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APOLOGÍA DEL POLLO AL BOMBILLO

Permalink 17.04.13 14:06 , Categorías: Elogio de la berenjena

La gastronomía costarricense es sencilla, herencia de labriegos sencillos.

No pasa de una olla e´carne, un casado, un chifrijo o unos tacacos; por ahí habrá algunas personas que alaben el arroz con pollo con buen achiote colorado —que no es más que cebo anaranjado—, o el gallo pinto con la infaltable salsa Lizano (el sabor del terruño), o los tamales de navidad de la abuela; habrá otras personas, de paladar más educado, que exalten las virtudes del pejibaye ya sea en crema, mouse o dip.

Lo cierto es que la culinaria nuestra (por no decir “tica” —y mucho menos la espantosa referencia a la cocina de “Tiquicia”—) tiene las fronteras muy cerca.

En la década de los setentas se decía que el ave nacional era el pollo frito, pues en la ciudad de San José había un Diacafrito en cada esquina; con el pasar de los años el ave nacional mudó al águila de la cerveza Imperial y las pollerías dieron paso cadenas de pollo al pastor y a las trasnacionales comida rápida que venden basura, coliformes fecales incluidos, como si fuera comida.

Ahora resurge un platillo gourmet en el panorama geográfico de las cuidades y en la dieta de quienes habitamos Costa Rica: “El pollo al bombillo”.

Desconozco desde cuándo se instauró en los paladares nacionales, lo que sí es cierto es que el pollo al bombillo proviene de una receta muy elaborada y secreta en la que el toque final, ese que le debe dar el sabor deseado, es pasar algunos días en una cámara iluminada por un bombillo reflector de alta potencia, en una cámara de vidrio que da a la acera donde se lleva el sol o la lluvia —según el antojo del clima—, la polución de la calles, los vapores de las alcantarillas y cloacas, el humo de los autobuses y demás automotores, supongo todos estos elementos contribuyen a darle un sabor particular a este platillo.

No tengo idea a qué debe saber, tampoco haré el propio por probarlo, lo que sí me consta es pollo al bombillo que es también comida rápida —no como las de la cadena del payaso anaranjado o el coronel de yeso— pues es fácil hallarlo cerca de las paradas de autobuses, apenas para “llevar para el camino”, matar el hambre de regreso a casa o sorprender a la doña para que ese día no se moleste en preparar la cena.

Pero eso sí, cuidado con las grasas “trans” y todo lo que eso conlleva.

¡Buen provecho!

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LEONARDO SANCHO DOBLES

En un principio, cuando cursaba la secundaria en el Conservatorio de Castella, había pensado estudiar arquitectura, pero al tener muy malas bases en matemáticas pensó que cualquier construcción se derrumbaría. Luego consideró estudiar artes gráficas y filología; estudió esta última porque no había tantos requisitos para entrar a carrera y porque la literatura —nunca pudo tener afinidad con el área de la lingüística— siempre le pareció un misterio mágico para ejercitar la imaginación, aunque el futuro laboral fuera incierto. Posteriormente se arrepintió de no haber estudiado piano cuando tuvo la oportunidad en la adolescencia, aunque sí estudió diseño gráfico, pero no ejerce.

Más que docente de literatura se considera un promotor de la lectura, particularmente de los textos clásicos —a veces vilipendiados—.

Ahora, en las cercanías de los cuarentas, se ha dado cuenta de que lo que siempre quiso ser era payaso del Cirque du Soleil, es la profesión más difícil del mundo porque a partir de casi nada, de lo mínimo y de lo más sencillo, con el único recurso del gesto y del movimiento, alcanzan llenar todo un escenario y nunca dejan de sorprender al público.

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