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UN RECUERDITO DE LOS QUINCEAÑOS
Los festejos quinceañeros has sido una larga tradición en la cultura costarricense. Hay un antiguo mito familiar que cuenta que a una tía abuela, la hermana mayor de mi abuela Cecilia, le hicieron una fiesta de presentación en sociedad en el Teatro Nacional. A mi abuela no le tocó porque ya para cuando a ella le correspondía la fortuna había mermado por razones que no viene al caso ventilar aquí.
Fiestas de quinceaños las hubo memorables… Se llevaban a cabo en salones de renombre como el Club Unión, el Ateneo, el Señorial… A mí me tocó asistir a una en Hotel Irazú y otro en el Colegio de Abogados. Pero de las que guardo mejor recuerdo fueron las que se celebraban en las casas de las familias… Decorados, queques adornados, vestidos y las familias muy unidas y orgullosas.
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De los recuerditos… Donde mi abuela paterna se atesoraban en un estante y estoy seguro de que todavía deben andar por algún lado… Los había de los más diversos materiales y motivos, desde los más humildes hasta los más kitsch.Fotografías en los diarios, damas de compañía, vestidos maxi-falda, pamelas, desfiles… recuerdos que suscitaban los más variados comentarios, desde los positivos hasta los peyorativos y negativos.
Resulta que ahora el “Boom” es celebrar los quinceaños en el Museo de Arte Costarricense… Ya me imagino los vasos de ronconcoca y ponche sobre los pedestales de las esculturas, los chicles pegados en los marcos de los cuadros que representan la trayectoria artística nacional… Y las hordas de adolescentes vomitando detrás del mural de “La agricultura” de don Paco Amighetti… Jóvenes exaltados besándose entre las piezas de Juan Rafael Chacón y Hernán González… Muchachas arreglándose el peinado en el reflejo de alguna de las lacas de Manuel de la Cruz González y no me puedo imaginar para lo que se puede prestar el Salón Dorado…
En fin, a como andan las cosas, pronto se van a celebrar los quinceaños en el Museo Nacional, los Museos del Banco Central, la Casa Presidencial, la Antigua Fanal, donde ahora se alberga el Ministerio de Cultura y Juventud. Pero todo esto es fácil de entender, ya sabemos en manos de quienes está la política cultural de nuestro país —eso me quedó muy claro en el concierto de Elton John y me reservo los comentarios para evitar otros asuntos—
Y como somos el país más feliz del mundo, yo mejor, me CAGO DE RISA.








