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Flores blancas para Yolanda

Permalink 15.07.11 12:34 , Categorías: Visto, oído... y hasta comido

Aquel viernes 8 de julio hubo un sol esplendoroso en la capital, sin una sola nube en el cielo. El Cementerio General nos recibió tan blanco como siempre, con las cientos de tumbas, estatuas de ángeles y monumentos completamente iluminados.

No llegamos vestidos de negro ni tampoco tristes. La mayoría íbamos de blanco, con flores blancas, lejos de la etiqueta usual para este tipo de lugar. Íbamos a visitar a alguien 55 años después de su muerte, a quien la gran mayoría de los asistentes nunca conoció físicamente pero de quien hemos conocido gracias a su palabra.

...

Llegaron muchos de los que tenían que estar y más. Unos caminando, otros empujados en sillas de ruedas; temprano, tarde; por compromiso, por devoción; con muchas ganas y con menos. Pero llegamos y eso ya era importante.

Este día fue para los que ahí estábamos el día de reconciliarse con una mujer fundamentale en la literatura nacional, y que para muchos es la autora de la mejor novela de las letras costarricensesYolanda Oreamuno, quien 55 años después de su muerte no tenía una placa con su nombre en la tumba en la cual descansan sus restos.

Un año antes, un grupo de jóvenes, liderados por Juan Pablo Morales, tuvieron la iniciativa de ponerle la placa el día del aniversario de su muerte. Se organizaron junto a la familia de Yolanda, convocaron y ahí estaba el día esperado. “Lo único que falta para que las cosas pasen es ponerse a hacerlas”, dijo atinadamente Juan Pablo.

No faltaron, como es costumbre en Costa Rica, los baja pisos, los amigos del “choteo”, término que la misma Yolanda acuñó para describir una de las características del tico promedio. Que Yolanda no era tan buena escritora, que si hubiera estado o no de acuerdo con el homenaje, que si era una bombetada de unos cuantos o que si era para hacerle publicidad a La Fugitiva, libro reciente del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, inspirado en ella y su vida. Eso entre otras ideas de esas que el tico es capaz de recrear cuando aplica ese “único tecnicismo del que podemos alardear”, como bien dijo ella. 

Quizás ella sí hubiera preferido ese acto en México o en Guatemala, pero como dijo Juan Pablo “de una forma u otra, es aquí donde yacen sus restos, es aquí donde se reeditan sus obras y es aquí donde, como lo comprueba esta concurrencia, se le quiere y se le recuerda”. Y yo agregaría: se le agradece el haber sido una mujer inteligente, que con sus ideas puso a pensar y a cuestionarnos cosas de nuestra identidad y de nuestra realidad que debemos cambiar, y que permanecen aún 55 años después de su muerte.

Hablaron varios. Habló su hijo y habló su nieta. Habló Juan Pablo. Habló don Alfonso Chase y también don Jacques Sagot. Dionisio Cabal cantó unas coplas dedicadas a ella. Hablaron y cantaron con toda la admiración que hacia ella profesan.

¿Por qué no había placa? No lo sabemos. Lo importante es que ya la iba a tener. ¿Y por qué es importante poner una placa en una tumba? Porque lo que no se nombra no existe. Una tumba sin placa es una tumba cualquiera. Pero esa es su tumba, la tumba de una mujer fundamental para las letras costarricenses. Y una mujer que llenó de letras importantes al mundo merece al menos que su nombre esté escrito en el lugar donde está enterrada.

Tarde, quizás, pero seguro, llegó este homenaje. Y no me cabe duda de que donde quiera que esté Yolanda Oreamuno se sintió complacida de que se le celebrara en el país donde nació y se le pidiera perdón por lo que muchos le hicieron o le dejaron de hacer aquí. Por demostrar que hemos superado mucho de ese "choteo" y sabemos reconocer cuando alguien es bueno. Y por sobre todo, que se le prometiera leerla y releerla, muchas veces más.

1 comentario

Comentario De: F Javier [Visitante]
Excelente y nostalgico
26.10.12 @ 07:04
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Natalia Rodríguez Mata

Madre de RedCultura. Es una fiebre del teatro, la danza y la música principalmente, y como buena periodista, no se queda callada, así que usa este espacio para escribir sus opiniones sobre lo que ve desde su butaca y lo que piensa sobre otros temas relacionados o no tan relacionados con las artes costarricenses.

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