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A medida que nos vamos conociendo de Alí Víquez Jiménez

Permalink 18.08.09 13:35 , Categorías: Reseña, Alí Víquez

A medida que nos vamos conociendo
Alí Víquez Jiménez
San José: Editorial Costa Rica, 1998, 90 páginas

En 1994, para la publicación Algunos se hacían dioses, le pedí a David Maradiaga el favor de que prologara mi libro, que yo mismo encontraba un poco difícil, para que los futuros lectores tuvieran una voz cuerda que los guiara de algún modo en la lectura de semejante espécimen. David leyó los cuentos y me hizo algunas sugerencias de viva voz, todas válidas pero tardías, y algunas reconvenciones en el texto del prólogo, la principal de las cuales era lo tibio que lo dejaba la primera pieza del libro, que se llamaba El Laberinto y que consideraba una "introducción borgiana". No se lo dije, porque nada hubiese cambiado, pero yo no había aún leído nada de Borges, una grotesca deficiencia en mi educación literaria que solvente luego a causa de su comentario. Mi vergonzosa excusa no resolvía nada, de todos modos, porque parecía que los laberintos, desde mediados del siglo veinte, le pertenecían todos a Borges. Lo mismo sucedía con las historias policíaco metafísicas, las reseñas literarias falsas, las bibliotecas, los espejos, los tigres, las máscaras, las peleas a cuchillo, el nombre de dios y los adverbios quizá y acaso. Las colecciones de cuento El Aleph y Ficciones yacen en el medio del siglo XX como un inmenso hoyo negro que atrapa ideas y símbolos que ya nunca logran escapar. Si la idea del laberinto remitía originalmente a Knossos, luego de Borges el laberinto remite primero que nada a Borges, y desafortunadamente, por la estatura e influencia de Borges, no saber eso es hoy es desafortunadamente una ingenuidad literaria.

Borges es, según parte de la crítica, uno de los autores fundantes de la tradición posmodernista y es, sin duda, un autor que ha influenciado a casi todos los grandes escritores latinoamericanos posteriores a él. Tan grande se había hecho Borges que cuando Gombrowicz se iba de Argentina, gritó desde la borda del barco "Maten a Borges", como advirtiendo que sin ese parricidio inicial, la literatura latinoamericana ya no lograría avanzar.

Alí Víquez, no es diferente en esto a otros autores latinoamericanos, Borges lo había impactado, pero menos ingenuo de lo que uno podría esperar en un autor novato, en su primer libro de cuento, A medida que nos vamos conociendo, Víquez reconoce la deuda desde el epígrafe y se cura en salud con un irónico divertimiento borgesiano que trata, precisamente, sobre Borges.

El narrador del cuento decide que debe ir a Buenos Aires a conocer a Borges. Viaja, tiene un encuentro cercano con la muerte en el vuelo de ida y ya en Buenos Aires, conoce a Borges, pero no del modo que esperaba, sino de uno mejor, más apropiado para el autor de Las Ruinas Circulares y de Borges y Yo, y lo que nos sorprende de este cuento pequeño que es un homenaje no es la competente revista de la temática borgesiana1, sino el acercamiento al lado humano de Borges, que finalmente es lo que Borges nunca enseño en sus cuentos herméticos, perfectos.

La deuda es notable también en Algunas revelaciones en torno a la resolución del caso de Alberto Cortés, en la que un improvisado detective libresco deduce la verdad sobre el homicidio de su amigo y catedrático Alberto Cortés (sin relación con el actual que en ese entonces era apenas un estudiante asiduo a las marchas) por medio de la revisión de los manuscritos del muerto. En este cuento también se visitan temas cercanos al bibliotecario ciego como la investigación de la naturaleza del tiempo y como las ideas son la rubrica más inimitable del hombre, además de incluir una somera reseña de un tres libros inexistentes, pero Víquez, pupilo avanzado, utiliza el formato para investigar sus propias ideas sobre el absurdo de la vida humana. Estas ideas ya son totalmente lejanas a Borges y se circunscriben más bien en el existencialismo francés que nada tiene que ver con aquel, pero que en Víquez resultan sumamente importantes. Lo mismo sucede con el cuento Desencuentro en el que se trata el tema del doble (inmediatamente surge la referencia a Borges y Yo) y los universos paralelos pero aquí también las preocupaciones de Víquez terminan siendo de tipo existencial, a pesar de sus discusiones, nuevamente, sobre la naturaleza del tiempo.

Uno se imaginaría que A medida que nos vamos conociendo es, permeado de ideas existencialistas, un libro amargo. No lo es. De los cuentos aquí reunidos el único que es protagonizado por un misántropo es el delicioso cuento homónimo que da inicio a la colección, y cuyo bien logrado personaje quizá hubiera resultado apropiado para un texto más extenso. Ni el cuento final sobre suicidas (Conferencia del Lic. Morales), ni el cuento sobre la imposibilidad del amor (Destinatarios), ni el cuento de ciencia ficción sobre la separación y distancia que inevitablemente nace de la tecnología que nos enmascara (Anonimátic) y que reelabora el tema de la máscara, logran disminuir un humor de bajo impacto que permea toda la obra. Alí Víquez escribe como si nada fuera terrible, como si en efecto viviéramos uno de muchos universos posibles, todos los cuales eventualmente sucederán, y como si eso vaciara de sentido e importancia la vida humana. Uno poco como El Inmortal, los eventos humanos ya no lo sorprenden y todo lo narra con una desafección simpática e irónica.

Sorprende este libro, que prefigura sus otros excelentes libros de cuentos, de una sofisticación inusual en nuestras letras, ejemplo de que la influencia de los maestros no tiene porque ser un defecto. En 1990 ganó el premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica, bien otorgado, como no siempre sucede, y con este libro se inauguró la generación de fin de siglo, la cual Alí Víquez encabeza e indiscutiblemente lidera.

1. Según el liguista peruano Rodríguez-Mondoñedo el adjetivo correcto es borgiano y no borgesiano pero como aquí mando yo y como estamos hablando de Jorge Luis y no de César, en este artículo el lector encontrará el reblede, indómito "borgesiano" a diestra y siniestra. Como dijo Borges cuando escuchó el vocablo "vikingo" la primera vez, ahora sólo falta que empiecen a hablar de Kiplingo.

2 comentarios

Comentario De: michael [Visitante]
exelente libro, mil fecilitaciones a Viquez
01.12.10 @ 10:18
Comentario De: fabiola [Visitante]
este es todo l cuento completoo?
24.07.13 @ 08:13
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Juan Murillo

Juan Murillo

Escritor nacido en San José, Costa Rica en 1971. Autor de las colecciones de cuentos Algunos se hacian dioses (EUCR 1996), En contra de los aviones (ECR 2011) y La isla de los muertos (Germinal 2012), así como de artículos de crítica literaria y reseñas de obras nacionales y centroamericanas. Compiló junto con Guillermo Barquero, la antología de narradores costarricenses nacidos después de 1965 Historias de nunca acabar(ECR 2009).

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