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La Rebelión de las Avispas, Carlos Morales

La Rebelión de las Avispas, de Carlos Morales, es un roman á clef de corte cómico satírico que retrata una universidad en la que el conflicto de género es llevado al extremo de una guerra entre sexos. La novela además menciona de pasada y brevemente los asuntos de la globalización, la búsqueda superflua de títulos académicos y la banalización de los currículos universitarios, entre otros. Pero verdaderamente el único tema que tiene algún cabal desarrollo es el de los conflictos de género, específicamente entre las feministas y los académicos varones. La novela no pretende hacer una evaluación equilibrada de este conflicto, como tampoco se recogen comentarios inteligentes sobre el tema. Lo que si abunda es el comentario sarcástico, el ataque ad hominem, la parodia, la caricatura y la descalificación por medio de la burla.
No es difícil adivinar que aquí no se pretende un abordaje serio del tema y que hay la proverbial "sangre en el ojo". La anécdota con la que abre el libro, el enjuiciamiento por acoso sexual de un académico, tiene evidente paralelo con la persecución que sufrió el autor durante su salida de la Universidad de Costa Rica, en la cual fungió como catedrático y dirigió el diario Semanario Universidad y la estación Radio Universidad. En una reciente entrevista para Club de Libros Morales no tuvo inconveniente en aceptar que la novela era una "sacada de clavo". No resulta difícil entender entonces por qué Morales ha optado por el humor más chabacano y simplista, en el cual la descalificación principal en contra de las feministas tiende a ser, según él, su mal gusto al vestir, su falta de atractivo físico y su supuesta homosexualidad. El único punto en el que Morales logra alguna profundidad -aunque no demasiada- es cuando discute las perversiones que ha producido la idea del lenguaje inclusivo. Pasa por alto, sin embargo, la oportunidad para cuestionar la legitimación de unos cuantos individuos para hablar por minorías que no los han elegido; o el reencausamiento de la radicalidad, ante el declive del socialismo, hacia las luchas reivindicatorias de las minorías sexuales o étnicas; o los mecanismos por los cuales se tergiversan los sistemas normativos convencionales para convertirlos en armas en contra de chivos expiatorios; o las razones para la crisis de la masculinidad del macho "espalda plateada"; o la posibilidad de una masculinidad más justa, amplia y acorde a los tiempos. Nada de esto logra dilucidar Carlos Morales, ocupado como está en endilgarle a las feministas motes como "las tortis", "las zapatonas" o hacer bromas en las que debutan las tortillas y se discuten los pormenores de los bares de ambiente. No necesita el lector adentrarse mucho en el texto para darse cuenta que el propósito central de la obra no es el aporte a la discusión sobre el género, la representatividad y la justicia, sino el simple afán de venganza y desquite. En ese sentido, Morales sabe lo que hace y escoge bien sus armas, optando exclusivamente por el humor. La Rebelión de las Avispas no es una novela inteligente, ni es una novela importante, es, simplemente, una novela que resulta a ratos ingeniosa y a ratos divertida (y hasta eso es discutible).
En cuanto a lo literario no hay mucho que decir. Morales maneja un rango limitado de técnicas humorísticas basadas en el contraste entre el registro culto o formal y la situación ridícula, escatológica o vulgar que se narra. En algunos casos hay insertos de chistes reciclados que se pueden escuchar en bares o que circulan impresos en los corrillos burocráticos. Morales además pretende que la novela se vea, según su entrevista, como una obra "muy moderna y ambiciosa", "la primera novela interactiva en la región" "polifónica y multi-temática", con "personajes-narradores" y con "un cierto riesgo participativo y democrático, que puede ser alma de la trama". Todo eso se quedo, me temo, en los planes, o en la cabeza, de Carlos Morales. La novela no es más moderna que, digamos, las sátiras de Swift o Quevedo. Tampoco logramos encontrar por ninguna parte la interactividad, el polifonismo y el riesgo participativo que Morales reclama para su novela. La Rebelión de las Avispas está narrada en un solo registro, aplicando indefinidamente los mismos mecanismos de humor, recurriendo a las mismas bromas y resulta imposible para el lector no pensar que el narrador de cada capítulo es el mismo en toda la novela. Mencionar la interactividad de unas pantallas que hay en el campus universitario y llamar pantallas a los capítulos de la novela no convierte a la novela en una obra interactiva. El sitio web www.totolate.com que Morales ofrece como parte de la interactividad de la novela, es una sola página, con unos textos inanes, que funciona como una pura excusa para alegar algún tipo de hipertextualidad de la novela que en realidad no existe. Esta no es gran literatura, ni siquiera es buena literatura. Es divertida, si, promueve algunas sonrisas y, porque no, una que otra carcajada. Pero esta novela no es la novela del año; no es la cúspide de la narrativa costarricense para ese año. No es mejor, por ejemplo, que Archipiélago de Heriberto Rodríguez, que también es bastante cómica y que desarrolla también el choque entre la entelequia masculina tradicional y el mundo de las mujeres. Tampoco es mejor que las novelas de Lobo, Valbona, Obando, Muñoz o Aguilar. Morales, por supuesto, estaba en su derecho de escribir esta novela, en atención a su necesidad de desagravio, y su novela tiene derecho a compartir anaqueles con todas las citadas. No solo está en su derecho de existir sino que es bueno que exista porque expone públicamente el sentir de algunos miembros de la academia -como lo demuestra el premio-. Pero no es, en fin, la novela que se debía premiar este año, y el jurado, hay que decirlo, cometió un grave error de juicio al otorgarle el Premio Nacional de Novela para el 2008 a La Rebelión de las Avispas.
66 comentarios
Lo del premio, pues, ya está dado, ojalá que las cosas puedan ser cambiadas para el futuro y la buena salud de nuestras letras.
Guillermo: En efecto, Morales ha repetido en todos los espacios públicos que le han dado espacio para hablar que no quiere ofender a nadie, pero la obra claramente tiene la intención de ofender a algunas personas en particular. Además de esto, la constante generalización, un chauvinismo mal disimulado y una evidente homofobia quizá lo enemisten con sectores más amplios de la población. Si tenía, como dice, amigas lesbianas, debió haber tenido más cuidado de como se expresaba acerca de ese grupo social en su novela. Uno no puede dar la bofetada y luego pedir que nadie se enoje (que además es una de las más crapulosas y ridículas costumbres ticas). Si la obra es ofensiva, lo que dicta la dignidad y la integridad literaria es que el autor la acuerpe y acepte las consecuencias de sus acciones.
Uno quisiera pretender que no prejuzga, pero eso es encubrir lo que todos hacemos: por las razones que sea, hay cosas que leemos porque las asumimso como "buenas", y otras no porque pensamos que son "malas". Y listo. Esta "novela" es un típico caso. Con solo saber por dónde van los tiros, es suficiente para imaginar la calidad del producto.
De lo que ha dicho este señor, lo que más me pareció "genial" fue que dijo que era una novela fractal (signos de admiración y pregunta), y luego siguió con elementos del universo hipertextual. Y con la descripción que hace Juan de su página, pues nada que hacer.
http://temasserios.blogspot.com/2009/02/de-premios-y-delirios.html
Un debate entre las letras jóvenes sería muy interesante, amén de ameno.
El reportaje completo se puede leer aquí: http://www.informa-tico.com/?scc=articulo&edicion=20090220&ref=20-02-09060002
El Sr. Morales, además de insuflado de un gran ego machista, es un escritor mediocre, pero como todos, tiene derecho a su verdad.
El Premio Nacional debe ser para una buena novela, diga lo que diga, y no para una novela que se ajuste al corte ideológico que profese el estado. Pero bien, eso en sí es una utopía. El estado premia la obediencia no la insubordinación.
Al igual que Morales está en libertad de expresarse 'artísticamente' de la manera que considere conveniente, el público también tiene derecho de reclamarle las deficiencias o malas intenciones de su publicación. No pienso que tengan los autores más deber ético que el que sus personales consciencias les dicten, que es otro modo de coincidir con G.A. Chaves y Alfredo Aguilar en que la ética en la obra de arte la dicta sus propias necesidades estéticas, y esto no es un escrúpulo o precepto, sino mera constatación de la realidad. Pero no es lo mismo el momento de creación literaria que el de publicación de la obra. Al publicar sus obras, los escritores someten sus ideas al escrutinio público. Publicar es, a final de cuentas, una forma de solicitar opinión sobre las ideas propias y propiciar una discusión en la que el autor es, por defecto, uno de los interlocutores.
Pero, ¿cuál es el papel del estado? Fomentar la creación literaria, por supuesto. Premiar la calidad literaria sobresaliente de la mejor obra publicada en un año determinado, también, actualmente. Ahora, ¿incluye la calidad literaria el contenido moral o la inclinación ética de la obra? ¿Aplica en el juicio del Estado, en cuanto a calidad literaria, la normativa vigente? Me parece que empezamos a transitar ahí una senda que se presta tanto para justicias como para represiones, un camino que quizá termine en la conclusión de que el Estado es incapaz o incompetente en lo que a juicios de valor artístico se refiere.
Alex, vos me conocés y sabés que defiendo la libertad de expresión a toda costa, pero no creo conveniente que en nombre de ella se ampare la corrupción.
Al igual que Álex, no estoy muy seguro de que anular el premio sea el camino o tenga alcances mayores. Claro que comprendo las motivaciones, y en ese sentido apoyo las luchas o demás reinvidicaciones que intentan hacer, pero como dije en tu blog, una cultura patriarcial, homofóbica y misógina no se acaba con la anulación de un premio que termina siendo tan irrelevante.
En ese sentido, las luchas deberían ir a los centros de estudio, donde miles y miles de maestras y meastros, diarimente promueven conductas de ese tipo. Donde los encargados de trabajar en los procesos educativos presentan actitudades prejuiciosas, meras opiniones y censuras sustentadas en tradiciones y morales caducas.
Se supone que el Estado debe garantizar el acceso a la educación y fomentar la capacidad de pensar, como medio para transformar la realidad, pero es evidente que ni a este ni a ningún estado eso le ha interesado alguna vez. Es mero discurso, igual que todas las convenciones internacionales que haya dicho adoptar o defender. Al Estado solamente le interesa mantener el statuo quo.
En el plano de la ética y la estética, hago eco de lo planteado por G. A.: en el arte son una sola y la misma. Y cierto, un "artista" no debe someterse a los dictados de lo "políticamente correcto", pero si su obra, en lugar de presentar nuevas posibilidades de entender el tejido social, lo que hace es meramente manifestar la visión chata, obtusa y rencorosa de su autor, entonces quienes deben "juzgarlo" son precisamente los otros artistas y, finalmente, el público al cual ha sometido su trabajo.
En ese sentido me interesa reafirmar lo que yo dije, y aún sostengo, que fue señalar que los jurados cometieron un error de juicio, o apreciación a nivel literario, al otorgar el premio, y estrictamente sólo eso.
Lanzarse precipitadamente, como he visto que hacen varios comentaristas acá y en otros blogs, a acusar a los jurados de corrupción o colusión con el autor lo único que logra es poner al acusador en la posición de tener que probar lo que dice en los tribunales de justicia.
El debate puede ser amplio y encendido, pero también debe ser respetuoso y responsable.
Además... muerto el perro se acabó la rabia. Pero, ¿es sensato acabar con la rabia? ¿No será mejor dejar los premios con todo y absurdos para tener al menos un buen motivo para polemizar? Porque esta discusión está sabrosísima ¿o no?
Quizá lo que más mérito tendría sería hacer unos premios nuevos, participativos, transparentes, descentralizados, financiados con donaciones privadas o de cooperación interancional, que ganen credibilidad con los años en vez de perderla. O modificar los actuales, el mecanísmo de elección por lo menos, para que cumplan a cabalidad sus objetivos.
Un día de estos te caemos por allá, Juan. La última vez conseguimos los cuentos de Rogelio Sinán y la Antología de Narrativa de Chase, osea que hay buen material en Germinal.
¿Nadie quiere venir a comer lechugas?
Dejo el link de LPL: http://www.prensalibre.co.cr/2009/febrero/26/abanico09.php
Para sacarle partido a esta discusión me parece que debemos centrarnos en la diferencia que hay entre la moral del Estado y la moral de los derechos humanos. Luego ¿cabe tolerancia en una obra de ficción que viola los derechos humanos de un amplio sector de la población? ¿no sería meritoria de censura una novela que aplaude los crímenes contra el pueblo palestino?
Las/los autores de obras literarias no somos demiurgos más allá del bien y del mal. Somos seres humanos que trasladamos a la literatura nuestros prejuicios. También podemos contribuir a los asesinatos, como los autores nazis.
Por otra parte, la supuesta libertad de las letras puede ser una excusa para ocultar deficiencias estéticas. No es infrecuente que a los autores malditos les sobre la d.
Son necesarias varias aclaraciones. Primero, no es lo mismo retratar personajes, discursos o eventos en los que se violan derechos individuales o colectivos, que violar esos derechos directamente con la obra. Existen delitos y contravenciones específicos para cuando una obra violenta directamente los derechos de uno o varios individuos (injurias, difamación, apología del delito, etc.). Segundo, en el funcionamiento del Estado la moral (más allá de la que protege la ley) es irrelevante, el comportamiento del Estado esta restringido exclusivamente a lo que la ley le permite hacer y por ende no puede ni debe pronunciarse más allá de lo que le autoricen las leyes. En ese sentido, el Estado no puede censurar o atacar una obra que le parezca mala o inmoral, como tampoco puede premiarla si eso significa violentar una ley.
En cuanto a nosotros, los individuos, estamos en toda nuestra libertad de repudiar una obra que nos parezca inmoral o que consideremos que violenta derechos propios o de otros. Legalmente este repudio no tiene efecto, pero lo puede tener en otras esferas de acción humanas como la comercial, la artística o la personal. Es ahí, en una o en todas estas esferas, donde debe llevarse a cabo nuestra valoración y reacción a la obra artística. La libertad de expresión es una de nuestras libertades más preciadas, pero eso no quiere decir que no se pueda o no se deba responder a lo expresado, por todas las vías posibles, si uno considera que la obra lo amerita.
Esta obra particular no lo amerita, creo yo. Es un ejemplo más bien pobre de un desquite poco ingenioso que usa un humor adolescente para encubrir un rencor que nace del castigo que se le impuso al autor por sus acciones que sí tuvieron repercusiones legales. Es, en resumen, una pataleta, y como sabemos todos los padres, la mejor forma de lidiar con una pataleta es ignorarla.
Me parece, Juan que estamos de acuerdo. El Estado es legalista, no moralista. Y la moral es una construcción cultural por lo tanto puede tener muy diferentes perfiles. Sin embargo ninguna sociedad humadna puede prescindir de un código alrdedeor del aucl cohesionarse, de lo contrario sería ninguna sociedad swría posible. Este es eje alrdedor del cual debemos discuir para no caer en un nihilismo estéril.
Para no perdernos a mí me parece que cualquiera puede escribir y pubicar lo que quiera, pero no con los fondos pùblicos. LEl dinero de los contribuyentes es una inversión para los conribuyentes y es antietico usarla en contra de los interes de los contribuyentes.
Ya casi vamos a llegar a 40 comentarios todo un record!!!
Parece que después de todo, la novela de Morales ha logrado darle mas popularidad a tu blog Juan...
http://www.clubdelibros.com/controversia.html
http://www.prensalibre.co.cr/2009/marzo/04/opinion08.php
Carlos Catania es una institución de la literatura nacional, un hombre inteligente y un gran escritor. Cuando yo leí ese ensayo que hoy aparece en La Prensa Libre, que Carlos Morales tiene publicado en su sitio personal desde mucho antes de todo el asunto del premio (quizá antes de la publicación del libro, incluso), me alegró la posibilidad de leer una gran novela costarricense. El decepcionado resultado de mi lectura fue la nota que lee usted arriba.
Carlos Catania sigue siendo grande, pero no es infalible. A veces reseñar la novela de un amigo íntimo, que además es el editor de la última novela del reseñador, puede causar una especie de 'ceguera de amigo' y resultar en lecturas inexplicablemente elogiosas como la de Catania.
Morales, por otra parte, tiene publicado un email de Catania en su sitio web al final de la página que aquí enlazamos, donde se nota el gozo de carácter extraliterario que le causa esta novela a Catania:
UN EMAIL DEL ESCRITOR CARLOS CATANIA (en 2007)
Querido hermano: ni se te ocurra quitar una coma a LA REBELION DE LAS AVISPAS. TAl como está es una novela aristofanesca, una avispa en sí misma y aunque en mi afán de buscar referencias, se me hayan escapado ciertos personajes "reales", me he divertido, reído, pensado y asimilado un contenido profundo que, como un río subterráneo, discurre por debajo de texto y situaciones. Pienso que tenés una bomba de tiempo en tus manos y que debés escoger el momento preciso para su publicación. Te felicito y cómo disfrutaría viendo las caras de esas camarillas cuando se enfrenten al libro! Un fuerte abrazo. Carlos.
(tomado de sitio web de Carlos Morales, aqui:
http://homepage.mac.com/carlosmorales/cmc/pages/reacciones.html
)
La literatura nunca ha estado desvinculada de las transformaciones sociales. Toda literatura es testimonio de una época y sus conflictos.
Entonces, ¿qué está sucediendo con la sociedad costarricense que de pronto la oficialidad (el premio) aplaude el desprecio (la novela) por las mujeres y las minorìas sexuales? ¿Quiere decir esto que estamos ante signos de fascismo tramposamente encubiertos por un lenguaje procaz?
He leído con atención todos y cada uno de los comentarios, me parece una discusión muy interesante.
Con respecto al pronunciamiento del Ministerio, antier se lo consulté a doña María Elena Carballo, Ministra de Cultura, quien me dijo que aún no ha recibido el documento, pero que en cuanto les llegue lo conocerán.
Tengo un audio con este testimonio y otras cosas que dijo al respecto, espero subirlo a la sección de noticias a lo largo del día.
Saludos cordiales,
Natalia Rodríguez Mata, Co-directora de RedCultura.com
Sea lo que sea lo que diga la Ministra este asunto es un precedente que merece un poco más de análisis. Que no se quede en el anecdotario de los premios, que vaya más alla.
Ahí la nota que les dije, saludos, Natalia.
Primero, la novela de Morales es mala por que en vez de aportar a la discusión se entretiene en la chota y el insulto; es mala porque sus personajes son planas caricaturas sin más vida o profundidad que el inmediato propósito de burla que cumplen; es mala por que en el cierre de la novela el autor despacha sumariamente a todos los personajes matándolos a una muerte por línea más o menos; es mala porque recicla chistes que ya he oído o leído en otras partes.
La lista de razones por las cuales la novela es mala es larga y estos ejemplos no la agotan, y aunque si es cierto que en este blog soy yo el que dice todo esto, eso no lo hace menos verdadero.
Segundo, nunca he dicho que el premio se lo dieran los jurados por ser amigos. Si se fija más arriba en los comentarios verá claramente que más bien me he cuidado de que nadie haga esa acusación si no tienen pruebas de que así fue como sucedió que le dieran el premio.
Sobre el artículo de Catania, me parece que su correo a Morales evidencia claramente su motivación para elogiarla.
En cuanto al resto de su comentario, no veo como viene nada de eso a cuento.
Mencionó, también, que los premios son inapelables, que es algo que está en la ley de premios. Pero aquí cabría aclarar que no es lo mismo apelar un premio usando bases artísticas, lo cual no esta permitido por la ley, que impugnar en vía administrativa la legalidad del acto administrativo que otorga el premio (la resolución firmada por la ministra, no la decisión de los jurados) porque violenta normas jurídicas superiores a la ley de premios, como sería el caso de un convenio internacional.
A pesar de todo eso, queda siempre la cuestión, como mencionaba Tatiana Lobo, de por qué se le otorgó en primera instancia. La novela de Morales, para ser premiada, tuvo que haberle parecido valida, valiosa e importante a los jurados. Eso evidencia que hay una corriente de pensamiento en el país que coincide con la que Morales retrata en su novela. ¿Cuales son los alcances de esa corriente, cuanta gente la comparte? No lo sé, pero sospecho que no son pocos.
Hay una coincidencia muy curiosa. Cuando escribí mi último libro, Candelaria del Azar, no imaginé que esta novela sería la otra cara de la "medalla" que se discute en este espacio. Aborda el mismo tema pero desde la acera de enfrente.
Aprovecho para decirle a Lorena Salazar que su metáfora de taller mecánico me parece dictada por el machismo. Un debate no es un encuentro de boxeo.
La novela que aquí critican es un capítulo más en la historia de Carlos Morales mezclada con ficción. Nunca se ha caracterizado el autor por comentarios u opiniones que busquen caer bien a todos...y la verdad no veo porque tiene que hacerlo. En eso estamos claros.
Por ejemplo, su libro anterior al hoy premiado avispero, reclama duramente el papel de los medios de comunicación y la desgracia de la labor periodística de las últimas decadas, ahí tampoco se guarda nada y por supuesto, no le cayo bien ni a la Nación, ni a ningún medio de poder.
Con respecto a la novela, a mi me hizo falta quizás un personaje más estructurado que acompañara al lector a lo largo de la novela (esta es solo mi opinión, humilde como la suya Juan?), sin embargo el sistema aleatorio de pantallas que propone hace eco de lo que sucede a diario en internet, casi podríamos decir que funciona como este blog...raro que usted no lo vea así. La gente entra y sale del relato con facilidad cierto?
En fin, la novela sorprende, hace reir y pone a pensar en el camino que toma la educación superior de nuestro país, en la peligrosa posición de algunos grupos feministas, que más que defender a las mujeres desean acabar la testosterona del mundo... Eso no a todos les causa gracia.
Por ultimo, usted dice que Carlos Catania no es infalible, supongo entonces que usted si lo es. Dice que Catania es grande, pero inmediatamente lo desacredita ¿osea?. Mis amigos íntimos suelen decirme las verdades sin reparo y eso se agradece... lo hacen los suyos? supongo que no porque usted asume que los amigos están ahí solo para babear.
Repito... entre Catania y vos.....
Saludos y espero no pasear mas por esta "pantalla" que fácilmente podría ser la 51 de la mentada novela...
No me hace ninguna gracia. Aunque parece divertida su exaltación de la virilidad, por ese camino llegamos a la swástica y a las hogueras del santo oficio.
www.semanario.ucr.ac.cr/index.php/mainmenu-opinion/449-prevenciones-literarias.html
El sistema aleatorio de pantallas, como lo llama usted, es un recurso literario bastante tradicional de capítulos que se enfocan en determinados personajes alternativamente. La flojera del hilo argumental tampoco es nada novedosa. No tiene, ni siquiera, el mínimo ingenio que requiere Rayuela, una novela que ya tiene 50 años, para proponer formas alternativas de lectura. La novela hipertextual, que usa los mismos mecanismos que Internet y una verdadera interacción entre lector y autor, es un animal muy diferente al que discutimos aquí. Para referencia, simplemente porque está más a mano, la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Narrativa_hipertextual
En cuanto a Catania, me obliga usted a explicitar el punto que se rehúsa a comprender: Una crítica literaria elogiosa cuya motivación final es "cómo disfrutaría viendo las caras de esas camarillas cuando se enfrenten al libro", no tiene validez. Si a Catania le gusta el libro porque le cae mal la misma gente de la que se burla el autor, debió haber dicho eso.
En nuestro país esa duplicidad, esa costumbre, tan común en políticos, de tener una agenda personal detrás de todo acto público ha terminado minando la confianza de todos en las instituciones y las personas y no debe dejarse pasar, ni alabarse, ni permitirse.
Si usted prefiere ese tipo de novela y ese tipo de reseña esta en su derecho, pero me queda claro que jamás lograremos conciliar nuestros puntos de vista.
Roberto Granados hizo algo muy común en nuestro medio: echar frente a nosotros una nutrida cantidad de estiércol y luego avisar que ya no vuelve más por estos potreros.
Efectivamente, Juan, he escrito una reseña del libro de Morales. Simplemente es imposible quedarse callado ante una posición tan degradante. No soy quien va a pasar en silencio mientras en Costa Rica se promulgue la mentira de que esa fue la mejor novela del año.
Sobre lo de la cuestión dictatorial, pues es cuestión semántica si lo querés. No sé, decime cómo catalogas a Oscar, Claudio y Jorge? Qué trabajo están haciendo y que pretenden? Me imagino que cuando el Estado le publica a uno trabajos la percepción cambia y ya nada se ve tan peligroso, no sé, pregunto la verdad, y la pregunta va en general. Sobre la lucha por la verdad y la justicia y otras heces respecto al asqueroso acto de corrupción, me parece muy justo que exista gente que de su punto de vista, pero Alex, incluyo todos y todas, no es sólo eso. Por ejemplo, dónde está la gente comprometida con el pueblo y todo ese discurso panfletario, pero necesario? Anita Rossi, por ejemplo, se desgarra las vestiduras por el pueblo en contra del TLC y ahí está su texto obligatorio costando lo mismo que los desayunos de una semana de una familia pobre. ''Viaje al Reino de los deseos'' no está ni en bodegas, aun así la gente anda como loca en las calles porque lo están pidiendo, ¿será que Rafita no quiere dar los derechos porque hay otra editorial que lo quiere comprar? Dicen que Norma paga muy bien y hasta da plata para premios, no sé, rumores en el submundo de los libreros. Entonces veremos libros a un precio enorme, y ahí nadie dice nada y todos y todas pasan en silencio en la democrática y pacífica Costa Rica.
No sé Alex, te felicito por no pasar a la historia como una persona que dejó que sucediera esa atrocidad, me alegro porque la verdad no podía conciliar bien el sueño, hoy creo que podré dormir bien. En todo caso, Juan M., disculpá que se saliera el debate central. No sé, podés moderar a ver qué pitos tocamos.
Estoy a tus órdenes para discutir lo que sea respecto a la ECR. Tengo una opinión diversa de la institución basada en cada uno de los miembros directivos que por ahí pululan. Unos son gente honrada y trabajadora, otros son hasta muy dedicados a su trabajo y al bien de las letras nacionales, pero hay otros, que son un estorbo como una piedra en el zapato. Lo peor de todo es que esas piedras han tratado de boicotear el trabajo de la gente de avanzada y han logrado, como ya viste, arrastrar a los premios nacionales hasta el fondo del la escoria y la infamia.
También prefiero los comentarios privados en privado, por lo que tenés mi correo a la disposición en mi blog.
Al señor que firma "Sergio", parece, caballero, que usted no ha leído la novela de Morales. Nada en el mundo, se lo garantizo, nada, puede ser más mentalmente pobre que ese brebaje de brujas locas que el Sr. Morales ha conjurado.
En cuánto a trabajar y estudiar, le propongo lo mismo, para que su insolvencia literaria no pase a ser otra histroia digna de "La rebelión de las avispas".
www.semanario.ucr.ac.cr/index.php/mainmenu-opinion/483-prevenciones-literarias.html







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