RedCultura.comLos Santos Descarriados - Luis Carlos Vásquez
« Algunas notas sobre Gabriel García MárquezCon respecto a las representaciones de teatro sacro de Semana Santa. »

Chuchoter.

Permalink 27.06.14 11:06 , Categorías: Santos

¨Gracias a la vida que me ha dado tanto, me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco…¨ Sí, gracias a la vida, gracias a Dios, o a la energía que usted prefiera y que crea que existe; y que por lo menos a veces nos sirve para nuestra espiritualidad. Pero este no es un artículo religioso ni mucho menos, son unos susurros que quiero decir muy despacio, o tal vez, como si contara un cuento legendario que se ha escuchado a través del tiempo, y que ha ido de boca en boca.

Ahora, bajo la lluvia torrencial del trópico y una brisa hirviente que nos tiene viviendo en un mundo de vapor y de humedad; recuerdo que soy un hombre de finales del siglo XX, principios del XXI; y doy gracias a la vida porque he podido ver, vivir y escuchar portentos.

No soy circunciso pues nací durante el tiempo de una generación de posguerra que consideraba que mantuviera mi prepucio para que si volviese a haber algo tan tremendo como las acciones de los nazis hacia los judíos, no hubiese una confusión. Mis padres obviamente no habían ido a la guerra, estábamos aquí del otro lado, en América del Sur, pero si veían los periódicos y documentales en el cine; en unos hermosos y extraños cines sin techo que existían en una ciudad rodeada de arena, más baja que el nivel del mar, llamada Barranquilla.

Escuché por la radio, radionovelas maravillosas. Se apagaban todas las luces de la casa y desde nuestras camas escuchábamos ¨La dama gris¨, muy tarde en la noche, pues se suponía que era para mayores. Todo esto producía en mí, una gran imaginación de cómo serían los pasadizos secretos de la casa gigantesca donde ella, la dama gris, estaba obligada a vivir por siempre encerrada, vagando en la oscuridad, ciega. Con solo 3 años pasábamos horas frente a un nuevo invento: la televisión. Era entonces como de color verdoso y siempre proyectaban un dibujo que esperábamos por horas que cambiara. Apenas existía programación. Supe claramente de la revolución cubana en un televisor blanco y negro; y todo lo que ésta afectó el Caribe; y todo lo que nos pudo haber enseñado en ese momento, porque cada revolución tiene su tiempo para ocurrir y su dificultad está en saberla mantener y poder hacer verdaderos cambios. Y así el tiempo ha ido pasando y otra vez, gracias a la vida que me ha dado tanto y me ha dado hasta el llanto. De ahora en adelante simplemente iré mencionando al garete todo lo que he podido ver, vivir y escuchar portentos.

Viví el fin de la Guerra de Vietnam, por lo tanto también anduve con los pies descalzos y saludando con el signo de la paz. Viví la psicodelia, el ácido tenaz. ¡Como he vivido intensamente! Viví el fin de la Guerra Fría, viví el regocijo de la caída del Muro de Berlín.

Volé un día en un super costellation, en jet, en avionetas; porque para mí el tren ya era obsoleto y milenario. Vi llegar al hombre a la luna e ir aún más allá. He vivido los viajes al espacio que pronto serán fáciles pero impagables. Sigo saltando de momento en momento y ojalá ustedes no pierdan el hilo de estos susurros.

Vi caer la Revolución Soviética. He visto varias muertes de Papas, la renuncia de uno y que además, el último sea de nuestro continente. He visto un presidente negro en los Estados Unidos. He visto gente ser apresada por buscar la paz o por buscar la igualdad de las etnias. He visto a una Santa recoger leprosos. He visto reinas de belleza, Miss Universo, Miss Mundo, hasta llegar a la reina del pollo frito. He visto la muerte y he oído de tantos y tantos esclavos que existen en este momento en el mundo. He visto tanta crueldad que a veces me hace pensar que nuestra evolución es poca y que aún no estamos todos civilizados. Sigue estando lo intolerable, la compra y venta de armas, los narcotraficantes, así como una crisis mundial a nivel económico, que nos tiene a todos contra el piso. He conocido también personas que nos consideramos libres, pero somos esclavos de las deudas. He visto revoluciones en América del Sur y en América Central. He visto surgir el populismo como de un boudeville, y he visto como los poderosos siempre quieren mantenerse en el poder y hemos pasado realmente de la democracia, a lo que podríamos llamar la gran opresión popular de los tiranos, quienes como reyes heredan el poder. He visto a uno que hasta un pajarito le dio el poder…

He visto en lo profundo de los ojos de las personas que he amado, son pocas; y recuerdo como si fuese ayer, porqué las amaba o porqué mas bien las amé. Pero odio recordar, el pasado fue ayer, solo me importa el presente, este momento, el momento de los susurros.

He visto como una tormenta de un virus maligno se ha llevado a muchos en sus fauces, las mismas fauces de la muerte. He visto mundiales, olimpiadas, circos, cabarets, festivales. He bailado hasta ¨Te olvidé¨. Y ahora, con más de medio siglo encima, te repito, te recuerdo estos susurros.

He vivido tantas cosas, que en definitiva, gracias a la vida que me ha dado tanto…

No creí tampoco vivir, el estar en una alcaldía del X arrondissement, construida en 1896, con un alcalde que me parecía escapado de la revolución francesa, por su vestimenta y su bandera de Francia terciada en una banda al pecho, para efectuar; y dar legalidad a un matrimonio de dos hombres. Esto me parecía increíble y apasionante. Cómo no darle gracias a la vida que me ha hecho vivir cosas que en este mismo universo hace tan solo unos años, hubiesen sido imposibles. Hasta esto he vivido. Felicidades a mis dos amigos, porque de una u otra manera también han sido valientes.

He vivido tanto, que el otro día frente a mí, pasó corriendo un tal señor llamado Cartier-Bresson, que al correr dejó caer unos cartapacios que yo me agaché a recoger y rápidamente vi prostitutas españolas, vi un chino montado en una bicicleta llevando miles de billetes que acababa de sacar del banco, pues ya venía la revolución, vi a Gandhi caminando sobre el fuego, vi la verdadera fotografía, sin trucos, sin computadora, la cámara, la luz, el momento que nos cuenta algo por sí solo. Ayudé a recoger el cartapacio y lo último que alcancé a ver fue un pasaporte que decía en chino ¨de Nueva York a Pekín, pasando por Moscú¨. Nunca antes, unas fotografías con tanta información habían producido en mí una pequeña lágrima de emoción.

Y salté y salté; y baile una noche eterna de torsos desnudos en la Scream, donde todos estábamos perdidos, sin saber porqué, simplemente perdidos… Esto no tiene explicación. Se apagó la luz y escuché un zapateo que venía de lo más profundo de la boca del teatro, el teatro era negro y de ahí un nombre en Japonés que decía DAH-DAH-SKO-DAH-DAH, y hombres que corrían con fuegos en la espalda; y la luz, la maravillosa luz espectral sin color, pero exacta, precisa, cortada… exacta; para poder ver danzar a Teshigawara y su compañía. Los movimientos son repetitivos hasta llegar a una catarsis, pero una catarsis oriental, contenida. Muy lejos en el fondo de toda esta vanguardia está lo arcaico de Japón. Y allí me quedé un gran rato solo para ver, como una especie de voyeur que disfruta del cuerpo humano, de la fragilidad de los bailarines, porque todos tenían el mismo peso y la misma altura; y me olvidé si eran hombres o mujeres, simplemente eran danzantes.

Y sigo dando gracias en estos susurros porque seguí viviendo para ver y distinguir el negro del blanco.

Y retrocedí a una de mis vidas pasadas, a un amanecer de Jet Lack, cuando apenas una luz pálida de primavera fría entraba por una de las aberturas de la cortina. Se había organizado una de las grandes fêtes galantes con cómicos italianos vendedores de títeres, parasoles y mucha música de violas, tamborcillos y mandolinas; y de repente alguna flauta que jugaba a ser pastoril, femenina, lejana. Y de entre un grupo empezó a danzar La Camargo su ballet. Y entré a cuadros maravillosos de Watteau, Boucher, hasta llegar a Fragonard; y aprendí con cada cuadro las composiciones teatrales y magníficas de la época, la vestimenta, el gesto social y cuando estaba dentro de uno de los cuadros, exactamente en Les Plaisirs Du Bal, siento una mano hirviente que me toca y me pregunta que quien soy; el hombre arde de fiebre y solo alcanzamos hablar unos momentos. Yo volteé a ver el rostro del hombre y me di cuenta que estaba enfermo. Me dijo: ¨Me llamo Antoine Watteau y tengo 37 años¨ y cayó al piso para morir, pero para dejar una vida inconfundible y mostrarnos un retrato social de su época. Y las fêtes galantes con sus sedas, afeites y mentiras, sombreritos y antifaces, siguieron de rumba hasta nuestros días.

Y entre los sobresaltos de esta primavera helada, llegué para encontrarme con los secretos de la laca francesa, para perderme entre trineos, el carruaje del rey de Portugal, barómetros, pequeñas cajitas para guardar el rapé, así como cómodas con sobre de mármol rosa, cuyos dueños hace ya mucho tiempo no están en la tierra. ¿Cómo sería madame Adélaide, la dueña de la cómoda blanca con ramos de flores rosados, vestida con su robe de chambre, sin peluca y sin afeites?

Y así pasaron los días hasta que Puk acercó una flor malévola a mi nariz, para presenciar después el sueño de Titania y la confusión de las parejas. Fue un sueño de verano en primavera. Y por solo 5 euros estaba sentado en el gran teatro de la Comédie-Francaise, para reír, para llorar, para recordar, pero en especial para vivir intensamente.

Después vino el fuego, la lluvia y en la oscuridad del aposento de un museo, mi cuerpo voló en una catarata inversa de agua trasparente, limpia. Caminé por el desierto de los espejismos y otra vez el fuego. ¿Cómo es posible, cómo habré llegado hasta allí? Claro!! Estoy en una retrospectiva de Bill Viola; y todo me resulta increíblemente despacioso, de horas de observación, de silencios.

Tengo tantos otros susurros que compartir con ustedes, pero será otro día. Hoy, otra vez, la humedad del trópico me envuelve en su ociosidad; y apenas sopla el viento y a lo lejos las multitudes gritan gol. Despierto de tantas fantasías reales y magníficas, para volver a dar gracias a la vida, que me ha permitido ver, para poder hablar, y susurrarles a ustedes al oído un cuento legendario que se ha escuchado a través del tiempo, y que ha ido de boca en boca.

Gracias a la vida porque he podido ver, vivir y escuchar portentos.

Entre San José y París. 2014.
Fuentes de inspiración:
Exposiciones Les Secrets de la Laque Francaise
De Watteau à Fragonard
Cartier Bresson
Retrospectiva de Bill Viola
Le songe d’une nuit d’été por la Comédie-Francaise
Presentación en el Théatre National de Chaillot de Saburo Teshigawara
La vida misma, en una primavera fría

No hay opiniones, todavía

Septiembre 2017
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
 << <   > >>
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  

Luis Carlos Vásquez

Director escénico, más de 75 montajes en teatro, ópera y danza. Premios Nacionales en Dirección 1996 y Escenografía 2004. Diseñador de Producción para cine y Cine Publicitario. Ha representado a Costa Rica en los Festivales Internacionales de Teatro en Guanajuato, Caracas, Bogotá y Córdoba.

Catedrático de la Universidad Nacional. Ha sido Profesor de la Escuela de Cine de la U Veritas en Historia del Traje y Vestuario.

Sus espectáculos se han presentado en nueve países de América Latina entre los que se encuentran Centroamérica, Panamá, México, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Argentina y Brazil. Sus últimos montajes son ¨Salomé¨ de Oscar Wilde, ¨Los Bosques de Nyx¨ de Javier Tomeo,“Villanueva de la Boca del Monte con la Municipalidad de San José y "La Fábula del Bosque", ópera contemporánea producida por la Universidad Nacional.

Ha sido director de casting para la Probovis de Berlín, la Fox Children’s Network y Wolfcrest Entertaiment, la TV Suiza y para la Nordisk Production de Dinamarca. Su última participación en cine fue como integrante de la sección de vestuario de la película ¨Quantum of Solance¨, de Pinewood Studios.

Buscar

Categorías

Herramientas de usuario

powered by b2evolution free blog software

Real Caribe