RedCultura.comFernando Contreras - Apuntes del gato callejero

Carta abierta a Justo Orozco

Permalink 04.03.13 07:36 , Categorías: Gato encerrado

Carta abierta a Justo Orozco

 

Señor Justo Orozco, sirva la presente para saludarlo, en primer lugar y, acto seguido, expresarle mi más sincero desprecio por sus opiniones. Su fanatismo religioso me parece digno del más encarnizado inquisidor medieval, y sus juicios acerca de las personas que piensan y viven de acuerdo con valores diferentes de los suyos me resultan simplemente ridículos. Todo ello sería irrelevante si no fuera expresado desde el lugar de poder que significa su condición de diputado del Congreso costarricense y desde la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos de Costa Rica.

Sin embargo, señor Orozco, después de todo, he observado que, desde que fue usted irresponsablemente elegido presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Costa Rica, a partir de sus vomitables comentarios y expresiones en torno a los derechos de las personas con diversas orientaciones sexuales, dicho tema no ha faltado en el debate público.

Gracias a usted, los movimientos Gay-lésbicos y por los derechos humanos en general se han fortalecido. Gracias a sus constates insultos a la inteligencia de los costarricenses desde el lugar de poder en el que usted se encuentra temporalmente, el derecho a la diferencia se ha vuelto un tema popular, es decir, señor Orozco, que a partir de sus incansables persecuciones de estos sectores sociales, sólo ha habido ganancia en términos de producción de opinión, debate y acciones públicas.

En un país como el nuestro, diputado Orozco, estos temas han permanecido en el silencio por décadas, y ese ha sido el principal problema. La intervención de la Iglesia Católica en asuntos de educación pública y su permanente injerencia especialmente en cuanto a la educación sexual, a pesar de la evidente urgencia de esta en la formación intelectual de la niñez y juventud, ha sido parte fundamental del problema: hablar de sexo y de orientaciones sexuales ha estado casi prohibido en escuelas y colegios de Costa Rica, con funestos resultados, como lo demuestra el elevado índice de embarazo en la adolescencia, por mencionar un ejemplo.

El tabú generado en torno a la diversidad sexual ha llevado a miles de personas a vivir en la insatisfacción, la tristeza y el miedo. Todo ello por falta de diálogo franco y debate constructivo.

En los tiempos recientes, relevos generacionales y nuevas actitudes con respecto a las prácticas de la sexualidad y formas de vida en general han abierto espacios antes impensables. Poco a poco, la gente se decide a defender la única vida con la que cuenta así como su derecho a la felicidad y la libertad. Y es precisamente en este contexto que se produce una figura como la suya. Entiéndase claramente: usted, diputado Orozco, es el resultado más lamentable de este debate, pero no por ello, menos productivo. El debate es anterior a usted, y seguirá cuando por fin esta sociedad esté libre de usted; pero su intervención resulta clave a estas alturas del partido.

La contradicción de tenerlo a usted como presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Costa Rica es importante en dos direcciones: por un lado, evidencia la insensatez de la administración Chinchilla que lo nombra en dicho puesto y, por otro, la capacidad de respuesta de las personas aludidas en sus repetidas ofensas. Las respuestas sociales a sus retrógradas posiciones demuestran que la confrontación con poderes consagrados es posible.

Hechos como la llamada Marcha de las Putas por las espantosas declaraciones contra La Mujer emitidas por un jerarca de la Iglesia Católica, o La Ruta del Beso Diverso, que se lleva a cabo toda vez que se discrimina a alguien por su orientación sexual, así como la recolección de miles de firmas para solicitar su destitución, y las campañas en las redes sociales en las que miles de costarricenses hemos dado la cara por la defensa de las libertades individuales, son muestra incontestable del fortalecimiento de sectores antes vulnerables.

Su papel en todo esto ha sido extraordinario. Usted (y su miserable figura de abogado autograduado en su propia “universidad”, así como sus paupérrimos elogios de su inteligencia), sólo ha contribuido a visibilizar la capacidad de organización que al día de hoy tienen las minorías. Sus argumentos insostenibles acerca de la homosexualidad como enfermedad sólo han propiciado la búsqueda y puesta en circulación de argumentos verdaderamente científicos que demuestran todo lo contrario de lo que usted tercamente sostiene, y sus atentados contra los derechos humanos sólo han sido un estímulo invaluable en la educación popular en ese tema. El conocimiento que actualmente se maneja en torno a la declaración universal de los derechos humanos es considerablemente superior al que había antes de su aparición en la esfera pública. Y la defensa de las libertades individuales, tanto como del principio innegociable de la igualdad ante La Ley, son ahora una convocatoria de resistencia, independientemente de la orientación sexual de las personas.

Valorando todo lo anterior, señor Justo Orozco, considero de suma importancia que continúe usted en el escenario público costarricense haciendo ese daño que el coraje de los nuevos tiempos ha sabido convertir en el preciado bien de la respuesta, la confrontación y la pérdida del temor ante la ignorancia y el autoritarismo de quienes, como usted, se creen dueños de la vedad absoluta, de quienes, como usted, creen tener la autoridad moral de sancionar y condenar prácticas y pensamientos disidentes.

El enemigo más peligroso es el enemigo invisible. Tenerlo a usted a vista y paciencia del pueblo costarricense es de suma importancia. Sus pueriles arrebatos, sus insultos y arrogancias sólo son insumos para la lucha, la verdadera lucha por la igualdad social, la igualdad ante la ley y el libre ejercicio de las libertades individuales.

 

Fernando Contreras Castro.

Escritor.

San José, Costa Rica

Al cuatro días del tercer mes del año del Señor de 2013.

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Respuesta al señor Iván Molina

Permalink 19.02.13 12:42 , Categorías: Gato encerrado

Respuesta al señor Iván Molina

Fernando Contreras Castro

 

En la sección “Opinión” del diario La Nación del día 19 de febrero de 2013, el señor Iván Molina analiza mi carta de no aceptación del premio  Áncora-Viva, asignado a mi libro de micro relatos “Fragmentos de la Tierra Prometida”.  El historiador resalta mi consideración acerca de la autoridad moral de dicho diario para otorgar premios a la cultura como una de las debilidades, entre otras, de mis argumentos para el rechazo de dicho galardón.

Antes de cualquier cosa, le agradezco al señor Molina la atención brindada al asunto,  en este país hambriento de debates.

El señor molina señala también que   “una vez que un producto intelectual es dado a conocer públicamente, quien lo creó pierde control sobre los usos y significados dados a su obra. Desde este punto de vista, el cuestionamiento de Contreras de que su libro fue considerado para los premios indicados sin su consentimiento carece completamente de sentido.”  

En este punto, nada tengo qué discutir, soy de los defensores a ultranza de la libertad del lector. Sin embargo, mi preocupación va en otro sentido: es importante para mí dejar claro que no tengo ningún vínculo con ese diario, ni relación alguna con el Grupo Nación.

En el segundo punto de su diatriba, don Iván dice: “Contreras establece la “autoridad moral” como un requisito indispensable para poder evaluar la calidad de la producción artística costarricense, con lo que, de hecho, convierte los juicios de valor en fundamento para el análisis de esa producción. Así, con tal de descalificar moralmente al Grupo Nación, Contreras apela a una mediación moral como factor decisivo “para juzgar la calidad”, en detrimento de criterios analíticos.”

Don Iván incurre, en su defensa del Grupo Nación, en una falacia al preguntarse por qué El Poder ejecutivo sí tendría autoridad moral para sancionar la cultura costarricense, y el Grupo Nación no:

Puesto que el Poder Ejecutivo de Costa Rica ha sido el impulsor fundamental de esas políticas neoliberales y el principal descalificador y represor de las movilizaciones ciudadanas, ¿con qué “autoridad moral” puede “juzgar la calidad de la producción artística nacional” para premiarla todos los años y, por si esto fuera poco, para recomendar que parte de esa producción se utilice en el sistema educativo? ¿Por qué el Poder Ejecutivo sí tendría “autoridad moral” y el Grupo Nación no?

Debo recordarle al historiador que el Ministerio de Cultura otorga anualmente los premios nacionales independientemente del gobierno de turno, y que la simbólica retribución económica que acompaña a los galardones sale de los impuestos que pagamos todos los  costarricenses, por lo tanto, los premios nacionales son un reconocimiento que el pueblo de Costa Rica hace a sus intelectuales y artistas por medio de sus supuestos representantes en el gobierno, y no un reconocimiento del Poder Ejecutivo como tal.

Homologar los premios nacionales con los premios Áncora-Viva de La Nación me parece o un descuido del señor Molina, o una deliberada intención de confundir al lector. El Grupo Nación S.A. es una empresa privada que no puede compararse con una institución representante del pueblo y no del gobierno de turno, ni de la persona del Ministro de Cultura ni de la que ejerza la presidencia. 

El diario La Nación, con su capacidad de distribución y entretenimiento fácil , es formador de opinión. Para nadie es un secreto que su tendencia es neoliberal, que pertenece a élites económicamente privilegiadas del país, con gran injerencia en su vida política, y que acoge en su línea editorial a representantes de la extrema derecha tanto nacional, como latinoamericana, y que es desde ahí, desde esa posición, desde donde pretende sancionar el quehacer político y cultural costarricense. Al premiar a una intelectual o a un artista, el Grupo Nación  utiliza el prestigio de este y de su obra para legitimar el  lugar de poder  desde donde sanciona. Mecanismo recurrente mediante el cual un medio se consolida como autoridad:

-Es importante porque sale en La Nación… sale en La nación porque es importante.

Una vez aceptado este redundante juego de mutuos reconocimientos, el medio se adjudica la AUTORIDAD MORAL  para definir e imponer los criterios para calificar o descalificar una obra de arte o una opinión. Autoridad a la que el historiador desestima como parte del criterio para sancionar, como si el acto de otorgar un premio desde semejante aparato coercitivo de la opinión pública  fuera objetivo e inocente. Una simple muestra de lo que digo puede verse a simple vista en la práctica del editor del suplemento  Áncora de escribir él mismo hasta cuatro o cinco artículos por edición acaparando así casi la totalidad del espacio y definiendo, por lo tanto, las temáticas que han de considerarse relevantes por encima de otras obras y opiniones. La omni presencia del editor demuestra de sobra la falta de pluralidad que el diario comete en cada entrega, evidente ésta también en la retirada de artistas e intelectuales, o su negativa  a colaborar con el suplemento, dada la imposición de criterio que el diario practica. Lo mismo puede decirse de las demás secciones del periódico.  Lo anterior coloca a la élite que configura al Grupo Nación en el inmerecido lugar desde donde se sanciona qué es arte que y qué no lo es.

A ojos de este servidor, eso es inmoral.

Ahora, si para el señor Molina existen “criterios analíticos” y una objetividad por encima de ciertos valores, y la consideración de estos a la hora de rechazar un premio es inválida, ello sí termina de colocarnos irremediablemente en aceras opuestas:

¿A qué me refiero con esto?  Lo ilustro, para empezar, con una de las sarcásticas bromas del maestro  Groucho Marx, quien hace decir a su personaje frente a  un grupo de gente muy importante “Señores, estos son mis principios… si no les gustan, tengo otros”.

Entiéndase la ironía del maestro. 

Muy por el contrario del personaje del chiste, yo sólo manejo un breve abanico de principios. No son muchos, pero no tengo otros qué ofrecer a cambio. Creo en la solidaridad. Defiendo que la solidaridad es lo contrario de la competencia, que es la columna vertebral del discurso y las prácticas neoliberales que, en mi criterio, son la causa primera del deterioro social de Costa Rica y del Mundo entero. Creo en la libertad de expresión y creo que el bienestar social debe ser la indiscutible, innegociable prioridad del gobierno de la República.  Valores y principios radicalmente opuestos a los practicados por los grupos hegemónicos costarricenses y defendidos y divulgados por el Grupo Nación en sus distintas publicaciones.

Sonará aberrante a ciertos oídos empresariales, pero soy de los que siguen defendiendo que la salud pública y la educación gratuita son valores que están por encima de todo argumento neoliberal a favor de lucrar con estas. Un periódico cuya línea editorial legitima a diario dichas prácticas depredadoras, tergiversa, para mi gusto, el cometido de la especie de convivir para beneficio de sus individuos actuales y futuros. Y a esto es a lo que me refiero cuando digo falta de AUTORIDAD MORAL  para sancionar el quehacer cultural y político desde un espacio falaz y tendencioso.

 

Recuerdo al Grupo Nación su obligación de publicar sin edición ni censura esta carta, en virtud del derecho de respuesta que tiene todo ciudadano que considere que así lo amerita su alusión en las páginas de sus diarios.

Fernando Contreras Castro.

Escritor.

San José, 19 de febrero de 2013.

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Carta abierta al Grupo Nación S.A.

Permalink 15.02.13 10:44 , Categorías: Gato encerrado

Carta abierta al Grupo Nación S.A.

 

San José, 15 de febrero de 2013.

 

Ayer,  14 de febrero , día del amor y de la amistad, recibí con desagrado la noticia –publicada en la sección VIVA del 15 de febrero de 2013- de que, sin mi consentimiento ni previo aviso, se designaba como premio Ancora en cuento a mi libro Fragmentos de la tierra prometida.

Debo señalar que en ningún momento postulé o participé voluntariamente en dicho certamen, puesto que considero que La Nación S.A. carece de autoridad moral para juzgar la calidad de la producción artística nacional.

Agréguese a lo anterior mi irreconciliable divergencia política e ideológica con la línea editorial de ese diario, a la que considero falaz y tendencioso en el tratamiento y cobertura de la información nacional e internacional, incluida la del ámbito cultural y artístico.

Como he señalado públicamente, asumo como una ofensa personal la descalificación recurrente que La Nación hace de las luchas que, por la defensa de nuestras instituciones públicas y la soberanía nacional, realizamos  docentes, estudiantes y funcionarios de la Universidad Pública.

Mi libro Fragmentos de la tierra prometida es una sincera y apasionada denuncia del  daño que las políticas neoliberales, defendidas explícitamente por ese periódico, le han causado a nuestra sociedad y, particularmente, a los sectores más vulnerables de ésta.

Por lo anterior, dado que mi nombre ha sido utilizado públicamente sin mi autorización,  hago  uso de mi derecho de respuesta y exijo ser retirado de la nómina de los “premios” Ancora y Viva y se publique esta carta abierta sin ninguna edición ni censura.

 

Fernando Contreras Castro

C.I. 2-0380-0185

Se envía copia a distintos medios de comunicación

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Carta abierta al Grupo Nación

Permalink 15.02.13 10:43 , Categorías: Gato encerrado

Carta abierta al Grupo Nación S.A.

 

San José, 15 de febrero de 2013.

 

Ayer,  14 de febrero , día del amor y de la amistad, recibí con desagrado la noticia –publicada en la sección VIVA del 15 de febrero de 2013- de que, sin mi consentimiento ni previo aviso, se designaba como premio Ancora en cuento a mi libro Fragmentos de la tierra prometida.

Debo señalar que en ningún momento postulé o participé voluntariamente en dicho certamen, puesto que considero que La Nación S.A. carece de autoridad moral para juzgar la calidad de la producción artística nacional.

Agréguese a lo anterior mi irreconciliable divergencia política e ideológica con la línea editorial de ese diario, a la que considero falaz y tendencioso en el tratamiento y cobertura de la información nacional e internacional, incluida la del ámbito cultural y artístico.

Como he señalado públicamente, asumo como una ofensa personal la descalificación recurrente que La Nación hace de las luchas que, por la defensa de nuestras instituciones públicas y la soberanía nacional, realizamos  docentes, estudiantes y funcionarios de la Universidad Pública.

Mi libro Fragmentos de la tierra prometida es una sincera y apasionada denuncia del  daño que las políticas neoliberales, defendidas explícitamente por ese periódico, le han causado a nuestra sociedad y, particularmente, a los sectores más vulnerables de ésta.

Por lo anterior, dado que mi nombre ha sido utilizado públicamente sin mi autorización,  hago  uso de mi derecho de respuesta y exijo ser retirado de la nómina de los “premios” Ancora y Viva y se publique esta carta abierta sin ninguna edición ni censura.

 

Fernando Contreras Castro

C.I. 2-0380-0185

Se envía copia a distintos medios de comunicación

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El veto a la ley del fotocopiado es un síntoma. La enfermedad está en otra parte

Permalink 14.10.12 19:19 , Categorías: Gato encerrado

El veto a la ley del fotocopiado es un síntoma.

La enfermedad está en otra parte

 

Fernando Contreras Castro*

 

El pasado 25 de setiembre, el presidente Chinchilla vetó la reforma a varios artículos de la Ley de Procedimientos de Observancia de Derechos de Propiedad Intelectual, conocida popularmente como “Ley de Fotocopiado”.

El veto significa un duro golpe contra la educación pública en Costa Rica. En un país pobre como el nuestro, es impensable exigir a los estudiantes y docentes que compren los libros originales de los que depende la mayoría de los contenidos de los cursos. Sin caer en ningún tipo de fácil exageración, se puede afirmar que la educación en Costa Rica depende de las posibilidades de fotocopiar el material solicitado para los cursos, tanto en la enseñanza universitaria, como en la media y primaria. Sin este recuro, el acceso a la información sería tan caro que para la mayoría de los costarricenses sería inaccesible.

¿Por qué la práctica del fotocopiado sin fines de lucro se convierte ahora en un crimen digno de castigos más duros que la corrupción, práctica generalizada de los sucesivos gobiernos? Si lo pensamos detenidamente veremos que el fotocopiado de material de estudio no significa de suyo ningún atentado contra la propiedad intelectual, ni amenaza severamente los derechos de autor. Los libros se fotocopian parcialmente, o se descargan de la red donde miles de sitios ofrecen esa posibilidad de acceso. Docentes y estudiantes acceden diariamente a esos materiales como única posibilidad de formación académica, no como un medio de lucro, y eso lo saben de sobra tanto las autoridades del gobierno, como las transnacionales que venden libros en el país.

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Fernando Contreras Castro, escritor callejero. Autor de los libros: Única mirando al mar, Los Peor, Urbanoscopio, El tibio recinto de la oscuridad y Sonambulario, entre otros

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