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Algunas notas sobre Gabriel García Márquez

Permalink 16.08.14 15:19 , Categorías: Santos

Desde hace días, después de la muerte del prestigioso escritor, premio nobel de literatura, el señor Gabriel García Márquez; he deseado escribir algunas líneas sobre él; por supuesto muy concretamente y más que nada sobre mi experiencia de adaptaciones al teatro de dos de sus obras.

La primera vez que vi a García Márquez tendría yo unos tres años y medio. Habíamos emigrado del mar Caribe, a la muy fría y bella ciudad de Santa Fe de Bogotá. Mis padres y yo habíamos sido recibidos en una modesta pensión de la populosa Carrera Séptima, que era muy frecuentada, como se decía en ese momento y a veces casi peyorativamente por costeños. Y allí, normalmente, el señor García Márquez, en sus inicios como periodista, con una vieja y arrugada gabardina, iba a almorzar invitado por el patrón de la dichosa pensión La Fayette. Las señoras se escandalizaban mucho, pues decían que García Márquez era de izquierda y en ese momento, en la temprana década de los años 50, ser de izquierda o comunista equivalía a ser un oso que comía chiquitos. García Márquez, si no me equivoco, era entonces periodista de “El Espectador” y debería de haber publicado uno que otro de sus cuentos.

La pensión La Fayette, si bien no era 5 estrellas ni nada por el estilo, tenía fama de ofrecer muy buenos almuerzos. Recuerdo que el salón comedor era amplio. Abría 4 puertas hacia un balcón que daba al patio interior de dicha casona. El gran espacio era limpio, con pequeñas mesas para 4 personas y sillas vienesas de color rojizo. Se usaban servilletas blancas de tela que se colocaban enrolladas sobre alguno de los vasos de cristal del servicio. Cuando llovía, con aquellos aguaceros fuertes de esa neblinosa Bogotá de entonces, en el salón comedor había que cerrar las puertas de los balcones pues todo se mojaba. Si bien, Márquez no era en ese momento el gran escritor colombiano, sí se trataba de una celebridad para todos aquellos costeños que pernotábamos en La Fayette. Nunca se me va a olvidar su bigote, su delgadez, su color moreno y el escándalo que se armaba cuando ingresaba al salón; y todos decían: “Ese es Gabito, el es de Aracataca y es periodista”. Digo que no lo olvidaré, porque tengo memoria fotográfica; por ahora; y si la vejez no me hace una jugada sucia, recuerdo perfectamente desde el día que comencé a caminar, o cuando mi nodriza me ponía a bailar de pequeño, al son de los tambores ambulantes de hermosas cumbias.

He tratado de conseguir un artículo muy grande que escribí para el estreno de “La Cándida Eréndira y su abuela desalmada” producción del Teatro Nacional, pero me ha sido imposible localizarlo entre tantos papeles y libros que archivo, a veces con cariño y a veces con desesperación; y que espero formen parte de una idea disparatada que es la de poder abrir una biblioteca de las artes para todos aquellos amantes que les gusta abrir los libros, tocarlos y hasta olerlos, pero principalmente leerlos.

Después de casi 3 años de una especie de veto; sí, de veto, pues aunque ustedes no lo crean, en nuestra querida Costa Rica, he sufrido dos grandes censuras, a las cuales no quiero referirme. Tal vez lo haga algún día. Este artículo no se va a referir a esto, es tan solo un punto de partida para poderles hablar de las adaptaciones teatrales de los libros de García Márquez.

Pasé 3 años rumiando la adaptación de “La Cándida Eréndira y su abuela desalmada”. Durante todo ese tiempo, además de adaptar el cuento al teatro, me di a la tarea de diseñar todo el Story Board de la obra, con mis malos y pequeños dibujos, pero la tenía tan clara en mi mente, que no fue para nada difícil el poderla diseñar en el papel. Con mucho temor, pedí una cita a doña Graciela Moreno, directora entonces de nuestro querido Teatro Nacional. Ella se entusiasmó mucho con el proyecto y se olvidó de cualquier rechazo que yo hubiese tenido en el pasado. Acogió de inmediato la idea e iniciamos la producción de ésta. Ella personalmente llamó a García Márquez a un número que él le había dejado en una visita reciente que había hecho a Costa Rica y consiguió el permiso para presentarla.

El montaje nos dio grandes satisfacciones y fue un éxito rotundo de público. La abuela desalmada fue representada notablemente, por la ya fallecida gran actriz, doña Carmen Bunster; Eréndira era María Steiner y el adolescente de origen holandés que contrabandeaba las naranjas doradas con joyas en el centro, fue Luis Roldán. Logramos claramente plasmar el realismo mágico en el teatro y todas las noches, los aplausos eran realmente sorprendentes. Me di a la tarea de musicalizar la obra con vallenatos clásicos y estudié la geografía del desierto de La Guajira, ubicado al norte de Colombia, donde el infinito choca contra el azul del mar Caribe, y se puede perder en círculos si no se conocen los caminos e ir a parar a los huecos blancos donde se explota la sal. Y con la magia de la luz, logramos los atardeceres de ópalo del desierto, y la llegada al mar. Me dice el hijo de doña Carmen Bunster, Rodrigo Durán, que en sus últimos días, doña Carmen, recitaba en su lecho de agonía, los textos de la obra, como: “ESO FUE EN LOS TIEMPOS QUE LLEGÓ EL BARCO GRIEGO. ERA UNA TRIPULACIÓN DE LOCOS QUE HACÍAN FELICES A LAS MUJERES Y NO LES PAGABAN CON DINERO SINO CON ESPONJAS; UNAS ESPONJAS VIVAS QUE DESPUÉS ANDABAN CAMINANDO POR DENTRO DE LAS CASAS, GIMIENDO COMO ENFERMOS DE HOSPITAL Y HACIENDO LLORAR A LOS NIÑOS PARA BEBERSE SUS LÁGRIMAS”.

El tiempo pasó, los años pasaron; y la reposición que hicimos de la Cándida Eréndira fue un rotundo fracaso. Mi madre tuvo una agonía de 3 meses durante el tiempo del montaje y el día del estreno, a las 8 de la mañana, murió. Pero “Show most go on”; y a las 8 de la noche reestrenamos “La Cándida Eréndira y su abuela desalmada”. Fue un estreno doloroso, pero ese día, en el funeral, aparecieron mariposas y flores amarillas y ahí estaba el realismo mágico, el desierto, el mar Caribe, el agua de manzanilla para lavar el cuerpo de una Eréndira prostituida cientos de veces por su abuela desalmada, y un cartero que recorría en bicicleta los pueblos del desierto para llevar las noticias más significativas. Y nunca olvidaré el último texto de esta obra, que dice así: “ERÉNDIRA NO LO HABÍA OÍDO. IBA CORRIENDO CONTRA EL VIENTO, MÁS VELOZ QUE UN VENADO, Y NINGUNA VOZ DE ESTE MUNDO LA PODÍA DETENER. PASÓ CORRIENDO SIN VOLVER LA CABEZA POR EL VAPOR ARDIENTE DE LOS CHARCOS DE SALITRE, POR LOS CRÁTERES DE TALCO, POR EL SOPOR DE LOS PALAFITOS, HASTA QUE SE ACABARON LAS CIENCIAS NATURALES DEL MAR Y EMPEZÓ EL DESIERTO, PERO TODAVÍA SIGUIÓ CORRIENDO CON EL CHALECO DE ORO MÁS ALLÁ DE LOS VIENTOS ÁRIDOS Y LOS ATARDECERES DE NUNCA ACABAR, Y JAMÁS SE VOLVIÓ A TENER LA MENOR NOTICIA DE ELLA NI SE ENCONTRÓ EL VESTIGIO MÁS ÍNFIMO DE SU DESGRACIA”.

Al cabo de un tiempo, el Auditorio Nacional se fundaba y se construía; y me invitaron a hacer una adaptación y un montaje sobre “Crónica de una muerte anunciada” del mencionado autor. El proyecto del Museo de los Niños, había sido apasionante y había marcado una pauta en la cultura costarricense. En esa ocasión, el Presidente de la República de entonces, Miguel Ángel Rodríguez, amigo personal de García Márquez, a petición de la directora de la fundación, solicitó el permiso a Márquez, para que pudiéramos dar rienda suelta a la adaptación; y volvimos, una vez más al teatro con “Crónica de una muerte anunciada”. Realmente no tarde mucho en escribir la adaptación, pero tuve una larga jaqueca de 16 largos días, durante este trabajo. Hubo momentos en que creí que iba a desfallecer, pero la investigación sobre el río Magdalena y las fotos de mi propia familia, fueron una gran fuente de inspiración. Estrenamos con muchísimo éxito y el Auditorio Nacional se llenó de música de vallenatos y de la genial composición musical de Carlos Escalante. Algún escritor costarricense dijo que la puesta era muy fiestera, pero creo que desconocía totalmente lo que era una gran parranda colombiana para celebrar una boda, donde la gente había bailado y bebido durante más de 4 días, y los gemelos Vicario no habían parado de tomar las botellas de ron blanco.

“Crónica de una muerte anunciada” es también la historia de un pueblo olvidado donde ni siquiera el obispo se digna a parar; y pasa recto en su barco que navega por los pueblos del río Magdalena. Y hacía un calor infinito y solo se respiraba el sonido de los cuchillos afilados y el camino de sangre o el hilo de sangre que corrió por las calles cuando el protagonista fue asesinado; y otra vez la soledad de un pueblo hirviente a las 3 de la tarde, en que los hombres retozaban con sus queridas; y también volaban mariposas amarillas; y los viejos criaban gallos de pelea, los escupían con ron y les ponían espuelas de plata; y los muertos aparecían después de las 6, debajo de los tamarindos; y la mujer araña que se había convertido en esto por desobedecer a sus padres, que también conocí en Zapote por allá de los años setenta; y había que cortarse el cabello para no parecerse a Blacaman; y los antídotos para las mordeduras de las serpientes. Y escuché de los labios de mi madre, sobre las cumbias bailadas por mujeres de fuego, quienes llevaban por velas, rollos de billetes encendidos, moviendo sus caderas con el ritmo cadencioso de las flautas y los tambores.

Y no podré olvidar el texto del narrador: “VEINTE AÑOS DESPUÉS DEL CRIMEN, HABÍA UN SIGLO DE EXPEDIENTES EN EL PISO DEL DECRÉPITO EDIFICIO COLONIAL DEL PALACIO DE JUSTICIA. POR DOS DÍAS FUE CUARTEL GENERAL DE FRNACIS DRAKE. LA PLANTA BAJA SE INUNDABA AL CRECER EL RÍO. LOS VOLÚMENES DESCUADERNADOS FLOTABAN EN LAS SALAS DESIERTAS; SOLO UNA CASUALIDAD ME PERMITIÓ RESCATAR 322 PLIEGOS DE LOS MÁS DE 500 QUE DEBIÓ TENER EL SUMARIO. EL JUEZ NO ENCONTRÓ UN SOLO INDICIO, NI EL MENOS VEROSIMIL DE QUE SANTIAGO NASAR HUBIERA SIDO EL CAUSANTE DEL AGRAVIO. MUCHOS DE NOSOTROS NOS QUEDAMOS SIN SABERLO. PERO LA MAYORÍA DE QUIENES PUDIERON HACER ALGO POR IMPEDIR EL CRIMEN Y SIN EMBARGO NO LO HICIERON, SE CONSOLARON CON EL PRETEXTO DE QUE LOS ASUNTOS DE HONOR SON ESTANCOS SAGRADOS A LOS CUALES SOLO TIENEN ACCESO LOS DUEÑOS DEL DRAMA. “LA HONRA ES EL AMOR” DECÍA MI MADRE”.

Y tengo que volver a la escena del gran salón comedor de La Fayette, pues allí una vez Gabito, como vecino de mesa, le explicó a mi madre el proceso del tecnicolor en el cine.

Y no puedo terminar este artículo sin decirles que mi libro favorito de García Márquez y uno de los que más me ha calado hasta lo huesos es “EL GENERAL EN SU LABERINTO”, porque en él, nos narra los últimos días del gran Simón Bolívar, del libertador de 5 naciones, que estaba tuberculoso. Los atrevidos le gritaban; “longanizo”, por el color de su tez morena. Me gusta porque también habla de su amante Manuela Saénz, aquella mujer que se vistió de hombre y que viajaba hasta 18.000 kilómetros por la Cordillera de los Andes para llevar los archivos del libertador. Ella venía precedida por su pequeño zoológico, por sus osos, por sus esclavos negros y por su gran belleza. Que triste es la memoria corta de nuestros pueblos. El libertador se convirtió en odiado. Rompían las vajillas después de que salía de cenar en las casas de los criollos burgueses, pues la enfermedad de la tuberculosis, les daba terror. Y otra vez el calor insoportable y la soledad infinita del libertador.

Y ahora, en esta tarde también calurosa, donde ni siquiera han llovido flores amarillas, cierro los ojos y veo una parranda infinita, con personajes fantásticos, en donde está Mauricio Babilonia, Remedios la bella que vuela por los aires y el funeral gigantesco de la mamá grande y Aureliano Buendía y Eréndira y su abuela desalmada. Y todo está rodeado con un polvo de estrellas e infinitas mariposas amarillas. Y pienso que algún día me gustaría hacer un espectáculo con todos ellos, a las 3 de la tarde, cuando es el punto más álgido del calor de los pueblos del Caribe colombiano.

Que en paz descanses García Márquez, por hacernos viajar más allá de nuestra propia imaginación; y que todos tus personajes guarden tu tumba hasta el final de los tiempos.

Luis Carlos Vásquez
San José, 16 de agosto del 2014

1 comentario

Comentario De: María Paula Álvarez [Visitante]
Buenos días: llevaba mucho tiempo buscando información sobre la pensión lafayette. Yo soy nieta de los dueños y me gustaría saber de cómo era la vida en la pensión. Agradecería mucho hablar con usted.
27.04.15 @ 08:15
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Luis Carlos Vásquez

Director escénico, más de 75 montajes en teatro, ópera y danza. Premios Nacionales en Dirección 1996 y Escenografía 2004. Diseñador de Producción para cine y Cine Publicitario. Ha representado a Costa Rica en los Festivales Internacionales de Teatro en Guanajuato, Caracas, Bogotá y Córdoba.

Catedrático de la Universidad Nacional. Ha sido Profesor de la Escuela de Cine de la U Veritas en Historia del Traje y Vestuario.

Sus espectáculos se han presentado en nueve países de América Latina entre los que se encuentran Centroamérica, Panamá, México, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Argentina y Brazil. Sus últimos montajes son ¨Salomé¨ de Oscar Wilde, ¨Los Bosques de Nyx¨ de Javier Tomeo,“Villanueva de la Boca del Monte con la Municipalidad de San José y "La Fábula del Bosque", ópera contemporánea producida por la Universidad Nacional.

Ha sido director de casting para la Probovis de Berlín, la Fox Children’s Network y Wolfcrest Entertaiment, la TV Suiza y para la Nordisk Production de Dinamarca. Su última participación en cine fue como integrante de la sección de vestuario de la película ¨Quantum of Solance¨, de Pinewood Studios.

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