Eunice Báez Sánchez

Después de años de espera y mucha expectativa, principalmente por los premios que ha ganado, “Agua Fría de Mar”, ópera prima de la directora Paz Fábrega, llegó a los cines costarricenses hace unos días. Luego de tener la oportunidad de verla en su estreno de lujo en la playa, conversamos con Paz para conocer mucho de lo que no se puede ver o sentir en la cinta.

¿De dónde nace la idea para la película?

Agua Fría de Mar surgió un poco de una sensación que tuve la primera vez que fui a esta parte del país, de la Costanera Sur. Tenía como 22 años y en ese momento sentía que quería hacer muchas cosas, pero sentía una presión alrededor de mí de ser cierto tipo de persona o de actuar de una manera que no me permitía hacer las cosas que yo quería.

Lo que pasa en la película no es autobiográfico pero quería como capturar esa sensación. Cuando fui ahí (Bahía Ballena) en esos paisajes, en ese lugar, yo sentí como que se materializaba ese desasosiego que yo tenía dentro. Mi intención fue hacerle un boceto de historia a esa sensación. De la manera a veces que los dibujos están sin acabar, creo que así funciona la historia en “Agua Fría de Mar”. La historia se queda perdida en un momento y solamente está en función de capturar una sensación.

Hablabas en una entrevista del escritor Carlos Salazar Herrera y de su libro “De Angustias y Paisajes”, y como este libro te inspiró para realizar la película, ¿de qué manera?

Sí, me inspiró muchísimo. Creo que es de las pocas obras de acá que me hablan de lo que es vivir acá (en Costa Rica) y de cómo se siente este lugar en el mundo. Uno aquí siente una relación muy directa con la geografía y con la naturaleza; y también como una especie de congoja y melancolía que en esos cuentos está muy presente.


¿Creés que lograste transmitir ese sentimiento con la película?

Para uno es como bien difícil de juzgar si logró o no lo que quería con las películas. Es algo terrible, porque cuesta mucho ese proceso de ir mejorando. Porque en realidad cuando veo la película cuesta mucho separarse, no es solamente la película, son los últimos 5 años de mi vida y todo lo que me ha pasado alrededor; entonces cuesta mucho juzgar. Igual me interesa más ese intento, y poco a poco iré viendo cuánto lo logró y cuánto no.

Ya una vez que tenías esa sensación en mente ¿cómo fuiste construyendo la historia?

Vieras que raro, no hubo demasiada construcción. Fue como una cosa que se me ocurrió toda de un solo en un momento. Habrá sido a lo largo de una hora, estaba en el cine viendo unos videos de música y nada más se me empezó a ocurrir y lo iba apuntando todo en una libretita. Luego hubo un proceso de pasar todo eso a un guión, pero realmente no cambió demasiado de esa idea inicial. Tal vez la construcción más importante fue en ir adaptándose a la realidad,  a los actores que encontraba, a las locaciones que encontraba; porque muchas locaciones que yo me imaginaba ya no existían. Entonces había que cambiar y eso cambiaba mucho la historia, porque yo trato de moldear todo alrededor de las cosas reales.


Decís que en la película querías dejar la historia perdida a propósito. ¿Qué opinas del criterio de que el cine es más que su historia?

A mí me enojan las cosas que se dan por sentado y siento que el cine está atrapado en una tiranía de la historia. Siempre que oímos hablar de cine se trata de la historia…  ¿Acaso las historias son tan tan importantes? Yo veo el cine de Buñuel, por ejemplo,  y aunque él hablara de historia estoy segura que entendía, y lo veo en sus películas, que el cine es un montón de cosas. El cine es imagen, es atmósfera, es sonido… y te permite hacer un montón de cosas que no son sólo una historia. Entonces a mí definitivamente me interesa mucho explorar todas esas otras cosas que puede hacer el cine.


Hablabas en una entrevista de los campamentos de verano, algo muy de nuestra cultura, y de cómo era importante retratarlos en la película, ¿por qué?

Sí, era algo que yo quería retratar en la película. Yo a veces tengo un rollo con nuestra auto representación en este país, siento que las cosas de las que nos sentimos orgullosos muchas veces no son las que más lo ameritan. Pero sí hay otras cosas que sí me hacen sentir orgullosa, pero que no son, dentro de la cultura oficial, las que son más exaltadas. Me pasa con la cuestión de acampar, como que  lo dan por sentado y nadie no le pone mucha atención, desde eso a gente que realmente le parece feo. A mí me parece que es de las cosas más sabias, más bonitas y que realmente es una maravilla que aquí en los parques nacionales se generen las condiciones para que la gente pueda disfrutar de los paisajes del país y de los recursos naturales.

El rodaje fue un poquito como un “campamento de verano”, contanos sobre eso

Un poco, yo en realidad quería que acampáramos todos… que acampara el crew, pero me lo prohibieron tajantemente. La manera que se hubiera hecho en una producción normal y que querían hacer los productores, era que gente del pueblo viniera todos los días de 5 a 5 y que uno les dijera: “vos ponete a asar salchichón y vos metete al mar y pasátela bien”. Y a mí eso no me parecía buena idea, porque la gente que vive cerca del mar no lo disfruta igual, esa gente en realidad quiere irse a la casa a ver tele porque no les dan tantas ganas. Me parecía que iba a ser muy falso, que yo no sé manejar esa cantidad de extras y que no tenía ideas de qué quería que hicieran. Yo quería ver gente acampando y filmar.

Entonces luché mucho para convencer a gente que yo conocía y llevarlos acampar dos semanas. Al final fueron como 75 personas que se fueron a acampar, entonces era bonito porque había niños que nunca habían ido al mar, gente que realmente estaba en unas vacaciones que normalmente no tenían. Entonces creo que sí logramos crear ese ambiente tan rico de los campamentos. Yo algunas noches acampaba (risas).


Buscaste trabajar con personas que no son necesariamente actores…

Yo creo que tanto cuando trabajo con actores como con actores no profesionales me gusta que para ellos sea un proceso personal como lo es para mí. No me imagino como hace la gente que nada más llega y le dicen “fulano es excelente actor”  y ya… como en las grandes industrias. Para mí es importante la autoexploración que sucede al hacer la película, le sucede al director, le sucede a los actores, y que creo que le sucede a otra gente también que trabaja alrededor.

Creo que las películas hay que vivirlas,  hay que vivir cosas a través de la película para que valga la pena; ¡porque es tanto trabajo! Yo no me imagino si uno lo hiciera sólo por la película en sí misma, y tampoco que sería la película si la gente que la hizo no hubiera vivido.

Sé que costó mucho encontrar al personaje de Mariana, finalmente interpretado por Lil Quesada.

Sí, fue muy muy difícil ese casting. Finalmente fue una decisión bastante arriesgada porque escogimos a una chica que no tiene ninguna experiencia, que es microbióloga y como que su vida diaria se aleja mucho de esos meses en que estuvo involucrada con el proyecto.

Pero fue como bonito, porque tuvimos una suerte rara. La encontró un productor en un café y la convenció de que fuera a un casting.

Yo les pedí a todas las chicas que se habían presentado que escribieran 10 cosas que las habían hecho sentir algo fuerte. Ella leyendo las cosas que escribió se puso a llorar. ¡Qué loco una persona que tenga tanto acceso a sus sentimientos y que con sólo en pensar en algo ya estaba en ese momento de su vida! A mí me impresionó mucho esa capacidad. Hablando con ella, me cuenta que en este momento ya no se siente así y que aceptó hacer la película porque sentía que todo lo que ella estaba sintiendo podía tener sentido si lo podía mostrar en la película.

La verdad fue una experiencia súper fuerte, para ella fue difícil y para mí un poquito también, porque era súper emocional.  Pero también era bonito porque ella tiene una expresividad y en características externas es como el personaje.


¿Cómo lograste acercarte a Monserrat (la niña actriz en el personaje de Karina)? A pesar de que notamos que es muy hablantina, a la hora de entrevistarla es muy tímida…

Por un lado con entrevistas siempre fue un caso, la pone como nerviosa  y no puede. Creo que ahora también que está entrando a la adolescencia está peor. Pero para actuar es buenísima. Ella no puede contestarte preguntas pero si le decís “mirá en esta escena pasa esto, tenés que decir aquello…” va súper bien.


¿Dónde la encontraste ? ¿Y cómo lograste alcanzarla y tenerle tanta confianza para lograr hiciera un papel tan difícil?

Fue cuando iba a hacer este corto, “Cuilos”. Fui a hacer un casting a la escuela del barrio de Monse, porque la actriz principal de “Cuilos” que fue la inspiración para ese corto, vivía ahí cerca.

Entonces hice un pequeño tallercito de cine con los chicos, pero después de una semana no tenía nada interesante. Pero el último día que estuve ahí era la fiesta de la alegría, y yo llegué a hablar con la maestra. Ella (Monserrat) estaba ahí como colgadilla en una baranda. Me puse a conversar con ella.

Y vieras que loco, porque lo primero que me contó fue: “en esta escuela uno no puede ir solo al baño porque es capaz que lo violan” ¡Así! ¡Muy loco porque ella era súper chiquitita! Tenía 6 o 7 años. También me dice “yo siempre voy con amiguitas, yo voy acompañada, porque aquí es peligrosísimo, una no sabe lo que puede pasar”.

Me impresionó muchísimo y me quedé conversando y conversando con ella y la castié para “Cuilos” en un papel pequeño. Me impresionó mucho en Cuilos porque había que filmar toda la noche, dos noches seguidas y a pesar de ser la más pequeñita era la más pilas y la que hacía siempre bien las escenas. Bueno, fue como proceso de irme asombrando cada vez más de Monse.

Cuando terminamos “Cuilos”, yo quería que ella y Michel, que era la hermana mayor en el corto, pudieran seguir desarrollando la cuestión de la actuación porque me parecían muy buenas y porque es un poco complicado el lugar de donde vienen, no tienen oportunidades de muchas cosas así. Entonces fui a la Academia de Teatro Giratablas y les mostré el corto y les dije que me parecía que las chicas eran excepcionales y que no tenían ninguna oportunidad de hacer algo como clases de teatro de donde son, y las becaron.

Michel rápidamente tuvo que dejar de ir, pero con Monse hacíamos este trato con la mamá que ella me la llevaba a mi casa los viernes en la noche cuando iba al trabajo y yo la llevaba a teatro el sábado en la mañana y la llevaba de vuelta a la casa el domingo cuando yo iba a la feria en Coronado. Entonces yo pasaba todo el fin de semana con Monse y nos fuimos haciendo muy amigas y la fui conociendo más y creo que eso definitivamente es un privilegio. Trabajar con un niño y poder conocerlo de tanto tiempo, obviamente adapté mucho del guión a la forma de ser de ella.

Conociendo esta historia de la primera vez que hablé con ella es muy loco, porque se parece mucho a lo que pasa en la película, como que tiene algo de ese personaje.


Hablando de los personajes, vemos mucho este vaivén entre la mujer y la niña…  ¿nos contás  un poquito de estas relaciones en la cinta?

Yo creo que de la manera que funciona la película es que empieza más como una película normal. Esta niña les cuenta una mentira a la pareja que se encuentra y uno piensa que la cosa se va a seguir por ahí, de hecho cuando estaba desarrollando el guión eso era algo que la gente me decía mucho: ellos tienen que ir a buscar a la familia, tienen que ir a la policía, tiene que haber consecuencias, causalidad… Pero en realidad a mí sólo me interesaba empezar como una película normal y luego como que cambiar de marcha, como dejar la historia botada. Porque al final de cuentas no se trata de la historia, lo que hacen ellos a mi me da igual, nada más quiero a través de eso llegar a una sensación.

Creo que a partir del momento en que las cosas se “enrarecen”  cuando cambiamos de marcha y aparecen las culebras, como que Karina se vuelve un reflejo del estado interno de Mariana. Parte de lo que quiero mostrar sobre Mariana es que a esa edad una ya no tiene muchas manifestaciones externas para esas crisis, o sea que si vieras a alguien en la situación de Mariana, parecería que todo bien. Tal vez sólo la verías ahí medio nerviosilla, llorando un poquito.

Muchas veces no actuamos sobre esos estados anímicos, simplemente dejamos que las cosas pasen. Pero la niña al ser todavía menos domesticada, más impulsiva, más emocional… nos sirve para manifestar lo que le está pasando a Mariana por dentro, las paradojas de Mariana. Ella está en un hotel súper bonito y en teoría tendría la libertad de moverse donde quiera. Karina está castigada en un camión, pero Mariana se siente así por dentro.


Las dos protagonistas son mujeres, ¿se podría decir que esta una película femenina?

Creo que sí. Por un lado, esa cuestión de no ir directo a la acción o al grano, o que las cosas no tengan un solo sentido… se puede decir que es femenino, desde lo que entiendo que uno llama femenino y masculino. Lo femenino es un poco más elíptico, más complejo, más sutil. Y por otro lado, aunque yo sí siento que estas cosas le pasan a todo el mundo, creo que de lo que yo estoy hablando es un poco del proceso de crianza de las mujeres. De cómo las mujeres al crecer nos van amarrando con un hilito de oro y como una se va limitando mucho, y una se va llenando de seguridades y privilegios… pero de los que luego ya no te podes mover.

De dónde salió el tema de las culebras? Un momento fundamental de la película…

Lo de las culebras viene de cuando yo era pequeña, como acampábamos mucho, a veces esas culebrillas aparecían. A mí me daban terror y mi mamá me decía “es que ellas no muerden”. Es una cosa curiosa, porque esas culebras son de las más venenosas del mundo pero son de una naturaleza no agresiva. Nunca muerden y cuando muerden no inyectan veneno, que es una cosa súper rara, entonces era como esas cosas de conocer el mundo…

Además una vez en Guanacaste, ya siendo más grande, pasó esto de la película. Eran cientas de esas culebras en la arena, y me acuerdo que yo estaba con una amiga y yo le contaba que esas culebras me daban terror y ver cientas me daba pánico. Lo loco es que como estaban todas muertas nos poníamos a escribir nuestro nombre con las culebras muertas y tomarle fotos, de ahí sale esto de los niños que juegan con las culebras y las cuelgan en todas partes.

Para mí esta escena sirve para marcar un momento en la película en que todo se “enrrarece”, dentro de la gramática de la película. Lo que dicen los pescadores es que estas culebras salen cuando el agua se pone fría. Entonces como que esta corriente de agua fría, saca a las culebras pero también entra una corriente de agua fría para Mariana y para Karina.

Lo que hicimos fue que Alejandro Solórzano, un herpetólogo, capturó a varias en el mar y las teníamos en baldes, como 10. Esas las poníamos en primer plano y todas las demás estaban desenfocadas, pero en realidad eran un pedazo de cuerda negra con una tela amarilla.

¿Cómo crees que recibirá el público a Agua Fría de Mar? (esta entrevista se realizó antes del estreno).

Yo soy consciente de que el tipo de cine que hago no es para un público masivo y que es muy diferente a lo que la gente acá está acostumbrada. Yo siento que hay cosas ahí con las que la gente de acá se puede identificar y podría disfrutar mucho, pero también soy consciente de que a veces la forma de la película puede dificultar un poco que suceda ese disfrute. Uno cuando no está acostumbrado hay como una barrera que lo impide. A mí me pasaba antes de irme de acá, que realmente había visto muy poco cine y me costaba mucho ver cierto tipo de películas que ahora son mis favoritas. Creo que mucho una cuestión de hábito, o sea como vos empezás a ver un tipo de cine y empezas a entender. No es que acá la gente no tenga la sensibilidad, pero es nada más el hábito y el acceso.

Entonces estoy preparada para que haya gente que no la entienda, que le parezca lenta y no le guste. Pero por otro lado claro que espero que a la gente sí le guste y que sí la disfrute, y creo que es una posibilidad realmente. A mí me sorprende eso, de lo que hace que la gente se idenfique con una película y cuando ya el lenguaje es muy ajeno y se desconectan. Vamos a ver.


¿Qué opinás del presente y el futuro del cine nacional?

Me desconcierta un poco el momento en el que estamos. Veo que el cine que gusta acá no gusta tanto afuera y el que gusta afuera no gusta tanto acá; creo que es algo que pasa en un montón de países seguramente, pero es una cosa bastante rara y no sé eso que dice del momento en el que estamos. Dentro de eso me cuesta un poco saber dónde colocarme, me cuesta juzgar lo que se está haciendo. Porque me gusta mucho el cine que se está haciendo, pero a veces me pregunto si no fuera de acá, no sé si me gustaría yo no sé si las apreciaría tanto..  entonces a veces me hago esa pregunta ¿se vale que a uno le guste porque es de acá? ¡Yo creo que sí! Porque creo había un momento en que más bien el hecho de que fuera de acá casi que era un punto menos, pero ahora más bien es un punto a favor.

Pero siento que no tenemos buena crítica y no tenemos una discusión interesante sobre lo que estamos haciendo. Todas las discusiones que yo veo en torno al cine nacional son que si fue taquillera que si no fue taquillera, que si recuperó… y claro que hay que hablar de eso, pero ¡hay tantas otras cosas de las que tenemos que hablar!  Y que van a derivar en eso, vamos a hacer un mejor cine que va a ser taquillero acá y en otros lugares si hablamos de qué está bien y qué está mal con lo que estamos haciendo; y si hubiera más cultura de cine y más discusión alrededor del cine.