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LEY SECA
Siempre he creído que esto de la Ley Seca que se avecina en la próxima Semana Santa —como ha ocurrido desde siempre en nuestro país— corresponde a un engaño ideológico tramado hace más de un siglo; un engaño ideológico que también tiene que ver directamente con la construcción de las identidades costarricenses, algo parecido al hecho de que los ticos nos vemos y nos creemos los menos mestizos de los centroamericanos y estamos seguros de que seguimos siendo “La Suiza Centroamericana” —nada más falaz y ajeno a nuestra realidad que esto.
Me explico.
Aunque se prohíba la venta de licor durante la Semana Santa —porque el consumo definitivamente no se puede regular— todos sabemos que no significa que los costarricenses vamos a ser más devotos y vamos a ofrecerle más sacrificios al Creador; ni que vamos a ir a más procesiones locales y vamos a dejar la fiesta y mucho menos que no vamos a ir a las vacaciones y dejar de abarrotar y ensuciar las playas.
También es absurda la otra Ley Seca, que rige cada cuatro años durante las elecciones presidenciales, que se supone se instauró para evitar grescas políticas; eso quedó para los “borrachines” que adornan las “Concherías” de Aquileo y otros ejemplos y “cuadros” de nuestra literatura “costumbrista” con la que se inaugura la imagen del tico —imagen que además corresponde a construcciones ideológicas y de poder mediante la cual se funda la “identidad” nacional.
La prohibición de la venta de licor —como todas las prohibiciones— siempre ha sido un juego de poder político y económico; es un juego entre los intereses hegemónicos de los monopolios y los de los otros, llámense FANAL y los fabricantes de guaro de “contrabando” o la famosa “cususa” de hace más de setenta años. Ahora son otros actores diferentes a los de hace décadas, pero siempre corresponden a los mismos grupos, los estruendos de los frentes fríos, vuelos de las águilas, megabares (ruido, ruido, ruido, consumo, consumo, consumo) —con silicona y anoréxica incluida a la entrada—y los expendedores. Esto es un secreto a voces, todos lo sabemos pero preferimos hacernos los desentendidos ya que nunca se consume más alcohol que cuando hay Ley Seca; los ticos nos agolpamos en los supermercados, licoreras, pulperías —y otros lugares donde se consigue 300% más caro durante la prohibición— cual si se tratara de aprovisionarnos de víveres ante la hecatombe nuclear o el Apocalipsis universal.
La Ley Seca de la Semana Santa es otro producto de consumo más como las sardinas, el bacalao, la miel de chiverre y las escapaditas a la playa que corresponden a otras leyes, la de la oferta y la demanda y los ruidos de la mercadotecnia.
No nos auto engañemos.
Porque se prohíba el consumo de alcohol durante la Ley Seca no van a disminuir los accidentes de tránsito por ebriedad y mucho menos los casos de violencia doméstica. El problema está en otra parte, así como el frío no está en las cobijas.
En fin…
¡Feliz Semana Santa!







