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Respuesta al señor Iván Molina

Permalink 19.02.13 12:42 , Categorías: Gato encerrado

Respuesta al señor Iván Molina

Fernando Contreras Castro

 

En la sección “Opinión” del diario La Nación del día 19 de febrero de 2013, el señor Iván Molina analiza mi carta de no aceptación del premio  Áncora-Viva, asignado a mi libro de micro relatos “Fragmentos de la Tierra Prometida”.  El historiador resalta mi consideración acerca de la autoridad moral de dicho diario para otorgar premios a la cultura como una de las debilidades, entre otras, de mis argumentos para el rechazo de dicho galardón.

Antes de cualquier cosa, le agradezco al señor Molina la atención brindada al asunto,  en este país hambriento de debates.

El señor molina señala también que   “una vez que un producto intelectual es dado a conocer públicamente, quien lo creó pierde control sobre los usos y significados dados a su obra. Desde este punto de vista, el cuestionamiento de Contreras de que su libro fue considerado para los premios indicados sin su consentimiento carece completamente de sentido.”  

En este punto, nada tengo qué discutir, soy de los defensores a ultranza de la libertad del lector. Sin embargo, mi preocupación va en otro sentido: es importante para mí dejar claro que no tengo ningún vínculo con ese diario, ni relación alguna con el Grupo Nación.

En el segundo punto de su diatriba, don Iván dice: “Contreras establece la “autoridad moral” como un requisito indispensable para poder evaluar la calidad de la producción artística costarricense, con lo que, de hecho, convierte los juicios de valor en fundamento para el análisis de esa producción. Así, con tal de descalificar moralmente al Grupo Nación, Contreras apela a una mediación moral como factor decisivo “para juzgar la calidad”, en detrimento de criterios analíticos.”

Don Iván incurre, en su defensa del Grupo Nación, en una falacia al preguntarse por qué El Poder ejecutivo sí tendría autoridad moral para sancionar la cultura costarricense, y el Grupo Nación no:

Puesto que el Poder Ejecutivo de Costa Rica ha sido el impulsor fundamental de esas políticas neoliberales y el principal descalificador y represor de las movilizaciones ciudadanas, ¿con qué “autoridad moral” puede “juzgar la calidad de la producción artística nacional” para premiarla todos los años y, por si esto fuera poco, para recomendar que parte de esa producción se utilice en el sistema educativo? ¿Por qué el Poder Ejecutivo sí tendría “autoridad moral” y el Grupo Nación no?

Debo recordarle al historiador que el Ministerio de Cultura otorga anualmente los premios nacionales independientemente del gobierno de turno, y que la simbólica retribución económica que acompaña a los galardones sale de los impuestos que pagamos todos los  costarricenses, por lo tanto, los premios nacionales son un reconocimiento que el pueblo de Costa Rica hace a sus intelectuales y artistas por medio de sus supuestos representantes en el gobierno, y no un reconocimiento del Poder Ejecutivo como tal.

Homologar los premios nacionales con los premios Áncora-Viva de La Nación me parece o un descuido del señor Molina, o una deliberada intención de confundir al lector. El Grupo Nación S.A. es una empresa privada que no puede compararse con una institución representante del pueblo y no del gobierno de turno, ni de la persona del Ministro de Cultura ni de la que ejerza la presidencia. 

El diario La Nación, con su capacidad de distribución y entretenimiento fácil , es formador de opinión. Para nadie es un secreto que su tendencia es neoliberal, que pertenece a élites económicamente privilegiadas del país, con gran injerencia en su vida política, y que acoge en su línea editorial a representantes de la extrema derecha tanto nacional, como latinoamericana, y que es desde ahí, desde esa posición, desde donde pretende sancionar el quehacer político y cultural costarricense. Al premiar a una intelectual o a un artista, el Grupo Nación  utiliza el prestigio de este y de su obra para legitimar el  lugar de poder  desde donde sanciona. Mecanismo recurrente mediante el cual un medio se consolida como autoridad:

-Es importante porque sale en La Nación… sale en La nación porque es importante.

Una vez aceptado este redundante juego de mutuos reconocimientos, el medio se adjudica la AUTORIDAD MORAL  para definir e imponer los criterios para calificar o descalificar una obra de arte o una opinión. Autoridad a la que el historiador desestima como parte del criterio para sancionar, como si el acto de otorgar un premio desde semejante aparato coercitivo de la opinión pública  fuera objetivo e inocente. Una simple muestra de lo que digo puede verse a simple vista en la práctica del editor del suplemento  Áncora de escribir él mismo hasta cuatro o cinco artículos por edición acaparando así casi la totalidad del espacio y definiendo, por lo tanto, las temáticas que han de considerarse relevantes por encima de otras obras y opiniones. La omni presencia del editor demuestra de sobra la falta de pluralidad que el diario comete en cada entrega, evidente ésta también en la retirada de artistas e intelectuales, o su negativa  a colaborar con el suplemento, dada la imposición de criterio que el diario practica. Lo mismo puede decirse de las demás secciones del periódico.  Lo anterior coloca a la élite que configura al Grupo Nación en el inmerecido lugar desde donde se sanciona qué es arte que y qué no lo es.

A ojos de este servidor, eso es inmoral.

Ahora, si para el señor Molina existen “criterios analíticos” y una objetividad por encima de ciertos valores, y la consideración de estos a la hora de rechazar un premio es inválida, ello sí termina de colocarnos irremediablemente en aceras opuestas:

¿A qué me refiero con esto?  Lo ilustro, para empezar, con una de las sarcásticas bromas del maestro  Groucho Marx, quien hace decir a su personaje frente a  un grupo de gente muy importante “Señores, estos son mis principios… si no les gustan, tengo otros”.

Entiéndase la ironía del maestro. 

Muy por el contrario del personaje del chiste, yo sólo manejo un breve abanico de principios. No son muchos, pero no tengo otros qué ofrecer a cambio. Creo en la solidaridad. Defiendo que la solidaridad es lo contrario de la competencia, que es la columna vertebral del discurso y las prácticas neoliberales que, en mi criterio, son la causa primera del deterioro social de Costa Rica y del Mundo entero. Creo en la libertad de expresión y creo que el bienestar social debe ser la indiscutible, innegociable prioridad del gobierno de la República.  Valores y principios radicalmente opuestos a los practicados por los grupos hegemónicos costarricenses y defendidos y divulgados por el Grupo Nación en sus distintas publicaciones.

Sonará aberrante a ciertos oídos empresariales, pero soy de los que siguen defendiendo que la salud pública y la educación gratuita son valores que están por encima de todo argumento neoliberal a favor de lucrar con estas. Un periódico cuya línea editorial legitima a diario dichas prácticas depredadoras, tergiversa, para mi gusto, el cometido de la especie de convivir para beneficio de sus individuos actuales y futuros. Y a esto es a lo que me refiero cuando digo falta de AUTORIDAD MORAL  para sancionar el quehacer cultural y político desde un espacio falaz y tendencioso.

 

Recuerdo al Grupo Nación su obligación de publicar sin edición ni censura esta carta, en virtud del derecho de respuesta que tiene todo ciudadano que considere que así lo amerita su alusión en las páginas de sus diarios.

Fernando Contreras Castro.

Escritor.

San José, 19 de febrero de 2013.

2 comentarios

Comentario De: Lic. Fernando López González, periodista [Visitante]
Felicito al escritor Fernando Contreras por su valentía y congruencia consigo mismo. Independientemente de lo que diga cualquiera, si él ganó un premio y quiere renunciar a este, está en todo derecho de hacerlo sin mayor cuestionamiento. Esto es válido que suceda en un país donde impere una verdadera democracia.
Yo me quedé sorprendido del artículo que permitieron en la página 15 publicar ayer al historiador Iván Molina, un intelectual muy productivo, inquieto y que escribe mucho en La Nación, pero la verdad yo pregunto: "¿por qué brinca si el piso está parejo?". ¿Qué tiene que ver él con este premio, con su jurado o con ese diario para que se arrogue el derecho de opinar tan ampliamente sobre un tema delicado? Pienso que quedó como un legítimo lamesuelas, y lo digo porque soy graduado de la UCR donde Contreras y Molina trabajan, de manera que conozco bien sus intenciones y formas de pensar, porque he leído obras literarias, ensayos o escritos académicos de ambos. No me gusta la conducta de Molina que me parece claramente serruchapisos, complaciente y de paso oportunista porque, de seguro, en algún lugar de su mente piensa que esto le va a servir para abrirse campo en La Nación u obtener un futuro premio. Lo único que le digo es que no sé si algún día será merecedor de un Premio Áncora porque a lo interno de ese diario todo es muy cambiante siempre, pero aprovecharse de un intelectual para "jalar agua para su molino" o simplemente opinar sobre algo que no le incumbe --cierto que es un ciudadano con derecho a opinar, pero su especialidad es la historia y además es profesor colega de Contreras-- me parece una muestra más de la cultura de la descalificación que se hace a otros por no respetar su forma de pensar, utilizando un medio de prensa, lo cual es la negación misma de la democracia. Esto sí socaba la credibilidad que uno pueda llegar a tener en Iván Molina tomando en cuenta que queda evidente su ideología la cual, por supuesto, queda impregnado en su producción intelectual.
De nuevo felicidades a Fernando Contreras, un escritor ya consagrado en el país y que los colegiales leen con agrado porque es un autor crítico, moderno, que aborda problemáticas socioeconómicas actuales de Costa Rica y no "le come gallina" a ciertas formas de poder político y económico del país.
20.02.13 @ 17:27
Comentario De: Marvin Mora [Visitante] Email
En concordancia con tu integridad personal y tu libertad creadora,me solidarizo profundamente con tu postulado de defender tus principios.La literatura,antes que una mercancia,es conciencia pura,el quehacer de una epoca,y verbi gracia,la conciencia misma que ha de trascender mas alla de las ideologias neoliberales y politicas en boga.
21.02.13 @ 10:27
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Fernando Contreras Castro, escritor callejero. Autor de los libros: Única mirando al mar, Los Peor, Urbanoscopio, El tibio recinto de la oscuridad y Sonambulario, entre otros

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