dónde están?, ¿Cómo hacen para esconderse y seguir hablando como si no pasara nada?, ¿Siguen en la radio?, ¿Por qué ellos no se electrocutan?”. La respuesta estuvo precedida de una sonrisa suave, luego un gesto serio que iba a disimular cualquier cosa que arruinara la explicación y finalmente la respuesta.

Resultaba ser que los tipos era medios mágicos y se podían esconder donde quisieran, además podían seguir hablando y de alguna forma se las arreglaban para no electrocutarse con los tubos al vacío. La calidad de mágicos lo explicaba todo.

Y bueno, desilusión en las filas del comando especial, regreso a la posición de arranque y a seguir planeando cómo llegar a ver a las ahora más interesantes criaturas mágicas. Vinieron nuevos intentos pero nunca pude ver a los tipos de la radio. Así que Humboldt y Darwin se quedaron tranquilos sabiendo que nadie los iba a desbancar, mientras que yo un día, no sé cuando, pude entender que los muñecos de la radio estaban muy lejos y eran más reales que mágicos.

Sin embargo, lo que los hacía mágicos era que tenían esa vocación de interesar con la palabra, de ofrecer siempre algo nuevo en qué pensar, de crear historias que movían montañas en la imaginación de las personas. Eran mágicos porque hablaban bien, tenían un vocabulario amplio, respetaban al oyente, sabían decir mucho con pocas palabras y además se preocupaban porque al final del programa uno aprendiera algo.

Me pregunto, ¿Qué estimula la imaginación de los chicos hoy como para querer desarmar un aparato?

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Advertencia al visitante:

Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza.

Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector.

Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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