RedCultura.comFernando Contreras - Apuntes del gato callejero
« Un proyecto faraónico para las “Ciberartes”Los Piratas de la Educación Pública »

El Sapo del Viernes Santo

Permalink 14.04.09 03:37 , Categorías: Gato encerrado

Viernes Santo, cuatro y pico de la tarde. El día y la hora no pueden ser mejores para un Gato Callejero, un voyerista de La Ciudad.

Renuncio a ir a la playa a cambio de un Viernes Santo a esa hora para salir a recorrer calles, a verlas vacías, sin gente. Sin mendigos, ni autos de lujo, que en las calles siempre van juntos. Sin ruido, sin tiendas… Vacía de toda presencia humana, y por ahí una paloma, o un perro hurgando un basurero.

Me llega a la memoria la escena de Bradbury, del hombre que queda absolutamente solo en una ciudad abandonada de Marte…
¡Estoy solo!, y esta jodida ciudad me pertenece hasta en sus más arcanos detalles, ruinas, una calle nueva, el banco vacío de un tramero encadenado al quiosco de frutas desvencijado. Infinitos detalles para mi fantasía de último hombre de una ciudad en Marte.

La ciudad está definitivamente vacía, aunque claro, no totalmente vacía como hubiera deseado. Veo gente en los parques, poca, unos niños, una señora que camina a duras penas pero cargando un perro de esos que, ya se sabe, mejor hubiera nacido zarigüeya.

Mi fantasía bradburiana no me impide distinguirla de eso que a falta de mejor nombre llamamos “realidad”. Distingo los dos registros perfectamente, aunque la euforia de la fantasía permea mi ánimo en general. ¡Tanta ciudad para un solo Gato Callejero!

Pero… ¡No estamos solos!

Mierda!, un alienígena… y además, me está haciendo unos gestos horribles, lo veo por el retrovisor. Sí, es espantoso, y me señala con un dedo regordete y cabezón. Me señala a mí, y señala como hacia el espacio exterior. Estoy casi convencido, no solo del avistamiento, sino, más aún, del encuentro cercano, consecuente secuestro, y lamentable final en la jaula de un zoológico extraterrestre, con el letrero de “Prohibido alimentar al terrícola”.

Un alarido me saca de mis meditaciones: “te brincaste el semáforo, hijueputa”, me grita un tipo casi fuera de sí, mientras saca su mano por la ventana y me muestra el teléfono celular con que le había tomado una foto a mi hazaña. Acto seguido, acelera su poderoso y me deja perdido atrás, dándole gracias a ET de que no fuera un venusino.

Pasado el susto y olvidada, por supuesto, mi fantasía por varios días, echo marcha atrás y reconstruyo la escena: hay un auto grande parado en media calle. No hay nada alrededor, ni gente ni nada. Me extraña ver a un tipo estacionado haciendo un semáforo en verde, pero bueno, de daltónicos está lleno el reino de este mundo. Lo evado serenamente y sigo. El tipo me alcanza, me ofende por vía materna y me amenaza con un teléfono celular, en principio, con cámara.

Hipótesis:
X, el tipo, pues, podía ser o un paladín de la justicia haciendo horas extra, o un médium poseso por el espíritu de un oficial de tránsito. O, semana santa al fin, un Judas que le había agarrado el gusto a la cosa. O se trataba del tipo que coge una vez al año, y ese día le cayó Viernes Santo, y ni modo, ayuno es ayuno, o tal vez era un boy scout con hidrocefalia, o vaya uno a saber si no fue ese el nacimiento de un superhéroe…

¡El Sapo del Viernes Santo! A bordo del poderoso Alcoholímetro, armado de su celular de última generación, enemigo implacable de la gente perversa que sale el único día del año en que se puede disfrutar de una ciudad vacía, a ser feliz un rato.

¡El Sapo del Viernes Santo!, con sus gesticulaciones abominables, sus ojos desorbitados, a punto de reventar con sus amenazas.

En fin , el sapo del vienes santo que no se da cuenta de que la foto que usaría para acusarme de cometer una infracción, es la misma foto que lo acusa a él de otra, tal vez más grave, que es la que condena la manipulación de teléfonos celulares mientras se conduce. ¡Qué bestia!

Pero así va el mundo, y no se puede dejar de reconocerle al sistema cualquiera que lo logra, que su mayor alcance, su obra de arte de la represión es cuando las personas se vuelven policías las unas de las otras, cuando una persona común y corriente siente la obligación de delatar a otra sin ni siquiera tratar de entender el motivo de su supuesta infracción.
Estamos mal cuando un idiota siente que le crece un milímetro cada vez que hace de policía ad honorem. Y si era un tipo que salió a cumplir su fantasía, y nada más. Que tal vez ni siquiera tirara la foto, entonces estamos mal cada vez que un idiota tiene este tipo de fantasías, que se distinguen de las de las personas perversas, en que esas sí fastidian a los demás.

Cierro con una confesión: Juro solemnemente que yo no me brinqué el semáforo, y exijo que se utilice como prueba la misma foto que supuestamente me delata, pues no tendría prueba más irrefutable que esa para demostrar que yo, lejos de brincarme el semáforo, y privándome de semejante hazaña, simplemente le pasé por debajo.

A las dos y veinticinco de la madrugada del martes 14 del Año del Señor de dos mil y nueve.
En la Muy Noble y Leal Ciudad de San José.

5 comentarios

Comentario De: Rb [Visitante] Email
Andaba vagando en la red,eché un vistazo por acá y no te imaginas cuanto me has hecho reir... casi se me salen las lágrimas. Ese humor tan tuyo!

Un abrazo.
19.04.09 @ 17:47
Comentario De: Isolina Guerra [Visitante]
Verdaderamente qué chistoso. Se me salen las carcajadas solas, hasta sin querer.
07.06.09 @ 18:24
Comentario De: vanessa fallas [Visitante]
jajajja Excelente!
26.02.10 @ 14:44
Comentario De: vanessa fallas [Visitante]
Cn esta nueva ley de transito, no hay redaccion mas apropiada. No paro de reirme excelente!
14.03.10 @ 17:55
Comentario De: Arcadio Esquivel [Visitante]
Siempre busco historias cortas para leer, entre otras cosas, ahora caí en esta página y he leído tu relato "El sapo del Viernes Santo", me he deleitado y divertido, por lo tanto, muchas gracias.
20.07.10 @ 11:38
Noviembre 2017
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
 << <   > >>
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30      

Fernando Contreras Castro, escritor callejero. Autor de los libros: Única mirando al mar, Los Peor, Urbanoscopio, El tibio recinto de la oscuridad y Sonambulario, entre otros

Buscar

Herramientas de usuario

powered by b2evolution free blog software

Real Caribe