VOTAR O NO VOTAR... ¡HE AHI EL DILEMA!
Entiendo la política como el derecho y el deber que tiene cada persona ciudadana de ejercer su voluntad y opinión en los asuntos concernientes al gobierno, ya sea por medio del voto o de su palabra.
El derecho al voto es un derecho sagrado, digno de respeto, inherente a la política y es un deber ciudadano.
Si bien es cierto el abstencionismo es una posibilidad y se refleja en las encuestas y en los gráficos, no creo que sea el momento propicio para sumarse al desencanto que desde hace tiempo se hace más latente en el panorama político y gubernamental.
Ante el panorama tan sombrío y oscuro de los últimos gobiernos, y ante el desaliento y horror el de la actual campaña política que nos llevará a las urnas electorales el próximo domingo 7 de febrero, pienso que de todas maneras sí voy a ejercer mi derecho al voto como me corresponde y como lo he venido haciendo cada cuatro años.
Un voto razonado y consciente.
Un voto no por un partido, ni por una ideología precisa, ni por una persona.
Un voto diferente por cada papeleta.
Un voto por lo que personalmente considero es lo más conveniente para el país en que habito y en el cual me desenvuelvo.
Un voto que será cuantificado, tabulado, pasará a ser parte de las estadísticas que se suman o restan. Es cierto, pero al menos será un voto que me representa en la colectividad a la pertenezco y mediante el cual me siento satisfecho de participar en los procesos políticos, al menos en los electorales.
DE DOBLES DISCURSOS Y DESEOS PARA EL 2010
A Merricrismas le había quedado muy claro en lo que consistía un doble discurso pues lo entendió muy bien cuando estaba viendo las noticias sobre el desastre ecológico que causaron los políticos y gobernantes con el proyecto de minería a cielo abierto en Las Crucitas. Los mismos que causaron el daño a los recursos naturales eran quienes por otro lado enarbolaban el lema de “Paz con la naturaleza”.
Aquella noche cenaron en su casa con el tele encendido para enterarse de la tragedia —muy diferente de las que suelen transmitir los telenoticieros nacionales, por eso habían hecho la excepción en la cena— y don Gregorio insistió en que al presidente se le había acabado el discurso de la paz que tanto había logrado en su gobierno anterior y sobre todo en su campaña política con el asunto, y que ahora la palabra paz estaba maleada, por no decir corrupta, por los dobles discursos y dobles intenciones.
—Por un lado dicen una cosa, pero a escondidas hacen otra —argumentó el abuelo— en eso han caído los políticos. Y lo peor es que les seguimos creyendo o nos hacemos los tontos.
La pequeña por fin entendió que un doble discurso es decir una cosa y hacer lo contrario, algo así como los antónimos que estudiaron con la niña Miriam en la clase de español, no es “Paz con la naturaleza” sino “Guerra contra la naturaleza”.
Y como este diciembre era un diciembre diferente por la campaña política Merricrismas se dedicó a buscar los dobles discursos de la candidata y los candidatos algo así como encontrar los deseos de Año Nuevo de los políticos.
Primero había una mujer con cara de brava y con una voz ronca que se decía “Firme y honesta”, entonces el doble discurso debía ser algo como “Inestable y deshonesta" por algo sería que le llamaban la candidata oficial de los Arias.
Había otro que no tenía un discurso del todo claro y el lema es “La Costa Rica que queremos” y la intención escondida debía ser algo así como “La Costa Rica que no queremos” o para utilizar un antónimo del querer algo así como “La Costa Rica que aborrecemos”.
Luego estaba un señor que se llamaba Hombrepez en inglés —fish man, como lo había aprendido en las clases de inglés con la niña Miriam— que decía que va a expulsar a los delincuentes extranjeros —porque a los nacionales no los puede expulsar pues están revueltos en los gobiernos como quedó demostrado en un juicio reciente—; este señor pez decía algo así como “Me da seguridad”, un doble discurso fácil: “Hombrepez me da inseguridad”, más claro no podía ser y en las vallas le pintaban una especie de aura que lo hacía ver como una estampita de santo, pero ya Merricrismas había empezado a dudar de las gentes que tienen cara de santos, y mucho más de los que están metidos en política.
Finalmente había uno que aparecía por todos lados, con una sonrisa falsa y gestos de embaucador masivo, que hablaba de Riteve y de dejar a la gente chinga pero este no era fácil de encontrarle el doble discurso, era una especie de falso salvador o Mesías. Si bien es cierto a veces decía "Cero tolerancia a la corrupción" que se podía entender como "Infinita o absoluta tolerancia a la corrupción", el problema era con este otro político es que utiliza muchos mensajes y muy variados además manejaba muy bien la manera de hablar del pueblo y detrás de “Hagamos el cambio ya” no era sencillo encontrar las secretas intenciones. Este candidato era el que más intriga le ocasionaba a Merricrismas porque no le quedaba del todo claro cuáles eran sus deseos ocultos para el 2010 y además de falsa cara de santo, tenía gestos de predicador y líder masivo.
REIVINDICACION DE LOS FAMAS
Los famas siempre han estado en un segundo plano.
Desde el título de las Historias de cronopios y famas, esos personajes han sido desplazados por su antítesis, los cronopios, esos seres fantásticos e imaginarios brotados del ingenio —y genio— de Cortázar.
Los famas no son verdes objetos húmedos como los cronopios, que lanzan gritos horribles al pegar estampillas, aprietan emocionados el tubo de la pasta dental y cuando van de viaje, aunque encuentran los hoteles llenos y pierden los trenes, no se desaniman. Tampoco son sedentarios como las esperanzas.
Los famas son generosos, metódicos, disciplinados. A pesar de que les gusta talar eucaliptos para pasar saludable e higiénicamente los inviernos, son felices en sus casas ordenadas y silenciosas, le dan cuerda a los relojes de pared con sumo cuidado y son capaces de pegar estampillas con prolijidad; cuando pierden la confianza en los servicios públicos se apresuran a comprar los diccionarios y manuales del idioma de turno.
Además, los famas son unos grandes libidinosos y con frecuencia fecundan a las mujeres cronopios. Les gusta bailar tregua y catala frente a los almacenes, reírse e irritar a las esperanzas.
Cuando viajan son precavidos, toman algunas medidas y se programan. Se organizan y consultan los precios de los hoteles, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras; levantan un acta en la comisaría del lugar con el inventario de sus bienes y copian las listas de los médicos y sus especialidades en los hospitales locales.
Tal vez los famas sean bastante diferentes a los cronopios y no se han ganado mucho la simpatía de los lectores. Dentro de su organización y metodicidad los famas son felices, pues luego de que han tomado todas las precauciones se dedican a disfrutar del viaje, beben un aperitivo y se toman de la mano y danzan en ronda o bailan tregua y catala.
ALEGRIAS Y TRISTEZAS DE LAS ENSALADAS
En los últimos tiempos muchas personas —que en su vida han cocinado un huevo duro y mucho menos se han dejado seducir por la magia de la culinaria— están resultando especialistas en ensaladas y a cuanta actividad social son invitadas ofrecen —o les encargan para no comprometerlas y quedar bien— su famosa ensalada y… lo peor del caso… es que las estamos dejando empoderarse de tan delicado platillo.
La famosa y aclamada receta termina siendo un revoltijo de cuanta lata apareció en la despensa —o en el anaquel del supermercado— más unas hojas de lechuga de las que vienen ya empacadas y listas, hongos crudos, tomate y lo que se deje caer en la cacerola por inspiración divina; de esta manera van a parar a la ensaladera garbanzos, petit pois, maíz dulce, palmito, atún, alcachofas —todo en un práctico abrir y cerrar de latas, zanahoria rallada, pepinos y algo muy importante el aderezo preparado —ranchero, italiano, rosado, mil islas, césar y sus versiones low fat, low calories, colesterol free etcétera, etcétera y cuantos nombres suenen raro y maquillen los químicos detrás de la salud y la mercadotecnia—. Lo cierto es que la ensalada termina siendo un revoltijo tirando a zambrote, mejunje, atollijo o engrudo muy, muy distante a lo que se debería entender como una simple y noble ensalada.
¡NO! La ensalada está muy lejos de parecerse a eso.
Una verdadera ensalada fue concebida como un complemento —previo, acompañante o posterior el orden no es importante— a la comida… Siempre liviano, de sabor tenue e ingredientes neutros aliñados por algún bálsamo o aceite que le diera al paladar un contraste, o un refrescamiento, de los platos principales de la comida.
Las ensaladas deben ser sencillas y mágicas a la vez, la sencillez de los ingredientes —hojas de lechuga que bien pueden ser empacadas —¿por qué no?—, tomates, pepinos, zanahorias, rábanos, repollo, frutas, semillas…— y la magia de saber combinarlas y aderezarlas con aceites y vinagres del manera que el paladar y el estómago tengan un complemento y un contraste. Se trata precisamente de jugar con los sabores, como se juega con las notas musicales en una partitura o con formas y colores en un lienzo.
Y la verdad, ante la pandemia de ensaladas-engrudo me quedo con la tristemente célebre y nunca bien ponderada ensalada criolla: repollo rayado, tomate y culantro aderezados con limón y sal PUNTO
BRINDIS
Una de las piezas de la oratoria, que no ha sido muy tomada en cuenta como tal, es el brindis.
Conciso, ritual y también retórico, el brindis convoca a la escucha, a la reflexión y al rito comunitario de levantar las copas y decir “¡Salud!” o “¡Chichín!”.
El brindis es comunión entre los presentes, es rito y ceremonia.
¿Y qué mejor ocasión que brindar por los cinco años de Redcultura y por el cambio de rostro que anticipa su equipo?
Hace más de cinco años su promotor, Carlos Zegarra, me comentaba el embrión de su idea, luego vinieron el sitio web, el Blogcindario, Natalia, la Declaratoria del Ministerio de Cultura y lo demás, y las demás, es historia conocida.
A veces me atribuyo el honor de ser el inquilino con más antigüedad en este vecindario virtual de los blogs donde he departido y compartido con mis vecinos y vecinas y con quienes se toman la molestia de leernos y, a veces, se lanzan a postear algún comentario. Sin embargo Redcultura es mucho más que eso para mí. En el rincón del Blogcindario se abre un espacio para decir lo indecible, para ser yo mismo y ser otros a la vez —como mi Alter ego Merricrismas— y poder hablar mierda de la política nacional, de los medios de comunicación, de trivialidades y un sinnúmero de temas que tienen que ver con la literatura y la gastronomía, las trampas del lenguaje, las identidades y la cultura nacional. El Blogcindario además es el espacio de la incertidumbre y del azar —como cuando un náufrago en su desesperación envía un mensaje en una botella con la esperanza de que llegue a un destino preciso— pero ese es el juego del medio y de esta red en la cual cada vez nos vamos enredando todavía más.
Redcultura —donde esta pequeña comunidad de blogueros es solamente una pequeña parte— ha tirado sus redes al azar del mar virtual y muchos hemos sido atrapados.
Felicidades y… ¡Salud!
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