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Breve Historia de todas las cosas, Marco Tulio Aguilera Garramuño

Permalink 12.08.08 12:04 , Categorías: Reseña, Marco Tuilio Aguilera Garramuño

Hace poco, durante la presentación póstuma que organizó la Editorial Costa Rica para el libro La tinta del olvido del recién fallecido escritor hondureño Roberto Castillo, tuve la oportunidad de felicitar a Carlos Cortés por haber sido honrado este año con el Premio Aquileo Echeverría por su novela-ensayo La Gran Novela Perdida, Historia Personal de la Literatura Costarrisible. El libro de Cortés adolece de muchas cosas, pero a mi en lo personal me mantuvo absorto con historias en las que Tito Monterroso coqueteaba con una Eunice Odio cáustica, mientras Yolanda Oreamuno se dedicaba a perder o destruir sus novelas en señal de protesta o simplemente por descuido. Es un libro de recuperación de la memoria de la literatura tica y como tal, para los escritores, es un libro importante. Cortés sonrió con humildad como diciendo “no es para tanto”, y en el fondo, tiene razón. Sobrevivir como escritor en estos países solo se logra cuando uno deja de ser humano y transita por fin al ámbito eterno de la leyenda. Ninguna obra logrará que nos recuerden, mucho menos un premio. Nos recordarán, como a los iracundos Odio, Gutierrez o Grutter: por imposibles anécdotas que nos enmarquen en una irreverencia poco “costarricense” o algún otro desaguisado que produzca risa o vergüenza ajena. Los premios, por otra parte, no son garantía de nada. Le comente a Cortés que David Maradiaga, nuestro compañero cofundador del colectivo literario Octubre Alfil 4 y el poeta más importante de la Costa Rica de fin de siglo, nos había contado alguna vez sobre un escritor que había hecho una copia de Cien años de Soledad pero basada en San Isidro del General. Según David, el libro era divertidísimo, lo había publicado Ediciones La Flor, una editorial de historietas, en Argentina. Nada se sabía del paradero del autor, que para colmo de males era colombiano.

Cortés se echó una risilla. -Supongo que será uno de esos autores inventados que le gustaban a ustedes, -me dijo.

No estaba lejos de la verdad, todo mundo sabía de la afición devota de David por la mitomanía. El perfil del colombo sonaba a puro invento, los detalles de la novela a pura imposibilidad. Yo pensé, desde que David me contó,un año antes de morir, sobre Aguilera Garramuño, que efectivamente Aguilera Garramuño vivía en el club metaliterario donde el Cide Hamete Bengalí, Pierre Menard y Nicolae Orescu se reúnen los jueves a jugar churuco y beber ajenjo. Este año, sin embargo, un post en el blog de Magda Díaz (apostillas literarias) me sacó bruscamente de mi engaño. Magda presentaba, con mucho cariño, el recién estrenado blog de Marco Tulio Aguilera. Le escribí de inmediato al tal Aguilera para confirmar lo imposible, que fuera el autor de Breve historia de todas las cosas (que él mismo no incluía entre sus obras publicadas según lo que pude leer en su blog). Aguilera Garramuño respondió rápidamente que no solo era el autor de Breve Hisotira, sino que además me dijo que le hiciera el favor de buscarle al editor de Alfaguara en Costa Rica para reeditar la novela. Cuando leí ese correo me invadió una sensación de irrealidad e imagine a David, que tiene 13 años de muerto, sentado en algún cybercafe, partido de risa porque aún ahora nos seguía engañando, igual que antes, para su gran placer.

La verdad es esta: Aguilera Garramuño existe. No sólo existe, sino que además ganó, en 1975, el Premio Nacional Aquileo Echeverría de novela con Breve historia de todas las cosas. Que nosotros, acá en Costa Rica, nos olvidemos tan completa y minuciosamente de un ganador de un premio nacional que vive apenas al otro lado del istmo (en Xalapa, Veracruz, México) y lo imaginemos imaginario, nos enseña una sola lección: No meterse contra el Gabo y su magia negra, so pena de vagar eternamente en Macondo (o San Isidro del General o Xalapa) sin lograr encontrar a nuestros lectores.

Ahora me toca a mí, con cariño, reproducir esta reseña de Breve Hisotira de todas las cosas que David Maradiaga escribiera para nuestra abortada revista de Octubre Alfil 4 en Agosto del 1994:

Gabiante o isidreña pura
BREVE HISTORIA DE TODAS LAS COSAS

Breve historia de todas las cosas
Marco Tulio Aguilera Garramuño
Buenos Aires: Ediciones La Flor, 1975

Era necesario recordar la oportunidad en que Charles Chaplin concursó en un Certamen de Parecidos a Charles Chaplin y quedo en tercer lugar. O bien, cuando el diablo, tan ingenuo, pretendió tentar a Cristo en el desierto. Porque se trataba de un autor supuestamente caleño (que firmó su novela en la Casa de los Enanos Pitagóricos, en 1974) el que sometía a una editorial argentina nombres tan absurdos y estrambóticos como San Isidro del General, el Cerro de la Muerte, Pepe Figueres y Turrialba. Era evidente que no podía ser otra cosa que un plagio divertidísimo de Cien años de soledad, escrito por un joven colombiano con cara de universitario sin beca, llamado Marco Tulio Aguilera Garramuño.

Hace unos años, un anciano coplero nos mencionó el nombre. Imaginamos entonces que Aguilera Garramuño era otro anciano que habia escrito un libro costumbrista sobre San Isidro. Pinche prejuicio. Ediciones La Flor (la de Boogie y Mafalda) le publicó la obra, con la advertencia a los lectores de que el autor no era Gabo (“Aguilera Garramuño no es un seudónimo utilizado por García Márquez para escribir una novela más divertida que Cien años de soledad. Aguilera Garramuño es el de la fotografía y, como se verá, no tiene bigotes”).

En el inciso tres de la advertencia, los porteños terminan de demostrar su conocimiento de la tiquidad: garantizamos “que el mencionado pueblo de San Isidro del General no es Macondo y su único parecido es que ambos sólo podrían estar en Colombia”.

Así, Breve historia de todas las cosas, pasa a las cosas de la historia como la fabulación de un pueblo que de pura casualidad (como en Pierre Menard, autor del Quijote) parace luego en un país llamado Costa Rica.

Hasta aquí los hechos extraliterarios que parecen, inicialmente un chiste, luego una tomada de pelo (¡Ché, macanudo, el papelón que hicimos!) y por último, una broma del tamaño de la luna, que por demás, nos deja por dentro la aparición de un excelente narrador, poco percibido (o mencionado) en la literatura costarricense.

Esta novela frenáptera es no más que una colección de cuadernillos ordenada y narrada por Mateo Albán, historiador literarto y que describe los ires y venires, la prehistoria y el destino, los personajes, arquitetura, temores de segua y fantasmagorías de un pequeño y aislado pueblo costarricense. Su autor nos vuelve al humor y a la locura dentro de un tema que perfectamente pudo ser otra conchería (y no más), con una extraordinaria habilidad para narrar oscilando entre la sordidez y el desconocimiento y la erudición vana, la ociosidad de escribiente que se deleita sádicamente, poniendo y quitando cosas de la historia oficial, para transmutar a sus monstruos y mentiras y soltarlos, con fondo dde carcajadas, al haber literario del boom y el realismo mágico, que, en ese momento tanta significación tenían para el futuro de la escritura latinoamericana.

Es una cosa humilde, con la compleja sencillez de la que hablaba Borges. Aquí se reúnen los próceres acomplejados y los inmigrantes (negros, judíos, árabes y españoles, por ejemplo) con los matones y lameantes, los músicos de cimarrona que esperaban la inspiración divina como Benito Chúber o Don Juan el Violinista, los poetas de pacotilla, las doncellas quintaescenciadas entre las cursis brillantinas y cortejos de los amadores pueblerinos. Como en un burdo, pero besable, carnaval, Aguilera Garramuño, nos muestra el mundo de sus percepciones. Su aberrada contemplación de poeta, en un estrecho mar, donde no pasaba otra cosa que la vida.

Extraña forma de contarnos que “Hola ñor José Maria, traiga la leña pa vela”, podía revisarse, sacárle las visceras que más de un monstruo interesante iba a salir. La Sacrosanta formación del Estado Costarricense, Doña Tradición y las demás señoras, pueden desde entonces reconocer a esta pariente, tan traspapelada como significativa para entender a los ticos.

No sabemos mucho más que los de Ediciones La Flor sobre Aguilera Garramuño, excepto que, obviamente, no nos tragamos ciertos incisos de la contraportada. Pero caleño o no, isidreño sincero y puro o gabiante atrevido, su trabajo es de enorme interés para la literatura, la imaginación y la risa costarricenses, las cuales no siempre van tan bien pegadas en una novela de escasas 270 páginas, ya amarillentas y arrugadas por el olvido.

Si quedan problemas para lectores prejuiciados, el mismo frenáptero novelista nos aclara: sobre el tal costeño don Gabriel, dicharachero y nobelable y el carioca Chepe Amado, escribidores de ranaciones tan parecidas a esta, “me parece muy venida al ángulo la orientación y difícil de responder porque el día que le quieran robar los hijos que uno fabricó con su propia y espiritual pinga, ese día se le ofusca a uno la mollera, se le rebota el higado y se le apasiona la región pancreática, sin embargo puedo decirle que el mundo es uno: La Tierra; las personas dos: el hombre y la mujer; la lengua nuestra una: el castellano de Cervantes; y el tiempo y los autores muchos y con aquella cortedad de tema y esta cantidad de escribientes, no le parece a usted que necesariamente tiene que haber quienes hablemos de parecida forma y pensemo las mismas obscenidades desde que Eva se equivocó de árbol. Además mi seño, ¿cómo nosotros, enanos subidos en hombros de gigantes (digo las palabras repitiendo al colega Escopenauer) podemos despreciar la ayuda de estos si quieremos medrara y dar buen provecho en la profesión?”

Sobre pedir, cuando el ranador hace mutis, “otra vez”. Las relecturas adquieren a veces el fulgor de los logros no ponderados en su momento. Breve historia de todas las cosas es un chiste gigante, un chaparrito de oro, un mundialito italianoventa, que la narrativa costarricense (en el entendido de que el maje sea maje en todo sentido) no debe olvidar.

David Maradiaga
23-8-94

14 comentarios

Comentario De: redcul [Miembro] Email
Hola Juan. Qué interesante esto que contás.
Tengo dos duditas:
1. Pondrías poner el link al blog de Magda Díaz?
2. Y qué pasó con la reedición de Alfaguara? Sabés algo? Yo quiero leerlo...

Cariños y gracias por este post tan bonito! Naty.
13.08.08 @ 12:27
Comentario De: Juan [Miembro] Email
Con gusto Natalia:

El blog de Magda está aqui: http://apostillasnotas.blogspot.com/
y el blog de Marco Tulio es este: http://mistercolombias.blogspot.com

Al final de la historia resulta que La Flor se lo va a reeditar, ya completamente reescrito, y esperamos que MT nos envíe algunos para ponerlos en librerías y que todos lo podamos leer.
13.08.08 @ 12:42
Comentario De: gustavo [Visitante] Email
Me suena un poco Marilyn Boyd todo este asunto. Habrá que entrale al mercado negro de las leyendas para disfrutar este libro. Saludos, Juan.
14.08.08 @ 10:48
No recordaba a Marco Tulio, solamente ese magnífico título: Breve historia de todas las cosas.

Del que no he vuelto a saber nada es de Nicolae Orescu, a pesar del grafiti de Letras (UCR). ¿Aprendió español para traducirse a sí mismo o esa tarea le sigue correspondiendo a Mauricio Molina? Por ahí un día me pasás la biografía completa (y el chisme).
14.08.08 @ 11:05
Comentario De: Juan [Miembro] Email
Si Gustavo Adolfo, igual a lo que pasaba con Boyd, la novela de Marco Tulio existe pero es imposible de conseguir, aunque esta por lo menos estoy seguro que en las bibliotecas ticas sí debe estar. En cualquier caso, en cuanto la reediten estará de vuelta en las librerías locales.

Gustavo, de Orescu leí en el Moleskine Literario que se prepara una antología que, por supuesto, no incluirá los textos apócrifos de Mauricio Molina. Me pareció leer que los herederos de Orescu preparaban una demanda contra Molina por violación de derecho de imagen y que el dinero se utilizaría en la traducción de la obra de Orescu y su publicación en Costa Rica, que es el único país donde logro alguna fama el gran vate. Parece que Bilardo también quería unirse al pleito como co-demandante. Molina, en una movida legal bastante común entre los escritores de éxito a puesto a resguardo su obra para salvarla de la voracidad de los demandantes, trasladándole sus derechos al Abominable Fideicomiso del Mar, nombre poco poético con que bautizó su abogado al fideicomiso, en un malentendido gesto de admiración por la obra de Mauricio.

Para probar que Aguilera existe puse arriba el link de su blog en el que hay fotos de él que son prueba de que las fotos puestas en Internet no prueban nada.

14.08.08 @ 11:41
Acabo de encontrar A Brief History of Everything, traducido (no podía ser de otra manera) como Breve historia de todas las cosas, de Ken Wilbur. ¿Habrá pagado los derechos?
14.08.08 @ 12:27
Comentario De: gustavo [Visitante] Email
No sé qué pensar de este Ken Wilbur, pero según recuerdo -y esto es historia fidedigna que hasta Iván Molina podría firmar- Maurico Molina conoció a Orescu (en papel, por supuesto, no en persona) en un viaje que hizo a los Estados Unidos, en las traducciones de Ginsberg (o así lo reportaba Kasandra-en realidad las traducciones fueron hechas por una estudiante rumana de posgrado de apellido Chichirau, y Ginsberg sólo escribió el prólogo). Eso para contrarrestar esa idea de que Orescu sólo es famoso en Costa Rica.

Existen, me consta, traducciones de Orescu al alemán: Die süße Anspannungsmelodie (La dulce melodía del stress) y Der Zyklus der transsylvanischen Gedichte (El ciclo de poemas transilvánicos). De esto hay constancia en bibliotecas y hasta en entrevistas con otros escritores. No es nada de "me acabo de encontrar".

A mí con cuentos de marcianos...
14.08.08 @ 22:19
Comentario De: Juan [Miembro] Email
Me consta que lo que afirmás fue lo que reportó alguna vez Kasandra, y bueno, quien es uno para cuestionar la voz de la pitonisa josefina. Yo solo reporto de segunda mano un rumor infundado de procedencia dudosa que seguramente Mauricio Molina tendrá a bien desmentir o enredar aún más. Pero indudablemente aquí el punto de interés es la posible reedición de Orescu y de Breve historia de todas las cosas, que cuando aparezcan, como el sol sobre el horizonte, disiparán todos los nublados del día.
14.08.08 @ 22:46
Definitivamente alguien debe darse a la tarea de recuperar el material de Orescu. Yo, particularmente, solo pude leerlo por algunos panfletos repartidos en recitales.

Por otro lado, esas afirmaciones de Kasandra fueron de las últimas que hizo. Al menos de mi parte, no he vuelto a saber de ella. Escuché el rumor de que había creado un colectivo de danza y poesía, asociada con Enoch Soames, pero que tuvieron que romper relaciones debido a las inclinaciones filosóficas y gastronómicas de este, aunque no sé si era, más bien, a su falta total de inclinaciones.
15.08.08 @ 10:49
Comentario De: Juan [Miembro] Email
De Kasandra lo último que oí yo es que Perro Azul y JJ habían discutido sacar toda la colección en un solo tomo gigante de lujo (para Kasandra, 'de lujo' debe entenderse como 'envuelta en bolsa de supermercado'). Esperamos sinceramente que el proyecto fructifique.
15.08.08 @ 11:50
Comentario De: Miguel [Visitante] Email
Yo he leído el libro, muchas veces cuando joven, pero se me ha perdido y necesito saber como tener uno nuevo y donde localizarlo
05.01.09 @ 15:55
Comentario De: Miguel [Visitante] Email
Qiero conseguir el Libro de Marco Tulio mya que lo he leído y soy de San Isidro, lugar donde se lleva a cabo la historia
05.01.09 @ 15:57
Comentario De: Juan [Miembro] Email
Hola Miguel, el blog de Marco Tulio lo encuentra aquí: http://mistercolombias.blogspot.com

El esta en el proceso de reedición del libro y probablemente le pueda decir cuando saldrá a la venta. La edición original esta agotada, pero casi de seguro la encuentra en la Biblioteca Nacional.
05.01.09 @ 16:36
Comentario De: Wagner Chaves [Visitante] Email
Hola:

Hace como 18 años me encontré ese libro(de ediciones La Flor) en la casa de mis abuelos.

Soy de Pérez Zeledón y me pareció una novela muy divertida porque muchos de los personajes que aparecen son gente real, que yo personalmente conocí, y varios aún viven. Por ejemplo El Padre Coto, Don Lindor (mi profesor de Física en el Liceo Unesco)

Lamentablemente se me perdió el Libro y me gustaría que me avisaran cuando lo vean de nuevo en Costa Rica.

Atentamente, Wagner Chaves
24.04.09 @ 15:43
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Juan Murillo

Juan Murillo

Escritor nacido en San José, Costa Rica en 1971. Autor de las colecciones de cuentos Algunos se hacian dioses (EUCR 1996), En contra de los aviones (ECR 2011) y La isla de los muertos (Germinal 2012), así como de artículos de crítica literaria y reseñas de obras nacionales y centroamericanas. Compiló junto con Guillermo Barquero, la antología de narradores costarricenses nacidos después de 1965 Historias de nunca acabar(ECR 2009).

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