RedCultura.comFernando Contreras - Apuntes del gato callejero
« FRENTE PATRIÓTICO Y…Wikileaks, o del macabro hallazgo de un cadáver putrefacto »

Octubre 15 Para una Cartografía de la Indignación

Permalink 15.10.11 21:07 , Categorías: Gato encerrado

Octubre 15
Para una cartografía de la indignación
Fernando Contreras Castro

Señalar, poner marcas en el camino, o imaginar cuadrículas en el cielo, subrayar un libro con colores y anotar en los márgenes de las páginas… Cartografiar los espacios que parecen homogéneos para no perdernos. Pero ¡hacer un mapa de un sentimiento!

Octubre 15 en San José. Cuatro gatos indignados, mientras en muchas ciudades del mundo los gatos eran miles. Pero cuatro gatos es ya un comienzo.

A eso de las once de la mañana en la placita del Correo, la mitad de los cuatro gatos se juntó a mostrar su indignación, mientras la otra mitad lo hacía en la Plaza de la Cultura, a un par de cuadras de ahí. A eso de las doce y media, se juntaron las partes, y una columna de un poco más de doscientas personas caminó por la calle: paramos un rato el tránsito y bueno… nos sentimos parte de los millones de indignados de la Tierra.

...

Pero un poco más de doscientas personas… ¡Apenas un poco más de doscientas personas, en un país de apenas un poco más de cuatro millones de habitantes! Estoy seguro de que los indignados somos más. Estoy seguro de que la cosa apenas comienza para este pueblo, pero no es fácil que despierte de un solo un pueblo adormecido, casi diríamos resignado.

Así como debe ser, sin insufribles líderes ni cabecillas, la gente comenzó a gritar las causas de su indignación, como en por ahí de mil quinientas ciudades alrededor del mundo, y las cusas eran tantas, y tan válidas todas que sólo por escucharlas, ya podría alguien sentirse perdido en tierra incógnita. Y no éramos, sin embargo, más que doscientas y pico de personas.

¿Qué demonios ocurre en este país? ¿Será un problema de convocatoria?, o ¿se habrá creído de verdad la gente que somos el país más feliz del mundo, como reza un irresponsable slogan de porquería? O ¿será la maldición que nos echó uno de los caudillos de nuestra barata mitología cuando sentenció que éramos un pueblo domesticado?
Quizás lo que nos está haciendo falta no sea más que sentarnos con paciencia a levantar la lista de todo cuanto nos indigna, y así nos demos cuenta de que nadie está a salvo de las garras de los carroñeros que están convirtiendo este mundo el peor de los mundos posibles.

Escuchando a la gente hoy quince de octubre, personas mayores las más, me doy cuenta de que no falta conciencia, ni falta información: la gente sabe que tenemos no menos de treinta años de estar siendo saqueados por políticos corruptos y empresarios inescrupulosos que vienen malbaratando el país en función de sus intereses de clase. La gente sabe que se está tirando al basurero todo lo que le ha costado a este pueblo sangre, sudor y lágrimas, que con engaños y mentiras despiadadas se le está arrebatando al pueblo sus conquistas, sus garantías, sus logros; sabe que la salud y la educación públicas están en alas de cucaracha porque hay intereses millonarios en los negocios de la educación y la salud privadas, y que para el pueblo va a quedar un solo camino: que estudie el que pueda pagar, y que reciban atención médica solamente los que paguen.

Entre los indignados que desfilaron a gritar sus motivos, escuchamos a los y las que se preocupan por el ambiente… La gente sabe que se trata de una vulgar patraña eso de un “plan de paz con la naturaleza” y aquello de un “gobierno de vocación ambientalista” La gente sabe que el expresidente Arias (Premio Nobel de la Paz) declaró de interés nacional el proyecto de minería cielo abierto en la comunidad de Crucitas, uno de los proyectos más agresivos de cuantos proyectos agresivos con el ambiente sufrimos en el país, y sabe que el presidente Chinchilla tildó de “radicales” a las personas que nos oponemos a este tipo de minería, bajo la falacia de que el mapa de la conservación coincidía con el mapa de la pobreza, como si la una fuera la causa de la otra.

La gente sabe que los intereses de la clase político-empresarial están por encima de los intereses del pueblo. Sabe que nos galardonaron con el honorífico premio del país más contaminado del mundo por plaguicidas y pesticidas, y sabe que los verdaderos evasores de impuestos son los ricos con sus negocios, y no los pobres a los que se les quiere hacer pagar. La gente sabe que es esta clase político-empresarial la que nos ha entregado a las fauces de las empresas transnacionales, y sabe que lo hizo mediante un referéndum fraudulento.

Y la lista es de nunca acabar… Sabemos que en los altos niveles de la economía global, con una parte del dinero que se destina salvar de la quiebra a los banqueros y a sus bancos, se podrían combatir y hambre y las enfermedades en África, donde están dejando miserablemente que millones de personas mueran a la intemperie. Sabemos que a los ricos del planeta les importa una mierda el dolor y el desperdicio de las vidas de los millones de pobres que sacrifican por sostener sus estilos de vida, y sabemos que nos engañan poniendo presidentes negros que defienden los intereses de los blancos, así como presidentes mujeres que gobiernan con la misma lógica patriarcal con la que gobierna cualquier hombre.

¿Qué demonios ocurre entonces? ¿Será que no nos hemos terminado de convencer de que la cosa va en serio, de que el planeta se está cayendo a pedazos, de que las crisis de los ricos las pagamos los pobres?
Lápiz y papel, paciencia, y a elaborar una minuciosa cartografía de la indignación, una larga lista de todo con lo que nos están jodiendo, para que el enemigo deje de ser invisible, o de estar camuflado, “disfrazado de cordero”, y a las plazas y a las calles a recobrar el mundo que nos pertenece.

El movimiento de la indignación es una esperanza sin color político. Es rabia y es salud al mismo tiempo. Es un brote de lucidez que no acepta líderes y que invita a todo el mundo al lugar de la palabra, que llama a todo el mundo a despreciar la lógica de un sistema perverso que bajo mentiras infames como elecciones y referendos nos hace creer que somos nosotros quienes elegimos.

¡Cuatro gatos en las calles josefinas, cuatro gatos en Costa Rica! Al fin y al cabo, para una primera convocatoria global de los indignados, no está nada mal. Las voces se tienen que ir juntando, así sea poquito a poco. Esta vez no es de fórmulas abstractas de donde esperamos que venga el cambio, sino del sólido sentimiento de la indignación, de la gente harta de maltrato y engaño. Un país en bancarrota, la venerable Grecia, cuna de la civilización occidental, su gobierno, que no puede pagar los salarios de la gente, hace en estos días una compra millonaria en tanques y armas. ¡Increíble!, pero no tanto… ¿serán las armas que necesitan para defenderse de un pueblo indignado? Funciona cuando los indignados son unos pocos; pero cuando son millones… ¿con qué los van a detener?

Tal vez la cosa esta vez sea más simple que nunca antes: la gente aguanta y aguanta hasta que ya no aguanta más. Y en Grecia y en Costa Rica, y en cualquier parte, las cosas van a cambiar cuando la gente ya no aguante más.

Octubre 15 de 2011.
San José, Costa Rica.

No hay opiniones, todavía

Julio 2017
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
 << <   > >>
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31            

Fernando Contreras Castro, escritor callejero. Autor de los libros: Única mirando al mar, Los Peor, Urbanoscopio, El tibio recinto de la oscuridad y Sonambulario, entre otros

Buscar

Herramientas de usuario

powered by b2evolution free blog software

Real Caribe